cosas rosas

Me dices que no te diga cosas bonitas
porque te enamoras y eso me pone triste
me pone triste que ya no creas
que alguien te puede ver como la alquimia
que transforma tu corazón
me pone triste pensar que quizás
has conocido puros vatos bien pendejos
que no se mordían la boca al verte
que prefirieron sus copas y putas baratas
en lugar de retratarte como
un ser mitológico y cogerte
no me digas que no te diga cosas bonitas
mereces que la poesía te salve
que el calor de las estrellas recorra
tu piel en un segundo efímero
que bese la mano de Dios
no me digas que no te diga cosas bonitas
mereces las rosas en la cama
los poemas en la mesa
la guitarra en la ventana
no dejes que ningún demonio
te haga creer que mereces
menos que nada
—  Cartas para una chica destruida, Quetzal Noah
Entonces ella le dijo “no eres tú, soy yo”, y él sonrió con ironía, pensando que era solo una excusa. Pero no. De verdad no era él. Era ella.
Era ella la que no estaba preparada para querer bonito, para confiar en sus buenas intenciones, para entregarse sin temores, para estrenar sentimientos, para despojarse de sus armaduras, para darle un espacio en su corazón vulnerable, frágil y quebradizo…
Lo que ella no había entendido es que nadie está preparado para eso. Que a veces solo hay que cerrar los ojos y saltar al vacío con la esperanza de caer en una montaña de rosas. Aunque eso también implique herirse inevitablemente con sus espinas
—  Psicotinta.
En realidad de las cosas más simples nace la belleza. La complejidad consiste en analizar demasiado una misma cosa. Una rosa no desea ser un objeto de estudio. Desea ser un ser vivo que cuestiona a la realidad.
—  La magia de la sencillez, Joseph Kapone 

(Cuaderno de notas, 1996 - 2016)