cerveza medalla

¿A qué se parece el amor?

El amor luce como canciones sin completar, pero también como canciones enteras, estribillos y versos sueltos; sonrisas a medianoche, al despertar y a la hora de la siesta, carcajadas innumerables; aquél rincón que ocupamos después de clases mientras te sentabas en un pupitre; envolturas de chocolates con la cara de Mozart y aviones de papel hechos de cubiertas de chicles; dibujos de guepardos en borradores desgastados y papeles entregados sin ningún cuidado; palabras inventadas, risas burlonas y agudas, desafíos que nadie piensa cumplir, besos en la frente, besos en la mejilla, besos; océanos frente a ríos, galaxias que colapsan entre sí y ocasionan universos enteros; retenedores, cortes de cabello y camisas por dentro del pantalón; miradas que hablan y palabras que no urgen salir de la boca, fotografías en las que nadie sonríe; olvidos, des olvidos y olvidos de nuevo; halagos disfrazados, halagos revelados; audífonos rotos y celulares robados en los bolsillos; gritos, golpes, muchos golpes, rabietas y desesperación; chistes, burlas, reconciliaciones, charlas que no quieren tener final; caricias, abrazos de más de media hora, lluvia y piernas mojadas; gestos, sonrisas que escapan del corazón, sudor; pensamientos antes de ir a dormir y después de abrir los ojos, deseos, sueños y esperanzas incontrolables; pupilas dilatadas, pupilas rebeldes que siguen el sol; celos, peleas, orgullos y momentos insoportables; cartas, poemas, escritos en medio de clase; bibliotecas, trabajos y videollamadas; cumpleaños, sonrojos, pasteles y proyecciones; películas, actores y críticas improvisadas; videos estúpidos para desternillarse y fotos curiosas; verde, morado, naranja y café; miradas que cambian un mundo, fotos vergonzosas y capturas de pantalla; bancas en la mitad de la calle con árboles verdes y flores rosadas y amarillas; malteadas, bloqueador solar y narices respingadas; camisetas mojadas, pantalones rotos, pantalones húmedos y chaquetas arruinadas; nervios, preguntas en medio de presentaciones, desastres y cuadernos robados; cervezas, mundiales de fútbol, medallas, conciertos; frases correctas en el momento incorrecto y frases incorrectas en el momento correcto; barbas, lunares y mucho vello; preocupaciones mutuas, despedidas, entrenos, carreras, fútbol; volleyball, lágrimas y muchas alzadas en el aire; bailes, deportes, dibujos y letras; café, té y vino, mezclados; manos pequeñas, bicicletas, luz de lámparas y hierba en los pantalones; frases que nadie respondió, mamás, abuelas, dibujos de arte, amigos a los cuales hablarles del otro; pizza, iguanas, estrellas, luna y siestas; restaurantes, hamburguesas que nadie pidió, papas francesas y autobuses; celos, cosquillas y miradas al cielo; sustos, muros, conversaciones borradas y fotos que permanecen; champán en copas de plástico, corbatas doradas y sonrisas incómodas; peticiones en corrillos ignoradas y actos sin explicación; incoherencias en plena madrugada, saludos de buenos días y blusas robadas; pasillos sucios, pandebonos, recomendaciones y cariñitos; apodos, edades, jugarretas y consejos; risas, risas y más risas; al futuro tan lleno de esperanzas, encuentros, sonrisas y miradas que nos quedan por delante, juntos; al brillo resplandeciente de nuestros rostros cuando estamos juntos, a cada mirada sostenida que no puedo mantener y a cada sonrisa que nos hemos provocado el uno al otro; pero sobre todas las cosas, a ti, el amor se parece mucho a ti.

Estábamos en una mesa del fondo del café, casi a solas; yo lo dejaba hablar pero de cuando en cuando le servía cerveza. Casi no me acuerdo de todo lo que dijo, creo que en realidad era siempre lo mismo. Me ha quedado una frase: «La tengo aquí», y el gesto al clavarse el índice en el medio del pecho como si mostrara un dolor o una medalla.
—  “Las puertas del cielo” - Julio Cortázar.