cerillas

Ven, sígueme. Lo que vamos a hacer tú y yo no es pecado, es amor. Es todo lo que siempre imaginaste, y más. Estírate en tu cama, yo me ocupo del resto. No quiero que te enganches a ninguna droga que no lleve mi nombre. Ninguna cocaína será mejor que lo que fluirá aquí esta noche. Déjate llevar. Quiéreme como quieras. No quiero que comas nada que no lleve mi esencia. Ni si quiera ese café que se enfrió esperando a que lo bebieras. Bébeme a mí. Apaga la luz. Que tu roce se haga eterno. Búscame entre la oscuridad. Que la chispa que creamos nos ayude a hallar el camino a la felicidad, a la excitación, el placer, la máxima satisfacción. Enciende lentamente las cerillas de mis entrañas. Hazme exolotar. Estallar. Hazme desaparecer con tan solo una acción.
El pánico es como una caja de cerillas: todos tus miedos están ahí dentro; cada uno, con una cabeza de fósforo roja, y si de repente uno de ellos se prende, todos los demás arden inevitablemente. Así que solo hay una forma de que la hoguera del pánico no te lleve por delante y es separar las cerillas, desgranar los miedos y apagarlos, uno a uno, porque los miedos se alimentan de lo desconocido, de la falta de verdad; y para descubrir la verdad, uno solo necesita clarividencia. Así empecé a buscarla, tirando de cabos sueltos, como una carta de tarot.
—  Paco

«Sin miedo no hay vida», dicen
«sin miedo no existes», dicen, y dicen también que no te conocen, es decir, no representas una figura humana, no te identifican, no te saludan, no eres. «Sin miedo no sientes», dicen
no sientes, ni miedo ni placer.
«no», dicen, «has de temblar»: indica que eres sensible al dolor, has de sufrir el golpe de la sensación de poder sentir un martillo en las costillas, el simple hecho de imaginártelo, «sí, eso es, respétalo, eres un mamífero con sistema nervioso». Dime, ahora que estoy así
cagado de miedo
infantil en mi cuna amurallada
en esta cárcel de la que no puedo salir.
Qué hago, dime, qué hago,
me temo a mí mismo:
no soporto el ruido; hace que salga corriendo,
huelo el olor a cerilla y pienso en llamas imparables
me miro al espejo y pienso morir así mismo, joven, dejando un estúpido cadáver.

Le temo a la noche, ¿y si no vuelve el sol?
le temo al paso del tiempo, a los raíles cortantes de hierro perfilado, al cascanueces que rompe huesos, al yanto del bebé ajeno, —pienso—,«le están ardiendo las tripas».

—  Lev
Su encaje siempre negro

Ella siempre tenía algo negro en las entrañas,
yo no sabía si era agua pasada
o su carácter enfundado.

Pero cuando bailaba no había ciego que no la mirara.
Era como las cerillas,
o apagada
o encendida.

Si tenías suerte y la veías sonriendo
podía ser como el veneno,
con esa pícara sonrisa
te llevaba hasta el infierno.

Pero pobre del que la pillara cabizbaja,
porque su pena sería tu jaula.

Y la mañana siguiente solo quedaría su encaje entre los hierros.

@lexipedius

Búscame cuando te apetezca, cuando notes que me echas de menos, cuando te mueras de ganas de llorar en el hombre de alguien. Búscame cuando no tengas a nadie que te diga que te quiere. Búscame cuando eches en falta las risas, las conversaciones sin rumbo, los abrazos en los malos momentos y las locuras. Búscame cuando necesites alguien que te sorprenda, cuando te des cuenta que nadie tiene esos detalles. Búscame cuando necesites que te digan lo especial que eres, lo bonita que es tu sonrisa, lo bien que haces reír a los demás y lo hermosa que estás cuando te concentras. Búscame cuando mires el móvil esperando una llamada que ya no llega, cuando salgas y sin darte cuenta me busques con la mirada entre la gente, cuando inesperadamente alguien te toque la espalda y al girarte esperes que sea yo. Búscame cuando necesites cerillas para encender lo que se ha apagado, cuando tus ojos ya no te pidan guerra entre tu mente y tu corazón, cuando las discusiones sean aburridas y los días rutinarios. Búscame cuando las canciones carezcan de significado. Búscame cuando recuerdes los buenos momentos y te arrepientas de no tenerlos ahora. Búscame cuando tu ego necesite que le supliquen desesperadamente cariño pero, sobre todo, búscame cuando quieras suplicarlo tú.
—  El Club de los Poetas Muertos.

SPANISH CAMPING VOCABULARY

LAm - Latin American 
f - feminine 

NOUNS
El bote 
- can, tin
La lata (LAm) - can, tin
La cama plegable - camp bed
El agua (no) potable (f) - (non-)potable water
El camping - camping
El campista - camper
La caravana - caravan 
La hoguera - campfire
La carpa (LAm) - tent
La tienda (de campaña) - tent
El cerillo (LAm) - match 
El fósforo (LAm) - match 
La cerilla - match 
El emplazamiento - pitch, site 
El abraletas - tin-opener 
La navaja - penknife 
La tumbona - deckchair 
El colchón inflable - inflatable bed
El saco de dormir - sleepingbag 
La mochila - rucksack 
La comida enlatada - tinned food 
El botiquín - first aid kit 
La leña - firewood 
El malvavisco - marshmallow 

VERBS
Ir de/hacer camping
- to go camping
Acampar - to camp
Hacer una hoguera - to make a campfire 
Montar una tienda - to pitch a tent
Asar unas salchichas (a la parrilla) - to grill some sausages
Hacer senderismo - to go hiking  

ADJECTIVES
Bien equipado/a
- well equiped
Empinado/a - steep
Sucio/a - dirty

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—La vida, cualquier vida, dura muy poco. Pero si has conseguido ser feliz, al menos un instante, habrá valido la pena vivirla.


—¡Un instante! ¿Cómo de corto?


—Muy corto. Basta con ser feliz el tiempo que tarda una cerilla en encenderse y apagarse.

—  La bibliotecaria de Auschwitz, Antonio G. Iturbe

Estabamos lado a lado, separados por una sutil distancia, anhelando estar juntos hasta que el viento pareció saber nuestros deseos y sopló suavemente hasta que recargaste tu cabeza junto la mía. Por fin estabamos juntos. La fricción de nuestros cuerpos calento nuestro amor y así el fuego se avivo en nosotros mientras haciamos el amor. Una danza donde nos consumimos hasta el final. Dos cerillas.
—  Mauriciotl
Búscame cuando te apetezca, cuando notes que me echas de menos, cuando te mueras de ganas de tenerme.
Búscame cuando no tengas a nadie que te diga que te quiere. Búscame cuando eches en falta las risas, las caricias que erizan la piel, las conversaciones sin rumbo, los abrazos en los malos momentos y las locuras. Búscame cuando necesites que te digan lo especial que eres, lo bonita que es tu sonrisa, lo bien que lo haces y lo guapo que estas cuando te concentras. Búscame cuando mires el móvil esperando una llamada que ya no llega, cuando salgas y sin darte cuenta me busques con la mirada entre la gente, cuando inesperadamente alguien te toque la espalda y al girarte esperes que sea yo.
Búscame cuando necesites cerillas para encender lo que has apagado, cuando mis ojos ya no te pidan guerra, cuando las discusiones sean aburridas y los dias rutinarios.
Búscame cuando las canciones carezcan de significado. Búscame cuando recuerdes los buenos momentos y te arrepientas de no tenerlos ahora.
Búscame cuando tu ego necesite que le supliquen desesperadamente cariño pero sobre todo cuando quieras suplicarlo tú …
— 
Mi abuela tenía una teoría muy interesante, decía que si bien todos nacemos con una caja de cerillas en nuestro interior, no las podemos encender solos, necesitamos oxígeno y la ayuda de una vela. Sólo que en este caso, el oxígeno tiene que provenir, por ejemplo, del aliento de la persona amada; la vela puede ser cualquier tipo de alimento, música, caricia, palabra o sonido que haga disparar el detonador y así encender una de las cerillas. Por un momento nos sentiremos deslumbrados por una intensa emoción. Se producirá en nuestro interior un agradable calor que irá desapareciendo poco a poco conforme pase el tiempo, hasta que venga una nueva explosión que haga reavivarlo.
Cada persona tiene que descubrir cuáles son sus detonadores para poder vivir, pues la combustión que se produce al encenderse una de ellas es lo que nutre de energía el alma. En otras palabras, esta combustión es su alimento. Si uno no descubre a tiempo cuáles son sus propios detonadores, la caja de cerillas se humedece y ya nunca podremos encender un solo fósforo.
Si eso llega a pasar el alma huye de nuestro cuerpo, camina errante por las tinieblas más profundas tratando vanamente de encontrar alimento por sí misma, ignorante de que sólo el cuerpo que ha dejado inerme, lleno de frío, es el único que podría dárselo.
Por eso hay que permanecer alejados de personas que tengan un aliento gélido. Su sola presencia podría apagar el fuego más intenso, con los resultados que ya conocemos. Mientras más distancia tomemos de estas personas, será más fácil protegernos de su soplo.
Hay muchas maneras de poner a secar una caja de cerillas húmeda, pero puede estar segura de que tiene remedio.
Claro que también hay que poner mucho cuidado en ir encendiendo las cerillas una a una. Porque si por una emoción muy fuerte se llegan a encender todas de un solo golpe, producen un resplandor tan fuerte que ilumina más allá de lo que podemos ver normalmente y entonces ante nuestros ojos aparece un túnel esplendoroso que nos muestra el camino que olvidamos al momento de nacer y que nos llama a reencontrar nuestro perdido origen divino. El alma desea reintegrarse al lugar de donde proviene, dejando al cuerpo inerte…
Desde que mi abuela murió he tratado de demostrar científicamente esta teoría. Tal vez algún día lo logre…
—  Laura Esquivel, Como Agua para Chocolate