charlie el unicornio

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Es inevitable reir…

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Este es un crossover en donde Tweek Tweak es el pobre personaje atrapado en un lugar lleno de los weirdos de mis animaciones y juegos favoritos 9_9 como Fliqpy de HTF (con las cabezas de otros tipejos de la serie xD), Yandere chan, los animatronicos de FNAF, Bill de Gravity Falls, los unicornios, humanizados; de la animación: Charlie, el unicornio, y… Emmm tipos inventados, con barbas :v… Es que al principio sólo iba a hacer a Tweek con sus enemigos de fondo pero como él no tiene muchos enemigos a parte de los gnomos, decidí poner a Tweek en un universo muy peligroso xD

https://www.youtube.com/watch?v=s4_YAfulAXk

Series de animación que molan las hay a montones. Mayores y pequeños pueden convivir frente a una pantalla sin aburrirse ni los unos ni los otros, ya que suelen tener subtextos que los primeros disfrutan y a los segundos jamás les toman por anormales, que es uno de los grandes triunfos de la animación seriada. Los Padrinos Mágicos, Rick y Morty, Bob Esponja, Mister Pickles, Hora De Aventuras, El Asombroso Mundo De Gumball y Somos Osos representan entre todas un pequeño porcentaje del amplio espectro del que se dispone para elegir hoy día. Esto dentro de la producción asociada a cadenas televisivas occidentales, pues si se recurre a series online no dependientes de productoras de animación fuertes ya se abre ahí todo un abanico de nuevas opciones con una regularidad en su emisión inexistente y una calidad técnica tirando a cuestionable pero que da lugar a sorpresas alucinantes. Charlie El Unicornio, sin ir más lejos. Una serie aperiódica (el primer episodio, de base autoconclusivo y no abierto a continuaciones, se remonta al año 2005) que fue concebida por su creador Jason Steele a modo de regalo para su madre por su cumpleaños tras haber perdido todo –salvo su portátil- tras el huracán Katrina y que la Internet Movie Data Base se niega a admitir en su seno por haberse convertido en un vídeo viral de youtube. Cuatro episodios esparcidos durante una década que suman veinte minutos entre todos. Es decir, diez años para crear lo que dura cualquier capítulo de las series mencionadas al principio de éste párrafo.

Explicar Charlie El Unicornio es complicado porque por una parte respeta los códigos principales que maneja la animación (incluyendo el imprescindible número musical de letra aleccionadora) pero a la vez los subvierte todo el rato a través de una aleatoriedad nunca vista con semejante persistencia antes entre las acciones, reacciones e interacciones de sus protagonistas principales y los secundarios que van surgiendo de una mitología autogenerada que si se asocia a Hora De Aventuras con la contracultura sesentas y el LSD en el trazo de sus dibujos aquí no termina demasiado bien de saberse con qué vincularía a la serie Antonio Escohotado o la FAD. De alguna manera parece que el guión aquel que hizo Homer sobre un robot asesino que es profesor de autoescuela y que viaja en el tiempo por alguna razón cae en manos de Fernando Arrabal, al que le atrae no eso sino la parte de la tarta que habla; decide cambiarla por unicornios y da por bueno el mecanismo de escritura de chistes expuesto en aquel mítico Cartoon Wars de South Park, lo de los manatíes asociando sin lógica alguna ideas aleatorias recogidas en biombos. Considera que ese procedimiento en realidad está incompleto, que le falta un centrifugado en la lavadora, un recorrido por las manos de un trilero y cerrar todo episodio con un Deux Ex Machina determinado por un panel de eventos de los cuales elige uno un gato anestesiado al caerse sobre él. De verdad, los cuatro primeros episodios de Charlie El Unicornio son de un randomness nunca visto, de los de boca abierta a cada instante y no cerrarlas porque, encima, su lógica interna siempre prevalece, nunca se ausenta. Es el centro de gravedad permanente, aunque no lo parezca.

Para El Coyote y El Correcaminos el gran Chuck Jones estableció once reglas a las que ceñirse en cada momento pese a que la animación le permitiese suspender al Coyote en el aire fuera de las normas de la gravedad que rigen el mundo normal y acometer otro sinfín de transgresiones de lo real. Todas ellas pueden ser reescritas adaptándolas a Charlie El Unicornio una vez vista la serie. Pero una de ellas, la décima, encaja teniendo que hacer la mínima de las variaciones y además explica la serie lo que mejor de todo. No es una regla en sentido estricto, sino más bien una línea y demarcación de tono: ”el cariño del público debe estar siempre con el Coyote. ” Cómo no, siendo Wile E. Coyote en sí mismo y sus fracasos más una plasmación animada de ese abstracto que es la decepción/frustración que otra cosa. Parece lógico pensar que el cambio que introdujo Jason Steele con su serie se corresponde con el protagonista, y no: la simpatía siempre va a estar con los dos unicornios que fundamentan su razón de ser en buscar nuevas vías para putear a Charlie. Ya sea viniendo del futuro o coincidiendo con él de casualidad o surgiendo de un vórtice generado en su espalda estos dos unicornios molestos sin nombre (se rumorea que el rosa se llama Lolz, algo que sólo se sabrá si es cierto cuando se estrene el último episodio a finales de 2016) se la lían al protagonista siempre, sin excepción. La lógica interna en Charlie El Unicornio se rompería si en el transcurso de cualquiera de sus episodios a Charlie no le llevaran esos dos trolazos por un viacrucis de torturas y humillaciones nunca vistas para desembocar en el robo de un riñón o la ruptura de su cuerno. Y el propio Charlie llega a enunciar esa mecánica interna, es una de las evoluciones de personajes más aceleradas de la historia del audiovisual tras caer en la cuenta de cómo funciona su universo, de qué leyes lo rigen, llega a teorizar él mismo sobre si acaso no está en un limbo pagando por algo que hiciese en otra vida. Es decir, es capaz de tomar consciencia de sí mismo y de lanzarse a elucubrar teorías sobre qué pasa. Lo que no puede hacer, pues rompería la lógica interna, es desmarcarse de los dos unicornios vandálicos. Pese a saber que eso sería la solución a su problema. Aguanta con una estoicidad proporcional al empeño que pone Wile E. Coyote en atrapar al correcaminos, pese a saber casi seguro él también que si se está quieto dejará de sufrir. A ambos les es imposible, dejarían de existir.

Además de esa mitología propia de la serie, mitología que permite conversaciones en mejicano Pixies con una zeta gigante, emocionantes viajes en el Choo Choo Shoe, inquietantes persecuciones por parte de los Yum Yums y los Bla Bla Blas y Las Astrales y epifánicos encuentros con La puerta que controla el amor y el tiempo y puede leer la mente y el alma, todo ello animado con la destreza de quienes dieron vida a Proletario y Parásito, Charlie El Unicornio es capaz de bifurcarse de sí misma. Por un lado Jason Steele obró Charlie Teh Unicron. Que no es que se le esté dictando este texto a un disléxico, sino que Teh Unicron denota la maniobra realizada por Jason, consistente en unicar Charlie El Unicornio en un universo alternativo donde los guionistas no hubiesen cogido bien el espíritu de la serie, algo que hizo inspirado por los cientos de mails que le llegaban de admiradores con propuestas bienintencionadas sobre el curso que tenía que tomar la historia que nada tenían que ver en realidad con ella. Otra bifurcación existe sólo en el disco duro de Steele, y consiste en varios episodios que no terminó de considerar aptos un poco lo que le pasó cuando Adult Swim le sugirió que adaptase la serie para emitirla en su cadena, opción que declinó Jason por venirle impuesto para ello cambiar el tono a algo más próximo al humo de fumados que suele regir no pocas veces los productos de la cadena, que ole ahí el chaval éste y su integridad. No obstante, la más interesante de las bifurcaciones son las mini piezas ocasionales creadas para galas youtube, pues además de crear una brecha de multiversos en la primera (y evidenciar que el espíritu subversivo de los unicornios molestos es parejo en intenciones al del unicornio maligno de Cabin In The Woods cuando sueltan un ”hurra por el colapso de la civilización, abajo la democracia”) acaba convirtiendo esas piezas de encargo en veladas críticas contra la plataforma que le ha permitido vivir de sus animaciones por los cambios que han ido obrando a lo largo de estos últimos años en cuanto a los algoritmos encargados de determinar cuánto percibe cada tipo de vídeo, que según ha explicado Jason van en detrimento de la animación hasta el punto de preveer una espantada en masa a otra plataforma en cuanto surja y no imponga unas condiciones tan miserables. Y más allá de lo que suceda con el episodio final, que ojalá que no ate cabos explicativos, siempre hay que quedarse con la última línea de diálogo de la serie hasta el momento: YOLO.