colmarla

Ogni tanto mi prende una malinconia sconfinata, che non basterebbe tutto il sole del mondo per colmarla

El sol estaba ocultándose tras los muros. A paso firme, una mujer caminaba sobre el muro Rosa. Alas de la Libertad debidamente engalanando la espalda de su chaqueta reglamentaria, el azul centelleante junto con un marrón gastado. Las botas finas de la diligente soldado se movían ligeras entre los hombres apostados en el muro, siempre vigilantes por los titanes.

Se suponía que estaba de permiso, pero su padre no dejaba de alabarla, de colmarla de besos y abrazos que ella notaba vacíos e inmerecidos tras tantísimas derrotas y sangre en sus manos. Necesitaba estar lejos del hogar que tanto había echado de menos cuando se encontraba fuera. Era un enigma que todos los soldados soportaban– la vergüenza de ser alabados a la vuelta. Mirar a los ojos de sus padres y ver una ciega esperanza en ellos. Su corazón no se conmovía por los ojos emotivos de la masa, sino por la sinceridad y la fuerza interior.

Allí estaba ella, caminando sin rumbo sobre las murallas, aún con el sucio uniforme puesto. Normalmente cualquiera habría descansado tras el viaje, se habría dado un buen baño o ido a algún bar a beber hasta desfallecer, pero ella sólo necesitaba aire… sólo necesitaba…

A lo lejos, la joven se percató de algo. Sus ojos ambarinos captaron a alguien que bajaba del muro hasta un edificio más allá, adentrándose en el territorio del muro María con ayuda de un equipo de maniobras tridimensionales. Su respiración se entrecortó. Le pareció reconocer quién era. En el origen de su trayectoria, sobre el muro, la joven reconoció a alguien del Cuerpo de Reconocimiento– Erwin Smith, mirando cómo la persona que ha saltado del muro se perdía entre los edificios. La mirada del comandante, impasible y llena de dudas. La soldado frunció el ceño y se acercó al comandante, pero él ya estaba marchándose en su dirección. “Maldita sea…” pensó ella. No quiso hablar con él, y no hizo falta. El comandante atravesó la línea de cañones donde se encontraba ella, y no la reconoció. Ella giró la cabeza cuando se cruzaron, esperando una reacción. Erwin se perdió entre la gente tan pronto como ella pudo buscarle.

Tras asegurarse de que el comandante se había marchado, la mujer corrió frenéticamente hasta la almena desde donde saltó el otro soldado. Ella pertenecía al grupo de élite del capitán más famoso de todo el ejército. ¿Cómo podría no haberse enterado de una misión tan delicada como aquella? Miles de dudas la asaltaron.

Se asomó por la almena y pudo ver al soldado que había saltado, cubierto por el típico chubasquero reglamentario. Estaba preocupada, era peligroso, pero las órdenes eran las órdenes… ¿quién era ella para meterse en medio? Sobre todo si ha sido el mismo comandante el que lo ha ordenado. La soldado pensó detenidamente sin apartar los ojos del hombre sobre los tejados. Ella no tenía el equipo puesto… no podría… pensó mientras miraba a su alrededor. Unos metros más allá pudo ver varios equipos de repuesto en un poste de suministros. Sólo tenía que coger uno y…

(continuará….)

Quando hai una mancanza tutto sembra che ti faccia schifo, ma poi arriva il momento di colmarla.
E sei talmente felice che non riesci quasi a goderti quel momento.
L'hai aspettato così a lungo, con così tanta ansia che quando c'è, anche il problema più grande non ti interessa.
Lei è basta.