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El Rey

Hoy os dejo un minirrelato que escribí hace bastantes años y que he rescatado hoy:

El ruido de las tragaperras, los hielos que caen en un vaso vacío, el clamor tras una jugada de vencedores, la mueca angustiada del vencido…, ¿por qué iba a recordar todo aquello? Lo que recuerdo era esa asquerosa sonrisa de ganador patológico que eclipsaba el resto de su puta cara. Esas risotadas que eran como aullidos de una bestia temible que me desafiaba a las puertas de mi casa. ¿Es que debía permanecer impávido, oculto ante aquel intruso, mientras el canalla se afanaba en demostrar que yo ya no era El Rey?

Esperé a que se empachase de las fichas de mi casino y luego fui a por él. Fue fácil convencerlo para que participase en El Juego, en el verdadero juego: revólver en mano, una sola ficha en forma de bala, cinco casillas de vida y una de muerte. 

Solo uno seguiría vivo.  

Vuelta de ruleta. Tengo suerte: compro vocal de suspiro. Otra vuelta y el imbécil resuelve. Game Over, pardillo. De inmediato registro sus bolsillos para encontrar lo que ya esperaba, lo que sabía desde un principio: un puto trébol de cuatro hojas, casi igual que el mío.

Recuerdo las quejas de los chicos por tener que limpiar la mesa de sangre y sesos. Las escuchaba mientras abandonaba aquella habitación con sabor a victoria y me preguntaba: ¿Quién podría entregar la bala que Dios tiene reservada a un hombre que reza a una cruz de cuatro hojas? 

Tras la puerta, aquel tropel de clientes y el ruido de las tragaperras, los hielos en un vaso vacío, el clamor de los vencedores y la angustia de los vencidos.

Pero aquella noche yo tenía mi corona y seguía siendo El Puto Rey. 

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Sans titre par Leandro Furini