cho kyu hyun

Los pecados del conejo.

Pareja: KyuMin (KyuHyun + SungMin) 

Argumento: SungMin era un chico inocente hasta que conoció a KyuHyun y este le enseño a pecar. 

Advertencia: KyuHyun uke.

Género: Romance/ Lemon.

Clasificación: PG 18


“Cuenta una fabula infantil, que un lindo e inocente conejo correteaba feliz por los bellos prados, ignorante de las maldades que rodeaban aquel mundo. Ausente de maldad, de pecado, inocente como un pequeño bebe.

Si embargo la vida quiso que aquel conejo aprendiera una dura lección. Y un día mientras correteaba libre se cruzo con aquel hambriento y cruel depredador. El lobo lo miró, relamiéndose sus afilados dientes, mirándolo con gula. 

Y el pobre conejo no pudo mas que temblar, asustado por aquella bestia, intentando huir sin mucho éxito pues sabia que el lobo era mucho mas rápido que él. Sin embargo, aquel extraño lobo decidió no comérselo en el momento que lo apreso con sus dientes, en cierto modo, aquella inocencia y ternura lo había cegado, queriendo disfrutar un poco mas de ella, escondiéndolo en su guarida, privándolo de toda libertad. 

Su plan era fácil, disfrutaría del tanto como pudiera, de su fragilidad, la cual le hacia sentir poderoso. Y cuando se cansara se lo comería sin dudar.

Pero el lobo no contó, con que el conejo observo atento cada uno de sus movimientos. Que el afecto que se empezaron a tener fue mutuo y que sin darse cuenta, enseño al mas lindo he inocente animal de la tierra a convertirse en todo un pecador.”


PEREZA.

No recordaba cuanto tiempo llevaban los dos allí tirados, cuantos días hacia que no salían del apartamento por pura desidia. Su cabeza reposando en las piernas de su pareja, el cual miraba atento aquel programa de televisión que cada día veía tan religiosamente. Y sabía que después de este llegaría otro, y detrás otro. Y por ultimo los videojuegos. 

Sin en algún momento de su vida aquello había llegado a molestarle, ahora no era mas que algo de su rutina diaria, conformándose tan solo con estar allí tirado, callado mientras era acariciado suavemente por el menor. Entreteniéndose en mirar las musarañas o los gestos de KyuHyun. Aunque supiera que en esos momentos si hubiera decidido levantarse e irse su novio no se hubiera dado ni cuenta. 

Pero eso no era lo que importaba. Esa forma de vivir se había vuelto su forma de vivir, el mundo que ambos compartían y si su pareja era feliz de ese modo el también lo sería. 

La pereza había inundado su hiperactiva forma de ser, ahora no podía evitar bufar molesto cada mañana cuando era la hora de levantarse. Ahora era estrictamente necesario dormir 10 horas al día, ahora hacer deporte o ir a pasear era algo que se le antojaba demasiado pesado.

Solo quería seguir así, tumbado en aquel sillón que incluso ya tenía la marca perpetua de sus cuerpos, disfrutando simplemente de no tener que hacer nada, manteniendo su mente en blanco, pues incluso pensar se había vuelto demasiado cansado. 

Esa mañana había decidido seguir durmiendo cuando su novio se levantó para ir a la universidad. ¿En que momento se volvió más vago que él?, realmente era algo que no recordaba, pero tampoco tenía intención de pararse a pensar en eso. Volviendo a caer rendido apenas este lo besó suavemente para despedirse. 

Cuando sintió que su vejiga reventaría si no se levantaba opto por salir por fin de la cama. Descargando aun con los ojos cerrados, lavando un poco su cara mientras levemente pensaba si volver a la cama o tirarse en el sofá. 

De camino al salón un foto llamó su atención. KyuHyun salía sonriendo rodeados de sus compañeros de universidad. Su ceño se frunció y sus labios se torcieron al ver como el brazo de ese tal ChangMin rodeaba su cintura. 

ENVIDIA.

De repente se vio descolgando esa alegre foto y tirándola contra el suelo. Porque odiaba que KyuHyun tuviera mas vida aparte de él, odiaba verlo sonreír con otros. Un fuerte sentimiento se instalo en su pecho al pensar que en ese momentos otros disfrutaban de la preciosa voz de su pareja, que otros tocaban su cuerpo. 

Sonriendo al ver como aquella estupida foto se partía en mil pedazos. Sin molestarse si quiera en recogerla entro a su cuarto para vestirse rápidamente. No lo soportaba, no aguantaba el hecho de tener a Kyu lejos suya sin saber lo que podía estar haciendo. 

Y no es que no confiara en él, pero en ese momento odiaba a toda persona que perteneciera a su universidad, odiaba mas todavía a aquellos con los que compartía clase. Y egoístamente, deseaba la muerte de aquellas personas que eran sus amigos. Sus amigos y no los de él, no amigos mutuo sino solo suyos, sintiendo como un gran sentimiento de asfixia oprimía su pecho. 

Una vez vestido y casi sin peinar salió a paso ligero hasta su coche. Viendo el de su novio aparcado al lado. Sabía que algunas veces KyuHyun no tomaba el coche para ir a la universidad porque ChangMin venía a recogerlo. Apretando el volante sobre sus manos al imaginar a su pareja en un espacio tan reducido con otra persona.

Y es que la envidia lo carcomía por dentro.

En apenas 5 minutos se plantó frente a la universidad del menor, mirando a todo el que pasaba por su lado con el ceño fruncido. Ellos también eran culpable, por estar tan cerca de su amor cuando el se encontraba a kilómetros de distancia. 

Una vez lo localizo se acercó a el con paso ligero, observando como Kyu al verlo simplemente sonreía y le tendía la mano para que la agarrara. 

-¿Qué haces aquí?- preguntó volviéndose a sentar en aquel banco donde se encontraba con el resto de sus compañeros. 
-Te echaba de menos…- murmuró con uno de sus lindos pucheros, abrazando al menor mientras observaba a su alrededor como Kyu seguía hablando con sus amigos. Mientras el simplemente los inspeccionaba uno a uno con la mirada. 

SOBERBIA.

Y una triunfante sonrisa apareció en su rostro. Porque él era mejor que cualquiera de los que hubiera allí, porque su linda e inocente cara no tenía comparación con ninguno de los que en ese momento le rodeaba. Riendo bajito al ver sus feas caras. 

El era el mejor sin duda y comprendía perfectamente porque Kyu nunca lo engañaría ni se sentiría atraído por ninguno de ellos. Era tan simple como cambiar un diamante por una piedra, ni la persona mas estupida del mundo haría algo como eso. Y sabía que su Kyu no era precisamente alguien tonto.

Su cuerpo bien formado era demasiado bello al lado de aquellos flacuchos y enclenques. Mirando de arriba abajo a ChangMin, llegando hasta su cara para volver a bajar de nuevo, bufando con superioridad. En algún momento sus miradas se cruzaron y simplemente lo miró con soberbia, porque estaba seguro de que era superior a todos los de allí. 

Porque KyuHyun demasiadas veces le había dicho que era el mejor, que todo el era perfecto, que su voz era la mas armoniosa que había escuchado, que su pelo y su piel las mas suaves, que su cuerpo el más sexy y su forma de hacérselo la mejor. 

Siguió allí sentando abrazado a la cintura del menor sin decir una palabra hasta que las despedidas empezaron. Levantándose cuando Kyu lo hizo, observando como este lo soltaba para tomar la mano de Max y darle un fuerte apretón. Mirando con recelo esas manos. De un rápido movimiento jaló el brazo de su novio, tirando de él con posesión hasta su coche.

AVARICIA.

-¿Qué pasa SungMin?- escuchó como su novio le preguntaba dejándose arrastras por aquella pequeña furia- Solo me despedía…

-Eres mió- susurró casi haciendo crujir sus dientes. Abriendo la puerta de su coche, indicándole al menor que entrara sin protestar. Observando la sonrisa de satisfacción que se había dibujado en el rostro de este. ¿Acaso disfruta viéndolo de aquel modo?

Entró en el coche dando un fuerte portazo, arrancando rápidamente. 

-No quiero que nadie te vuelva a traer a la universidad- murmuró mirando a la carretera mientras conducía a gran velocidad por las calles, como si se hubiera olvidado de todas las reglas de circulación.- ¿Me has escuchado?- preguntó alzando su voz al no recibir respuesta. 

-No hay nada de malo en venir con otros- lo escuchó murmurar haciendo que apretara mas aquella rueda bajo su mano. 

-Si lo hay. ¡ERES MIO!- volvió a decir- No quiero que lo hagas, si no quieres ir en tu coche te llevare y te recogeré yo todo los días- dijo a la vez que apretaba con fuerza el freno de mano, provocando que el coche frenara de una manera demasiado brusca. 

Una vez fuera del coche nuevamente se dirigió hacia KyuHyun agarrando su mano con fuerza. Llevándolo casi a rastras hasta el ascensor, empujándolo contra la pared de este para besarlo con desesperación, incrustando su lengua en la cavidad de este con fuerza. Sintiendo las manos de su novio adentrarse por dentro de su camiseta tocando su cuerpo. 

Sin separarse cuando el ascensor paró, encaminándose aun juntos hasta el apartamento, intentando abrir la puerta sin separar sus bocas. 

-Los odio…- murmuro al ver como KyuHyun miraba su foto rota en el suelo, buscando una vez mas los labios de este, frunciendo sus labios al notar como el menor se negaba- ¿Qué?- preguntó incrédulo. 

-¿Por qué la has roto?- pregunto el menor agachándose a recoger los pedazos de cristal. 

-Porque se lo merecen- dijo sin mas- Se estaban riendo de mi. Todos felices mientras te tocaban, cuantas veces tengo que decir que eres mió. Deberías agradecer que te deje ir a la universidad y no te encierre en esta casa solo para mi. 

KyuHyun levantó las vista al escuchar aquellas palabras, dejando los pedazos de cristal sobre la mesa. Acercándose a SungMin decidido, alzando su mano para después dejarla caer, dando un fuerte guantazo sobre la mejilla de este. 

-¡Deja de ser tan posesivo!- le gritó. 

IRA.

Lagrimas de furia empezaron a surcar su rostro. No porque el menor le hubiera pegado, no porque el menor le hubiera gritado. Sino porque este no fuera capaz de comprender que solo le pertenecía a él, que en el momento que comenzaron aquella relación no solo lo había hecho a el perder la libertad, sino que el mismo se había condenado a aguantarlo de por vida. 

En un arrebato de furia tiró todo lo que encontró a su paso, demasiado frustrado, aguantándose las ganas de desquitarse con su pareja.

-¡Eres mió joder! ¡Eres mió!- repetía una y otra vez de una forma casi enfermiza. Pues todo eso era lo que el menor provocaba en el. 

En cierto modo sabia que todo aquello no era mas que una locura. Preguntándose mientras lloraba y pataleaba como un crió hasta que punto el amor puede corromper a una persona. En que lugar exacto esta la barrera entre el amor y la locura, sabiendo que él la había sobrepasado hace mucho. 

Y mientras su ira salía a flote, mientras gritaba desesperado que era suyo y que a nadie sobre la tierra se le ocurriera acercársele o lo acabaría lamentando. KyuHyun simplemente lo miraba, con esa egocéntrica sonrisa todavía en sus labios. 

Pues le encantaba ver a SungMin de aquella manera, le gustaba saber cuan loco se había vuelto por su culpa, como había corrompido a aquel inocente y dulce chico que un día sin previo aviso apareció ante sus ojos, cegándolo con su pureza. 

Pureza de la cual ya no quedaba ni rastro, convirtiéndose en el ser mas sexy que hubiera visto sobre la tierra. 

-Cuando te canses de romper todo vienes, te espero en el cuarto…- habló calmado y con superioridad. Tirándose sobre la cama que ambos compartían. Observando la figura de SungMin acecharlo desde la puerta. 

 

GULA. 

En un segundo SungMin se encontraba encima suya, haciéndole ahogar un fuerte grito cuando los afilados dientes de este se clavaron sobre la sensible piel de su cuello, dejando su cuerpo lacio mientras se dejaba hacer por completo.

Sintiendo como el mayor lo despojaba con rapidez y habilidad de sus ropas, mordiendo toda la piel que quedaba expuesta, marcando sus dientes en todas aquellas zonas que conocía como las mas sensibles del menor. Succionando, marcándolo, provocándole incluso sangre, relamiendo sus labios manchados por esta, observando como KyuHyun no se quejaba a nada de eso, quedando simplemente sometido ante el, suspirando por el placer que sentía. 

Bajando hasta aquella zona que palpitaba y le pedía atención desde hace rato. Agarrándola fuertemente con una de sus manos, paseando su lengua por el lugar tentando e impacientando al menor. Mordiendo esta vez con mas suavidad por la zona, sintiendo el miembro de su pareja endurecer mas entre sus manos. 

-¿Te deja esto claro que eres mió?- murmuró antes de envolver aquella carne con su boca, succionando con gula y desesperación. Haciendo una fuerte presión en el con sus dientes mientras movía su cabeza de arriba abajo. Cada vez mas rápido, cada vez mas desesperado, cada vez mas fuertemente. Sonriendo interiormente al sentir el cuerpo de Kyu temblar y contraerse, al escucharlo quejarse cuando sus dientes hacían demasiada presión en la zona, deseando el poder devorarlo de verdad. 

Sin previó aviso, aquel espeso líquido inundo su boca, obligándole a sacar la hombría de su boca para no atragantarse, relamiendo todo lo que de esta salía, observando el color rojo del que se había coloreado aquella parte tan sensible debido a su fuerte succión. 

Pero eso aún no había acabado. 

LUJURIA.

Sin esperar a que el menor se recuperara de aquello, quito sus ropas apresuradamente. Su respiración andaba demasiado agitada, su corazón estaba completamente descontrolado y toda la sangre de su cuerpo se concentraba en aquella zona baja de su cuerpo que lo hacia delirar mas si era posible. 

Rápidamente se tiro sobre su pareja, sus labios apresaron los del menor sin importarle que este casi no pudiera respirar debido al reciente orgasmo. Robándole el poco aire que le quedaba, batallando con ferocidad por el control mientras sus caderas habían comenzando con aquel fuerte vaivén, incitando al menor para lo que tocaba. 

Con una de sus manos bajo hasta las piernas de este, abriéndolas para posicionarse entre ellas, sintiendo como el aire iba volviendo al cuerpo de su pareja que poco a poco correspondía a sus besos, que poco a poco acariciaba su cuerpo, sintiendo las manos de este apresar su trasero con avaricia. 

Sus caderas cada vez se movían mas fuertemente, haciendo que su erguido y demasiado duro miembro chocara una y otra vez con las partes bajas del menor, agarrando su hombría en el momento que todo eso le resulto demasiado insoportable, colocándola en la entrada de su pareja, hundiéndose sin ninguna piedad, sintiendo como aquella estrecha y acogedora cavidad le daba paso, arremetiendo con fuerza a aquel delgado cuerpo para acomodarse del todo en su interior. Escuchando con orgullo el grito que salio de los labios de su amante. 

Tenía que reconocer que aunque en un principio sus relaciones sexuales no hubieran sido de aquella de forma el menor hubo cometido un gran error al enseñarlo a pecar.

Y ahora se movía sobre su cuerpo, embistiéndolo sin descanso, observando como el rostro de KyuHyun se desfiguraba debajo suya debido a los gemidos que salían sin descanso de su garganta, mezclándose con los suyos propios. 

-Eres mió- repitió entre sus gemidos, como nunca se cansaría de decir. Hundiéndose una y mil veces mas en aquel cuerpo que solo era de su pertenencia. Moviéndose frenéticamente, sintiendo a KyuHyun temblar y gritar cada vez con mas fuerza. 

Sin importarle que el final estuviera cerca pues sabia que cuando aquello terminara solo les bastaría unos minutos para empezar con el siguiente, donde seguramente esta vez Kyu le devolvería todo lo que le estaba haciendo. Sonriendo impaciente por aquello. Preguntándose cuantos serian capaz de aguantar esta vez, ¿seis?, ¿siete?… 

Eso estaría por ver. 

“Convertido en un cruel y sediento animal.

Aquel lindo conejo acabo devorando al lobo. ”


FIN

Hands

Pareja: KyuMin (KyuHyun + SungMin)

Argumento: KyuHyun parece un chico normal pero en realidad tiene una fuerte obsesión por su compañero de clase, SungMin… y en especial por sus manos.

Género: Angustia/ Thriller. 

Clasificación: PG+16

N/A : Este fic esta basado en el primer capítulo del manga GOTH.


Estaba sentado en la biblioteca, intentando estudiar sin prestar demasiada atención al libro que tenía entre sus manos, bastante aburrido. 

A simple vista, el podía parecer un chico normal. Alto y delgado, con un gran atractivo que llamaba la atención a demasiada gente, tanto chicas como chicos por igual. Buen estudiante y de una familia bastante adinerada. Pero a él nada de eso le interesaba, aquellas miradas y elogios no eran mas que una gran molestia. 

Pues él era diferente. 

Y su único interés estaba delante de sus ojos, mirando como aquel pálido y bajito chico se alzaba un poco para intentar coger un libro que estaba en la parte alta de la estantería. Todo lo que había en el le atraía, el misterio que lo rodeaba, su cabello teñido, sus penetrantes ojos oscuros, pero sobretodo sus blancas y suaves manos, brillantes como la porcelana. Adornadas con la marca de su pecado, con aquella que delataba que había intentado acabar con su vida, haciendo que desde ese momento su obsesión por el creciera. 

-KyuHyun- escuchó como alguien lo llamaba, emitiendo un quejido por tener que desviar su vista de aquella persona para ver quien lo reclamaba.- ¿Viste la televisión anoche?- le preguntó su compañero de clase.

Fastidiado por la interrupción. Mostró una falsa sonrisa en su rostro. Para él, no era difícil ponerse al nivel de sus compañeros, bastaba con comentar cualquier tontería sobre la tele y forzar un sonrisa mientras les seguía la corriente. Aunque fuera demasiado molesto. El era mucho mas listo que cualquiera de ellos.

-¿Te refieres a la película de anoche?- preguntó tratando de seguir la conversación, mientras de reojo aún echaba alguna mirada furtiva al otro chico. 

-No hombre. Me refiero al caso que salió en las noticias, la del chico aquel que se corto las venas.

-Ahh, si. Ese que se cortó las manos y fue por ahí desangrándose, ¿no?- le siguió la corriente sin prestarle mucha atención. Demostrando desinterés por el tema.

-Si ese. Que grima, ¿verdad?-

-Si… es asqueroso…- murmuro escuchando como el timbre sonaba indicándoles que tenían que entrar en la siguiente clase. Hablando aún con aquel molesto chico el cual se creía su amigo. Amigo, que palabra mas estupida, el necesitar la amistad y estar rodeado por esa gente solo dejaba en claro la debilidad de la persona. Pero como en su vida, todo eso no era mas que otra fachada, pues el no necesitaba nada, no necesitaba a nadie. Solo había una cosa que deseara en ese mundo…

Su vista volvió a dar con las manos de aquel chico, el cual andaba delante de ellos, hacia la misma clase que ambos compartían.

-Dicen que hay alguien en este instituto que intento hacer lo mismo- escuchaba como su “amigo” seguía hablando. Viendo como no dejaba de mirar a aquel chico- ¿Crees que fue SungMin?- preguntó consiguió volver a llamar su atención. 

-Seguramente… tiene marcas en las muñecas- dijo sin más.

-Pero… es demasiado mono para hacer algo así. Aunque es cierto que no habla con nadie. Es alguien muy peculiar…

-¿Has escuchado el nuevo single de Hot?- preguntó cambiando de tema completamente. No quería seguir por ese camino. No quería que nadie se diera cuenta de su anormalidad. 

Porque tenía claro, que él no era “normal”, teniendo que disimular constantemente sus extraños pensamientos. Como llevaba haciendo desde pequeño en su adinerada familia, recordando como le gustaba coger las muñecas de su hermana y descuartizarlas lentamente una por una, como disfruta con aquel macabro juego y como ahora, de mayor, su obsesión había seguido creciendo.

Aquel caso, el del asesino de las muñecas cortadas. Le había llamado la atención desde el principio. Volviendo a despertar sus mas bajos instintos. Lo había seguido desde el primer asesinato, aquel hombre se dedicaba a cortar las manos de sus victimas, fueran hombre, mujeres o animales y se las llevaba consigo. 

En su corta vida, todavía no había matado a nadie. Pero sentía un apego terrible por aquel asesino. En cierta manera se sentía identificado con él, pués sabia que ambos eran mas o menos iguales, almas a cero grados. 

Y él también tenía una obsesión, también quería unas manos para él. 

Las manos de SungMin. 

-Mañana tenéis el examen, por favor no olvidaros- hablaba al profesor, al que miraba sin prestar mucha atención, aún perdido en sus macabros planes- Ahora durante el descanso arreglaremos el aula para la siguiente clase. Necesito voluntarios para ayudarme a recogerla, quien quiera que se quede aquí conmigo…- termino justo en el momento que la campana indicando el fin de la clase sonó. Provocando que todo el mundo se levantara con prisas de las sillas. 

Pero KyuHyun prefirió quedarse allí sentado. No había estudiado mucho y tampoco tenía demasiadas ganas de hacerlo, por lo que no le vendría nada mal hacerle la pelota un rato al profesor. 

-Yo le ayudare- dijo levantándose el último, viendo como su maestro lo miraba sorprendido. 

-Gracias KyuHyun, pensé que nadie querría hacerlo…- dijo apoyando su mano en el hombro de este- Para empezar, ¿por qué no llevas la papelera al aula de al lado?- preguntó indicándole lo que tenía que hacer. Sonriendo de medio lado cuando el profesor le propuso aquello, todo estaba saliendo tal y como había planeado. 

Su plan sería el siguiente, mientras el profesor se dedicaba a limpiar el aula, el llevaría la papelera a la de al lado. En ese momento aprovecharía para cambiar la papelera por otra que había escondido allí previamente. Así cuando hubiera que quemar la basura, la que él había escondido permanecería en su sitió, dándole tiempo de sobra para buscar si en esta había notas de el examen. 

Dirigiéndose con esa firme idea hasta aquel aula, abriendo la puerta con cautela, en el mismo momento que una profunda brisa y un dulce olor le invadió. Mirando hacia al final de el aula, viéndolo allí, sentando en una mesa mientras leía un libro. El mayor solo levanto un poco la mirada de su lectura para mirarlo, volviendo luego a enfrascarse en ella. 

Por un momento se quedó estático, mirando a esa persona que tanto le obsesionaba. Pudiendo sentir aquel extraño y a la vez acogedor ambiente que se formaba cada vez que SungMin estaba presente. Siguiendo con su plan, cambiando las papeleras mientras lo miraba de reojo por si le decía algo, observando como este si quiera levantaba la vista de su libro. Volviendo rápidamente con el profesor para que no sospechara nada. 

-¿Había un chico en aquella clase, verdad?- le preguntó el superior cuando lo escuchó volver a entrar- Cada día a la hora del descanso se encierra allí solo…-

-Vaya…- murmuro mientras limpiaba, indicándole al profesor que lo escuchaba y que podía seguir hablando, ya que aquel tema le interesaba bastante. 

-Es extraño que un chico como él este siempre solo. Tiene una cara muy linda, y ese cabello teñido… Hay poco chicos como él hoy en día, que se atrevan a poner un rubio como ese en su pelo…

-Mi hermana también lo tiene de ese color- murmuro sin saber si lo escuchaba. Si no se equivocaba, acababa de descubrir que él no era la única persona en ese colegio obsesionado con SungMin y aquello realmente le molestaba. 

Despidiéndose del profesor cuando terminó de limpiar todo, corriendo hacía aquel aula donde el teñido ya no se encontraba, rebuscando en la papelera por algo que le fuera de ayuda. Sin embargo, las notas del examen no fue lo que mas llamó su atención, sino un pequeño peluchito con forma de conejo, con las manos cortadas. 

Al día siguiente, observo atento cada movimiento del profesor. Haber encontrado aquel peluche no le daba motivo para pensar que el era el responsable de aquellos asesinatos, pero si lo fuera, ¿dónde estaban esas manos?. ¿Qué hacía el cortador de muñecas con las manos que recogía?

-Hoy tenemos claustro de profesores. No entréis en la sala de profesores por las buenas, ¿de acuerdo?- escuchó como el profesor comentaba, haciéndole sonreír de nuevo cuando su cabeza trabajo rápidamente trazando un nuevo plan.

La posibilidad de que su profesor fuera el asesino no era del todo nula. Solo tendría que arriesgarse un poco y colarse en su casa, aprovechando que sabía que este estaba en el claustro y tardaría. 

Procurando que nadie lo viera, dio un fuerte golpe a una de las ventanas de aquella casa, rompiéndola en mil pedazos, lo justo para su delgado cuerpo pudiera entrar. Estaba nervioso, pero si estaba en lo cierto, todo aquello lo llevaría a conseguir aquello que tanto deseaba. 

Una vez dentro trato de calmar su agitado corazón, si estaba nervioso podía cometer alguna imprudencia y eso era precisamente lo que no podía permitirse. Cubrió sus manos con unos guantes blancos y comenzó a andar por el lugar. Sintiendo como un olor peculiar llegaba a su olfato, tapando su nariz con sus manos al sentirlo demasiado insoportable. Dirigiéndose a paso rápido hasta donde procedía. Abriendo sin vacilar la puerta del frigorífico. 

Sonriendo con su macabra sonrisa. Lo había conseguido, ahora solo le quedaba esperar que la segunda parte de su plan y sin duda la mas importante funcionara. 

Llegando temprano a clase para poder observar a las dos personas que sin darse cuanta se habían convertido en sus marionetas, manejándolas con sus invisibles hilos. 

El timbre del recreo sonó y como siempre SungMin se dirigió hacía el aula apartada, encerrándose solo. El lo observaba todo desde la distancia. El profesor llego a paso ligero hasta el aula, abriéndola de golpe para acercarse rápidamente hasta el teñido, su sonrisa volvió a ensancharse. Pegando su oreja para oír mejor el armonioso sonido del triunfo. 

-¿Dónde has escondido las manos? ¡HABLA!- escuchó gritar al profesor desesperado- Se que has sido tú, no te hagas el tonto. ¡HABLA O TE MATARÉ!- seguía cada vez mas nervioso, sin embargo SungMin solo lo miraba sin decir una palabra, sin saber de que estaba hablando- ¿Cómo supiste que “aquello” eran manos?, porque encontraste el peluche sin manos, ¿cierto?. Por eso empezaste a sospechar de mi y registraste mi casa. Siempre he tenido cuidado en no dejar rastro se lo que hago; tú, en cambio has cometido un error de lo mas evidente. Has dejado una prueba de lo mas evidente, Lee SungMin… Este pelo es tuyo, ¿verdad? ¡CONTESTA!-

Los ojos del teñido se abrieron en demasía, aquel tío estaba loco y no solo lo estaba acusando de algo que no había echo, sino que encima lo obligaba a confesarse culpable amenazándolo con la misma muerte. 

-Yo no fui…- murmuro atemorizado en el mismo momento que el profesor se tiro sobre su cuello, estrangulándolo- ¡Suéltame, no fui yo!- intento gritar mientras se retorcía en su asiento, luchando con todas sus fuerzas por no perder el aliento. 

- Profesor, le dije que mi hermana tenía el pelo del mismo color- murmuro KyuHyun mientras seguía observando aquella perfecta escena, sin poder borrar aquella sonrisa triunfante de su cara. 

-¡TE MATARE!, ¡Te violare y después cortare tus manos!- gritaba cada vez mas desesperado el profesor. Apretando con mas fuerza aquel fino cuello, sintiendo como el cuerpo debajo suya se retorció buscando auxilio- ¿Qué has hecho con mis manos maldito?

-¡¡Suéltame!!- pedía SungMin entre sollozos, sintiendo como el aire se le agotaba, como las fuerzas desaparecían, intentando hacer fuerza en los brazos de su Hyung para soltarse, sin querer darse por vencido. Observando su maleta de reojo, era su única oportunidad, llevando sus manos hasta esta para agarrar el bote de desodorante y esparcirlo por toda la cara de su profesor. Sintiendo como este se separaba para tapar sus ojos justo en el momento que aprovecho para agarrar una silla y estamparla con todas sus ganas en su espalda, viéndolo caer al suelo- ¡QUE ALGUIEN ME AYUDE!- gritó desesperado, intentando respirar con normalidad. 

La sonrisa de KyuHyun se borró en el instante que SungMin consiguió escapar de aquellas manos, su plan había fracasado. Andando hacía otra dirección mientras observaba a profesores y alumnos correr hacía aquella aula para ayudar al teñido. 

Aquel día, el cortador de muñecas abandonó la escuela acusado de acosar a menores. 

KyuHyun, por su parte, ansiaba las manos de SungMin. Si había robado todas las manos del profesor, incluso las de muñecas; Si había dejado un cabello de su hermana en el piso; Fue únicamente para instar al profesor a cortárselas y así el solo tener que volver a robarlas. 

-Oye… ¿quieres explicarme como te hiciste esto?- pregunto KyuHyun a SungMin, el cual esta sentado a su lado, con la cabeza apoyada sobre su hombro mientras el menor observa sus muñecas, repasando con sus dedos aquellas cicatrices. 

Y es que jamás hubiera imaginado que SungMin se acercaría a él para hablar sobre esa marca que ambos compartían en sus muñecas y que solo el teñido había descubierto. Gracias a ello empezaron a conocerse y extrañamente convertirse en grandes amigos, y porque no decirlo… quizás algo más. 

La amabilidad e indiferencia del teñido, consiguieron apaciguar un poco la parte insensible y cruel que había en el menor. Un equilibrio perfecto, creado por dos personas perturbadas por la vida.

-¿Te pasa algo?- escuchó la dulce voz del mayor, sacándolo de su ensimismamiento. 

-No, nada…- mintió, observando todavía aquellas pálidas muñecas, recordando aquel plan que acabó en fracaso. Cuando por primera y no única vez, quiso matar a SungMin.

FIN