citos

Nuka World: Companions We Could've Had
  • Oswald: the glowing ghoul magician
  • Cito: the wild man raised by gorillas
  • Dixie: the bloodthirsty girl from the Disciples
  • Lizzie: the mastermind inventor from the Operators
  • Who we got: Eyepatch McMohawk Porter Gage who saw his family got hurt and thought it was a good idea to be a raider at age 12
Me enamoré.

Me enamoré. Me enamoré de ella, de su sonrisa. Porque me importaba muy poco lo que pasara si ella estaba sonriendo. Y me enamoré de su boca, de su labio finito y de su labio grueso, de cada palabra que decía. Me gustaba incluso cuando se enojaba y hacia pucheros deseando que fuera por detrás y la abrazara para no soltarla, aunque me decía “salí”, y ojalá no la hubiera soltado nunca. Me enamoré, pero ya no me cuesta decirlo, aunque fue muy difícil aceptarlo. Porque me enamoré de sus ojos, ¿y qué me importa que no sean de un color especial? Eran marrones, grandes y brillantes. Me enamoré de sus ataques de éxtasis, de cuando cantaba bajito porque estaba feliz, pero no quería que la escuchara, de sus bailes y de la manera en que movia la cabeza cuando la canción le gustaba. De cuando me abrazaba fuerte porque decía que tenía miedo de perderme, cuando me decía “no me dejes nunca”, cuando me apretaba porque solo yo sabía que era entonces cuando tenía que quererla más que nunca. Me enamoré de su inteligencia, de lo perceptiva que era cuando algo le apasionaba y de lo tonta que se ponía a veces, incluso de cuando fingía serlo. De lo mucho que le costaba hacer cosas que no le gustan. De cuando me insultaba porque era así como ella disfrazaba las palabras lindas, y eso solo lo sabía yo. De los apodos de animales y comida. De sus abrazos y a veces me hacen falta algunos, bueno todos. De sus pies helados en la cama, de sus abrazos dormida. De cómo se tapaba la boca cuando la veía comer, de los gestos disfrutando la comida que yo le preparaba, de cuando se tapaba la cara porque decía que estaba fea y yo no podía dejar de mirarla, quizás porque para mí, fuera como fuera, siempre estaba preciosa, y ella me desacreditaba diciendo que yo siempre la veía linda, es que siempre lo estaba. De eso me enamoré, de lo bueno y de lo malo. De sus ganas de estar conmigo, pero también de su orgullo, porque cuando creía que iba a perderme del todo, se lo tragaba, me fui tantas veces queriendo que me diga quédate y sé que ella quería decirlo. Qué inocente, si yo era la que perdía la cabeza por ella, siempre la perdí y la perderé por ella. Dios, me gustaba tanto. Me gustaba cuando rodeaba mi cuello y jugaba a estar a dos centímetros de mi boca sin besarme, solo para ver quién aguantaba más sin hacerlo. Me enamoré de la manera en que venía abrazarme por atrás cuando estaba cocinando, de la manera en que me miraba cuando yo fastidiosa estaba concentrada en algo. De sus prisas, de lo colgada que era después de bañarse y siempre, de sus ganas de tenerlo todo siempre controlado pero sin querer encargarse de nada, y de la voz que ponía cuando le desmontaba todos sus planes, como si de repente volviese a tener cinco años. De como arrugaba la frente cuando se enojaba o algo le fastidiaba. De su vergüenza y de lo nerviosa que se ponía a la mínima. De su amor por los animales. De cómo temblaba, de cómo era capaz de calmarme, de la paz de dormir a su lado, de cuidarla, de que me cuide. Me enamoré. Me enamoré de su risa, por muy fea que dijera que estaba cuando lo hacía, de su dentadura perfecta. Por eso y sus “Te amo” que tanto le costaba decir pero que logre enseñarle a decirlo seguido. ¿Es que no entendes? Me enamoré de cómo era, de cómo hacía lo mismo que todo el mundo y a la vez conseguía ser diferente, no sé. De sus manos. De la manera en que picaba las verduras. De su forma de quererme. Que ella creía que no me daba cuenta, pero sé que me quería. La amaba, con sus más y con sus menos. Con sus idas y venidas, con su mal humor, con su facilidad intermitente de sus mensajes en los que decía que me extrañaba. De todas las conversaciones, incluso de las que borraré si acaba todo. De los tantos años de apoyarnos en todo. De sus intentos de ponerme celosa y de lo celosa que se ponía cuando tenía amigas nuevas. Sabía que era única para mi pero creyó que me cansaría, como me cansaba de todo, pero no de ella. De todas las canciones, de su voz y de su olor, que siempre aparece cada cierto tiempo para recordarme que estoy sin ella. De su piel, como amaba la suavidad de su piel. De su forma de ser. De sus enojos, cuando le daba por recordarme lo importante que era para ella y de sus “callate” cuando la imitaba con voz ridícula. De cómo se burlaba de todas esas cosas cursis, incluso de su nombre escrito en mis cuadernos, o cuando usaba la palabra “contigo”. De la cara que ponía cuando me metía con ella y le daba el triple de importancia solo para que le pidiera perdón un par de veces. Me gustaba su intento de cuidarme aunque, sinceramente, me gustaba mucho más cuando era ella la que se sentía protegida a mi lado. De nuestros mil momentos y bueno, de ellos sigo enamorada. Es que por gustar, me gustaban hasta sus ojeras que le aparecían cuando se quedaba hablando conmigo hasta las tantas, de su cara de cansada cuando nos desvelábamos antes de sus exámenes. De su flequillo cuando llovía, de su voz en formato susurro cuando hablábamos por teléfono desde la cama y no quería que sus padres la escucharan, de cómo corría cada vez que llegaba tarde por mi culpa, o por su propia culpa. De sus besos, aunque siempre quisiera más, esos besos chiquitos, los grandes, los largos, los cortos, los besitos de esquimal, los que tenían pasión y los que tenían prisa. Ella era la pieza perfecta de mi rompecabezas. Cuánto daría por romper sus esquemas y convencerla de que quizás a mi lado no se está tan mal.

Esto es un texto que encontré, sin autor por eso no lo cito, y que yo modifique para que sea más “personalizado”.

Nunca me senti só. Durante um tempo fiquei numa casa, deprimido, com vontade de me suicidar, mas nunca pensei que uma pessoa podia entrar na casa e me curar. Nem várias pessoas. A solidão não é coisa que me incomoda porque sempre tive esse terrível desejo de estar só. Sinto solidão quando estou numa festa ou num estádio cheio de gente. Cito uma frase de Ibsen: “Os homens mais fortes são os mais solitários”. Viu como pensa a maioria: “Pessoal, é noite de sexta, o que vamos fazer? Ficar aqui sentados?”. Eu respondo sim porque não tem nada lá fora. É estupidez. Gente estúpida misturada com gente estúpida. Que se estupidifiquem eles, entre eles. Nunca tive a ansiedade de cair na noite. Me escondia nos bares porque não queria me ocultar em fábricas. Nunca me senti só. Gosto de estar comigo mesmo. Sou a melhor forma de entretenimento que posso encontrar.
—  Charles Bukowski.
Nunca me senti só. Durante um tempo fiquei numa casa, deprimido, com vontade de me suicidar, mas nunca pensei que uma pessoa podia entrar na casa e curar-me. Nem várias pessoas. A solidão não é coisa que me incomoda porque sempre tive esse terrível desejo de estar só. Sinto solidão quando estou numa festa ou num estádio cheio de gente. Cito uma frase de Ibsen: ‘Os homens mais fortes são os mais solitários’. Viu como pensa a maioria: ‘Pessoal, é noite de sexta, o que vamos fazer? Ficar aqui sentados?’. Eu respondo sim porque não tem nada lá fora. É estupidez. Gente estúpida misturada com gente estúpida. Que se estupidifiquem eles, entre eles. Nunca tive a ansiedade de cair na noite. Me escondia nos bares porque não queria me ocultar em fábricas. Nunca me senti só. Gosto de estar comigo mesmo. Sou a melhor forma de entretenimento que posso encontrar.
—  Charles Bukowski

queria poder escrever sem que fosse tão difícil não te mencionar 
nem pensar em você e te ter como motivo e inspiração
mas olha bem pra mim e vê se eu consigo? não baby, quem me dera!
isso me faz pensar o que seria de mim se você não tivesse entrado em minha vida e bagunçado tudo de uma só vez 
e eu tivesse que ir colocando tudo em ordem em forma de texto, como se escrever arrumasse também o caos que se tornou minha vida

meu amigo costuma falar que os relacionamentos frustrados, e na maioria os que terminam em decepções, são os que nos rendem os melhores textos
mas ontem fui questionada sobre meus relacionamentos, e fiquei me perguntando: que relacionamentos? 
nada ficou, nem durou, só marcou
e conclui que talvez relacionamentos não são sobre duas pessoas, e sim sobre dois corações que quando se tocam, se eternizam  
talvez seja por isso que escrevo tanto sobre você, e sobre o nós que nunca existiu
você se eternizou em mim, baby, e eu não consigo me desfazer de você
por mais que eu tente arrumar minha vida em parágrafos 
em cada oração eu te cito, e te sinto.