catorce horas

Tres cartas a un amor lejano

27 de Marzo de 2016

  No te hagas del rogar

    He pensado en ti más de catorce veces por hora, no sé si se ha convertido en una mala costumbre o un afán de tenerte a centímetros de mi piel. He decidido escuchar de nuevo tu música, no tienes idea cuanto me cautiva, como hace que mi oído viaje sin salir de la habitación, como me vuelve ave libre. Te extraño, a pesar de no conocerte, a pesar de nunca haberme escondido en tu torso. Considero que es tiempo de preparación ¿no lo crees tú?, un tiempo para saber si estamos destinados a ser, a vivir como nuestro empíreo lo demanda, a sentirnos uno al otro, a liberarnos de estos miedos con sabor acre que han dejado huella. Ten en cuenta que espero por ti, yo, la mujer que se impacienta aun por el segundero del reloj. He vuelto a escribirte porque no soporto callar todo lo que me destruye lentamente por dentro, esto que va aniquilando esperanzas y que solo deja ojos para ti. Vengo de sumir este sentimiento en nuestras charlas cotidianas, en tu dejadez por ratos, en tu indolencia sin intención. Sueño contigo en mis tardes de desconsuelo, pues te veo como la llave que me ha sido entregada por Dios, esa que me abrirá la puerta al Edén, a una vida nueva, llena de amor y caricias, esa llave que no hará más de liberarme de mi celda. Mírame, tu amante y desconocida amiga está presa. Ella está presa en una fría y densa libertad, un poco subestimada me atrevo a decir. Ven a buscarme, sé muy bien que no es tan simple, pero lo estas complicando más de lo que debes. Estoy cansada de rogarte, sólo ven y seamos poesía. Quiero comentarte, además, cuanto odio que me hagas sentir celos. Odio los celos, es más, si estuviésemos al borde de un acantilado y fueses capaz de hacerme sentir celos justo en ese momento, quizás sea probable que te empuje. Así pues, te hago saber cómo odio tu forma de hablarme de otra chica, no tanto por sentirme menos, sino porque para ti sean más. Finalizo presa de tus letras y de tus acordes, que sin sentido comenzaron una dulce orquesta en este frágil cuerpo, en esta débil mente, en este fuerte corazón.

Atentamente se despide, el Sol de tus noches.


Escrito por: Soley Guerra