cometas

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On this day in 1730 Charles Messier was born

Charles Messier (26 June 1730 – 12 April 1817) was a French astronomer most notable for publishing an astronomical catalogue consisting of nebulae and star clusters that came to be known as the 110 “Messier objects”. The purpose of the catalogue was to help astronomical observers, in particular comet hunters such as himself, distinguish between permanent and transient visually diffuse objects in the sky.

Messier’s occupation as a comet hunter led him to continually come across fixed diffuse objects in the night sky which could be mistaken for comets. He compiled a list of them, in collaboration with his friend and assistant Pierre Méchain (who may have found at least 20 of the objects), to avoid wasting time sorting them out from the comets they were looking for. The entries are now known to be galaxies (39), planetary nebulae (5), other types of nebulae (7), and star clusters (55). 

With his research Charles Messier discovered a total of 13 comets.

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Amo a la gente que lleva el alma por fuera… y la tiende como ropa al viento. Amo a los que luchan por lo que llevan escrito en el corazón. Amo a los que dan besos de agua. Amo a los que vuelan sin temer quemarse con el sol. Amo a los que escriben tu nombre en los cometas. Amo a los que llenan de flores los planetas. Amo a los que cantan a la luna y les susurran con su amor. Amo a los que pintan el universo con las palabras de su canción. Amo a los que juegan con las estrellas como juguetes de cartón. Amo a los que escriben en el alma de otro con pintura del corazón.
-Rosa Vidal Ross, 2015.

Hay amores de película y hay amores de espot. Amores de largometraje y amores que apenas llegan a los veinte segundos. Y sin embargo, aún así, algunos espots son más bellos que millones de películas juntas. Para ser grande, para ser bello, para ser memorable, no hace falta extenderse más allá de lo necesario. El fin siempre justifica los miedos.

Quizás por eso hoy me atrevo con una cosmología afectiva sacada de la manga. Quizás por eso hoy me hago trampas al solitario en este pequeño universo que cabe en un ‘sí’.

Empecemos por los cuerpos celestes. En esta vida te encontrarás, en esencia y grosso modo, dos tipos de amantes: estrellas y planetas.

Las estrellas, como todo el mundo sabe, brillan con luz propia. Es una luz nítida, sin paliativos, sin concesiones. Es una luz tan intensa que no puedes mirarla fijamente, es una luz que atraviesa la oscuridad y la destruye. Es una luz que crea vida, que te arropa, que te da calor. Y es una luz que enamora porque no depende de nada ni de nadie, porque es libre, porque es y será así esté donde esté. Pero ojo, porque es una luz que consume a quien la emite. Si nos fijamos bien, las estrellas están en permanente combustión. Se destruyen a sí mismas para proyectar su luz, y aunque nos encantaría pensar lo contrario, sabemos que lo único eterno es la oscuridad. Por eso son tan bellas. Por eso son tan únicas. Y tan raras. Y tan fungibles. Y tan especiales. Y tan inolvidables.

A su alrededor encontrarás, sí o sí, los planetas. No hay una estrella que se precie sin un planeta que la orbite. Y eso tiene una razón de ser. Los planetas necesitan de su luz para subsistir. Son incapaces de generarla por sí mismos. Así que se enganchan al primero que les dé algo por lo que estar ahí, algo que les dé visibilidad, que es otra manera de decir que les haga existir.

Es cierto que luego están los satélites, escisiones de lo que un día fueron, tan pequeños y desesperados que se llegan a enganchar a cuerpos sin luz. Y ahí se quedan, atrapados en un ciclo creciente y menguante, condenados a que lo más memorable que les pueda ocurrir en la vida sea un eclipse.

O los cometas, que no dejan de ser trozos de otras relaciones que vagan por el universo incapaces de comprometerse ni de sentar la cabeza. Son casos perdidos, bellos a ratos, sí, hasta ponen rumbo a ti.

Por último, se encuentran los agujeros negros, elementos peligrosísimos, pues se alimentan de materia ajena. Cualquier materia les va bien. Vampiros emocionales del tamaño de una galaxia. Si un día te ves atrapado en uno de ellos, puede significar tu final. Porque lo mejor que puede ocurrirte es que te conviertan en basura espacial.

En este complicado universo de relaciones, lo más difícil es entender que la única fuerza no es la ley de atracción. Existe la ley de correspondencia, que dice que un cuerpo te atraerá más si te enteras de que se siente atraído por ti. Existe la ley de rozamiento, que dice que hace el cariño, que deviene en confianza que da asco. Existe la ley de la fuerza centrífuga, que dice que un cuerpo que abandona una órbita libera exactamente la misma energía que le impedía seguir siendo feliz en la relación. Y la de la fuerza centrípeta, que dice que donde hubo retuvo, que siempre te atraerá algo de lo que te atrajo. Y existe la ley de los cuerpos comunicantes, sobre la que nadie aún se pone de acuerdo.

Sea como sea, yo no sé si soy estrella, planeta o agujero negro, pero en mi camino emocional exijo estrellas. Y cuanto más mayor me hago, antes identifico las que no lo son. Es uno de los gajes de hacerse viejo, que lo ves venir todo a años luz.

Hay amores de película y hay amores de espot. Amores de largometraje y amores que apenas llegan a los veinte segundos. La diferencia es que los primeros los vives solo una vez. Y los segundos, te guste o no, estás condenado a repetirlos tantas veces como les dé la gana a ellos, incluso en contra de tu voluntad.

—  Risto Mejide

On this day but in 1750, Caroline Lucretia Herschel was born.

Caroline Herschel was the sister of the astronomer William Herschel. After learning astronomy alone and math with the help of her brother, she became his assistant. His most significant contribution to astronomy were the discoveries of various comets, especially comet 35P / Herschel-Rigollet.

She was the first woman to be awarded a Gold Medal of the Royal Astronomical Society (1828), and to be named an Honorary Member of the Royal Astronomical Society (1835, with Mary Somerville). She was also named an honorary member of the Royal Irish Academy (1838). The King of Prussia presented her with a Gold Medal for Science on the occasion of her 96th birthday (1846).

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Quisiera dibujar en tu espalda.
Estrellas, planetas y cometas.
Hacer que tu seas mi galaxia.
Y que yo sea tu universo.
Explorar cada parte de ti.
Que no importe la distancia o el tiempo.
Y que lo nuestro sea eterno.
Sería bonito que todos volviéramos a ver el mundo como cuando éramos niños, cuando aún sabíamos que podíamos confiar en nuestros padres y no éramos una decepción para ellos, cuando creíamos que nuestros amigos nunca nos fallarían, cuando no importaba cómo se veía alguien sino cómo era su alma, cuando apreciábamos más la vista de un atardecer y juegos bajo la lluvia a un mensaje de texto de alguien que no nos quiere como se debe, cuando las únicas lágrimas que derramábamos eran por una caída o un juguete perdido y no por un corazón roto, cuando dormíamos durante la noche en lugar de pasar noches enteras pensando en nuestras imperfecciones y problemas, cuando la vida era más que una pantalla de celular, cuando aún creíamos que podíamos ser lo que sea que nos propongamos, cuando era más divertido correr con una cometa en nuestras manos que drogarse y tomar alcohol, cuando no teníamos miedo de soñar, cuando aún teníamos vida.

Enigma

Me gusta estar contigo,
pensar en soluciones
antes que en problemas,
tomar tu mano,
saber que todo va a estar bien,
me gusta esta voluntad
que compartimos de construir
la mayor parte del día
desde que te conozco
me la paso sonriendo,
es como si fuese un niño
y viera luciérnagas en el campo
tengo mi pecho lleno de amor
y no quiero que te sientas sola
¿Qué será esta sensación de creer
que estaría equivocado al buscar
en otros lados lo que ya encontré en ti?
Me gusta estar contigo
cometa de tulipanes, papalote de luna,
luz que baña a la poesía, sabroso
cuerpo de frutas
me gusta cómo cabes en mi cuerpo
pareciera que quien te hizo
pensó en el mismo molde que el mío
y miro despacito tus ojitos
de café con leche, con sonrisas tenues
como si supieras
que habiendo tantos mundos
nos resulta un milagro
estar en este
y encontrarnos juntos
—  La ruta del romance, Quetzal Noah