cometas

Catorce de Junio

Cerremos esta puerta. 
Lentas, despacio, que nuestras ropas caigan 
Como de sí mismos se desnudarían dioses. 
Y nosotros lo somos, aunque humanos. 
Es nada lo que nos ha sido dado. 
No hablemos pues, sólo suspiremos 
Porque el tiempo nos mira. 
Alguien habrá creado antes de ti el sol, 
Y la luna, y el cometa, el espacio negro, 
Las estrellas infinitas. 
Ahora juntos, ¿qué haremos? Sea el mundo 
Como barco en el mar, o pan en la mesa, 
O el rumoroso lecho. 
No se alejó el tiempo, no se fue. Asiste y quiere. 
Su mirada aguda ya era una pregunta 
A la primera palabra que decimos: 
Todo. 

—  José Saramago

On this day but in 1750, Caroline Lucretia Herschel was born.

Caroline Herschel was the sister of the astronomer William Herschel. After learning astronomy alone and math with the help of her brother, she became his assistant. His most significant contribution to astronomy were the discoveries of various comets, especially comet 35P / Herschel-Rigollet.

Hay amores de película y hay amores de espot. Amores de largometraje y amores que apenas llegan a los veinte segundos. Y sin embargo, aún así, algunos espots son más bellos que millones de películas juntas. Para ser grande, para ser bello, para ser memorable, no hace falta extenderse más allá de lo necesario. El fin siempre justifica los miedos.

Quizás por eso hoy me atrevo con una cosmología afectiva sacada de la manga. Quizás por eso hoy me hago trampas al solitario en este pequeño universo que cabe en un ‘sí’.

Empecemos por los cuerpos celestes. En esta vida te encontrarás, en esencia y grosso modo, dos tipos de amantes: estrellas y planetas.

Las estrellas, como todo el mundo sabe, brillan con luz propia. Es una luz nítida, sin paliativos, sin concesiones. Es una luz tan intensa que no puedes mirarla fijamente, es una luz que atraviesa la oscuridad y la destruye. Es una luz que crea vida, que te arropa, que te da calor. Y es una luz que enamora porque no depende de nada ni de nadie, porque es libre, porque es y será así esté donde esté. Pero ojo, porque es una luz que consume a quien la emite. Si nos fijamos bien, las estrellas están en permanente combustión. Se destruyen a sí mismas para proyectar su luz, y aunque nos encantaría pensar lo contrario, sabemos que lo único eterno es la oscuridad. Por eso son tan bellas. Por eso son tan únicas. Y tan raras. Y tan fungibles. Y tan especiales. Y tan inolvidables.

A su alrededor encontrarás, sí o sí, los planetas. No hay una estrella que se precie sin un planeta que la orbite. Y eso tiene una razón de ser. Los planetas necesitan de su luz para subsistir. Son incapaces de generarla por sí mismos. Así que se enganchan al primero que les dé algo por lo que estar ahí, algo que les dé visibilidad, que es otra manera de decir que les haga existir.

Es cierto que luego están los satélites, escisiones de lo que un día fueron, tan pequeños y desesperados que se llegan a enganchar a cuerpos sin luz. Y ahí se quedan, atrapados en un ciclo creciente y menguante, condenados a que lo más memorable que les pueda ocurrir en la vida sea un eclipse.

O los cometas, que no dejan de ser trozos de otras relaciones que vagan por el universo incapaces de comprometerse ni de sentar la cabeza. Son casos perdidos, bellos a ratos, sí, hasta ponen rumbo a ti.

Por último, se encuentran los agujeros negros, elementos peligrosísimos, pues se alimentan de materia ajena. Cualquier materia les va bien. Vampiros emocionales del tamaño de una galaxia. Si un día te ves atrapado en uno de ellos, puede significar tu final. Porque lo mejor que puede ocurrirte es que te conviertan en basura espacial.

En este complicado universo de relaciones, lo más difícil es entender que la única fuerza no es la ley de atracción. Existe la ley de correspondencia, que dice que un cuerpo te atraerá más si te enteras de que se siente atraído por ti. Existe la ley de rozamiento, que dice que hace el cariño, que deviene en confianza que da asco. Existe la ley de la fuerza centrífuga, que dice que un cuerpo que abandona una órbita libera exactamente la misma energía que le impedía seguir siendo feliz en la relación. Y la de la fuerza centrípeta, que dice que donde hubo retuvo, que siempre te atraerá algo de lo que te atrajo. Y existe la ley de los cuerpos comunicantes, sobre la que nadie aún se pone de acuerdo.

Sea como sea, yo no sé si soy estrella, planeta o agujero negro, pero en mi camino emocional exijo estrellas. Y cuanto más mayor me hago, antes identifico las que no lo son. Es uno de los gajes de hacerse viejo, que lo ves venir todo a años luz.

Hay amores de película y hay amores de espot. Amores de largometraje y amores que apenas llegan a los veinte segundos. La diferencia es que los primeros los vives solo una vez. Y los segundos, te guste o no, estás condenado a repetirlos tantas veces como les dé la gana a ellos, incluso en contra de tu voluntad.

—  Risto Mejide
Quisiera dibujar en tu espalda.
Estrellas, planetas y cometas.
Hacer que tu seas mi galaxia.
Y que yo sea tu universo.
Explorar cada parte de ti.
Que no importe la distancia o el tiempo.
Y que lo nuestro sea eterno.
Sólo existe un pecado, sólo uno. Y es el robo. Cualquier otro pecado es una variante del robo…Cuando matas a un hombre, le robas la vida, robas el marido a una esposa y el padre a unos hijos. Cuando mientes, le robas al otro el derecho a la verdad. Cuando engañas, robas el derecho a la equidad. ¿Comprendes?
—  Khaled Hosseini, Cometas en el cielo
Cuando dos mujeres se aman el mundo se detiene y los dioses se sientan para contemplarlas. Cuando dos mujeres se aman se encienden las estrellas y el cielo se adorna con cometas y galaxias. Cuando dos mujeres se aman, las flores se abren como sus sexos y sus bocas llenas de palabras, el calor lo cubre todo y el universo es más hermoso cuando sus cuerpos revolucionan el instante con una explosión de espasmos y gracia.
—  Amour et entropie