celular viejo

El sótano

15 pasos… había 15 pasos desde la puerta del sótano a la de de su dormitorio, siempre los contaba, siempre los mismos 15 pasos.
El sótano es el lugar de las cosas que no tienen lugar
- Los cargadores de celulares viejos que nunca tiras
- Las monedas que te quedaron de algún viaje
- El saco de hace 3 mil inviernos que nunca tiraste
- Un mazo de cartas españolas
- La bicicleta estática que nunca usaste
- Pilas de fotocopias de tus años de universitaria
- Vos también estas en mi sótano, desde hace tiempo estás.
Los volvió a contar… 15 pasos…
Era metódica, irracional. Conservaba los mismos rituales desde niña: el despertador un minuto antes de la hora en punto, el café con dos terrones de azúcar morena, no mezclar nunca queso con mayonesa
Entro en su habitación, blanca, ordenada. Miró hacia la ventana e imaginó una lluvia de otoño.
Se sentó frente al piano, y toco violentamente ese tema que compusiera aquel 12 de octubre. Las monotonías de los acordes anticiparían el final.
- No me gusta tu color de pelo ni el movimiento de tus manos al hablar
- No me gusta tu tono de voz y las mentiras que salen de tu boca
- La luz me llegó a los 30. Tengo 27 años
- No pretendo que me entiendas, solo quiero sacármelo de adentro
- Tenés la mirada perdida. ¿Estas triste?
- Que linda que sos
Pensó en aquel bar, el calor de los cuerpos, la música sangrante, el aire denso.
Pensó en la taza de café y whisky, seca, intensa… en esa gota inquieta que se deslizaba hacia la mesa de madera gastada.
Se le humedecieron los ojos claros, se acentuó la mirada turbia. Nunca supo que escondía, no tenía pasado, no tenía futuro, no sabía cuál era su presente.
El misterio era tan dolorosamente excitante que no la dejaba escapar… tampoco quería, le gustaba demasiado jugar a morir y todos los días matarse un poco.
- ¡Otra vez levantaste la ceja intencionalmente! Yo sé que me estas provocando
- Quiero abofetearte, estrangularte hasta oírte gritar mi nombre
- Te odio tanto que quisiera cogerte acá mismo, ahora
- Quiero amarte hasta que te duela
Salió de la habitación, conto 15 pasos una vez más, era la tercera en el día.
- Tengo que encerar el piso, me gusta ver el reflejo indefinido de mi cuerpo al caminar
– hay alguien en el sótano!
¿No están permitidos los testigos, como se atrevía a a violar la intimidad de sus pensamientos?
La inmovilizó con la mirada, la recorrió minuciosamente… el cabello salvaje que escondía las perlas de sus pequeños pendientes, la mueca sutil de su labio inferior hacia la derecha que coloreaba la comisura con su rouge favorito, la camisa blanca, apenas translucida que dejaba imaginar un sostén de relleno, una talla mayor, el botón gastado de su pantalón opaco.
Se sentó sobre sus rodillas., La besó infinitamente sin ser consciente de la fragilidad de lo efímero.
Primero una, luego y otra. Tres certeras puñaladas en el abdomen, apenas un quejido.
Lavo su rostro con la sangre que brotó de las heridas… soltó, perdió el control, se abandonó, se sintió inmortal.
Pestañeó violentamente, estaba sola y silenciosa, transpirando, despeinada, sucia…. volteó sobre sus pasos., libre, liviana… contaría otros 15 más.