campoestrella

Los Stark no se parecían a los demás hombres. Ned se llevó al bastardo a casa con él, y lo llamó «hijo» ante todo el norte. Cuando las guerras terminaron por fin y Catelyn se trasladó a Invernalia, Jon y su ama de cría ya estaban instalados allí. Aquello le dolió. Ned no hablaba de la madre del niño, no decía ni una palabra de ella, pero en el castillo no había secretos y Catelyn oía a las doncellas contar las historias que a ellas les habían relatado los soldados de su esposo. Hablaban en susurros de Ser Arthur Dayne, la Espada del Amanecer, el más mortífero de los siete caballeros de la Guardia Real de Aerys, y de cómo el joven señor de Invernalia lo había matado en combate singular. Y contaban cómo luego Ned llevó la espada de Ser Arthur a la hermosa y joven hermana de éste, que lo aguardaba en un castillo llamado Campoestrella, a orillas del mar del Verano. Lady Ashara Dayne, alta, rubia, con ojos hechiceros color violeta. Catelyn había tardado quince días en reunir valor suficiente, pero al fin, una noche en la cama, preguntó directamente a su esposo qué había de verdad en aquello.

Fue la única vez en todos sus años de matrimonio en que Ned le dio miedo.

—No vuelvas a preguntarme nunca acerca de Jon —dijo con voz fría como el hielo—. Es sangre de mi sangre, no tienes por qué saber más. Y ahora, quiero que me digas dónde has oído ese nombre, mi señora.

Ella le había jurado obediencia. Se lo dijo. Y desde aquel día los rumores habían cesado, y el nombre de Ashara Dayne no se volvió a pronunciar entre los muros de Invernalia.