chico's originals

Oh bebé, la razón por la que respiro eres tú | One Shot (Parte 1)

Sumario: Él quiere besar a Louis. Besarlo en la frente, suavizando las fuertes líneas de estrés que se han formado al pasar de los años. Besar su perfectamente curveada ceja, donde Louis solía tener un piercing del que Harry se burlaba (secretamente le encantaba — tal vez hasta quería lamerlo un poco). Besar su nariz de botón, haciéndolo arrugarla en esa misma linda forma que cuando Harry le cuenta un mal chiste. Besar su clavícula, tal vez mordisquearla un  poco y saborearla con su lengua. Pero en verdad, él quiere por fin besar esos bonitos labios rosas con los cuales a soñado tanto. Él lo quiere más que nada.

[Harry y Louis son mejores amigos. Harry quiere un bebé]

Notas: Este one shot fue originalmente escrito por Jordan, esto tan sólo es una traducción. Puedes consultar la publicación original aquí.

Chicos, ya que no he tenido el tiempo que desearía para traducir, he decidido dividir este one shot en dos partes. Bien, aquí está la primera, espero la disfruten. Recuerden que sus comentarios son muy importantes para mí, así como los likes y comentarios . Si hay algún error por favor háganmelo saber y lo corregiré de inmediato. -Mery

Keep reading

DEMENTAL [Capitulo 1]

Para nadie es un secreto que  comenzar una nueva vida, en un lugar distinto, lejos de tus amigos, es  más que complicado.  Pero  a Samuel le resultaba completamente  igual, nunca   fue una persona que le diera  importancia  a nada y está no iba a ser la excepción,  él siempre ha sabido que  es capaz de  todo  y mucho más por conseguir  las metas que se plantea.

Se había comprado un departamento en Madrid, cerca de la que sería ahora su nueva universidad, el dinero  no era problema para él y si no se había ido de Andalucía antes, no era por su madre sino por su hermana Virginia, quien ya esta internada en uno de los mejores hospitales de toda España para que reciba el tratamiento adecuado, Samuel se había encargado de  cubrir  los gastos  iniciales para que ella pudiera estar ahí y es que si se trata de Virginia,el dinero que se  gastara no importaba. 

Al marcharse de Andalucía, lo único que  ponía mal a Samuel era haber  tenido que dejar a Frank, que era como su hermano, atrás, a pesar de que lo seguirá viendo constantemente, tenerlo cerca y poder pasar tiempo con él a diario, sin duda era algo que iba a echar de menos. 

El día completo se fue en  instalarse en su nuevo departamento, no tenía muchas cosas por lo que  le fue bastante sencillo dejar todo ordenado, se dio una ducha y se fue a dormir, el día siguiente  iba a ser cansado. 

— ¿Señor de Luque? 

El primer día de universidad había comenzado ya, la primera clase era literatura, un tema que apasionaba a Samuel, pero  le estaba costando mucho concentrarse, nunca pudo acostumbrarse  a despertar tan temprano. 

— ¿Eh? 

— Yo puedo responder, profesor 

Se escucho  una voz detrás de Samuel, ¡Salvado por la campana! 

—  Adelante, señor Diaz 

— “El amor, como ciego que es, impide a los amantes ver las divertidas tonterías que cometen." 

Samuel no pudo  evitar  soltar una ligera risa de burla luego de  mirar atrás  y ver a ese chico citando una frase  tan cursi,  por desgracia para él, el profesor en turno repudiaba las  burlas  entre  los alumnos de su clase. 

— ¿Tiene algún problema, señor de Luque? Por que sigo esperando que usted  me dé alguna respuesta, si es que conoce algo de William Shakespeare 

Samuel levanto una ceja, en un gesto bastante irrespetuoso  frente al profesor y mostró una sonrisa cínica, se levantó de su asiento  y lo miró fijamente

—  No temáis a la grandeza; algunos nacemos grandes, algunos logran grandeza, a algunos la grandeza les es impuesta y a otros… la grandeza les queda grande.

Hizo énfasis, al pronunciar aquello ultimo  y miro a su profesor de forma despectiva, tomó sus cosas  y se retiró de  la clase frente a las miradas de todos sus compañeros, quienes  no daban crédito a lo que  veían. 
Samuel había exagero  su reacción, si. Pero siempre había sido  una persona  impulsiva, el profesor tuvo suerte de salir ileso, luego de  insinuar que  no sabía nada sobre Shakespeare, de quien por cierto, Samuel había leído ya, todas sus obras existentes. 

Al terminar la clase, Samuel volvió  al aula, se sentó donde había estado antes de   irse de la clase y se percató de que la persona que había respondido por él, de una manera  que dejaba mucho que desear, seguía ahí.

— Si no fuera por tu voz, habría jurado que quien estaba citando eso, era una chica 

— ¿Perdona? 

Samuel giró su  cuerpo sobre el asiento hasta poder  ver a su compañero, su mirada se quedó fija en aquél chico, detallando cada parte de su rostro, tenía la piel extremadamente blanca y las mejillas abultadas, pero lo que más llamó la atención de Samuel, fueron sus ojos, estaban tan rasgados  que casi no se notaba que los tenía abiertos,  en seguida se le olvido lo que iba a decirle y no pudo evitar comentar al respecto.

— Bonitos ojos.

Pudo notar como las mejillas de aquel chico pasaron de su original color blanco que por un poco más eran transparentes a un rojo tenue, ambos sonrieron de una forma casi imperceptible, lo cual era una buena señal, Samuel casi nunca sonreía y mucho menos con alguien que no conociera de nada,  ese chico, Guillermo, era de su total agrado aún sin conocerle.   

— Soy Guillermo, Guillermo Díaz 

Guillermo extendió la mano, pero Samuel no tenía intenciones de corresponder, a pesar de todo, si algo le faltaba eran modales. Giró su cuerpo nuevamente sobre el asiento, se recargo en el respaldo y cerró los ojos murmurando:

— Samuel de Luque, yo soy Samuel de Luque 

●●●●●●●●●●●●●●●●●●●●●●●●●●●●●●●●●●●●●●●●●


Al terminar las clases Guillermo  tenía planeado volver a conversar con Samuel, por alguna razón sentía esa necesidad, pero  este no le dio tiempo, cuando Guillermo  levanto la mirada, Samuel ya estaba cruzando la puerta, así que sin más, salió del aula y fue directo a la cafetería, donde  siempre se encontraba con  su novia Melissa, para luego llevarla a su casa. 

Guillermo llevaba un par de meses  saliendo con Melissa, sin embargo se conocían desde que eran niños, habían compartido  muchas cosas  y eran muy buenos amigos. Contrario a lo que se podría pensar, fue ella quien  le pidió a Guillermo que  fueran novios y él aceptó,  no por que  sintiera algo más que simple cariño por ella, sino por miedo a destrozar una amistad de años, pero aún con todo eso, las cosas  no estaban saliendo  tan mal,  se la pasaban muy bien juntos y aunque  Guillermo todavía no la quisiera como ella a él, tenia intenciones de algún día llegar a hacerlo.  

Al llegar a casa, se recostó y cerró los ojos, no podía dejar de pensar en Samuel y claro que no es que le guste  ni nada de eso, pero si había  algo en él que  llamaba la atención de Guillermo. 

Samuel no era como todos  los demás  integrantes de la clase,  él  era bastante diferente, estaba lleno de misterio y su actitud, no era precisamente normal. ¿Pero como era posible que una persona que acababa de conocer, le quitara la tranquilidad de esa forma? 

Decidió salir a despejarse, caminó durante un largo tiempo sin saber bien a donde iba, hasta que llegó al parque que estaba cerca de su casa, a lo lejos vio a Samuel sentado en una de las bancas frente a la fuente, dudó en acercarse pero finalmente lo hizo, se sentó a su lado y suspiró.

Samuel aparto de sus labios el cigarro dándole una ultima calada antes de deshacerse de él y miro a Guillermo.

— Pero miren a quien tenemos aquí, ¿Me estas siguiendo o algo? 

— ¡¿Qué?! Claro que no, vivo a unas cuadras de aquí, fue una simple casualidad.

—  Las casualidades no existen … 

—  Pues tampoco estaba siguiéndote, ¡Ególatra! 

—  ¿Siempre que hablas  tienes que expresarte de  esa forma tan femenina? 

—  ¡¿Qué me estas contando?!  Mira, si te molesta que este aquí, me lo dices y ya! 

Guillermo se levanto de la banca dispuesto a irse por donde vino, pero Samuel jaló de su brazo con más fuerza de la necesaria hasta casi hacerlo caer

—  Siéntate. 

—  No me apetece, gracias 

—  Que te sientes … Guillermo. 


La verdad es que Guillermo no tenía intenciones de irse de ahí y tampoco iba a hacer un drama más grande así que  volvió a sentarse a un costado de Samuel y lo miró fijamente  ya un poco cabreado

— ¿Te hice daño? 

 No … 

 ¿Entonces por que te sobas? … 

Una risa burlona salió de los labios de Samuel, una vez más y una vez más Guillermo sintió  las mejillas arder, agachó la mirada y se quedó en silencio hasta que sintió una fría mano en su barbilla,  Samuel levantó el rostro de Guillermo hasta hacer que sus miradas se cruzaran.

— ¿Te han dicho lo mono que estas cuando te sonrojas? 

— Pu-pues la verdad es que, un hombre … nunca. 

— Pero no te pongas nervioso, no muerdo. 

— … 

 Hasta mañana. 

Y así, sin decir más, Samuel le dio la espalda a Guillermo y comenzó a alejarse. 
Guillermo tenía las  mejillas como un tomate  y los ojos abiertos de par en par ¿Que leches  acaba de pasar aquí? …

Ahora si, sin duda alguna, no iba a poder sacarse a ese tal Samuel de la cabeza, en toda la noche.