chusma

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«Me importa un pito», «dejar en la estacada» y otras expresiones populares de origen militar
La mayoría de estas frases proceden del periodo de los Tercios de Flandes, donde la sociedad castellana se militarizó para responder a los desafíos del primer imperio global

Algunos ejemplos que me han llamado la atención:  

–«Irse a la porra»

El sargento mayor de cada Tercio de Flandes, la unidad de élite de los ejércitos Habsburgo en el siglo XVI y XVII, dirigía los compases de sus hombres moviendo un gran garrote, una especie de antecedente de la batuta de orquesta que recibía el explícito nombre de porra. Cuando una columna en marcha hacía un alto prolongado, el sargento mayor hincaba en el suelo el extremo inferior de su porra distintiva para simbolizar la parada. Los soldados arrestados debían permanecer sentados en torno a la porra que el sargento había clavado al principio. Eso equivalía por tanto a «enviar a alguien a la porra», como sinónimo de arrestarle.

–«Poner una pica en Flandes»

Sinónimo de algo sumamente dificultoso o costoso, refiriéndose a los gastos y esfuerzos que suponía el envío de los Tercios. Cervantes usó varias expresiones similares en El Quijote: el personaje de Sancho Panza afirma que «pues si yo veo otro diablo y oigo otro cuerno como el pasado, así esperaré yo aquí como en Flandes», lo que equivale a decir en cualquier parte.

–«No dar un palo al agua»

Significa ser un vago y proviene del mundo marinero, donde «palo» se entiende por remo. De tal forma, los remeros más holgazanes usaban los remos para golpear por encima el agua, es decir, solo fingían impulsar los remos.

–«Se te ve el plumero»

Cuando a alguien se le ven sus verdaderas intenciones o pensamientos. En el siglo XIX durante las guerras entre absolutistas y liberales, estos últimos crearon una unidad conocida como Milicias Nacionales en defensa del régimen liberal que lucían unas llamativos penachos en sus morriones. Tras ser disuelta en 1820 por los absolutistas se comenzó a emplear para señalar a los liberales ocultos.

–«Ir de punta en blanco»

Decir que una persona va de punta en blanco hace referencia a ir con las mejores galas. El origen de esta expresión se remonta en este caso a la época medieval y tiene una clara alusión al hecho de que los antiguos caballeros, cuando se disponían a ir a la batalla se equipaban con las mejores piezas de su armamento. Las «armas de punta en blanco» eran aquellas afiladas, cortantes y puntiagudas, que estaban compuestas de acero pulido (o bruñido) de tal modo que brillaban al sol, al contrario de las que usaban durante las prácticas y cuyas armas carecían de punta para no dañar al contrincante.

–«Dejar en la estacada»

Procede de los obstáculos hechos con estacas afiladas que se colocaban para impedir el avance de sobre las líneas enemigas. La infantería usaba estos obstáculos para frenar en seco a la caballería.

–«Me importa un pito»

El pífano o el «pito» era el chico que tocaba tal instrumento en el ejército. Su paga era muy baja. Por tanto cuando utilizamos la expresión «me importa un pito» damos a entender que le damos muy poco valor al asunto.

–«Meterse en camisa de once varas»

Intentar hacer algo demasiado complicado para nosotros. La camisa o cortina es la denominación medieval de un lienzo de muralla, espacio entre dos torres. Y las varas eran una unidad de medida por lo que once varas son unos diez metros, lo que implicaba una muralla demasiado alta para ser tomada.

–«Se armó la de San Quintín»

Alude a la batalla que tuvo lugar el día de San Lorenzo —10 de agosto— de 1557, ganada por las armas españolas de Felipe II sobre los franceses, y en la que los Tercios estuvieron dirigidos por Manuel Filiberto, duque de Saboya.

–«Hacer las cuentas del Gran Capitán»

Alude a las tan discutidas cuentas millonarias que Gonzalo Fernández de Córdoba, el Gran Capitán, presentó a los Reyes Católicos después de haber conquistado para ellos el reino de Nápoles en 1504. Hace referencia a la meticulosidad a la hora de exponer los pormenores de una cuestión.

–«Chusma»

La chusma eran los prisioneros condenados a «apalear sardinas» (a remar) en galeras y por tanto encargados de las tareas más ingratas.

–«Apalear sardinas»

Referido a la condena de remar en galeras.

–«Guiri»

Según la RAE, «en las guerras civiles del siglo XIX, partidario de la reina Cristina, para designar a los liberales, y en especial a los soldados del Gobierno». Así, guiri sería un apócope del euskera «guiristino», en referencia a la Reina regente María Cristina de Borbón y a los liberales. Si bien, el uso citado para designar al turista podría venir probablemente de «guiri-gay», vocablo que identifica el «lenguaje oscuro y difícil de entender». El escritor Juan Goytisolo cree que guiri derivaría del turco «guiur», infiel o extranjero

–«Chaquetero»

Se designa hoy chaquetero a aquel que «cambia de bando o partido». el origen del término popular está en la reforma luterana, cuando los partidarios de cada tendencia se distinguían de los demás por el color de sus chaquetas. Algunos optaban por darle la vuelta a esta prenda para mostrar su forro, el cual solía ser distinto, de forma que se amoldaba a las circunstancias según les apetecía.

–«OK»

«Existe una dudosa versión que nos cuenta que en la Guerra de Secesión norteamericana, al regresar las tropas a sus cuarteles sin tener ninguna baja, ponían en una gran pizarra “0 Killed” (“0 muertos”)», explica el escritor Juan José Jurado en su obra «365 curiosidades asombrosas de los deportes». OK sería, por tanto, el equivalente a todo está bien: 0 muertos.

Nunca te acostarás sin saber una cosa más ;)

mary-gaby16  asked:

July~ eres tan precioso, nací en tu mes, tus mechas azules claras son tan lindas~ son de mi color favorito 😊 💙

Julio: Le agradezco el cumplido, amable estrella *sonrie, de manera diluida, pero lo hace* Espero esta noche, estos salvajes tengan compasion de usted.

Junio: uyyy siii, a ellos los quieres a tu hermano no.

Julio: no compares estrellas cob chusma como tu *le saca la lengua*

Junio: *se sube las mangas* Ahora si enano, te enseñare a respetar al gemelo alfa!!! *se le tira encima y comienza a realizarle coscorrones*

El demonio de la perversidad de Edgar Allan Poe.

En la consideración de las facultades e impulsos de los prima mobilia del alma humana los frenólogos han olvidado una tendencia que, aunque evidentemente existe como un sentimiento radical, primitivo, irreductible, los moralistas que los precedieron también habían pasado por alto. Con la perfecta arrogancia de la razón, todos la hemos pasado por alto. Hemos permitido que su existencia escapara a nuestro conocimiento tan sólo por falta de creencia, de fe, sea fe en la Revelación o fe en la Cábala. Nunca se nos ha ocurrido pensar en ella, simplemente por su gratuidad. No creímos que esa tendencia tuviera necesidad de un impulso. No podíamos percibir su necesidad. No podíamos entender, es decir, aunque la noción de este primum mobile se hubiese introducido por sí misma, no podíamos entender de qué modo era capaz de actuar para mover las cosas humanas, ya temporales, ya eternas. No es posible negar que la frenología, y en gran medida toda la metafísica, han sido elaboradas a priori. El metafísico y el lógico, más que el hombre que piensa o el que observa, se ponen a imaginar designios de Dios, a dictarle propósitos. Habiendo sondeado de esta manera, a gusto, las intenciones de Jehová, construyen sobre estas intenciones sus innumerables sistemas mentales. En materia de frenología, por ejemplo, hemos determinado, primero (por lo demás era bastante natural hacerlo), que entre los designios de la Divinidad se contaba el de que el hombre comiera. Asignamos, pues, a éste un órgano de la alimentividad para alimentarse, y este órgano es el acicate con el cual la Deidad fuerza al hombre, quieras que no, a comer. En segundo lugar, habiendo decidido que la voluntad de Dios quiere que el hombre propague la especie, descubrimos inmediatamente un órgano de la amatividad. Y lo mismo hicimos con la combatividad, la idealidad, la casualidad, la constructividad, en una palabra, con todos los órganos que representaran una tendencia, un sentimiento moral o una facultad del puro intelecto. Y en este ordenamiento de los principios de la acción humana, los spurzheimistas, con razón o sin ella, en parte o en su totalidad, no han hecho sino seguir en principio los pasos de sus predecesores, deduciendo y estableciendo cada cosa a partir del destino preconcebido del hombre y tomando como fundamento los propósitos de su Creador.

Hubiera sido más prudente, hubiera sido más seguro fundar nuestra clasificación (puesto que debemos hacerla) en lo que el hombre habitual u ocasionalmente hace, y en lo que siempre hace ocasionalmente, en cambio de fundarla en la hipótesis de lo que Dios pretende obligarle a hacer. Si no podemos comprender a Dios en sus obras visibles, ¿cómo lo comprenderíamos en los inconcebibles pensamientos que dan vida a sus obras? Si no podemos entenderlo en sus criaturas objetivas, ¿cómo hemos de comprenderlo en sus tendencias esenciales y en las fases de la creación?

La inducción a posteriori hubiera llevado a la frenología a admitir, como principio innato y primitivo de la acción humana, algo paradójico que podemos llamar perversidad a falta de un término más característico. En el sentido que le doy es, en realidad, un móvil sin motivo, un motivo no motivado. Bajo sus incitaciones actuamos sin objeto comprensible, o, si esto se considera una contradicción en los términos, podemos llegar a modificar la proposición y decir que bajo sus incitaciones actuamos por la razón de que no deberíamos actuar. En teoría ninguna razón puede ser más irrazonable; pero, de hecho, no hay ninguna más fuerte. Para ciertos espíritus, en ciertas condiciones llega a ser absolutamente irresistible. Tan seguro como que respiro sé que en la seguridad de la equivocación o el error de una acción cualquiera reside con frecuencia la fuerza irresistible, la única que nos impele a su prosecución. Esta invencible tendencia a hacer el mal por el mal mismo no admitirá análisis o resolución en ulteriores elementos. Es un impulso radical, primitivo, elemental. Se dirá, lo sé, que cuando persistimos en nuestros actos porque sabemos que no deberíamos hacerlo, nuestra conducta no es sino una modificación de la que comúnmente provoca la combatividad de la frenología. Pero una mirada mostrará la falacia de esta idea. La combatividad, a la cual se refiere la frenología, tiene por esencia la necesidad de autodefensa. Es nuestra salvaguardia contra todo daño. Su principio concierne a nuestro bienestar, y así el deseo de estar bien es excitado al mismo tiempo que su desarrollo. Se sigue que el deseo de estar bien debe ser excitado al mismo tiempo por algún principio que será una simple modificación de la combatividad, pero en el caso de esto que llamamos perversidad el deseo de estar bien no sólo no se manifiesta, sino que existe un sentimiento fuertemente antagónico.

Si se apela al propio corazón, se hallará, después de todo, la mejor réplica a la sofistería que acaba de señalarse. Nadie que consulte con sinceridad su alma y la someta a todas las preguntas estará dispuesto a negar que esa tendencia es absolutamente radical. No es más incomprensible que característica. No hay hombre viviente a quien en algún período no lo haya atormentado, por ejemplo, un vehemente deseo de torturar a su interlocutor con circunloquios. El que habla advierte el desagrado que causa; tiene toda la intención de agradar; por lo demás, es breve, preciso y claro; el lenguaje más lacónico y más luminoso lucha por brotar de su boca; sólo con dificultad refrena su curso; teme y lamenta la cólera de aquel a quien se dirige; sin embargo, se le ocurre la idea de que puede engendrar esa cólera con ciertos incisos y ciertos paréntesis. Este solo pensamiento es suficiente. El impulso crece hasta el deseo, el deseo hasta el anhelo, el anhelo hasta un ansia incontrolable y el ansia (con gran pesar y mortificación del que habla y desafiando todas las consecuencias) es consentida.

Tenemos ante nosotros una tarea que debe ser cumplida velozmente. Sabemos que la demora será ruinosa. La crisis más importante de nuestra vida exige, a grandes voces, energía y acción inmediatas. Ardemos, nos consumimos de ansiedad por comenzar la tarea, y en la anticipación de su magnífico resultado nuestra alma se enardece. Debe, tiene que ser emprendida hoy y, sin embargo, la dejamos para mañana; y ¿por qué? No hay respuesta, salvo que sentimos esa actitud perversa, usando la palabra sin comprensión del principio. El día siguiente llega, y con él una ansiedad más impaciente por cumplir con nuestro deber, pero con este verdadero aumento de ansiedad llega también un indecible anhelo de postergación realmente espantosa por lo insondable. Este anhelo cobra fuerzas a medida que pasa el tiempo. La última hora para la acción está al alcance de nuestra mano. Nos estremece la violencia del conflicto interior, de lo definido con lo indefinido, de la sustancia con la sombra. Pero si la contienda ha llegado tan lejos, la sombra es la que vence, luchamos en vano. Suena la hora y doblan a muerto por nuestra felicidad. Al mismo tiempo es el canto del gallo para el fantasma que nos había atemorizado. Vuela, desaparece, somos libres. La antigua energía retorna. Trabajaremos ahora. ¡Ay, es demasiado tarde!

Estamos al borde de un precipicio. Miramos el abismo, sentimos malestar y vértigo. Nuestro primer impulso es retroceder ante el peligro. Inexplicablemente, nos quedamos. En lenta graduación, nuestro malestar y nuestro vértigo se confunden en una nube de sentimientos inefables. Por grados aún más imperceptibles esta nube cobra forma, como el vapor de la botella de donde surgió el genio en Las mil y una noches. Pero en esa nube nuestra al borde del precipicio, adquiere consistencia una forma mucho más terrible que cualquier genio o demonio de leyenda, y, sin embargo, es sólo un pensamiento, aunque temible, de esos que hielan hasta la médula de los huesos con la feroz delicia de su horror. Es simplemente la idea de lo que serían nuestras sensaciones durante la veloz caída desde semejante altura. Y esta caída, esta fulminante aniquilación, por la simple razón de que implica la más espantosa y la más abominable entre las más espantosas y abominables imágenes de la muerte y el sufrimiento que jamás se hayan presentado a nuestra imaginación, por esta simple razón la deseamos con más fuerza. Y porque nuestra razón nos aparta violentamente del abismo, por eso nos acercamos a él con más ímpetu. No hay en la naturaleza pasión de una impaciencia tan demoniaca como la del que, estremecido al borde de un precipicio, piensa arrojarse en él. Aceptar por un instante cualquier atisbo de pensamiento significa la perdición inevitable, pues la reflexión no hace sino apremiarnos para que no lo hagamos, y justamente por eso, digo, no podemos hacerlo. Si no hay allí un brazo amigo que nos detenga, o si fallamos en el súbito esfuerzo de echarnos atrás, nos arrojamos, nos destruimos.

Examinemos estas acciones y otras similares: encontraremos que resultan sólo del espíritu de perversidad. Las perpetramos simplemente porque sentimos que no deberíamos hacerlo. Más acá o más allá de esto no hay principio inteligible, y podríamos en verdad considerar su perversidad como una instigación directa del demonio si no supiéramos que a veces actúa en fomento del bien.

He hablado tanto que en cierta medida puedo responder a vuestra pregunta, puedo explicaros por qué estoy aquí, puedo mostraros algo que tendrá por lo menos una débil apariencia de justificación de estos grillos y esta celda de condenado que ocupo. Si no hubiera sido tan prolijo, o no me hubierais comprendido, o, como la chusma, me hubierais considerado loco. Ahora advertiréis fácilmente que soy una de las innumerables víctimas del demonio de la perversidad.

Es imposible que acción alguna haya sido preparada con más perfecta deliberación. Semanas, meses enteros medité en los medios del asesinato. Rechacé mil planes porque su realización implicaba una chance de ser descubierto. Por fin, leyendo algunas memorias francesas, encontré el relato de una enfermedad casi fatal sobrevenida a madame Pilau por obra de una vela accidentalmente envenenada. La idea impresionó de inmediato mi imaginación. Sabía que mi víctima tenía la costumbre de leer en la cama. Sabía también que su habitación era pequeña y mal ventilada. Pero no necesito fatigaros con detalles impertinentes. No necesito describir los fáciles artificios mediante los cuales sustituí, en el candelero de su dormitorio, la vela que allí encontré por otra de mi fabricación. A la mañana siguiente lo hallaron muerto en su lecho, y el veredicto del coroner fue: «Muerto por la voluntad de Dios.»

Heredé su fortuna y todo anduvo bien durante varios años. Ni una sola vez cruzó por mi cerebro la idea de ser descubierto. Yo mismo hice desaparecer los restos de la bujía fatal. No dejé huella de una pista por la cual fuera posible acusarme o siquiera hacerme sospechoso del crimen. Es inconcebible el magnífico sentimiento de satisfacción que nacía en mi pecho cuando reflexionaba en mi absoluta seguridad. Durante un período muy largo me acostumbré a deleitarme en este sentimiento. Me proporcionaba un placer más real que las ventajas simplemente materiales derivadas de mi crimen. Pero le sucedió, por fin, una época en que el sentimiento agradable llegó, en gradación casi imperceptible, a convertirse en una idea obsesiva, torturante. Torturante por lo obsesiva. Apenas podía librarme de ella por momentos. Es harto común que nos fastidie el oído, o más bien la memoria, el machacón estribillo de una canción vulgar o algunos compases triviales de una ópera. El martirio no sería menor si la canción en sí misma fuera buena o el aria de ópera meritoria. Así es como, al fin, me descubría permanentemente pensando en mi seguridad y repitiendo en voz baja la frase: «Estoy a salvo».

Un día, mientras vagabundeaba por las calles, me sorprendí en el momento de murmurar, casi en voz alta, las palabras acostumbradas. En un acceso de petulancia les di esta nueva forma: «Estoy a salvo, estoy a salvo si no soy lo bastante tonto para confesar abiertamente.»

No bien pronuncié estas palabras, sentí que un frío de hielo penetraba hasta mi corazón. Tenía ya alguna experiencia de estos accesos de perversidad (cuya naturaleza he explicado no sin cierto esfuerzo) y recordaba que en ningún caso había resistido con éxito sus embates. Y ahora, la casual insinuación de que podía ser lo bastante tonto para confesar el asesinato del cual era culpable se enfrentaba conmigo como la verdadera sombra de mi asesinado y me llamaba a la muerte.

Al principio hice un esfuerzo para sacudir esta pesadilla de mi alma. Caminé vigorosamente, más rápido, cada vez más rápido, para terminar corriendo. Sentía un deseo enloquecedor de gritar con todas mis fuerzas. Cada ola sucesiva de mi pensamiento me abrumaba de terror, pues, ay, yo sabía bien, demasiado bien, que pensar, en mi situación, era estar perdido. Aceleré aún más el paso. Salté como un loco por las calles atestadas. Al fin, el populacho se alarmó y me persiguió. Sentí entonces la consumación de mi destino. Si hubiera podido arrancarme la lengua, lo habría hecho, pero una voz ruda resonó en mis oídos, una mano más ruda me aferró por el hombro. Me volví, abrí la boca para respirar. Por un momento experimenté todas las angustias del ahogo: estaba ciego, sordo, aturdido; y entonces algún demonio invisible -pensé- me golpeó con su ancha palma en la espalda. El secreto, largo tiempo prisionero, irrumpió de mi alma.

Dicen que hablé con una articulación clara, pero con marcado énfasis y apasionada prisa, como si temiera una interrupción antes de concluir las breves pero densas frases que me entregaban al verdugo y al infierno.

Después de relatar todo lo necesario para la plena acusación judicial, caí por tierra desmayado.

Pero, ¿para qué diré más? ¡Hoy tengo estas cadenas y estoy aquí! ¡Mañana estaré libre! Pero, ¿dónde?

FIN

anonymous asked:

¿Qué es eso de broken-raro, muertos-raros o chico-babyy?¿Por qué es tan importante que digas quién te gusta? No entiendo cómo algunos seguidores pueden ser tan chusmas como para entrometerse en tu vida personal.Si no lo querés decir no lo digas,nadie te tiene que obligar a decir algo que no quieras y menos quién te gusta.Parece que no entienden.Espero que con esto entiendan que no esta bueno presionar a alguien a decir algo,porque estoy segura de que si le hacen lo mismo a ellos no les gustará.

Esto por millones. Gracias

anonymous asked:

Además este año se distancio una amiga(♐)la que le confie muchas cosas y hoy en día se rie de mi junto con otras dos chicas( ♈y♑),la aries diciendo que soy una escoria,una chusma.A esto sumale a que no conozco a nadie del curso y que todos me deben ver como una rarita que escucha rock,que es tímida y no habla con nadie,supongo que para mi buena suerte una chica se dio cuenta de lo que me decían las otras,me habla y me quiere integrar a su grupo,pero como dije soy tímida.Parte 3

Oye me carga cuando hacen eso! Si le cuentas algo a alguien, sigue siendo un secreto, dejen de ser amigas/os o no!
Queda el consuelo de que ya no son nada tuyo…

Cath💙

¿Sabías que ocho de cada diez personas que están tristes fingen estar bien?

“Ya no soportaré más algunas cosas, no porque me haya vuelto arrogante, sino simplemente porque llegué a un punto de mi vida en que no me apetece perder más tiempo con aquello que me desagrada o hiere.
No tengo paciencia para el cinismo, las críticas excesivas y exigencias de cualquier naturaleza. Perdí la voluntad de agradar a quien no agrado, de amar a quien no me ama y de sonreír para quien no quiere sonreírme.
Ya no dedicaré ni un minuto a quien me miente o quiere manipularme. Decidí no convivir más con la pretensión, hipocresía, deshonestidad y elogios baratos. No tolero la erudición selectiva y la altivez académica.
No me mezclaré más con el gentío o la chusma. No soporto conflictos y comparaciones. Creo en un mundo diverso y por eso evito personas de carácter rígido e inflexible.
En la amistad me desagrada la falta de lealtad y la traición.  No me llevo nada bien con quien no sabe elogiar o incentivar. Las exageraciones me aburren y tengo dificultad en aceptar a quien no gusta de los animales. Y encima de todo ya no tengo paciencia ninguna para quien no la merece…”

Usuaria de Tumblr destacada: Belén Marenales

Blog: belumare

Ciudad: Montevideo, Uruguay

Primera publicación: Octubre de 2013

Belén Marenales tiene 25 años y nació un 19 de mayo en Montevideo. Aunque ha pasado toda su vida en esta ciudad, ha tenido la suerte de poder viajar por muchos países, una experiencia que ha contribuido a abrir aún más su mente. Estudió Relaciones Internacionales y se licenció en 2012. Sin embargo, por aquel entonces ya andaba metida en otro ámbito que no estaba relacionado con su carrera, hacia el que finalmente se decantó: empezó a trabajar en el mundo de los medios y lo social. Y allí se quedó. Fue música durante un tiempo, trabajó en una radio, vendiendo autos, de relaciones públicas, escribiendo blogs de contenido adulto y en el mundo de la arquitectura. Se puede decir que hizo de todo hasta por fin centrarse en lo que más le apasiona: los audiovisuales. Pronto empezará un programa en internet. Cada semana, publica junto con su amiga Mery un podcast visual llamado Chusmas TV. Sin embargo, la fotografía y la música llevan acompañándola toda la vida.

¿Cómo surgió tu interés por el mundo audiovisual?

Siempre me pareció muy interesante, aunque me extendería mucho explicándolo al detalle. Las dos cosas que más me han gustado desde que tengo memoria son la fotografía y la música. No han dejado de transportarme a otros mundos: independientemente de mi estado de ánimo, van más allá, se convierten en un estilo de vida. En mi cabeza, veo la vida en forma de cortos. Cada momento. Y, si puedo capturarlos para mostrar a quien sea lo que veo, mejor que mejor. Por eso amo la fotografía y mi estilo es ese: sacarle una foto a todo lo que para mí es hermoso, aunque sea un papel tirado en la calle. Como puedo mostrarlo, lo hago. Es como una puerta a mi cabeza.

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“No miro las etiquetas de la comida para saber cuanto voy a engordar. Soy incapaz de pasar una semana sin tomar nada que no lleve chocolate y no voy a la peluquería una vez al mes para tener una preciosa melena de Barbie. Reconozco que me pongo nerviosa a veces, sobre todo cuando te acercas. No soy precisamente el modelo de hija ideal, muchas veces mi habitación esta hecha un asco, pero no provoco grandes problemas, tampoco soy la hermana perfecta, pero con un par de gritos funciono a la perfección. Nunca estoy quieta, me encanta reirme y hacer la loca sobretodo, soy alérgica a la chusma, adoro la moda aunque a veces no lo parezca y soy amante de la noche. Cuando camino por la playa, a mi tambien se me mete arena en los zapatos, porque yo tambien soy persona, si me pinchas, sangro. Pero eso si, soy única en mi especie y eso te encanta”.