ciudad 40

"El Eterno Viajero" por Cristina Pacheco

Siempre me han gustado las cartas. Esas largas conversaciones sin respuesta auditiva, esa honestidad tan pura en el escrito. Tengo una caja horrenda donde conservo todas las mías; de ex novios, de amigas, de mis padres….esa caja de plástico tan insípida está plagada de mis registros; y cada vez que decido abrirla sé que estoy llevando a cabo el ritual de la nostalgia.

He tenido la fortuna de que en más de una ocasión, una carta ha logrado conmoverme hasta las lágrimas. Comienzo a leer con una voz que no las mía y se la meto a las palabras escritas para mí. También me pregunto dónde terminan las cartas que yo he dado, esas finas confesiones de papel que con tanto amor o resentimiento he llegado a repartir. Imagino que más de una perdió vida hace muchísimo, imagino que otras están guardadas en cajones prohibidos y tal vez una que otra pequeña nota se utiliza en modalidad separador.

Obligada por las circunstancias, hoy me encontré con una carta cuyo receptor no podrá leer. Me alegra, sin embargo, que la mujer quien tan íntimamente escribió esto a su esposo, haya decidió compartir esto con quien quisiera leerla. Esta carta la leí con mi propia voz, como si yo se la hubiera escrito a alguien que amo pero no conozco; me sacó un temblorín en la boca y un nudo en la garganta

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