como si no hubiese nada que perder

Solo te pido que si inicias con la lectura, la termines.

Bien, empezar será complejo, solo te pido que si inicias con la lectura, la termines.  A ella la conocí en un salón de clase de un colegio, era la chica callada, tímida, que fingía odiar a todo el mundo a su alrededor y tal vez eso fue lo que más me llamó la atención.. quería saber quién era ella y por que estaba ahí. Por cosas académicas tuvimos que hablar, fue difícil y raro, era de esas personas a las que no les gusta la cercanía o al menos no la mía. Jugando. Fútbol nos conocimos mejor, hablabamos y nos compartíamos ciertas cosas, descubrí que vivía muy cerca de donde yo vivía así que íbamos juntas de salida del colegio a nuestras casas, eso sin duda hizo que tuviéramos mucha más cercanía y que pudiese conocerla mucho mejor. Lo cierto era que me encantaba compartír con ella, me agradaba como me sentía, ella me hacía sentir como ninguna otra persona lo hacía y eso era raro. Al poco tiempo descubrí que me gustaba, que sentía una extraña atracción hacia ella, tuve miedo, mucho miedo, pues la homosexualidad dentro de los valores con los que fui educada era algo totalmente incorrecto e inmoral, tenía miedo de lo que pasaría, sin embargo me encantaba la capacidad que ella tenía para hacerme sentir bien. Tras estar asustada se lo confesé, le dije que me gustaba, que me parecía perfecta a lo cual dijo que no había ninguna posibilidad, que era mi amiga y nada más. Un 15 de enero, junto con nuestras amigas decidimos hacer una reunión, donde nos embriagamos, yo aprovechando que ella nunca había bebido la emborraché y le di un beso, digo, unos cuantos, fue justo en ese momento donde sentí que algo dentro de mi había explotado justo en el momento en que mis labios rosaron los suyos, sentí algo inexplicable. Al otro día, ella muy enojada recordaba todo, sin embargo me habló, siempre estuve tras de ella hasta que un 13 de julio me dijo que si, que deseaba ser mi novia, que le gustaba pero que no quería asumirlo porque al igual que yo tuvo miedo. Podría yo jurar que ¡ESE FUE EL MEJOR DIA DE MI VIDA! nunca había sido más feliz, sentía que la amaba, y que estaba haciendo realidad uno de mis sueños. No tuvimos la relación perfecta por problemas de familia, los papás de ella y los míos se oponían rotundamente a la idea de que fuéramos homosexuales, así que todo tocó escondido, duramos 1 año y 6 días, hasta que 19 de Julio dijo haberse cansado y se marchó, aunque le suplique llorando que no lo hiciera, que la necesitaba como a nadie en el mundo. Me dejó por amor, me dejó para que yo pudiera vivir, pues un cristiano le había dicho a mis padres que yo moriría sino dejaba a la persona con la que estaba, cuando lo super tuve miedo y se lo conté a ella, ella no lo soporto y termino con todo de una buena vez. Ese momento me dolió como nada en el mundo. Le dije que volviera que no me dejara y se negó a hacerlo, quizá porque en su corazón ya no cabía yo, o porque quizá ya había emprendido la tarea de amar a alguien más, pues debo decir que es una mujer hermosa y tenía cientos de pretendientes, hombres, con quiénes no tendría que lidiar con la absurda sociedad que te tilda de pecado, etc etc por amar a un igual. ¿Que tan malo es amar? Tras 5 meses de que ella se marchará, los médicos dicen que padezco Leucemia, si, cáncer, con tan solo 18 años de edad, se me derrumbó la vida más de lo que ya la tenía, no sabía que hacer, todo parecía derrumbarse a mí alrededor. Tras recibir esta noticia decidí no someterme a tratamiento, pues no creo en la medicina, ellos solo nos matan de a pocos. Pero se lo conté a ella, y me pidió que lo hiciera, una vez más emprendía algo en su nombre, una vez más decidía levantar la mirada e intentar vivir, si, fue a quimioterapia, tras todo el proceso, las noticias no eran nada alentadoras, pues mi cuerpo no asimiló las sustancias y medicamentos y finalmente soy alérgica al proceso, un golpe más, aunque haya decidido anteriormente quitarme la vida esta vez sentía que nada estaba en mis manos, es terrible sentir que te mata algo silenciosamente y no podrás frenarlo. Tras 10 meses desde que ella se fue puedo decir que nada ha Sido fácil, estoy segura que habría asimilado las cosas de diferentes formas si tan solo ella hubiese estado sujetando mi mano y dándome de su fuerza, tras 10 meses desde que ella se fue la sigo amando como el primer día, como ese instante en el que la bese. Siento que la necesito para lidiar con todo esto, siento que con ella todo sería diferente. En la actualidad solo lucho para mantenerme de pie y darle la pelea al cáncer que me agobia, me aterra la idea de perder el cabello, me aterra la idea de utilizar oxígeno, pero la idea que más me aterra es la de perder la vida y haber pasado por el mundo como alguién​ más, sin dejar una huella. Esto a modo de invitación, hoy quiero que si leíste esto, aprendas a valorar las pequeñas cosas, el simple acto de respirar, las grandes cosas, los bonitos detalles, las personas, arriesguemonos por ser felices, amemos así nos rompan el corazón, amemos así nos abandonen cuando más los necesitamos, pero sobre​ todo soñemos, nunca sabemos cuándo la vida nos quiera matar, nunca sabemos cuándo sea la hora de partir… Pdta: si la ven díganle que la amo, que la extraño y que la necesito, que quiero que sea quien me acompañe en el camino hacia la muerte.

#CuentameTusHistorias.

Ahora el silencio es lo único que nos une.
¿Puedes escucharlo?

Supongo que si a otra persona le cuento nuestra historia en un café me abofetearía con la advertencia de luchar por ti. Incluso diría, a unos meses de cerrarte la puerta, que no todo está perdido. Ah, somos una sociedad impregnada por el sueño del romanticismo… Sí, pues. Yo podría fijarme en los buenos momentos, esos pequeños pero grandes chispazos de alegría atrapados en este reloj que algún día nos unió. Las risas, las idioteces, las canciones compartidas y las aventuras, juntos, pero no necesariamente uno a lado del otro.

En mi defensa, luego de muchas decepciones, mi tolerancia ha quedado rota y se ha vuelto quisquillosa. Ya sé lo qué quiero y a quién quiero cuidándome la espalda. Me habría quedado, por supuesto, si hubiese visto una señal, un cambio si es así como lo quieres llamar, pero a pesar de haber llegado a un acuerdo, nunca ocurrió nada. Mantuvimos esta amistad en el aire, más por costumbre que por necesidad. Porque estuvo claro, en algún momento y esto lo tragué de un modo terrible, tan amargo como un café irlandés o peor, que tú ya no te fiabas de mí. Tú insististe que sí, que sólo te daba vergüenza, que yo pensaría que eres una niña tonta que no sabe cómo sobrellevar su vida. Me quedé estupefacto, recuerdo. ¿En qué momento yo dije algo que provocara perder tu libertad hacia conmigo? En todo caso, me gustaba tu estupidez. Esa frescura tuya por expresar las cosas, tu espontaneidad para relatar y contagiar carcajadas… Ese pulso de emoción que a mí me hacía falta.

Crecimos, me temo. Para bien o para mal, hemos elegido un camino. Yo sabía que no íbamos a ir por el mismo carril toda la vida pero creo que sí esperé que, a pesar de todo, me querrías cerca de ti. Éramos amigos, ¿a qué no? Resulta tan absurdo escribirte una carta que estoy seguro de que no verás. Tú lo aceptaste tan fácilmente, la muerte de esto, aunque por allí dicen que lloraste. Yo me encapsulé y opté por distraer la mente, disfrutar lo que queda, estoy hastiado de lamentarme las perdidas. Han pasado los meses… Yo te perdono, pero no te entiendo.

Ahora el silencio es lo único que nos une.
¿Puedes escucharlo, verdad?

ALBERTO B.

FRÍO EN EL ASCENSOR (ONE SHOT WIGETTA) 2/2

Primera parte aquí.

- Narra Vegetta -

― Es tu culpa, eres tú quien está provocándome ― le susurré al oído. Me moría de ganas de que aquella situación llegase a más. No quería simplemente abrazarlo o besarlo, necesitaba sentir que él también me quería a mí, que me correspondía.

― Por favor Vegetta, aquí no. Vámonos a casa, que me voy a poner malo.

Me alejé de Willy para que pudiese volver a dar al ascensor para ponerlo en marcha. Cuando llegamos a nuestro piso y las puertas se abrieron, salió corriendo del elevador sin apenas mirarme. Se notaba como sus mejillas ardían, pero no sabía si era por vergüenza o porque quería continuar con aquel momento que había interrumpido. Se detuvo en la puerta de nuestro apartamento ya que yo era el único que llevaba las llaves en aquel momento. Abrí la puerta y se fue directo al cuarto de baño, sin decirme nada.

Me dirigí a su habitación para dejar la cámara con todo el material que habíamos grabado y que después Willy tendría que editar. Me senté un rato en su cama reflexionando sobre lo que acababa de pasar mientras escuchaba de fondo como caía el agua de la ducha que se estaba dando Willy. Si algo tenía claro, es que no tenía nada que perder intentando algo con él, nuestra amistad era lo suficientemente fuerte para superar lo que iba a pasar.

Me levanté y me dirigí hasta su cuarto de baño rezando porque no hubiese echado el pestillo de la puerta. Giré el pomo y ¡premio!, la puerta se abrió lentamente. Me comencé a desvestir siendo lo más sigiloso posible y me dispuse a entrar junto a él. Lo encontré de espaldas a mí y lo abracé con fuerza. Pegó un respingo al notarme a su lado, pero no se alejó. Se dio media vuelta y me devolvió el beso que yo le había dado en el ascensor, un beso ardiente de deseo. Nos quedamos los dos bajo el agua abrazados y besándonos dulcemente. Podía sentir cada centímetro de su piel, suave y aterciopelada. Puede que llevase queriendo que esto sucediese más de lo que me gustaría admitir.

― Oye Vegetta, me gustaría que este momento durase eternamente pero no podemos quedarnos aquí todo el día.

― Lo sé ― me acerqué a sus labios para darle otro dulce beso, ― está bien salgamos ya de aquí.

Cerramos el grifo, nos tapamos cada uno con una toalla y salimos de aquel cuarto de baño que ahora tantos secretos guardaba. Me sorprendió ver que toda la casa ya estaba a oscuras, no era consciente de todo el tiempo que habíamos pasado juntos, como si solo fuésemos uno bajo aquella ducha.

― Ven conmigo ― escuché que me llamaba Willy, ― tengo algunas almendritas en mi habitación para que podamos cenar y luego podemos ver una peli o algo.

Nos tumbamos ambos en su cama, comimos algunas almendras y después nos quedamos los dos acurrucados, dándonos calor el uno al otro. Finalmente acabó durmiéndose entre mis brazos y pude admirar su belleza de cerca. No sé qué sucedería después del acontecimiento de hoy, pero de lo que estoy seguro es de que ahora mismo estoy completamente enamorado de Willy.

……………………………………………..

Y aquí la segunda y última parte del one shot escrito junto a fanficsom <3

Espero que os haya gustado mucho :D

Todos los one shots aquí.

¿Jugamos? {Drabble Wigetta}

 A veces me preguntaba como es que Samuel lograba que hablase de mis cosas más intimas y personales, creo que no existía ninguna persona capaz de lograr eso, exceptuando él. 

 Nos encontrábamos de acurrucados sobre el sofá comiendo frutitas hablando de infinidades de cosas, hasta quien sabe como, terminamos hablando sobre “el primer beso” 
- Vale, yo lo di a los siete años, no es broma.- dijo entre risas
- Pues vaya casualidad macho.- comenté divertido arqueando las cejas haciendo un gesto para que continuara
- Fue con una niña que me gustaba, se llamaba Esmeralda y tenia unos muy bonitos ojos me acuerdo, la besé en el colegio.- finalizó con una dulce sonrisa.
- Bien, el mío fue en casa de una amiga.. con el juego de la botella, lo típico cuando niño.- no quería dar muchas explicaciones del tema, me ponía extrañamente nervioso mencionar esto frente a Samuel, pero lo conocía tanto que logré divisar en sus ojos tanta intriga que sería capaz de molestarme toda la noche para que le diera detalles.
- ¿Recuerdas su nombre?- preguntó curioso tomando una fresa
- Creo que su nombre era Marcos.- dije rápidamente intentando no darle importancia al tema. Reí al ver su expresión de sorpresa, seguramente no se esperaba que mi primer beso haya sido con un niño en vez de niña, pero así fue.
- ¡Hala! ¿porque nunca me contaste esto Willy?- dijo exaltado terminando de devorar su fresa de un solo bocado.  
- No lo sé, tampoco es la gran cosa.- dije apartando la mirada sonando indiferente.
- Ya, pero fue tu primer beso… Dime, ¿hace cuanto que no besas a alguien?- preguntó con una sonrisa ladeada ¿y a este que le pasaba ahora?
- Tío no me vengas con estas preguntas, no lo sé, un año o dos tal vez.- si su punto ahora era ponerme más nervioso, le estaba saliendo muy bien.  
- Madre mía has dejado de ligar desde que me conociste eh, que fiel eres cariño.- dijo bromeando soltando una leve risa
 - Es que es tonto del culo..- suspire dandondole un golpe amistoso en el hombro.
- Willy, estoy falto de cariño.- dijo con su característica voz aguda lanzándose sobre mi
- ¡Quita, pesas un huevo!- reí entre intentos inútiles de querer quitarlo de encima
- Dame un besito, Willy.- mascullo cerca de mi oído provocandome un escalofrío
- ¡Tío que te quites!- intentaba sonar enfadado para que se quitara pero era en vano, prácticamente me estaba ahogando de la risa.
  
 Casi siempre solemos comportarnos así, era como nuestro “juego” a ver quien hacia “enfadar” primero al otro.
  
 Este me ignoro por completo tomando mis muñecas de una forma posesiva, colocando sus piernas a cada lado de mi cadera (a saber dios en que momento había quedado tumbado sobre el sofá).
- Bésame y te soltaré.- dijo acercadose peligrosamente hacia mis labios.- instintivamente me removí a cada lado, lo único que lograba con eso era acelerar cada vez más mis pulsaciones. Maldito pringao’. 
- Samuel basta, estas.. estas ¡Me cago en todo!.- gruñí removiendome bajo suyo cual lombriz
- Vamos Willy no estoy haciendo nada que no quisieras, no puedes negarlo te conozco. Nos conocemos demasiado.- término por decir sin quitar esa sonrisa socarrona de sus labios dejandome en blanco. “nos conocemos” no sabía si realmente seguir con esto, pero mentiría si dijese que no me moría por comerle la boca. 

 No me lo perdonaría vivir pensando en el “¿que hubiese pasado si…?” no, claro que no. Sin darle más vueltas al asunto opte por actuar instintivamente, como si no hubiese un mañana para recordar esto. Me incline hacía adelante uniendo nuestros labios en un rápido beso separandome casi al instante.  Aproveche su empane mental para liberar mis manos y poder huir, sin embargo algo dentro de mi no me permitía moverme del lugar. Me quede unos segundos mirandole fijamente tratando de ver en sus ojos lo que ahora mismo pasaba por su mente, lo cual fue en vano porque este reaccionó como si de repente le hubiesen golpeado con algo haciendole saltar en un respingo. 

- Si este va a ser tu juego.. que sepas que no me gusta perder.- susurré cerca de su oído amagando con levantarme, este soltó una risa histérica para seguido de ello volver a su sonrisa socarrona habitual.
- Pues, suerte con eso, cariño.- mascullo entre dientes depositando un pequeño beso sobre mi mejilla, seguido de ello se incorporo y se encaminó a su habitación como si nada hubiese pasado. 

 ¿Que demonios acaba de suceder? 

SUCIO 2: MACHOS ALFA

VIGÉSIMO SEPTIMA PARTE

Samuel tenía aproximadamente unos 10 minutos apenas viendo como su novio cruzaba de un lado a otro por el agua nadando con destreza. De vez en cuando se detenía, giraba hacia él, agitaba la mano en el aire en forma de saludo, Samuel hacía lo mismo desde su lugar en la orilla de la playa y Guillermo continuaba dando brazadas en el agua.

Samuel no entendía a veces como es que a Guille le gustaba tanto el agua, mucho menos si se trataba de agua de mar. El mar era salado, era peligroso, era enorme y probablemente era aquella inmensidad sin fin visible, la que lo hacía echarse atrás cada que se sentía con la suficiente valentía de darse un chapuzón. El mar no le agradaba, al menos no le agradaba nadar en él, desde aquella vez cuando siendo apenas un niño, su madre había sido arrastrada por una ola, en las únicas vacaciones de verano que podía recordar, no le habían quedado ganas de bañarse en el mar una vez mas. Esa vez por muy poco casi pierde a su madre. Tampoco es que le hubiese quedado un trauma de esos difíciles de superar, simplemente las cantidades tan grandes de agua no le gustaban.

Se tumbo de espalda en las piedritas mirando al cielo y agradeció no sentir ni una pizca de ardor en la piel, pues si había otra cosa que no e agradaba de la playa era el implacable sol acabando con su palidez, precisamente por eso agradecía que estuviese completamente nublado, de igual forma como si de un par de niños se tratase, la madre de Guillermo prácticamente no los había dejado salir del auto sin antes cubrirse por completo con protector solar. Eso por supuesto se lo agradecía.

Pasaron 10 minutos o incluso mas, en los que Samuel se había quedado pensando en todo y en nada concreto a la vez, en la situación tan inimaginable que estaba viviendo. No era exactamente el rumbo que hubiese esperado para su vida, pero no se arrepentía ni por un segundo. Había cerrado los ojos, empezaba a sentirse adormilado, estaba a punto de dejarse llevar por el sueño y la comodidad, cuando una sensación extraña hizo que sintiera una fuerte presión en el pecho.

Se sentó de golpe sintiéndose aturdido, era como si un montón de imágenes raras y sin sentido se hubiesen agolpado en su cabeza. Ansiedad. Miró a su alrededor, desorientado y nervioso, no entendía que era esa angustia repentina.

–Guillermo… – susurró y se dio cuenta de pronto que hacía ya un buen rato que había dejado de verlo. Se levantó de su lugar de un salto y dirigió su mirada a donde minutos antes se encontraba su novio nadando tan tranquilamente. No había nada, él no estaba ahí. Empezó a respirar fuerte y pausado, estaba claramente tratando de calmar su ansiedad ¿pero ansiedad porque? No podía haber pasado nada malo, hacía tan solo minutos lo había visto como si nada. Samuel no era una de esas personas que se ponen histéricas sin más, siempre la razón iba primero que los sentimientos. En este caso la razón se estaba perdiendo – ¿Dónde narices estás? – se dijo a si mismo en voz baja, mirando en todas direcciones hacia el agua. ¿Se habría alejado tanto que se había perdido de su vista? Era lo mas seguro, porque de haberse salido del agua hubiese llegado hasta él sin duda.

El nerviosismo empezó a apoderarse de él y esa sensación de vacío en el pecho se hacía cada vez más grande. Dio un par de pasos dentro del agua sintiéndose inútil, pues no se vio capaz de ir mas allá de donde al agua le cubría hasta el abdomen, flotar y dejar de sentir el suelo firme debajo de él, no le agradaba ni un poco y sabía nadar, pero hace tiempo que no ponía en practica ese conocimiento.

No quería alterarse, estaba tratando de mantener la calma aunque le estaba resultando prácticamente imposible. Se habían alejado tanto de la familia de Guillermo que ni siquiera había alguien cerca a quien pudiese pedirle ayuda.

–¿Dónde estás maldita sea? – la reacción primaria de Samuel con respecto al miedo era casi siempre enojarse, le molestaba mas de lo que podía admitir, enfrentarse a una situación fuera de su control y esto definitivamente estaba fuera de su control, miraba en todas direcciones y lo único que lograba ver era el inmenso azul grisáceo del agua meciéndose con tranquilidad, como burlándose de él.

–¿Dónde está Guillermo? – se estremeció al escuchar de pronto la voz de Arturo a sus espaldas y no sabía si molestarse y preocuparse mas de lo que ya estaba porque se tratara precisamente de él, o alegrarse porque al menos ya no se encontraba solo, aunque probablemente a Arturo no le importaba en lo mas mínimo lo que a Guillermo pudiera pasarle.

Giró a mirarlo y muy seguramente no pudo disimular su expresión angustiada, pues le transmitió la mala cara a Arturo en cuestión de segundos. El chaval lo miraba fijamente, mientras la expresión de su rostro iba cambiando a medida que el tiempo pasaba.

–¡¿Dónde está?! – le había gritado y en cualquier otra situación Samuel le hubiese respondido a ese grito con un guantazo bien dado, pero en este momento claramente lo ultimo que quería era pelear.

–Yo… yo no lo sé… estaba nadando hace un momento y… – Samuel volteó su mirada nuevamente hasta  donde el agua se mecía con un poco de mas fuerza. Y no pudo decir nada más.

Muy probablemente la preocupación de Arturo era genuina, pues su expresión se descompuso en un segundo. Volteo al agua mirando en todas direcciones y se encamino más allá de la orilla.

–¡GUILLERMO! – el grito de aquel chaval, le taladró a Samuel en el pecho de forma dolorosa. Había evitado gritar por si mismo, no es que no lo hubiese pensado, pero sentía que gritar era llegar a un punto de desesperación tal, del cual no iba a poder salir ¡Donde estaba! ¡Donde demonios estaba!

Samuel se quedó inmóvil en la orilla, sintiéndose estúpido e inútil, justo como aquella vez con su madre, viendo como todos corrían a socorrerla mientras él no hacía absolutamente nada. En aquel entonces era solo un niño, ahora era un hombre y le estaba sucediendo exactamente lo mismo. El miedo lo tenía paralizado, la posibilidad de perder a la única persona que le quedaba lo había congelado. Vio sin moverse como Arturo entraba al agua y se alejaba, escuchó como continuaba llamando a Guillermo con gritos cada vez mas desesperados.

Samuel era su novio y estaba dejando que alguien más hiciera algo por él.
Se tumbó en la arena sintiéndose incapaz de hacer algo mas, se abrazó las piernas y apoyó la frente en sus rodillas ¿De verdad esa era su respuesta ante un problema? ¿De verdad esa era su estúpida forma de actuar ante una emergencia? ¿Qué mierda es lo que iba a hacer si Guillermo…? Freno sus pensamientos y levantó la mirada. A lo lejos pudo distinguir como Arturo se acercaba… y estaba arrastrando algo consigo… alguien… Guillermo.

Sintió como el alma se le escapaba del cuerpo y como sus manos y sus piernas iniciaban un temblor incontrolable, empezó a respirar de forma agitada a medida que Arturo se acercaba. Tenía un grito atorado en la garganta amenazando con salir y ni siquiera para si mismo era capaz de pronunciar palabra alguna.

Arturo había salido del agua con dificultad y junto a él, Guillermo como un peso muerto, inconsciente, inmóvil y pálido. Samuel sintió que se le doblaban las rodillas.

–¡No respira! – Gritó  mirando como Samuel se había puesto de pie en su lugar pero no hacía el intento de acercarse. La angustia en Arturo era genuina, no podía estar fingiendo con semejante rostro desencajado que intentaba disminuir el pánico de una posible perdida. Empezó a presionar el tórax de Guillermo en repetidas ocasiones, mientras acercaba su rostro intentando escucharlo o sentirlo respirar – ¡Vamos Guillermo! ¡Maldita sea! – Arturo acercó sus labios a los de Guillermo y Samuel sintió un pinchazo doloroso en el pecho.

El chaval estaba intentando salvar a su novio, mientras él como un simple espectador miraba la escena como en una cutre película en la que al final sabes que el protagonista va a despertar. Esta no era ninguna película, aquí la vida no estaba asegurada. Arturo seguía en su labor, presionando su pecho y dando respiración al cuerpo de Guillermo que prácticamente parecía inerte, hasta que la tos y un sonido atragantado por el agua lo hizo alejarse un poco.

¿Han tenido esa sensación en la que después de un susto enorme, la calma llega irónicamente como una ola de sensaciones tan abrumadora que sientes que tu cuerpo va a desvanecer en el piso?  Eso probablemente es lo que Samuel sintió en el momento que escuchó a Guillermo toser, en el momento que lo vio moverse ligeramente, cuando supo que estaba respirando de nuevo, cuando se dio cuenta que estaba abriendo los ojos… que estaba vivo.

Samuel no se atrevía a acercarse, se sentía tan mal de no haber hecho nada para ayudarlo, porque si ahora estaba de nuevo respirando y con vida, no era precisamente gracias a él, la culpa lo estaba carcomiendo y cuando Guillermo pudo girar su rostro cansado para por fin poder ver a su novio a los ojos después de el mal momento que acababan de pasar, lo único que pudo observar es como Samuel se alejaba de él y de Arturo, sin decir una sola palabra.

…………………………..

Era de suponerse que la reacción inmediata de una persona que ha estado a punto de perder a alguien y que lo recupera después de casi sufrir una tragedia, debiera ser la euforia y la felicidad. Guillermo mínimamente hubiese esperado que Samuel se acercara a él, si no para saltarle encima gritando de felicidad, al menos para preguntarle como es que se encontraba, pero no había hecho nada de eso, Samuel simplemente se había ido en cuanto él había despertado y Guillermo no sabía si sentirse molesto o profundamente decepcionado.

–¿Estas seguro que te sientes bien? ¿De verdad no quieres que te lleve al centro médico? – preguntó Arturo y Guille negó enérgicamente.

–Me siento bien, en realidad fue una estupidez, me dio un calambre, no pude nadar, me desespere, una ola me arrastro, me atraganté y solo…

–Está bien, no tienes que recordarlo – Arturo estaba sorprendentemente comportándose como una buena persona y Guillermo nunca hubiese esperado que fuese precisamente él quien estuviera acompañándolo después de haber pasado aquel mal rato en lugar de su novio.

–No deberías de ser tu quien esté acompañándome – murmuró con sinceridad y se arrepintió al momento, sobre todo cuando vio la expresión al parecer decepcionada en el rostro de Arturo – lo siento – continuó –  joder lo siento, no intentaba ser grosero, después de todo fuiste tu quien me ayudó, de no ser por ti yo… soy un mal agradecido – finalizó bajando la mirada.

–No hice nada extraordinario en realidad – Arturo hablaba tratando de restarle importancia al asunto y Guillermo no sabía si estaba siendo sincero o se trataba únicamente de falsa modestia – cualquier persona en mi lugar hubiese hecho lo mismo… no podía haber hecho menos tratándose de ti.

Aquellas palabras no fueron lo mas agradable que Guillermo hubiese querido escuchar y es que Arturo tenía razón. No era comprensible como alguien que supuestamente te quiere tanto, no muestra ni el más mínimo interés en tu bienestar ¿Pero que había sido eso de “tratándose de ti”? ¿Por qué lo decía como si se estuviese refiriendo a alguien importante para él? Apenas el día anterior había estado a punto de liarse a golpes con Samuel después de haberlo insultado como tantas veces lo había hecho, después se había presentado pidiendo disculpas ¿y ahora trataba de parecer interesado?

Guillermo no estaba intentando ser mal agradecido, después de todo se podía decir que estaba vivo gracias a él, pero la aparente buena voluntad de Arturo no le molaba ni un poco, de sobra sabía que ese chaval no era de fiar.

Se levantó del lugar donde había permanecido tumbado en las piedras y avanzó murmurando un casi imperceptible “gracias”. Ya estaba haciéndose tarde y había permanecido prácticamente la mitad del día lejos de sus padres. No había dado siquiera un par de pasos, cuando el agarre firme de la mano de Arturo lo hizo frenarse de golpe. Ni siquiera se había dado el tiempo de enterarse de lo que estaba sucediendo, cuando ya se encontraba con los brazos de Arturo rodeándolo con fuerza, mientras intentaba besarlo a la fuerza.

Repulsión fue lo único que pudo sentir al rozar sus labios con los de ese tío que probablemente había enloquecido

–¿Qué mierda piensas que estás haciendo imbécil? – un jalón violento y repentino, había separado a ambos chicos de lo que probablemente se hubiese convertido en un beso forzado y asqueroso, pues aunque Guillermo no fuera ningún chico tonto y dejado, Arturo era bastante mas alto y grande que él, incluso mas que Samuel, quien no se sentía intimidado ni siquiera un poco por su tamaño y en ese preciso momento lo miraba con ganas de arrancarle la piel con las manos.

Arturo se separó de Guillermo y dio un par de pasos amenazantes hasta Samuel, quien terminó por lanzarlo al suelo de un fuerte empujón. Hubiese deseado tumbarle un par de dientes, pero sabía que eso no iba a agradarle a Guillermo y no se encontraba en posición de hacerlo molestar después de la forma cobarde en la que se había portado cuando él estaba en peligro.

–¡NO! ¿Quién te crees tu que eres para venir aquí a insultarme, después de que no hiciste nada por ayudar a tu… a Guillermo? – la voz de ambos sonaba alterada y la expresión de sus rostros era como de fieras a punto de atacar.

–¿Debo suponer entonces, que piensas que haberlo ayudado te da el derecho de besarlo? – a pesar de que sentía la sangre revolverse en sus venas de la rabia, Samuel intentaba permanecer calmado, no sabía como se sentía Guillermo, además de que sabía de sobra lo mucho que le molestaba que peleara con otros por él.

–¡No tengo porque explicarte a ti mis razones para hacer las cosas! – Samuel volvió a lanzarse encima de Arturo al escucharlo decir aquello con tantísimo descaro. El gritó molesto de Guillermo, logró alejarlos al momento.

–¡Cállense de una maldita vez los dos!

…………………………

Guillermo y Samuel se encontraban sentados en las piedritas de la playa, desde hacía unos 20 minutos, ninguno de los dos había dicho nada hasta el momento. Después de la discusión entre Samuel y Arturo, que para fortuna de los tres, principalmente para Guillermo, había sido solo de palabras sin llegar a los, Arturo se había ido por fin dejándolos solos y ambos chicos se habían quedado en el mas absoluto silencio.

–¿Por qué? – la voz de Guillermo apenas se escuchó a pesar del silencio que se cernía entre ambos. Se puso de pie y Samuel lo siguió. Giró su rostro hacia él y aquella mirada tan profunda y triste se fijó en sus ojos también, acabando casi por completo con su férrea voluntad que deseaba al menos poder alzar la voz para hacer notar su parte dominante. No pudo – ¿Por qué no te quedaste conmigo cuando…?

No fue capaz de seguir pronunciando ninguna palabra mas, cuando sin esperarlo, se vio envuelto por segunda vez en el día, entre los brazos de alguien más de forma sorpresiva. Esta vez no se trataba de alguien desagradable, esta vez se trataba de un abrazo cálido y tranquilizador y aunque Guillermo se sentía molesto y deseaba pedirle a Samuel  una explicación que lo dejara convencido, no pudo hacer nada mas que respirar profundamente ese olor tan limpio y familiar.

Samuel cruzó los brazos por la espalda de Guillermo y entrelazó los dedos de ambas manos con fuerza. Parecía sentir que de soltarlo, ese chico entre sus brazos de desvanecería como el humo. Lo apretó a su cuerpo son fuerza, y casi lograba sentir los latidos fuertes del corazón ajeno contra su pecho. Colocó el rostro en el hueco de su cuello y se permitió soltar todo el sentimiento que tenía acumulado.

Guillermo se quedó inmóvil, petrificado, la sensación dolorosa en su pecho fue inevitable y el sollozo que ahora sentía justo en su oído, lo estaba quemando por dentro. El chico fuerte, que no se quebraba con nada, que intentaba protegerlo a los golpes de quien fuera, se estaba haciendo pedacitos incontables frente a él. Empezó a sentir la humedad de las lágrimas en su camiseta y como ese casi imperceptible sollozo, se convertía en un quejido lastimoso y descontrolado que Samuel ni siquiera intentó reprimir. Se estaba permitiendo llorar una vez más después de tanto tiempo y Guillermo no era capaz de frenarlo porque probablemente era algo que necesitaba. Aguardó hasta que poco a poco su respiración se volvió pausada y tranquila una vez más y los sollozos cada vez mas espaciados.

Se separó un poco de él tratando de mirarlo a los ojos. Samuel no era capaz de levantar siquiera la mirada. Estaba avergonzado por tantas cosas, ese día definitivamente no había sido el mejor para él. Afortunadamente se sentía mas tranquilo.

–Se que doy vergüenza – la voz de Samuel salió ronca, a pesar de su particular tono agudo de voz – no quiero perder a nadie mas Guillermo… no puedo perder a nadie mas – hizo una pequeña pausa tragando saliva con dificultad – se que no es una justificación para mi estupidez, pero pensar en perderte me congeló… porque ya no me es posible seguir sin ti

Guillermo buscó algo en su interior que lo hiciera sentir duda de las palabras de Samuel, que lo hiciera sentir molestia, miedo o cualquier cosa. Lo único que encontró fueron unas ganas incontenibles de besarlo. Sabía que Samuel decía la verdad y también sabía que no todos reaccionaban igual a una situación de riesgo. Probablemente en otro momento Samuel hubiese actuado diferente, pero él ya había perdido a la única y mas importante persona que tenía y de una forma sumamente dolorosa.

No le quedaba la menor duda de cuanto amor había entre ellos dos.

……………………………

El día había terminado, dando paso a una noche llena de estrellas. Habían acordado no decirle nada a la familia de Guillermo, su madre probablemente lo encerraría con candado y no lo dejaría salir hasta envejecer. No hacía falta preocuparla por algo que afortunadamente no había pasado a mayores, así que únicamente se aguantaron los regaños como un par de niños, por haber desaparecido prácticamente todo el día.

Cenaron en familia en un pequeño y solitario restaurante cercano a la playa y después de pasar un buen rato conversando sobre cualquier cosa, se decidieron a regresar por fin a casa después de aquel maravilloso día. Aunque Guillermo y Samuel tenían otros planes.

–¿Dime como es que me convenciste de hacer esto? – la voz agitada de Guillermo prácticamente hacía eco en aquella diminuta habitación. Los ojos oscurecidos de Samuel lo recorrían completo y sus manos ansiosas recorrían sus costados con delicadeza.

–¿Y que tiene de malo lo que estamos haciendo? – Samuel se acercó nuevamente rozando sus labios en el cuello de su novio, lo notó sobresaltarse al instante. Después de lo mal que lo había pasado en la tarde, una ansiedad incontrolable por sentirlo cerca se había apoderado de él, quería sentirlo suyo, siempre, solo de él, sin que nada pudiera quitárselo, y esa posesividad repentina, estaba provocando que sus caricias prácticamente quemaran.

–¿No tiene nada de malo? Le mentí a mi madre diciéndole que iríamos a una fiesta en cada de Arturo ¡De Arturo joder! Y estamos en hotelito cutre y pueblerino, parecemos dos adolescentes calientes – Samuel no pudo evitar reír en medio de aquel beso que arrastro consigo el labio inferior de Guillermo en una mordida que lo hizo gemir por lo bajo – to-todo mundo va a escucharme – Guillermo luchaba por lograr formar una frase coherente, pero al parecer su capacidad de hablar de forma entendible se había desvanecido junto a su ropa. Ahora se encontraba únicamente en bóxer bajo el tacto ansioso de Samuel.

–De algo tenía que servir el tal Arturo ese, además ¿Que importa que te escuchen? Que se den cuenta lo que hago contigo – La sonrisa sin vergüenza de Samuel logro sonrojarlo hasta la punta de las orejas y es que cuando se lo proponía ese chaval podía ejercer un poder en él tal, que lo hacía muy a su pesar, sentirse completamente sumiso, esta era una de esas veces y de hecho no le desagradaba.

Se besaron lentamente, con un contacto total entre sus cuerpos febriles. La lengua de Samuel invadió su boca y lo único que Guillermo pudo hacer después del beso, fue boquear con desespero en busca de aire. Se sentía completamente manejable y pequeño y le gustaba más de lo que le sería posible admitir. Deseaba poderse dejar llevar por primera vez por alguien mas, alguien en quien estaba depositando toda su confianza y su amor.

Las manos de Samuel se deslizaron hasta la orilla de su bóxer y Guillermo se sintió temblar, mientras un montón de besos eran depositados por todo su pecho y abdomen. Dichos labios se detuvieron en su cadera, a un lado del inicio de su tatuaje de dragón y segundos después pudo sentir la succión que lo hizo soltar un sonido fuerte y bastante vergonzoso.

–Samuel… – fue lo único que logro pronunciar con la voz entrecortada, antes de que un nuevo gemido invadiera su boca y un agradable cosquilleo recorriera su espalda haciéndolo arquearse.

La lengua cálida de Samuel estaba delineando el contorno de aquel dibujo, mientras sus manos deslizaban el bóxer de Guillermo hacia abajo con delicadeza dejándolo completamente desnudo. No tuvo siquiera tiempo de sentir vergüenza, cuando los labios de su novio ya estaban repartiendo besos por la parte interna de sus muslos. Guillermo sentía que se ahogaba y tuvo que buscar a tientas algo a lo que aferrarse para no sentir que todo en la habitación daba vueltas.

Creía sentir que los labios de Samuel quemaban sobre su piel y aquel mar de sensaciones casi estaba siendo demasiado para soportarlo. Hacía rato que la vista se le había nublado y el deseo en ambos cuerpos lo tenía jadeante y tan febril que casi dolía. Enredó con fuerza los dedos en el cabello de Samuel, cuando lo sintió morder y después lamer para calmar un poco el ardor muy cerca de su miembro. Su cuerpo reaccionaba con voluntad propia y se estremecía descontrolado con cada roce

–Dímelo, dime que solo eres mío – Samuel se incorporó y subió nuevamente hasta su rostro sudado, enrojecido, perfecto. Nunca había sido un chico posesivo, de esos que quiere tener a alguien mas bajo su absoluto control, y no era eso precisamente a lo que se refería con aquella petición, pero sabía, que él mismo ya no podía estar con alguien mas, pertenecer a alguien mas, entregarse a alguien mas. Lo único que Samuel necesitaba era saber que Guillermo se sentía igual de atrapado, igual de encerrado y perdido en los ojos ajenos – dime que nadie mas va a tenerte como te tengo yo ahora, dime que nadie mas te verá así, que nadie va a escucharte gemir de esta manera – su respiración agitada le hacía doler el pecho y el tacto de la piel tan suave de Guillermo, lo mareaba.

–Nadie… te lo prometo. Nadie – Por primera vez a Guillermo no le asustaba sentir que le “pertenecía” a alguien, porque ese alguien parecía estar igual o mas desesperado por saberlo suyo. Amaba a Samuel y sabía que lo amaban también. La pregunta que iba a hacer prácticamente sobraba – ¿Tu eres mío también? – una sonrisa hermosa y sincera pinto los labios de Samuel.

–Para siempre.

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Lamento la tardanza para publicar este capítulo, espero que la espera haya valido la pena, trate de poner un poco de salseo de todos tipos. Lamento también haberlos asustado, me encanta ver las conclusiones que sacan, deberían saber ya que me gusta darles sorpresas, así que no se adelanten a los hechos, que yo siempre tengo cositas con las cuales sorprenderlos ¿De verdad me creían tan cabrona para matar a Guillermo? xD obviamente no… a no seeeer ¬¬ ¿Preparados para la continuación de esta bella escena en el capítulo siguiente? Los quierooo♥

Wigetta : RULETA RUSA / Capitulo 13

Alex

-

Y ahí estaban esos dos, solos en aquella gran habitación y en lo que el morocho no podía comprender el porqué ahora el chico de baja estatura había tomado el lugar de Vegetta así de pronto, al parecer tenía una vaga idea en su mente de la razón que no era otra más clara que el de entrenarle o algo así, tenía una indecisión con esto porque ese muchacho no se veía muy colaborador de su parte más por esa mirada de estar enfadado todo el tiempo, o esa era su expresión natural en su rostro o realmente algo  le molestaba aunque no podía culparle, estaba siendo una molestia para todo el grupo y lo sabía.

Verle tan serio y moviendo ese cuchillo de un lado a otro le hacía entrar en una concentración de que si o si no podía distraerse o tomarse todo a la ligera. No conocía para nada a ese chico y la primera vez que se vieron justamente una daga cruzó a centímetros de su rostro lanzada velozmente por esas manos cuya experiencia con dicho objeto se notaba. Cualquiera que lo viera, la primera impresión que se llevaría sería la de “este sujeto es peligroso”, bueno ¿Quién no lo era en este lugar?

La mirada de ambos se cruzan y Guillermo no pudo evitar balancearse levemente hacía atrás pero no quitó sus ojos del cuchillo, es que no sabía si le atacaría en cualquier momento pese a que él estuviera desarmado. Alex volvió a bajar su mirada y abriendo un lado de su abrigo saca otra de esas filosas armas para arrojarla sin mucha fuerza frente a los pies de Guille.

- Tómala –

Con esas simples palabras, sin vacilar le obedeció y tomando su empuñadura levanta el cuchillo. Su cara podía verse reflejada en la hoja cuya parte del filo era delgada y sin imperfecciones, seguro hasta podía ser capaz de cortar lo que sea como si fuese manteca pero no se molestaría en corroborarlo.

Alex ahora no quitaba su mirada de débil chico que tenía a pasos de él, se dio cuenta de esa expresión de temor tan cobarde pero al mismo tiempo enfrentándole como si le estuviese diciendo “tengo miedo pero no bajo la guardia”, por lo menos sostenía el cuchillo con intensiones de defenderse pero estaba más que predicho que si seguro se acercaba, éste no tendría el valor de lastimarle aunque era imposible que le llegue a lastimar si se animaba a atacarle. Lo único que podía darse cuenta y le daba un punto a favor, correspondía a que Guillermo trataba de lo posible de lucir fuerte y no dejarse rendir por el terror, trataba de tomarse en serio todo esto por mas peligro que corriese, cualquier otro estaría sólo temblando y pensando en salir corriendo…

Había un silencio profundamente incómodo y ninguno de los dos se movía… no por mucho.

El pie del más débil se mueve un centímetro provocando un sutil ruido y eso ocasiona el primer movimiento de ataque…

Vegetta terminaba de darse una ducha y secaba su cuerpo con una toalla, lucía pensativo, reflexionando u ordenando su mente en sí porque por alguna razón se estaba sintiendo débil, no débil físicamente, era más por parte psicológica y esa era la razón de que se estuviese enfocando en una confusión que no lograba encontrar la raíz ¿pero por qué? Hacía ya varios años que no tenía esa sensación extraña de que algo estaba mal. Esos años en que no podía oponerse a su padre y se sentía un debilucho ante su presencia, esa sensación irritante, no era tan igual a la que tenía cuando estaba su padre, era diferente pero al mismo tiempo incomoda ¿Por qué?

Tampoco podía sacarse de la cabeza ese momento, minutos atrás, cuando sintió esa tibia mano en su mejilla temblorosa pero dejando el miedo de lado seguida de palabras de ese chico sin vacilar, ese instante fue como si ambos fuesen personas diferentes porque el más débil parecía lucir más fuerte y el más fuerte parecía haberse suavizado solo con esa simple acción. Se supone que Vegetta transmita miedo, respeto, se supone que Guillermo se sienta intimidado como anteriores veces ¿acaso estaba siendo muy compasivo? ¿Estaba comenzando a darle una imagen de confianza en el que podía poner las manos al fuego sin quemarse? ¿Esa imagen estaba dando? De ser así debía cambiarlo cuanto antes porque sin miedo, sin esa ansiedad de sentirse en peligro constante no se podía crecer, no se puede ser más fuerte, de esa manera creció Vegetta, el miedo es la base del crecimiento ¿pero porque ahora tenía la necesidad de ver más expresiones compasivas y cálidas por parte del morocho que de temor? Si no cambiaba rápido estos pensamientos se vería en problemas, no estaba siendo él mismo. El muchacho era su juguete, un mero objeto para pasar el rato, todo esto era lo más similar a un juego, sólo eso debía pensar aunque su rostro en el reflejo del espejo no se notase muy divertido que digamos…

Por otro lado, Luzu bebía un café en su auto mientras vigilaba estacionado frente a la casa del hombre sospechoso cualquier movimiento o visita inesperada que pudiera encontrarse, la idea era que alguno de los verdaderos responsables de que estuviesen buscando a Guillermo contacten con ese sujeto, del cual ya tenía interferido los teléfonos, o vallasen directamente hasta esa casa. Por lo menos necesitaba un rostro para luego realizar la posterior investigación y resolverse las dudas.

Había estado vigilando toda la noche, pensó que quizás esto tardaría más de lo que creía ya lo deba por hecho pero no fue así. Una moto con dos sujetos aparecen de repente deteniéndose a varios metros de él, por suerte los vidrios del auto eran polarizados. Los hombres descienden muy tranquilos pero observando de un lado a otro, como si estuviesen asegurándose de no ser vistos. Por supuesto, no se imaginarían que estuviesen siendo vigilados, quizás la mejor opción era haberse cubiertos sus rostros pero se verían más sospechosos, de todas maneras ¿Por qué tendrían la intensión de ocultar sus identidades? No lo hicieron, después de todo nadie sabía que es lo que estaban haciendo y ni pensaron que los RR los estuviesen buscando porque tampoco sabían que Guillermo Díaz estaba con ellos.

Esos sujetos, Luzu ya los había visto anteriormente, en el típico grupito que se metía en problemas con la policía, ese típico grupito de delincuentes que no sabe hacer otra cosa que ser una plaga entre las personas, eran unos de los tantos que conformaban los del Cráneo Negro, personas en los que más de una ocasión se metieron con los de su barrio, en más de una ocasión se metieron con sus trabajos y los de RR se involucraron en peleas con esta gente asesinando a varios y también perdiendo algunos de sus propios miembros. Estos no ocultaban quienes eran pero eso no significaba que supieran todos sus rostros, algunos de ellos podrían andar de aquí para allá y no se darían cuenta que eran de ese grupo peligroso.

Muchas veces, los de RR sabiendo que algunos de los de Cráneo Negro andaban merodeando por diversos lugares, los dejaban tranquilos sin importar lo que hicieran, los tenían vigilados pero no se oponían a ellos para evitar confrontaciones. Aunque ambos grupos se odiaran, cada uno era como su propia mafia en lo que solo en casos extremos o conflictos provocados que los relacionaran entre ellos se verían en alguna pelea. La realidad era que todos los miembros de RR querían matar de una vez por todas a todos los de ese grupo que solo estaba para dar problemas, robando, matando gente sea inocente o no, metiéndose en asuntos ilegales y de droga, etc. Si no lo hicieron antes era porque no sabían de cuantos lo conformaban y querían evitar perder la menor cantidad de miembros posibles ¿Qué harían ahora? Luzu no tenía dudas de que esos dos eran de Cráneo Negro, si mantenían oculto a Guille todo estaría tranquilo pero ¿Qué pasaría si descubrían con quienes estaba? ¿Lo dejarían en paz o correría sangre?

El farmacéutico los deja entrar a la casa y al cabo de varios minutos, los sujetos salen como si nada hubiese sucedido y se marchan por el mismo lado del cual llegaron. Luzu desciende de su auto y se acerca hasta la puerta para golpearla varias veces, si no estaba equivocado no sería atendido y fue así porque nadie le abrió la puerta, tuvo que hacerlo por él mismo. Ingresó cuidadosamente para no dejar indicios de que estuvo allí y encontró sobre la alfombra de la sala el cuerpo de ese hombre apuñalado. Exhaló un largo suspiro y se dió la vuelta para largarse de allí. Pobre hombre que no tenía idea de con quienes se había metido, era claro que las cosas terminarían de esta manera.

Unas gotas de sangre caen sobre el suelo, los ojos de Guille miran asustado hacia su brazo del cual tenía un corte no muy profundo pero lo suficiente para que la sangre escurriese del mismo, en ese momento solo podía ver su brazo y el arma que lo había provocado, ese cuchillo que tenía en sus manos Alex. Ni siquiera pudo defenderse, el ataque había sido tan rápido que ni logró moverse un centímetro para evitarlo.

- Tú… - balbucea – me cortaste.

- ¿En serio? No me había dado cuenta ¿vas a llorar? – se ríe sarcásticamente.

¿Realmente se pensó que solo Vegetta podría poner su vida en peligro? Pues no tenía idea de sus demás compañeros…

Guillermo trata de limpiar la herida con su remera de manera muy rápida y nerviosa.

- ¿Qué significa todo esto? ¿Planeas asesinarme acaso? –

El miedo estaba presente y no sabía que reacción tomar, escapar, enfrentarse, no lo sabía y nada de esto era justo porque él no tenía ni idea de cómo defenderse, nunca había usado un cuchillo con estas intensiones y estaba frente a alguien del cual era su especialidad  ¿pero cuál era la razón de todo esto? ¿Estaba tratando de lastimarle seriamente con malas intensiones o quería entrenarle? De ser lo segundo ¿Qué clase de entrenamiento era algo del cual no le estaba explicando que hacer? Solo se dirigió a su cercanía para atacarle sin previo aviso. Si las cosas seguían así terminaría en un charco de sangre como bien le había dicho Vegetta antes de irse.

De pronto recuerda las palabras de Vegetta “no dejaré que te pongan un dedo encima” “ Se supone que entiendas que puedes morir “ “a ver hasta cuanto aguantas” y demás frases y actitudes que resaltaban de él, su fuerza y seriedad, su decisión de ayudarle a salir de esto…  El no dejar que le pongan un dedo encima lo decía por la personas ajenas al grupo, entonces hacia las personas que ahora serian sus compañeros debía protegerse por su cuenta. Podía morir ¿pero hasta aquí aguantaría? ¿No le había prometido ser fuerte? ¿No había dicho que no dejarían que le hicieran daño? ¿Moriría en manos de este chico de baja estatura? Sería como una broma, sentía que se estaría burlando de Vegetta si se dejaba matar por éste. Era como si estuviese poniendo a Vegetta en un lugar aparte a los demás, claramente no se dejaría matar por el líder pero entre morir por Vegetta o morir en manos de cualquier otro, prefería la primer opción. No se dejaría vencer por nadie más ni menos ser humillado, no lo permitiría.

Guillermo respiró hondo, se calmó y miró seriamente a Alex, poniéndose en guardia, atento a si venia un nuevo ataque. Su mirada ahora era distinta.

Alex lo notó, pero eso no le daría más fuerza o más agilidad, pero la conducta miedosa del morocho ya no estaba tan presente, daba un aire de que no se dejaría derrotar fácilmente. Por alguna razón esto le irritó bastante ¿Quién se creía para lucir tan relajado en su presencia? Le haría temblar de miedo aunque eso significara herirlo mucho más a pesar de las consecuencias que tendría en su contra luego…

El silencio duró poco, rápidamente Alex volvió a abalanzarse hasta él blandiendo el filo esta vez apuntando al cuello pero se detuvo a milímetros, casi le rozó originándole una casi imperceptible línea de sangre.

- El cuello es la forma más rápida de acabar con alguien – vuelve a alejar el arma y retrocede.

Guille frota suavemente esa parte de su cuello pero se mantuvo tranquilo, hasta él mismo estaba sorprendido que ni por eso estuviese temblando. No podía perder la concentración…

El más experto no puede evitar mirarle un poco extraño, no podía producirle la reacción que quería ¿de dónde había sacado ese valor? Toma aire y hace girar unas cuantas veces el cuchillo en sus manos viendo a varios puntos del suelo y una pregunta se le pasó por la cabeza “¿si le mato el líder se enojará mucho? “ Y sonríe.

Con eso Guillermo sintió que se le erizaron los vellos de los brazos, su valentía se estaba manteniendo en una balanza donde el peso de ese aura oscura que desprendía su oponente estaba siendo más potente.

-El cuchillo viaja más rápido si lo tomas de su parte más liviana – lo sostiene desde la hoja – y apuntas, tomas impulso – levanta su brazo – y lo lanzas en sentido que gire hacia adentro – toma el impulso y lo lanza casi desapareciendo a los ojos de Guille cruzando cerca de su hombro.

La manga de la remera se rompe y siente un dolor más agudo lo que hizo que presione rápidamente y notara que la hoja del filo había terminado por lastimarle, una mueca de dolor se hizo presente pero aún así no retrocedió. Es más su mirada se volvió más tenaz.

Esto último terminó por enfurecer por completo a Alex que esta vez sin deducir que estaba bien o que estaba mal, cual era la razón de que estuviese allí fue directo a Guillermo tomándole por la muñeca y lo atrajo de un tirón hacia adelante y con el talón le dió un leve golpe detrás de la rodilla lo que le hizo perder el equilibrio y caer de cara al suelo.

El cuchillo de Alex se clava en una de las ranuras de los azulejos quedando su reflejo frente a los ojos del morocho.

- Te pareces a él – Alex se sienta en su espalda.

¿A él? Se mantuvo en silencio.

- Cuando nos conocimos con Vegetta, fue hace como cinco años atrás, ni me acuerdo – suspira – yo me crié en una familia normal, el único detalle era que desde muy pequeño aprendí a usar los cuchillos de esta forma, mi padre me enseñó a usarlos como un hobbie, nunca para hacer daño.

¿Le estaba contando de su vida? ¿Por qué?

- Por todo lo demás mi vida fue muy tranquila, solo éramos nosotros tres, mi papá, mi mamá y yo. No hacía falta nadie más hasta que un día llegó un conocido de mi padre a mi familia, era un hombre que había perdido su casa luego de un supuesto incendio, mi padre le dejó quedarse con nosotros por un tiempo hasta que consiguiera nuevo lugar. Yo no lo aceptaba, desde el primer momento en que lo ví supe que algo malo tenía pero mis padres tan incrédulos no lo vieron venir. Un día llegué del colegio y los encontré a ambos sin vida -

Guillermo siente una tristeza al escuchar eso porque sabía lo que se sentía, ya pasó lo que es perder a tu familia, de una forma así no podía imaginarse el dolor de ese chico en aquel momento.

-  La policía llegó a la conclusión que había sido un robo y era verdad porque se habían llevado todo lo de valor, pero ese amigo de mi padre no se lo volvió a ver luego de eso y lo supe, supe que él estaba relacionado. Por mi cuenta, vine hasta este barrio sin saber que podría encontrarme, sabía que aquí alguien me podría ayudar, por más dinero que costara, quería venganza – apoya su cabeza sobre su mano – terminé sin saber a dónde ir o a quien acudir, la policía no sabía a dónde me había metido. Cuando pensé en volver me encuentro con esa persona, con Vegetta. Me miró con unos ojos intimidantes y fríos, dió muchísimo miedo – se ríe – y me preguntó quién era y que hacía en un lugar así, no sabía qué hacer y decidí contarle todo. Vegetta asedió a ayudarme sin dudar, fue raro. Me preguntó cómo era el responsable y que se encargaría de todo él sólo, pero yo no quise dejarle todo sin involucrarme también, se sorprendió por mi actitud y me amenazo de que había cosas que era mejor que no me metiera pero yo fui mas terco. Al final me dejó quedarme en una pequeña habitación donde no veía a nadie más que a Vegetta que aparecía para darme información y brindarme comida, me enteré de muchas cosas hasta que era todo mentira que había perdido su casa, ese maldito lo tenía todo planeado… No supe como ese chico logró saber todo eso porque yo no tenía idea de que grupo pertenecía él, ni siquiera lo vi como un asesino, todo parecía más un juego de dos chicos planeando un torpe asesinato que saldría mal. Un día puso cartas en el asunto y me informó que había encontrado a ese tipo y que iría él sólo a terminar con el labor, pero era mi venganza por eso le seguí  en secreto. El sujeto salía de un bar y entre callejones, Vegetta le siguió muy despacio hasta que saca un arma, cuando el hombre se dá la vuelta percatándose de un ruido yo me adelanté y lancé uno de mis cuchillos. Vegetta se quedó en shock, no lo esperaba para nada… - hace una pausa –

Guille seguía quieto en el suelo, escuchando con atención.

- Todo había terminado. Había conseguido mi venganza pero a pesar de eso, mi dolor no se sanaría. Me negaba a volver a casa, pensé que también todo debía terminar para mí pero Vegetta admiró mi talento y me sugirió irse con él. Dudé mucho pero terminé aceptando, fue una gran locura cuando me enteré luego de los Ruleta Rusa y los demás miembros, hubo varias discusiones con mi ingreso pero luego los terminé convenciendo cuando vieron lo útil que podía ser. Conocí a muchas personas sobretodo a Staxx, Luzu y Mangel que ya tenían más puesto que todos los demás, Lana y Rubius aún no eran parte de todo esto. Me sentía bien con estas personas, menos con una, el padre de Vegetta, ese hombre lograba congelarme del miedo apenas le veía, lo odiaba mucho a pesar de ser mi líder. La cuestión a todo esto es que yo entrenaba con Vegetta o Staxx casi todos los días, me creía bueno pero nunca les pude ganar a ellos, ni siquiera con cuchillos que era mi fuerte – Se pone de pie y toma de nuevo el cuchillo.

Guille también se pone de pie un poco adolorido.

- Muchas veces Vegetta me dejaba herirle al propósito, quería que yo no dudara en matar a alguien, cuando asesiné por primera vez era porque mi enojo y venganza era superior, seguro si me enfrentaba a alguien más no tendría el valor de volver a hacerlo, por eso él quería que yo ganara ese valor y me animara a atacarle con intensiones más allá de lastimarle. Me veía tranquilo pero me tomaba en serio, nunca perdió la concentración. Tu forma de mantenerte fuerte y de la misma manera me recordó a él – le mira de forma muy seria – no sé si te lo habrá dicho pero nunca debes dudar en matar a alguien que tenga las mismas intensiones, si bajas la guardia vas a morir, no tengas lastima a quienes no se lo merecen.

- Si, algo así me dijo Vegetta – baja su mirada, pensar de esa forma se le resultaba difícil, pero supongo que no sabría bien su significado hasta que estuviese frente a frente con el verdadero peligro.

- Y debes escucharle bien, ponte serio con todo esto porque no te gustaría verle enojado –

- Lo sé y no me gustaría verle de esa forma, aunque pensé que enojado lucía siempre –

Alex se ríe.

- Que dices, si él rara vez se enoja, se ve que no le conoces bien ¿le tienes miedo? –

Guille se sorprende con esta pregunta. Miedo… recordando sus experiencias y lo que conocía de él era claro que le tenía miedo, pero era un miedo diferente a lo usual que no sabía explicar, una mezcla de respeto y al mismo tiempo ¿seguridad podría decirse? ¿Quién se siente seguro con una persona así? Era como estar con un león, metafóricamente, que podía atacar a otros y dejaba a una de sus presas aparte, como jugando con la comida pero no debía olvidar que seguía siendo un animal peligroso. Algo en él le hacía sentir que las cosas estarían bien pero que todo podía resultar a mal ¿entonces porque no sentía el mismo miedo que tenía la primera vez que le conoció? ¿Qué sucedió?

- No lo sé, es raro – Guille no sabía bien que responder a eso, estaba un poco confundido.

- ¿En serio? – esas palabras lo dejan desconcertado. Se esperaba un “si”, con las cosas que le ha hecho pasar a ese muchacho hasta ahora y le contestaba un ¿“es raro”?, hasta la mayoría del grupo por mas confianza que le tengan a Vegetta le tenían miedo - ¿eres masoquista acaso?

- Hey! ¡no es eso! – por alguna razón le invade una vergüenza y mucho enojo, no era esa la imagen que quería transmitir ¿se estaba burlando de él acaso?

- ¿Disfrutas que te hagan daño? – sigue el juego con un tono de voz bromista y balanceando el cuchillo de un lado a otro.

- Que no! Entiendes mal! – comienza a atacarle con intentos de lastimarle con el cuchillo que él tenía pero obvio que Alex le esquivaba sin trabajo y seguía riéndose con burlas.

- ¿Te gustaría que sólo Vegetta te haga daño? ¿Te atrae nuestro fuerte líder? – seguía carcajeándose en su cara.

- Dije que no! – sentía que su rostro se quemaba ¿Por qué le daba tanto sofoco escuchar eso si sabía que era broma?

Alex capta un rápido movimiento que hizo que se callara de repente e intente defenderse con su cuchillo pero Guille le aparta esa mano golpeándole la muñeca con el lateral de su mano y con la otra mano que sostenía el cuchillo velozmente la frena a centímetros del cuello de Alex.

- El cuello es la forma más rápida de acabar con alguien – dice en un tono de voz grave y ojos indiferentes pero luego vuelve a su tranquilidad y aparta el filo.

Por un momento Alex sintió un insólito escalofrío que hacía años, desde las primeras practicas allí, no sentía.

- ¿De dónde aprendiste a esquivar así? – seguía sorprendido.

- Vegetta me lo mostró antes -

- ¿Copió una técnica mostrada en apenas hace horas atrás? – se pregunta a sí mismo en su mente – hasta mi ataque al cuello.

Al parecer alguien lo había tomado por tonto, tenía mucho que aprender pero ese muchacho podía resultar más inteligente de lo que creía…

- Vamos – Alex se da la vuelta – ya me dió hambre.

- ¿A dónde? – le sigue – espera ¿me estas aprobando?

- Lo dices como si estuvieses en un colegio – guarda su cuchillo en su abrigo – antes toma un baño y cura esas heridas.

- Pero dijiste que si no me aprobabas no almorzaría –

- Ya cállate, molesto, no te des confianza, aún detesto tu presencia con nosotros y te falta mucho para dejar de ser un estorbo, pero da igual, de todas formas no estarás para siempre aquí, hasta que termine todo esto – suspira – te aceptaré. Y quédate con ese cuchillo, lo necesitarás tarde o temprano.

Guille mira el cuchillo y sin darse cuenta sonríe como quien hace un nuevo amigo, pero aquellas palabras “no estarás para siempre aquí” borraron su sonrisa al segundo ¿Por qué? ¿Volver a casa terminando con sus problemas no era lo que quería?

El celular de Alex suena de repente y lo saca de su bolsillo para abrir el mensaje que le había llegado.

- Oh… realmente lo necesitarás si te encuentran –

¿A qué se refería?

- ¿Por qué lo dices? –

- Te buscan los de Cráneo Negro, vaya problema en el que te metiste – vuelve a guardar el móvil mordiendo sus labios con estrés.

- ¿Quiénes son? – le mira asustado, ese nombre no sonaba muy amigable que digamos.

- Como nosotros pero más locos, seguro que a todos los miembros le llegó este mensaje y algunos no dudarán en querer entregarte. No son más fuertes que nosotros pero no sabemos cuántos son, los queremos muertos y lo mismo ellos con nosotros. Queremos evitar confrontaciones… - se rasca la cabeza – no sé que dirá Vegetta. Posiblemente te busquen por tu dinero, es fácil enterarse de un chico de buena posición social que se escape de casa. Un secuestro y un pedido de rescate, pero estos te matarían antes de liberarte. No te mantendremos escondido para siempre y queremos evitar peleas. Todo dependerá que decide Vegetta.

- ¿Y que podría decidir? –

- Que si se enteran que estas con nosotros, pelear y matar a todos ellos o hasta que decidan ya no buscarte… o solo dejarte ir y que te las arregles por tu cuenta. Creo que la mejor opción es la segunda, no te ofendas pero entre la vida de solo un débil chico a varios de nosotros, está claro que buscaremos nuestro bienestar.

- Pero si eso ocurre entonces volvería a mi casa y… - dice rápidamente de forma muy ansiosa.

- ¿y qué? ¿Estar a salvo? Ya pusieron tu ojo en ti, y en algún momento saldrás de tu casa y con lo inútil que es la policía no te veo muchas esperanzas –

¿Qué debía hacer? ¿Le seguirían ayudando o ahora con esta nueva noticia descubriendo quienes le buscaban lo abandonarían a su suerte?

Mientras tanto, Vegetta miraba su móvil fijamente sentado en un sillón y Staxx hacía lo mismo con el suyo hasta que lo guarda y clava sus ojos en Vegetta.

- ¿Qué harás? –

Hubo un largo silencio…

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:D alguien se ganó la confianza de un miembro :D aunque apenas es el principio, Alex es caracter fuerte y enojón pero tiene su lado bueno que no muestra facilmente :V . por otro lado tanto la mente de Guille como la de Vegetta se está confundiendo, no hablo de forma romantica aún pero de a poco ¿hasta donde llegará esa “confusión”? :v ¿Guille seguirá metiendo la mano en la boca del león hasta que un dia le muerda o el león seguira jugando con su presa hasta que se canse y le deje ir, o le coma o se encariñe? mmmm :v muchas cosas pueden pasar, teniendo en cuenta que ahora se sabe quienes son los culpables se puede liar un gran pleito, ¿poner en primer lugar a Guille o todos los miembros del grupo? ¿pelear o evitar problemas? Vegetta deberá tomar una decisión. Cualquiera de las dos opciones podría significar mucho en como influenciará tanto a Guille como a Vegetta. Deberán esperar para saber que sucederá. si ya se estan empezando a confundir, pues ahora será aún mas pero tendrán que esperar 7u7

anonymous asked:

Me deprimen tus post sobre la amistad, me hacen recordar 😢 Mi mejor amiga y yo también nos separamos, se me rompió el corazón y aún no sé cómo repararlo aunque ya ha pasado bastante tiempo.

Mi mejor amiga no tenía a nadie, nadie quería juntarse con ella -ni siquiera los de su edad- y yo me hice amiga suya. Por ejemplo, cuando unas amigas mías me invitaban a ir a algún sitio no iba porque ellas no querían que viniese mi mejor amiga y no quería dejarla sola. Pasaron los años y ella se juntó con una chica que se supone que le caía mal, la cual le presentó a sus amigos y ella dejó de juntarse conmigo. Es como si nunca hubiese sido amiga suya. Salió con un par de chicos de ese grupo y ahora está con otro de ellos y no la reconozco para nada, no tenéis ni idea de lo que duele ver que se está echando a perder, que se está jodiendo la vida, y no poder hacer nada por ella. Este es un pequeño resumen.