corceles

UNICORNIO

El Unicornio es quizás el ser mitológico por excelencia. Se trata de un animal mágico, de carácter noble, puro y muy espiritual. Por lo que ha sido símbolo de varias culturas de la Santidad, la virginidad y la fuerza. Su aspecto es el de un caballo joven, generalmente blanco, con un cuerno en espiral, patas de antílope, barba de chivo, y una cola de aspecto leonino. Sus ojos son de un azul intenso y su inteligencia es comparable a la de un humano. 

El unicornio presenta una especial resistencia a la magia, es inmune a los hechizos, a los conjuros de muerte y al veneno. Su cuerno mágico es capaz de detectar el veneno y de curar heridas con un simple roce. Pueden teleportarse una vez al día, lo que les puede benificiar si se ven en la necesidad de huir de algún peligro.

Repulsión o acaso es amor

Mi pecho se ha vuelto en contra mía y planea desgarrarse por sí mismo hasta que le haga caso al corazón. ¿Por qué habría de hacerle caso? Lo único que me proporciona es el miedo de que te vayas con otro… ¿y qué si lo haces? Somos seres independientes, no tenemos vínculo alguno; inclusive nuestra relación fue más efímera que el pasar de un corcel, siete días y no más, porque no estabas lista para todo esto, sin embargo, te quiero aquí, conmigo, para mí, como el ser egoísta que soy.

Si paso un día sin saber de ti, un huracán nace dentro de mí, revuelve todo, vuelca la cordura que me queda y crea un caos con todo lo que soy. Ha nacido una tempestad dentro de mí y lleva tu nombre. ¿Será que fungirás como tal, destruyendo lo que soy?

Otros días simplemente me derrito, como cuando mi bolsillo vibra y es una brisa tuya, una en la que pronuncias, con aquella voz serena, palabras dulces, que derriten cada centímetro de mi piel y termina destilando un néctar rosa, frío, que me eriza la piel.

Innegablemente, mi pecho es cálido por ti, mi mente, pide saber de ti, mi piel, señala que a quien le pertenece es a ti.

Éstas y centenas de sensaciones más son las que provocas en mí y como persona precavida que soy, gracias a eventos pasados, nace en mí cierta repulsión por todo esto y es que no lo puedo negar…

Estoy enamorado de ti.

—Las princesas no dicen groserías —¿Traigo una puta corona? ¿Me ves en un castillo? ¿Ves un corcel blanco? —No —Entonces no estés jodiendo.

:*

LAZLOS

Fue el primer caballo real que tuvo Mahoma, el caballo que precedió a la “espada"…aquel caballo que le regaló el gobernador del Egipto en los primeros años de la Egira. Con este caballo hizo Mahoma su primera peregrinación real a La Meca, aunque sin abandonar todavía su camello favorito ("Al Qaswá”). Es más, se dice que fue este espléndido animal el que inspiró a Mahoma su gran pasión y su amor por los caballos, y especialmente por las yeguas….y el que le movió a escribir y proclamar “El diablo nunca osará entrar en una tienda habitada por un caballo árabe”. Más tarde, y preocupado por la supervivencia “pura” de la raza equina, escribiría en el mismísimo Corán esta máxima: “Cuantos más granos de cebada proporciones a tu caballo, más pecados te serán perdonados…”, lo cual justifica con creces la relación hombre-caballo, que duró trece siglos, y la grandeza del caballo “Árabe”, el más bello y hermoso de los caballos del Mundo.

Ela trancou seu coração na torre de um castelo empoeirado e só
Julgava nunca mais abri-lo, pra outro cavaleiro ou imperador
A nuvem que levou seus sonhos era labareda de um dragão
Que agora guarda a torre,
Vigia o seu sono e não deixa um novo amor chegar
Para a imperatriz não libertar
Tão solitária assistia a tudo lá do alto da sua prisão
De algum lugar fluía um aroma que acalmava sua solidão
Naquele império dizia a lenda que a imperatriz enlouqueceu
Quando seu rei se foi, montado num corcel
Nunca mais ela sorriu
Nunca mais ela se abriu
Quantos homens duelaram por seus dotes,
Por seus encantos e caíram frente ao dragão
Que guardava o seu coração
Desde pequena a Princesa Amarílis
Conhecia a lenda de um dragão
Que assombrava a bela dona com a força dessa maldição
Enquanto cultivava rosas
Ela olhava a torre lá do céu
E desejava fundo fazer a imperatriz sorrir
Não desistir do amor e ser feliz
Poder abrir as asas e voar
Arriscar de novo as fichas do viver
Com o perfume dessas flores mataria o dragão
E a dama cantaria essa canção:
“Princesa, é teu meu coração
Há tempos não sei o que é amar
Pequena, tão grande a sua luz!”
E a Princesa Amarílis, sem cavalo e sem escudo
Libertou a imperatriz da maldição.
“Oh dama, recebo a sua dor
Nas flores guardei o meu calor
Gigante, minúscula aflição
Nos meus olhos, seu espelho
Nessa carne, a ferida cicatrizo e alegro a sua vida”.
E pelos campos as cores se multiplicavam como um milagre.
Findou-se a era das tristezas e não há nada que as separe
E o dragão, inerte, já não assombrava nem uma criança
Diante da maldade a força da esperança,
Fez do reino um lugar melhor e a alegria nunca foi maior.
Quantos homens duelaram por seus dotes,
Por seus encantos e caíram frente ao dragão
Que guardava o seu coração
“Princesa, é teu meu coração
Há tempos não sei o que é amar
Pequena, tão grande a sua luz”.
Contam naquela cidade hoje uma nova lenda
O amor da imperatriz pela princesa
Oh, dama, recebo a sua dor
Nas flores guardei o meu calor
Gigante, minúscula aflição
Trovadores cantam em rimas para que o mundo lembre
Que elas foram tão felizes para sempre.
—  A Imperatriz e a Princesa, Isabella Taviane
El príncipe azul

No tengo dinero, ni buena ropa, ni lindos zapatos. No uso trajes, me incomodan, no soy formal, soy algo bruto y grotesco. No se andar a caballo, no tengo un corcel blanco y no desaparezco en el amanecer con una doncella en mis brazos.

No soy rubio, no tengo ojos claros, no soy bonito ni simpático. No te daré los mejores días de tu vida, pero si puedo darte los días de la mía, y es algo que no puedo recuperar.

Desde niña soñaste con un príncipe azul, rubio de ojos verdes, o azules. Se que no tengo nada de eso, no me lo recuerdes con la mirada. No puedo cambiar, y aunque pudiera no lo haría. No puedo matar dragones y no lo haría si pudiera, porque ellos tienen el mismo derecho que tengo yo de pisar la tierra. No puedo luchar, no se luchar.

No soy famoso, no soy un Dios, no tengo sueños muy ambiciosos, solo una familia, un perro, una casa mediana, un auto. No planeo llegar tan lejos. 

“El es un caballero, no lo haría” Si me dieran una moneda por cada vez que escuché eso seria casi millonario. Perdón si no puedo ser un caballero, perdón por ser tan idiota para ti, y perdón por hacerte perder el tiempo.

Si no puedes quererme por lo que soy, si tu “Te amo” es falso y ya no quieres verme, si prefieres ir en busca de ese estereotipo de cuerpo marcado, cabellos dorados y ojos claros, entonces vete, no voy a detenerte, disfruta, vive, se tu misma y ya no me mientas ni te mientas. 

Si aún tienes en tu corazón una gota de amor por mi, si alguna vez tuviste amor por este “mendigo de ropas viejas” vas a entender que no debes mentirme más, aunque duela. Es darte una oportunidad de buscar el “Príncipe azul” que no existe, pero cuando te des cuenta yo ya no estaré aquí, me habré ido lejos, tal vez solo, tal vez acompañado, pero una cosa es segura, estaré lejos.

El hombre es una auriga que conduce un carro tirado por dos briosos caballos: el placer y el deber.
El arte del auriga consiste en templar la fogosidad del corcel negro (placer) y acompañarlo con el blanco (deber) para correr sin perder el equilibrio.
—  Platón

É Hora de Lutar

Spirit o corcel indomável

Não vá pensar que eu estou acabado
É bom ter cuidado
Não vou desistir
Eu não pretendo desistir não
Se você acha que vou ser domesticado
Está muito enganado
Não vou desistir
Eu não pretendo desistir não
Ninguém vai me prender
Sou livre!https://www.youtube.com/watch?v=Up1azeLBBnE

Se ha inundado mi cuerpo de un anhelo constante,
ríos de espesa sombra circulan por mis sienes,
un galopar me lleva, me arrastra no sé a dónde.
Mi carne se ha poblado de mágicos corceles.

Si me acerco a la piedra olvidada y silente,
siento latir la nada en su entraña sin nadie,
siento el mundo vacío como una ausencia inmensa,
siento una soledad hondísima en la carne.

Si reposo mi mano sobre la yerba helada,
siento que apreso un grave misterio inconfundible.
¿Quién me llama del hondo de esta sordera extraña
que el árbol sube al cielo soñado en sus raíces?

Lo desierto responde, responde eternamente
a mi anhelo de hombre, a mi llamada amante.
(La tierra, indiferente, va girando y girando
mientras los hombres siembran su ya gastada carne.)

La nada la llevamos sembrada entre las venas,
por eso nos halaga la noche sorda y grande;
pero también la vida llevamos en la frente,
que huye de la tierra para buscar el aire.

Qué terrible es, amantes, esta oquedad del mundo
cuando está llena el alma de un ansia que la colma,
y ver que un inclemente destino va poniendo,
en la amorosa carne, silencio y sombra y sombra.

Tan sólo el amor puede colmar estas ausencias
cuando la carne es grito para el amor nacido.
Tan sólo el amor colma la soledad inmensa
que siente el hombre y siente a través de los siglos.

Por eso aquí a tu lado, mujer, es cuando siento
que se inunda mi carne de celestes corceles
y que todo se puebla de tu clara presencia.
Ahora rebosa el mundo su fuego entre la nieve.

Aquí a tu lado siento que mágicos ramajes
se van abriendo lentos por mi carne de amante;
felices en su vuelo me hunden y me hunden
en la honda llamada de la carne a la carne.

XANTO Y BALLIO

formaban la pareja de “caballos inmortales” que Peleo recibió al casarse con la nereida Tetis, de cuya unión nació Aquiles. La yegua que los parió se llamaba “Podarga”.

Se asegura de “Janto” que, aunque de origen divino e inmortal, era un caballo negro y de pura sangre persa, que tenía tres años y estaba dotado de patas especialmente vigorosas que le capacitaban para correr a mayor velocidad que la mayor parte de sus congéneres. Por su parte, “Balio” era de color blanco e igualmente rápido. Esta rapidez de ambos era lo que impedía que Aquiles pudiera uncir a su carro otros dos caballos que era lo habitual entre los griegos.