casas raras

BAJO TUS ALAS (WIGETTA)

“JOEL” (PRIMERA PARTE)

Muchas veces los comienzos son buenos; son oportunidades de reinventarse, de renovarse, de sacar lo mejor y volver a escribir la historia sin borrones o enmendaduras. Se tiene una hoja en blanco.

Para Samuel, este nuevo comienzo no estaba siendo feliz, no estaba siendo fácil, no se sentía como una oportunidad; se sentía ni más ni menos como una de las mayores tristezas que hubiese experimentado a sus escasos 18 años. Había llegado a Los Ángeles sin ninguna ilusión, sin ninguna emoción de quien empieza de nuevo en un lugar desconocido con mil posibilidades.

No estaba siendo pesimista, de verdad quería intentarlo, porque después de todo, no es como si pudiera cambiar la suerte que le había tocado, al menos no por el momento. Ya se encontraba en ese nuevo lugar y por mas quejas y reclamos, no iba a cambiar nada, así que la situación entonces era la siguiente; podía vivir quejándose y amargándose la existencia todo lo que le diera la gana o podía intentarlo, podía hacer que funcionara, por mas difícil que le pareciera en aquel momento.

La segunda opción, por supuesto, resultaba a todas luces más razonable.

Aquella mañana Samuel se levantó de la cama con renovado entusiasmo, con ganas de dejar las quejas atrás y empezar de una vez con lo que le interesaba… estudiar. Sabía perfectamente que el tema del idioma iba a representar un problema, así que lo primero sería eso.

…………………………

Se encontraba por fin sentado al final de una fila de asientos vacíos. Tan solo eran 20 personas en aquel grupo de estudio y aquello lo hacía sentirse incluso mas expuesto. No podía simplemente esconderse entre la multitud para no ser notado y había olvidado lo que era sentirse nervioso el primer día en una nueva escuela.

La clase inició y Samuel se quedó embobado mientras el profesor les mostraba en el proyector, un par de videos de conversaciones en ingles. Sobraba decir que no entendía ni media palabra y lo angustiaba el hecho de ver que la mayoría de sus compañeros parecían bastante menos perdidos que él, que para ese momento debía tener la mayor cara de angustia de su vida.

—¿Dime que no soy el único que no está entendiendo una mierda en esta clase? —Samuel reconoció inmediatamente aquel acento español. Volteó a su derecha y se encontró con un chico castaño de ojos verdes, que se veía tanto o mas asustado que él. No le quedó más que sonreír de forma nerviosa.

Dexter se convirtió desde ese momento en uno de sus mejores amigos. El único realmente. Aquel chico había nacido en Estados Unidos, pero había vivido prácticamente toda su vida en Valencia España. Sus padres habían decidido regresar por fin al país que los había visto nacer, así que a pesar de ser estadounidense, Dex se sentía tan perdido y fuera de lugar como Samuel.

Afortunadamente gracias a la compañía de aquel chico, Samuel logró adaptarse relativamente mas fácil de lo que le hubiese costado hacerlo estando solo. Dexter era un excelente chico, de esos que no teme decir lo que piensa y que era capaz de sacarle una sonrisa con sus ocurrencias, aun si lo que menos tenía era ganas de reírse. Ambos chicos congeniaron de inmediato.

Samuel seguía hablando con Willy, aun con lo mucho que les estaba costando adaptarse a la diferencia de horario. Samuel tenía que llegar prácticamente corriendo de la escuela y sin haber comido siquiera, su único destino era el ordenador. Su madre se molestaba la mayoría de las veces, pero hacía un esfuerzo por entender, que aquella era la única manera que ambos chicos pudiesen hablar, sin que Willy tuviese que estarse despierto hasta altas horas de la madrugada; cosa que por supuesto también le acarreaba problemas.

Las cosas estaban funcionando lentamente, pero ambos muchachos estaban haciendo lo posible. Sabían que las cosas no eran tan fáciles ahora, que no era tan sencillo como caminar un par de pasos y estar frente a frente en la casa del otro. Tenían que esforzarse por conservar aquella amistad intacta a pesar de la distancia y estaban haciéndolo.

—Vamos, siempre me dices que no y sabes que pocas veces te pido que me acompañes —Dex tenía el ceño fruncido y el rostro el un claro gesto suplicante.

No era la primera vez que le pedía a Samuel que lo acompañara a una fiesta, pero Samuel siempre se negaba. Era viernes y aun a la distancia, la tradición de pasar los viernes con Willy no había cambiado. Por tonto que le pudiera parecer a los demás, ellos pasaban gran parte del día y la noche, conversando, jugando en línea, escuchando música o viendo alguna serie cada uno por su lado. La amistad que tenían, se había modificado a las circunstancias.

—He dicho que no puedo… t-tengo cosas que hacer —titubeo un poco al responder y Dexter sabía perfectamente lo que significaba aquello.

—Cosas que hacer —resopló —Hablas con él todos los días y pasas con él cada uno de los viernes ¿no puedes dejar uno solo para pasarlo conmigo? ¡También soy tu amigo!

Dexter no había querido que aquello sonara como un reproche, pero si se ponía a pensarlo ¡Si que lo era! Se sentía molesto aunque no quisiera admitirlo, tenía un año de ser amigo de Samuel y en ese año, jamás había aceptado salir a ningún lugar con él, tampoco iba a su casa, siempre tenía que hablar con Willy y no es que Dexter fuera especialmente celoso con sus amigos y entendía que entre ellos había una amistad de prácticamente toda una vida, pero ese chico tenía mas atención de Samuel aun encontrándose al otro lado del océano. El no estaba pidiendo tanto.

Samuel soltó un largo suspiro de frustración, lo que decía Dexter era verdad y lo sabía. No se trataba de empezar a vivir una nueva vida y olvidarse por completo de Willy, eso jamás pasaría, pero quizá pasar un solo viernes con quien se había convertido en uno de sus mejores amigos, tampoco le iba a hacer ningún mal. Sabía que Willy entendería, pues ya alguna vez había sido él quien cancelara la tradición de los viernes por algún otro compromiso.

Aun así, Samuel decidió que decir una mentirilla piadosa sería mejor que decirle a Willy que lo dejaría plantado para irse de fiesta con su nuevo amigo. “Tengo un compromiso familiar” sonaba muchísimo mejor.

Eran las 9 de la noche del viernes 13 de agosto del 2010. La casa en la que se llevaba a cabo aquella fiesta donde se celebraba quien sabe que, estaba a reventar de jóvenes alcoholizados hasta la medula ósea. Samuel no conocía a nadie y entendía la mitad de lo que le decían, aun así no le fue difícil mezclarse entre los demás adolescentes borrachos que se movían descontrolados al ritmo de la música.

Aquel día que a Samuel no le inspiraba mucha confianza para salir, se convertiría en un día que sin lugar a dudas iba a cambiarle por completo la vida para siempre.

……………………………….

Samuel despertó desorientado y con el mayor dolor de cabeza que hubiese tenido en su vida. Parpadeó un par de veces intentando ubicarse en aquel lugar que no le sonaba de nada.

—¿Ya te vas? —escuchó una voz femenina muy cerca de él y prácticamente dio un salto en su lugar. Giro a un lado para encontrarse con una chica rubia que apenas recordaba.

‹‹¿Rita? ¿Raquel? Quizá… ¿Rosa? ¡Joder! ¿Cómo mierda se llama?››

—¿Rebeca? —respondió mas como una pregunta que como una afirmación, estaba deseando no haberse confundido con el nombre. Afortunadamente aquella muchacha estaba aun medio dormida y al parecer no se dio cuenta de la forma en la que Samuel titubeó al intentar reconocerla.

—Aun tengo sueño —dijo la chica mientras quitaba de encima de su cuerpo las mantas que la cubrían y cerraba nuevamente los ojos —…y también mucho calor.

Samuel casi se atraganta con su propia lengua al ver que la chica estaba completamente desnuda y es que no había reparado en el hecho de que él tampoco llevaba ninguna pieza de ropa encima. Su respiración se volvió agitada en cuestión de segundos y estaba luchando por que aquella pregunta no llegara a su mente, aunque inevitablemente lo hizo.

—¡¿Qué mierda es lo que hice?! —susurró para si mismo. En realidad era una pregunta tonta, sabía perfectamente que es lo que había hecho. Ella estaba completamente desnuda, él también lo estaba. No era tan difícil de deducir. Volteó a mirarla y los recuerdos le llegaron de golpe.

La había visto desde que había llegado a aquella casa que estaba tan llena de humo de cigarro como de adolescentes borrachos. Le había parecido bonita a simple vista, además de ser la única chica que parecía estar aun sobria. Se animó a hablar con ella, deseando que su inglés alcanzara para mantener una conversación medianamente fluida. Cuando la escuchó hablar, resopló con alivio, la suerte parecía estar de su lado. Aquel acento lo conocía. Rebeca resultó ser de Argentina.

Samuel sacudió su cabeza rompiendo el hilo de sus pensamientos. Se levantó inmediatamente de la cama buscando su ropa por toda la habitación ¿de quien era la habitación en todo caso? ¿Alguien los habría visto en esa situación? ¿Qué hora era? Su cabeza estaba tan llena de pensamientos confusos que el dolor se incrementó si es que eso era posible. Samuel tomó sus cosas y se vistió a toda prisa.

No sabía si debía dejarla ahí, sola y desnuda en una habitación que muy probablemente ella tampoco conocía. No podía ser tan desconsiderado. La verdad era que habían terminado en una situación que el no hubiese deseado estando sobrio, al menos no de esa manera, pero aun así no podía echarle toda la culpa a ella. La cubrió con la manta y movió su hombro para intentar despertarla.

—Tengo que irme ya —le dijo sin dejar de moverla. Rebeca solo se removía incomoda en la cama si muchas ganas de despertar —venga, mujer, despierta ¿o piensas quedarte aquí? —la chica solo hizo una mueca con su mano indicándole que se fuera mientras asentía sin siquiera abrir los ojos. Samuel no iba a insistir mas, podía sentirse tranquilo por haberlo intentado. No quería quedarse en ese lugar más tiempo. Terminó de acomodarse la ropa y salió de aquella casa con una rara opresión molestando en su pecho.

Fue en su casa cuando Samuel se dio tiempo de maldecir y lamentarse ¿Por qué se sentía tan mal? No lo sabía pero era así. Después de todo era un chico de 19 años y no es que intentara justificarse, pero tener sexo con una desconocida no era la gran cosa ¿verdad? ¿VERDAD? ¡Mierda! ¡Claro que lo era! ¿Habían usado protección siquiera? Ni siquiera eso podía recordarlo ¿Y si ella quedaba embarazada? ¿Y si estaba enferma de algo? Suspiró tumbándose en la cama sintiendo sus piernas temblar ¿Por qué había bebido tanto? A él ni siquiera le gustaba el alcohol. Tenía un año viviendo en Los Ángeles y se había comportado siempre de la manera que le parecía correcta, a veces rayando en lo exagerado y él día que se le ocurría salir, disfrutar y distraerse sin pensar en nada, había terminado cagándola de forma épica.

Samuel jamás hubiese imaginado que perdería su virginidad así, con una completa desconocida a la que muy seguramente no iba a volver a ver jamás. No es que hubiese estado esperando que aquel momento ocurriera de forma romántica como en una película, pero al menos hubiese esperado dar un paso como ese, con una persona que significara algo para él.

Samuel no habló de aquello con nadie, ni siquiera con Dexter, aun con lo mucho que su amigo le preguntó donde se había metido toda la noche. Lo que había sucedido no era algo de lo que debiera sentirse orgulloso o digno de contarse. Quizá otra clase de chico si lo sentiría como un logro, pero no Samuel, no un muchacho como él.

Se sintió mal por mucho tiempo y ya ni siquiera luchaba por entender la razón. Sentía culpa, remordimiento, tanto que a él mismo ya empezaba a parecerle ridículo ¿Estaba exagerando? Probablemente si, pero había una sensación extraña en su pecho cada que recordaba aquella noche.

Los días, semanas y meses pasaron y como era normal, Samuel terminó por olvidarse de aquel suceso. Decidió incluir aquel error de una noche, en el montón de cosas que no debía volver a hacer en su vida. Beber en exceso y volverse por una noche el chico despreocupado que claramente no era, le había traído ya, un montón de dolores de cabeza.

Aquel error de una noche, se convertiría en la mayor lección que le daría la vida, pues hay cosas que inevitablemente suceden, sea que lo queramos o no.

Aquel día que Samuel recordaría por el resto de su vida, había amanecido particularmente bonito, luminoso, cálido y tranquilo. Ni siquiera el hecho de que se le había hecho tarde hablando con Willy y ahora estaba justo de tiempo para llegar a su primera hora de clases, lo había hecho borrar aquella sonrisa.

Eran las 10 de la mañana y se sentía feliz de que aquel día, su primera clase iniciara a las 11, pues él hacía apenas minutos que había abierto los ojos.
Se había mudado un par de meses atrás a un pequeño departamento cercano a la universidad y vaya que era complicado vivir solo, sin su madre despertándolo cada mañana con un grito y sin sus abundantes desayunos que apenas le permitían moverse. Todo era parte de crecer.

Estaba desvistiéndose para entrar a la ducha cuando escuchó fuertes golpes en su puerta Nadie lo visitaba a esas horas de la mañana, de hecho, nadie lo visitaba a ninguna hora. Dexter estaba en clase desde las 8, así que no tenía sentido que pensara en él como posibilidad.

—¡Ya voy! —gritó esperando que la persona afuera de su puerta tuviera un asunto realmente importante, porque claramente aquello lo estaba retrasando. Se puso nuevamente la camiseta y escuchó los golpes en la puerta una vez mas —¡VOY! —la insistencia de quien estuviese afuera de su departamento lo estaba molestando, como fuese alguna propaganda o publicidad, iba a empezar a repartir golpes.

Cuando estaba a medio camino en el salón justo a segundos de abrir la puerta, los golpes cesaron y pudo escuchar las pisadas aceleradas de alguien alejándose ¿Había sido una simple broma acaso? Abrió la puerta de golpe, dispuesto a alcanzar a quien hubiese estado molestando, para al menos gritarle a la cara unas cuantas maldiciones, cuando tropezó con algo que a poco estuvo de hacerlo caer al piso.

Había una silla. Una de esas sillas de bebé que se colocan en los autos, cubierta con mantas blancas.

Miró alrededor en busca de algo o de alguien. El pasillo estaba completamente desierto. Su corazón empezó a golpearle el pecho de forma casi dolorosa. No podía moverse, con trabajos podía respirar, sus manos empezaron a temblar y ni siquiera lograba entender el porque de su reacción ¿Aquello era una broma? ¿Estaría alguien escondido en algún lugar grabando su reacción?

Aquel objeto tenía que estar vacío. Lo estaba seguramente.

Se escuchó un tenue llanto. Samuel sintió que el alma se le escapaba del cuerpo.

………………….

Tenía exactamente 3 minutos sentado en el sofá, con aquella sillita de bebé frente a él y ni siquiera se había atrevido a apartar las mantas. 3 minutos que le estaban pareciendo años, 3 minutos que le había servido para acumular en su mente un montón de pensamientos confusos que fueron cortados cuando nuevamente escuchó aquel tenue quejido bajo aquella mantita blanca.

Se acercó cauteloso. Tenía miedo y no sabía el porque. ¿Que mas podía haber en aquella sillita que no fuera un bebé? ¡Exacto! Eso era precisamente lo que mas lo asustaba. Tomó una orilla de la manta y sin demorar mas tiempo la apartó de un jalón. Lo que encontró debajo lo dejó sin aliento.

Un pequeño bultito de mantas blancas se removía al parecer incomodo frente a sus ojos, un bebé de quizá uno o dos meses de nacido, la verdad es que no lo sabía ¿Por qué iba a saberlo? El pequeño estaba dormido, tan tranquilo y apacible, contrastando por completo con el mar de sensaciones que estaban arrastrando a Samuel como una ola salvaje.

Se dejó caer en el sillón sin saber que hacer ¿Era una broma? ¿Quién usaría a un bebé para hacer una broma como aquella? Sentía que en cualquier momento algún loco iba a golpear nuevamente a su puerta para decirle que todo había sido un juego cruel y que quería de vuelta a su bebé. Se levantó nuevamente y lo miró. Quiso acercar una mano al rostro del pequeño, pero se detuvo a medio camino. Sus manos temblaban de forma descontrolada.

Samuel empezó a sentir como sus ojos se llenaban de lágrimas y no entendía el porque. Estaba a punto de levantarse para ir a la cocina a tomar un vaso con agua, cuando vio algo más entre las mantas que cubrían al bebé. Un sobre.

Lo tomó inmediatamente y prácticamente lo rompió para sacar la carta que contenía, mientras más rápidamente se enterara de que aquello era un error, y que ese bebé no tenía que estar frente a él, en la mesa de su salón, mas rápido no entregaría a su familia.

Desdobló la hoja, la letra era bastante desprolija, escrita obviamente a mano con tinta azul. Pudo un par de rayones a simple vista y su nombre escrito  en la parte superior. Sintió que sus manos temblaban aun más. La carta si era para él. Empezó a leer.

Querido Samuel.

Que ridículo suena ¿no? da igual. Te estarás preguntando quien es el niño que ahora está contigo ¿verdad? Pues te lo presento, es tu hijo. No te digo su nombre porque no he tenido tiempo de ponerle uno, puedes llamarlo como te dé la gana. No me importa. Tuve la mala suerte de toparme contigo en aquella fiesta ¿lo recuerdas? Pues si, hay cosas que tienen consecuencias, tienes a tu consecuencia justo frente a tus ojos. ¿Por qué te lo entrego? Porque yo no lo quiero, así de sencillo. Nunca esperé quedar embarazada, nunca esperé tener un hijo a los 19 y no, no voy a tenerlo, sería una muy mala madre, te lo aseguro, las cosas como son. Pensé en darlo en adopción ¿sabes? Pero después de todo no soy tan hija de puta. Es preferible que esté con su propio padre a que se quede con algún extraño ¿estás de acuerdo? ¡Bien! Aunque de hecho, tampoco puedo obligarte a tenerlo, así que si tu tampoco lo quieres, puedes hacer con él lo que te de la gana, mi nulo amor de madre no me permite preocuparme por lo que pase con ese chiquillo que yo nunca esperé, agradecido debes estar de que haya decidido no interrumpir el embarazo. No hay documentos porque no los tiene, encárgate de eso. Nació el 9 de mayo, es lo único que puedo decirte. Espero no tener que saber de ustedes nunca mas… y por cierto, si dudas de que sea tu hijo, puedes hacer las pruebas que te de la gana ¿bien?

Rebecca.

Samuel terminó de leer aquella carta sintiendo que la presión en su pecho se hacía cada vez mas grande. No podía creer lo que acababa de leer, no podía creer que existieran personas como Rebeca, que estaban dispuestas a abandonar a un bebé, en la puerta de prácticamente un desconocido.
Se levantó y lo miró y las lágrimas empezaron a correr nuevamente. Acercó su mano a la mejilla del pequeño y acarició su mejilla con el pulgar.

—Lo tiró como si fuese… basura —susurró para si mismo y sintió como se ahogaba con sus propias palabras.

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Holaaaaaaa!!! Falta la segunda parte de este capítulo. Espero que les haya gustado. Se que algunas personas no estaban del todo conformes con que un niño haya aparecido en la historia, pero como siempre les digo, confíen en mi. Esta historia es diferente a las otras que he escrito y si que va a gustarles, aun si no les gustan los niños, yo tampoco soy muy fan de los bebés. Van a aprender a querer a Joel, estoy segura xD

É incrível como algumas pessoas nos fazem sentir em casa, elas são raras, mas logo de cara a gente percebe, elas carregam consigo uma boa dose de amor, estrelas no olhar e sempre um colo para quem precisar.
—  Felipe Bueno
1...

Murió a mitad de semana, en un día tal vez rutinario para muchos.
Murió tal vez de la manera mas boba y por las razones más estúpidas, pensara cualquiera que conozca su historia. Pero esas personas que lo juzgan no se dieron cuenta de lo mucho que necesito a alguien que lo ayudara a cambiar de opinión, o de sentimientos.

Creció rodeado de mucho amor y desamor a la vez. En su casa rara vez habían peleas, pero casi nunca veía a sus demás familiares -¿pasará algo?- se preguntó. En sus cumpleaños solo están sus padres -¿me odiaran?- se preguntaba, pero seguía con la esperanza de algun dia compartir con aquellos que nunca estaban. Pero… ¿cuanto de dura la esperanza de algo mejor?.. en un futuro lo sabrá.

Lucy, la primera niña en hablar el primer dia de escuela. Algo tímido y miedoso para su edad, pero no como no serlo cuando siendo tan pequeño no sales de circulo de confort.

(Puede que continue con esta historia. Pero el futuro es tan insierto que no sabremos lo que pase mañana. Pero algo si es seguro, y es que haras tu presente para ver un futuro.)
¿Sentiste algo más? #2

Pareja: Jainico

Palabras: 1.080 aprox

Advertencia: Ninguna

Estas son personas reales, por lo tanto no me pertenecen; este contenido no es para insultar a los integrantes, solo es por gusto personal.

—> Primera parte <— –> Tercera parte <– –> Cuarta parte <– –> Quinta parte <– –> Sexta parte <– –> Séptima parte <– –> Octava parte Final <–

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-Alfredo desafiante dice- Ya sabes el por qué no es bueno enamorarse de una persona que no te corresponde.

Se da vuela y sigue haciendo su labor de ver que juegos van a jugar. Nicolás permaneció quieto.

-¿Qu- El menor lo interrumpe.

-No quiero hablar del tema; por favor.

-…- se sacudió la cabeza- me voy pa` abajo…

-Bien…

Nicolás se levanta de su cama y se dirige al primer piso; antes de cerrar la puerta de su pieza dirige su vista a Alfredo… lo mira con confusión; cierra la puerta y sigue su camino.

Al bajar al primer piso se encontró con el Edgar y el Yelo conversando en el sillón.

-¿Oye y el Jaime?- pregunta el Edgar.

-Ah! eh… está arriba- responde distraído- sigue buscando juegos.

-Ah ya- lo mira un tanto confundido.

-Eh, ¿ya terminaron los contoples?

-Sip- responde Yelo alegre.

-Ya- se sienta en el sillón que estaba desocupado y empiezan a hablar.

—+—

Pasaron unos 5 minutos y ya habían llegado el Bestia con el Pesho.

—+—

Jaime al fin bajó; no se dignó a mirar a Nicolás, simplemente lo ignoraba; no sabía si era por su orgullo o porque tenía miedo de que se dirigiera a él para decirle que ya no quería su amistad… lo único que pensaba que lo ayudaba era simplemente ignorándolo.

Nicolás todavía sin creerse lo que pasó allá arriba, trataba de no confundirse; no podía gustarle su mejor amigo, ¡no podía! Ambos eran hombres, ambos totalmente diferentes… pero lo más raro es que no le disgustó el beso, fue raro y tiene que admitirlo, pero no fue desagradable. La pregunta era:

¿Lo volvería a hacer?

—+—

Todos ya listos con los completos, las bebidas y el copete, se dirigieron directamente al cuarto del dueño de casa Holyfuuu.

Es rara la situación que hay ahora; Alfredo que estaba nervioso y distraído, ahora se veía que estaba con menos despreocupaciones y más confianza; pero por dentro se sentía inquieto, todavía tenía el recuerdo de que había besado a su mejor amigo, a su compadre, al que molestaba aunque no tuviera motivo alguno, al que ama… en cambio Nicolás; estaba confundido, le hablaban y no hacía ningún movimiento de vida o que le interesara la conversación, simplemente se ahogaba en sus propios pensamientos.

-¿Qué me pasa wn?- se dice a sí mismo en voz baja restregándose la cara y tratando de tener algo en claro.

Pero no lo único que tenía en claro es que Jaime lo había besado y no podía enfrentarlo. Nicolás no es homofóbico y nunca lo ha sido; es más, tenía un pasado el cual no quería recordar…

*Flash Back*

-Suspira- Nunca debí seguirle a mi corazón, soy un mongólico qlo; debí ser como los demás; debí ser normal.

Nicolás con 16 años de edad, se encontraba en su cuarto a punto de romper en llanto; estaba sentado en su cama con las manos en su rostro- ¡¿POR QUÉ WN POR QUÉ?!- se lamentaba por lo sucedido; nunca en su vida como estudiante o simple persona se sentía de tal forma.

En ese tiempo Nicolás era gay, tenía una relación con un compañero, bastante piola a decir verdad; pero llegó el día en que los demás se enteraron y simplemente no dejaban en paz a los dos chicos. Les pegaban, les rayaban en sus mesas palabras como “maricón” “gay” “presta el culo fácil” entre otros; no había manera de que los dos se defendieran, TODOS estaban en su contra; ninguno de los dos iba a decirle a su director o a sus profesores, porque si no, los matones que no aceptaban su sexualidad lo iban a poner más difícil de lo que ya es.

Nicolás le cuenta a su madre; primero de su sexualidad, lo cual lo tomó más bien de lo que se esperaba; segundo, lo ocurrido en la escuela, su madre como es tan “madre”, fue a la escuela, habló con el director y solucionó el problema; el director hecho a los matones de los dos chicos, dando la cara a los padres diciendo que sus hijos son unos homofóbicos y que agredían a dos chicos homosexuales.

Por defecto los dos chicos se separaron, nunca más se han vuelto a ver después de la escuela.

—+—

El inicio a la Universidad lo entusiasmaba, era otro comienzo, otro Nicolás. Conoció a unos compañeros de clases súper simpáticos, que al poco tiempo se volvieron en sus mejores amigos. Nunca les contó lo que tuvo que pasar en la escuela, y no lo iba a hacer.

Lo que enfrenta ahora Nicolás es que quedó con un pequeño trauma de la experiencia que vivió en plena adolescencia; nunca más ha tenido una relación con una persona; podríamos decir que se hizo asexual… nunca más tocó el tema de que fue gay, y nunca lo quiso asimilar; simplemente se olvidó de su pasado.

*Fin del Flash Back*

Su mente no estaba con su cuerpo literalmente; estaba en las nubes; sintió algo dentro de él cuando lo beso el menor… -no es amor- se dice a sí mismo; intentando convencerse de que no es amor lo que siente. Tiene que dejar de pensar en eso; su pasado, su presente; lo están comiendo vivo.

-¡NICO!- grita su querido amigo Eddie.

-Ah! ¿Qué pasa?

-Wn hay estado callao hace rato y se te ve un tanto triste o no se- se sienta al lado- ¿te pasa algo?

-No es nada- mira a los demás que están jugando- tengo que distraerme.

-Yo te distraigo; ¡cabros! Háganle un espacio al Nico que quiere jugar- mira a Nicolás con una enorme sonrisa.

Nicolás le sonríe de igual manera, aunque muy poco creíble que estuviese feliz.

—+—

Habían pasado la madrugada entera jugando diferentes juegos; aunque sean pencas; se sentían felices tirando tallas y diferentes cosas.

A la hora de las 05:47 a.m. ya estaban casi todos dormidos; excepto dos personas. Adivinarán quienes eran: Nicolás y Alfredo.

Los demás estaban distribuidos por toda la habitación; el Bestia estaba en el piso al igual que el Pesho; el Edgar estaba sentado durmiendo, y a su lado estaba el Yelo, abrasado al mayor- Que se ven tiernos los qlos- se dijo Nicolás mirando la escena del Yelo y el Edgar.

Los dos despiertos estaban en la cama del mayor, estaban simplemente sentados mirando a la nada.

-Perdón- dice el menor.

-¿Por qué te disculpas?- dice serio mirando aún al frente.

-Por lo que hice hace unas horas…, de verdad Nico sorry yo n- Lo interrumpe el mayor.

-No me disgustó.

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Buuueeenooo ¿¿Cómo están?? :D no me odien, por fa u-u tendrían que amarme por que seguí con esto!… esu xD comenten que les pareció, si les gustó, si no les gustó; si quieren que la siga, si no quieren que la siga… etc :D corazoncitos para ustedes! <3 Bays~