ciudad

No te voy a pedir que me des un beso. Ni que me pidas perdón cuando creo que lo has hecho mal o que estés equivocado. Tampoco voy a pedirte que me abraces cuando más lo necesito, o que me invites a cenar el día de nuestro aniversario. No voy a pedirte que dejes todo por mí, o que nos vayamos a recorrer el mundo, a vivir nuestras experiencias, y mucho menos te voy a pedir que me tomes de la mano cuando estemos en el centro de esa ciudad. No te voy a pedir que me digas lo guapa que voy, aunque sea mentira, ni que me escribas bonito. Tampoco te voy a pedir que me llames para contarme como estuvo tu día, ni que me digas que me echas de menos. No voy a pedirte que nos veamos, ni que te rías de mis tonterías. No voy a pedirte que te quedes conmigo y te hagas el tonto cuando mis ánimos están por los suelos, y por supuesto, no te voy a pedir que me apoyes en mis decisiones. Tampoco te voy a pedir que me escuches cuando tengo mil historias que contarte. No te voy a pedir que hagas nada, ni siquiera que te quedes a mi lado para siempre.

Porque si tengo que pedírtelo, ya no lo quiero.

No creo que necesitemos arte en la naturaleza.  La naturaleza es perfecta sin nosotros. Necesitamos arte en las ciudades. En las ciudad donde los humanos ya no tienen nada de tiempo. En las ciudades contaminadas. En las ciudades que hay demasiado ruido. Tenemos que tomar experiencias de la naturaleza y transmitirlas a las ciudades.

— Marina Abramovic