collar broch

En el Bosque

Llevaban más de una hora andando, paseando en los alrededores de la prisión y recogiendo ramitas. No eran más de la tarde, nevaba suavemente, y todo se encontraba tranquilo, medianamente tranquilo, de vez en cuando algún caminante se dejaba ver y el doctor retrocedía dejando que el cuchillo de su acompañante entrara en acción, hasta que los no-muertos arrastrando los pies hacia ellos fueron dos.

Suspiró al bajar el montón de ramas que llevaba entre los brazos y desenfundó el cuchillo para, al tenerlo lo suficientemente cerca, introducirlo por la nuca del caminante hasta que éste cayó inerte. Después suspiró.

— Cualquiera diría que, con este frío, estarían congelados —se acuclilló junto al cuerpo— O… —lo observó con mayor cuidado— Parece deshidratado —apoyando la mano enguantada en el hombro del cadáver, lo giró— Por eso el frío no le afecta.

Se trataba de una mujer otrora joven, y de su cuello aún pendía un dije con forma de mariposa. Sonrió con tristeza al verlo y se las arregló para abrir el broche del collar sin quitarse sus abultadas manoplas. Dejó el cuerpo -las aves carroñeras se ocuparían de él- y se dedicó a recoger su montón de ramitas.

— ¿Estás bien? —preguntó a su acompañante, quien debía haberse ocupado del otro caminante.