caminara

Un cuerpo no define a una mujer.

“Un buen cuerpo no define el tipo de mujer que eres. Un buen cuerpo solo es el cascaron de lo que llevas por dentro pero no debe existir algún tipo de conexión. El cuerpo es algo que se desintegra con el tiempo, el desechable del alma.
Lo único que puede definir a una mujer es su carácter, la manera en la que se dirige, la manera en la que se hace respetar, en la que busca salir adelante a pesar de los problemas y de los dolores a los que tiene que enfrentarse en su día a día. A una mujer le define la manera en la que defiende lo que le pertenece de la manera más justa posible.
Una mujer que encuentra la seguridad en el cuerpo que posee al final se quedará sin nada porque el cuerpo se destruye, cambia y al final no vale nada; mientras que la persona que encuentra la seguridad a base del fracaso, de las criticas y de las pruebas que ha tenido que pasar es una mujer que sabrá como defenderse con o sin un buen cuerpo. Es una mujer que con astucia porque sabrá como dirigirse y como enfrentar día a día la vida sin temor al fracaso, sin temor al dolor o a las pruebas que han de venir porque se sentirá segura, porque sabrá que sabe que nada la ha detenido y  nada que la detendrá. Se sentirá segura y caminara con la cabeza en alto, será independiente porque sabrá que todo ella lo conseguirá con su propia mano, porque sabe que no necesitará de alguien para poder salir adelante.
Porque una verdadera mujer es capaz de enamorar a un hombre sin la necesidad de tener un cuerpo espectacular, porque sabrá utilizar su cerebro y su alma ara demostrar la gran mujer que es y demostrar que lo que verdaderamente importa es lo de adentro. Pero esto no quiere decir que las mujeres más luchonas no poseen un cuerpo hermoso, porque hay mujeres que han sabido como cuidar todo lo que tiene, han sabido cuidar lo que llevan por dentro pero también cuidar lo que tienen por fuera. Una mujer no debe enfocarse en cuidar solo su exterior porque perderá su tiempo; una mujer debe aprender a cuidar todo lo que sale de su boca, lo que hace con sus manos, sus pensamientos, su mente, adquirir conocimiento, saber como caminar en diferentes situaciones, mantener una buena salud, ser independiente, lugar por sus sueños, luchar por alcanzar todas sus metas, trabajar y conseguir lo que desea con esfuerzos. Una verdadera mujer sabrá como comportarse frente a diferentes tipos de personas, sabrá enamorar perdidamente a un buen hombre y sabrá tener a su lado lo que le conviene… y lo que no sabrá como sacarlo de su vida; porque una mujer sabe lo que es mejor para ella y no tiene miedo de dejarlo por más que le duela porque sabrá que si es lo mejor para ella entonces eso es lo que tiene que hacer.”

Aquella tarde en Junio hacia un sol asfixiante,

andaba solo y distante,nada interesante,

de repente vi aquel hombre perdido y sin direccion,

espiritu solitario ayudado por un baston.

Perdona soy ciego y creo que me he perdido,

tranquilo amigo,le dije,dime adonde vas que voy contigo,

se mostraba amable como en un juego,

recuerdo que me conto un buen chiste sobre un hombre ciego.

Me pillo de camino y le acompañe a su barrio, 

me llamo Mario,voy por tu calle a diario,

trabajo por aqui cerca,mi hermano me trae en su moto,

al edificio de la ONCE ahi en Federico Soto.

Nuestro encuentro llevo a otro,la amistad surgió temprano,

quedamos algunas tardes de aquel calido verano,

entre cafes y tertulias me hablo de su esposa hijas,

las describia,sonreia y besaba su sortija.

Dijo que con la edad de Jesucristo en la cruz,

sintio disipar su vista pero jamas su inquietud, 

Dentro de otra dimension por una enfermedad extraña,

jugo sus cartas y hoy sin mas se las apaña,

sin la suerte de otros,el temor que mas le daña,

haber olvidado el rostro de aquellos que le acompañan.

Mario superheroe anonimo al que nadie mira, 
la gente cruza su paso y por no molestar le esquivan,

caminara seguro hasta que su alma se complete,

le veras pastar y caeras en la cuenta de que.

 Así es como la vida enseña, miro mis problemas, mira tus problemas, que alma es grande ¿cuál pequeña?
El destino utiliza las maneras más extrañas
Nos concede un futuro, pero luego nos engaña
Cuando menos lo esperas puede sucederte algo,
truncar tu rumbo,cambiar tus actos, el arte de adaptarte y vivir,una lección que aprendi,
cuando conoci al hombre que siempre estuvo alli.

Mujer Divina

Ten cuidado que eres mujer divina
Y no lo sabes.
Yo sí lo sé, y aun así me has hechizado
Tal vez tu sin querer y yo queriendo

Caí rendido a tu mirar
Enredado en tus cabellos
Atolondrado por tu palpitar
Seducido por tu labios rojos

No tengas cuidado
Caminaras por ahí encendiendo corazones
Unos duros y otros frágiles
Sin dejar el amor de lado

—  Samuel Bejarano
Palabras

No estoy molesta, no es eso… Si tan sólo supieras como mi siento mi corazón destrozarse por completo, como en mi garganta hay un nudo que no me deja hablar, como mis lágrimas recorren mi rostro, como mi memoria me trae tus recuerdos, como mi piel siente tu ausencia, como tus besos me van a hacer falta, como tú sonrisa me devolvía la alegría, como tus ojos me hacían creer en el amor, como tus abrazos me llenaban de ternura, como tu voz me hacía viajar a otro mundo, como tú sola presencia me hipnotizaba. 

Si supieras todo eso, no me dirías que estoy molesta contigo, al contrario hoy estoy de luto, de luto por tu amor, de luto por creer en vos, por dejarte entrar a mi vida, por confiar en ti, por compartir mis sueños, por imaginarme un para siempre, por dormir contigo y besarte a las noches, por pensar que te podría escuchar en tus días tristes o aquellos en donde estabas feliz, que podría cuidarte cuando estuvieses enfermo, que te podría brindar calor cuando así fuese necesario; yo mi amor, quería que estuviésemos juntos, que contaras conmigo, que nos llenáramos de besos y risas, que caminaras conmigo en mis días de soledad, ser tu apoyo y tu el mío. 

Con todo y eso, yo aún te quiero y me duele que hoy acabara todo, yo te dí lo mejor de mi, con mis tristezas y demás, siempre pensé en vos y aún te llevo acá muy adentro, aunque posiblemente vos ya no quieras pensar más en mi, así que no me digas el porqué estoy molesta, porque no lo estoy, yo sólo siento dolor, tampoco te odio, ni te deseo el mal ¿Qué no ves que yo aún te amo? ¿Y si vos me decís que me amas por qué entonces ya no quieres estar conmigo? Acabas de matarme sin darte cuenta, acabas de romper una vez más mi corazón ¿En que momento me dejaste de querer?

Creo que nunca me vas a responder, temo decirte que yo te quiero y que hoy estoy sufriendo de amor, hoy mi corazón está inmerso en el dolor, ya no resiste más… ya no. Me dueles y me vas a hacer falta, pero por favor, no me llenes con excusas del tiempo, porque ambos sabemos que no es verdad, yo sólo quería ser feliz contigo, pero si así tiene que acabar pues te digo adiós, sé que con el tiempo me sentiré mejor, te digo adiós con la esperanza de quizás ser más fuerte para el mañana. 

Prosa poética original de @skinny-love11

  • Chica-acuario: Me sentí como en un túnel, pero este túnel no tenia paredes ni fin, por mas que caminara, por mas que avanzaba, lo único que conseguía era retroceder, no podía escapar, estaba atrapada y siempre él estuvo allí, creeme, traté de huir, de ordenar mi vida y no sentir nada por él, pero entonces el llegaba con su sonrisa y todo se esfumaba, traté y no pude.
  • Chica-aries: ¿y que ocurrió?
  • Chica-acuario: me enamore...
Si el amor fuera un numero, sería uno. Si el amor hablara, sería muy incoherente. Si el amor fuera objeto, sería una puerta. Si el amor caminara, andaría descalzo. Si el amor fuera médico no sería cardiólogo, sino gastroenterologo. Si el amor fuera una carrera, sería arquitectura. Si el amor fuera letra, sería vocal. Si el amor fuera pintura, sería abstracta. Si el amor fuera poema, no rimaría. Si el amor fuera un refrán, sería “más vale tarde que nunca”. Si el amor fuera calle, sería de doble sentido. Si el amor fuera visita, no sería puntual. Si el amor fuera despedida, diría “hasta luego”. Si el amor fuera petición… no sería amor.
—  Hablando Sola- Daniela Rivera
Carta a un hijo.

“Era una mañana como cualquier otra. Yo, como siempre, me hallaba de mal humor.
Te regañé porque te estabas tardando demasiado en desayunar, te grité porque no parabas de jugar con los cubiertos y te reprendí porque masticabas con la boca abierta.
Comenzaste a refunfuñar y entonces derramaste la leche sobre tu ropa. Furioso te levanté por el cabello y te empujé violentamente para que fueras a cambiarte de inmediato.
Camino a la escuela no hablaste. Sentado en el asiento del auto llevabas la mirada perdida. Te despediste de mi tímidamente y yo sólo te advertí que no te portaras mal.
Por la tarde, cuando regresé a casa después de un día de mucho trabajo, te encontré jugando en el jardín. Llevabas puestos tus pantalones nuevos y estabas sucio y mojado.
Frente a tus amiguitos te dije que debías cuidar la ropa y los zapatos; que parecía no interesarte mucho el sacrificio de tus padres para vestirte. Te hice entrar a la casa para que te cambiaras de ropa y mientras marchabas delante de mi te indiqué que caminaras erguido.
Más tarde continuaste haciendo ruido y corriendo por toda la casa.
A la hora de cenar arrojé la servilleta sobre la mesa y me puse de pie furioso porque no parabas de jugar. Con un golpe sobre la mesa grité que no soportaba más ese escándalo y subí a mi cuarto.
Al poco rato mi ira comenzó a apagarse.
Me di cuenta de que había exagerado mi postura y tuve el deseo de bajar para darte una caricia, pero no pude. Cómo podía un padre, después de hacer tal escena de indignación, mostrarse sumiso y arrepentido?
Luego escuché unos golpecitos en la puerta. ‘Adelante’… dije, adivinando que eras tú. Abriste muy despacio y te detuviste indeciso en el umbral de la habitación.
Te miré con seriedad y pregunté: ¿Te vas a dormir? … ¿vienes a despedirte?
No contestaste. Caminaste lentamente con tus pequeños pasitos y sin que me lo esperara, aceleraste tu andar para echarte en mis brazos cariñosamente.
Te abracé….. y con un nudo en la garganta percibí la ligereza de tu delgado cuerpecito.
Tus manitas rodearon fuertemente mi cuello y me diste un beso suavemente en la mejilla.
Sentí que mi alma se quebrantaba.
‘Hasta mañana papito’ me dijiste.
¿Qué es lo que estaba haciendo?
¿Por qué me desesperaba tan fácilmente?
Me había acostumbrado a tratarte como a una persona adulta, a exigirte como si fueras igual a mí y ciertamente no eras igual.
Tu tenías unas cualidades de las que yo carecía: eras legítimo, puro, bueno y sobretodo, sabias demostrar amor.
¿Por qué me costaba tanto trabajo?,
¿Por qué tenía el hábito de estar siempre enojado?
¿Qué es lo que me estaba aburriendo?
Yo también fui niño.
¿Cuándo fue que comencé a contaminarme?
Después de un rato entré a tu habitación y encendí con cuidado una lámpara.
Dormías profundamente.
Tu hermoso rostro estaba ruborizado, tu boca entreabierta, tu frente húmeda, tu aspecto indefenso como el de un bebé.
Me incliné para rozar con mis labios tu mejilla, respiré tu aroma limpio y dulce.
No pude contener el sollozo y cerré los ojos.
Una de mis lágrimas cayó en tu piel. No te inmutaste.
Me puse de rodillas y te pedí perdón en silencio.
Te cubrí cuidadosamente con las sábanas y salí de la habitación……..
Algún día sabrás que los padres no somos perfectos, pero sobre todo, ojalá te des cuenta de que, pese a todos mis errores, te amo más que a mi vida.”

BRUJA

***Este escrito lo puedes leer mientras escuchas “Come save me” de Jagwar Ma [the pachanga boys jagwar pawar version] track el cual escuchaba mientras escribía. ***


Siempre fuiste buena conmigo, aunque a veces no entendiera tu manera de quererme. El día que nos conocimos llegué tarde, qué raro.
Nos quedamos de ver en el metro villa de Cortés y cuando llegué no sabía ni por dónde buscarte. Estabas afuera con un amigo, en su coche. Llegué y él nos presentó. Me abrasaste y sentí que tus abrazos eran de esos que rara vez te dan, o das. Fuimos a mi casa, me gustaba que caminaras como chueco. Llegando hiciste un desastre espantoso, siempre fuiste así. Nunca te importó que tuviera que limpiar todas tus estupideces. Pero todo lo arreglabas con una simple mirada. Y después hasta logré acostumbrarme. Me gustaba que hicieras desastres en mi. En mi cabeza, en mi corazón, en mis fines de semana… Hasta en mi piel.
La primera vez que dormimos juntos no me abrazaste. Te alejaste y ni siquiera te sentía conmigo. Me gustaba que estuvieras ahí, acompañándome. Pero no sabía porque no me dejabas quererte. Al otro día me despertaste muy temprano. Diciéndome un montón de cosas que no entendía. Siempre me decías cosas así, nunca te entendí pero tampoco te lo dije. Esa vez sólo sonreí y asentí con la cabeza.
Al principio, cuando apenas nos conocíamos, estabas muy triste. Decías que extrañabas a alguien y dormías casi todo el tiempo. Todo ese tiempo me di a la tarea de cuidarte. Te contaba historias, te ponía música alegre y te sonreía. No te gustaba bailar, ni que bailara. Siempre te enojabas. Y terminábamos abrazados, tirados en la cama hasta que te quedabas dormida. Siempre te abrazaba cuando dormías, te besaba, jugaba con tu pelo.
Poco a poco dejaste de estar triste. Dejaste de dormir todo el tiempo, dejaste de llorar. Dejaste de sentir ese vacío. Porque ese vacío ahora lo llenaba yo. Nunca me lo dijiste. Pero yo lo sabia. Empezaste a quererme. Y a extrañarme. Y abrazarme.
Entonces llegaron los celos. Siempre me celabas. No podíamos salir a la calle sin que vieras a todas las mujeres del camino con esa mirada tan penetrante que tanto intimidaba. A veces llegaban a saludarme y tú morías por dentro. Las atacabas con miradas y sonidos disonantes. A mi no me molestaba. A veces hasta me gustaba, sólo porque sentía que así me decías que me querías.
Siempre salíamos los fines de semana. Íbamos a uno de tus lugares favoritos; el bosque. Llegando ahí no hacíamos mas que caminar. Casi nunca caminabas conmigo, siempre estabas adelante o atrás o a un lado muy lejos. Pero no cerca, cerca no. Querías sentirte libre, libre pero sin dejarme. Querías ser libre sin tener que apartarte de la protección que yo te ofrecía.
A ratos descansábamos, nos recostábamos en el pasto sin hablar. Me gustaba verte suspirar de cansancio.
Íbamos todos los fines de semana. Jamás se me va a olvidar aquella vez en la que encontramos un lago a la mitad del bosque. ¿Ya te dije que estabas loca? ¿No? Pues lo estabas, siempre te lo decía. Esa vez te tiraste al lago sólo para que te sacara. Yo no sabía qué hacer. Me daba miedo el agua porque estaba verde. Y tampoco quería mojarme porque era muy temprano y la temperatura estaba muy baja. Despacio fui a sacarte y terminamos los dos empapados y con mucho frío. –Estas loca– te dije. Pero ni siquiera me volteaste a ver.
Esa fue de las ultimas veces que fuimos al bosque. Nos empezamos a distanciar. Aunque yo procuraba verte todos los días. Dejamos de ir porque en ese momento yo tenía cosas “más importantes” que hacer. Y no sabes cómo me arrepiento. Jamás fueron más importantes que tú, jamás fueron más importantes que nada.
Yo sabía que me iba a ir. Y que iba a ser pronto. Quería que vinieras conmigo. Pero sabía que no podías. Así que ni siquiera lo sugerí.
Llegó el día temido y fui a verte. Nos vimos y actué normal como siempre. Te dije que me iba pero no por cuánto tiempo. Te dije que te iba a extrañar. Te dije que te quería… Y tú sólo me miraste, como siempre.
Me fui y a la semana regresé, estabas tan contenta de verme. Me abrazaste como nunca. Te veías tan feliz que no quise decirte que no era definitivo mi regreso.
Volví a irme. Volví a despedirme. Pero esta vez, no regresé.
Por lo menos no inmediatamente.
Cuando conoces a alguien jamás piensas en el día en que lo veras por ultima vez. Jamás piensas cómo se van a despedir. O qué dirás cuando llegue el momento. Ni siquiera piensas en si va a ocurrir o no. Jamás piensas que cualquier día puede ser el último día en que se vean las caras. En que se digan que se quieren. En que se abracen. Sólo pasa. Y te quedas pensando en todas esas cosas que nunca dijiste y que te gustaría haber dicho por lo menos una vez. Te pones a pensar en todo ese tiempo que desperdiciaste enojándote o en todas las veces que no quisiste ver a alguien por hacer algo más. Te pones a pensar en que ya no está contigo, ni estará. Y no hay forma de pueda volver a estarlo.

Sí regresé. Pero llegué tarde. Como cuando nos conocimos. La única diferencia; es que ahora ya no estabas tú.

Un gusto, me presento:
Soy el hombre que no necesitas porque lo único que necesitas eres tú.
No soy el amor de tu vida, no soy el chico de tus sueños, tengo mil defectos.
Soy un hombre con delirios de poeta, con metas inmensas, quiero vivir aventuras, disfrutar cada día de mi vida.
Soy el hombre que no te hará su principal prioridad, pero si serás una.
Soy el chico que escribirá poesía para ti, poesía linda, poesía perversa, poesía infinita. Te prepararé té, café, chocolate.
Soy el hombre que caminara orgullo al lado tuyo. Soy el hombre que entenderá que tienes miles de cosas por hacer y que no se enfadará por estupideces.
Soy el chico que contigo compartirá sus cigarrillos, soy el hombre que te comprará libros.
Tenía miedo de encontrarte, de quererte, de amarte.
Tenía miedo de que entre la gente caminaras con el peso de tu mano sobre mi brazo.
Tenía miedo de conocer tus ojos, de tocar tus labios.
Tenía miedo de encontrarte después de tantas eternidades y tantos llantos.
Tenía miedo de perderte incluso antes de haberte encontrado.
—  Yazheel YaoYoltzin - Tlatemoani

Hoy noté que las calles de Nueva York también te extrañan.
Nunca habían sido tan frías y desoladas.
Nunca se habían visto tan tristes sus árboles secos.
Nunca había llorado tanto el cielo, hasta que le mencioné tu nombre al viento.

Te extrañan, y quisieran que caminaras de la mano conmigo a través de ellas para sentir tu calor. Que nos paráramos en una esquina y miráramos al cielo para que dejara de llorar. Que nos sentáramos en el parque a mirar sus árboles para que tuvieran a quien sonreírle.

La ciudad sabe que te extraño, y se sintió tan conmovida que empezó a extrañarte conmigo.

—  Cartas de Un Amor a Distancia, Marcos J. Ramírez
Reflejos: Capitulo 1 - Hablando Solo (Wigetta)

Me encontraba arreglando mi camisa frente al espejo del baño, estaba por salir del turno y regresar a casa, ya era algo tarde en la noche, pero la ventaja de vivir en Los Ángeles era que la cuidad era muy activa, inclusive durante la noche. Así que podía irme por las calles principales, aunque mi chófer personal me espera.

Me miré una vez más al espejo para poner mi cabello simétrico, odio cuando no lo está, mi barba ya se estaba haciendo presente en mi rostro, debo de afeitarme ya.
-Samuel deprisa, aún quieres que te deje en tu casa ¿no?- se escuchó la voz de mi amigo y compañero.
-Frank espera un poco, ya voy.- respondí tratando de arreglarme bien el cabello.

¿Quién soy?, me presento, me llamo Samuel De Luque, tengo veinticinco años de edad, “añetes” como yo les digo. Pues, ¿qué les puedo contar? Soy una persona sencilla, amable, que adora el deporte y ayudar a la gente. Pues en eso consiste todo mi trabajo.
Soy algo ancho de hombros debido a mi musculatura, alto y con pelo en pecho, lo que me hace ver algo más maduro de lo que realmente soy. Pero esa madurez la necesito para mi trabajo, me sirve mucho. Siempre me han dicho que tengo una bella sonrisa que alegra a los demás, soy dedicado, buena persona supongo, y como decía mi madre: “un joven ejemplar”.

-¡Vamonos Samuel!- apresuró Frank golpeando la puerta del baño.
-Un minuto- yo me seguía arreglando -. Te prometo que le golpearé- dije mirando al espejo con algo de rabia -. ¿Cómo puedo callarle la boca?- pregunté.
-Deja de hablar solo y apresúrate, quiero llegar a casa, mañana me toca el turno temprano.- golpeó impaciente una vez más la puerta.
-Oh, joder, que pesado que es…- Como gracias a los Dioses, finalmente había terminado de arreglarme. Joder, no tardo mucho, que exagerado que es.
Abrí la puerta y se hizo ver mi amigo. Frank Garnes otro joven en este sitio, es algo menor que yo, tanto en tamaño como en cantidad de añetes. Tiene un cabello hacia arriba, aunque algo corto para su gusto, pero era por temas laborales. Poseía una sonrisa muy alegre y una risa contagiosa. Me agrada mucho pasar tiempo con él, me alegra el día.

Pero bueno, la historia no va en dirección suya. Por ahora.

-¿Sabes?, a veces me preocupa lo que te tardas en arreglarte- hablaba Frank caminando a mi lado para salir del lugar -. ¿No has pensado en que quizás seas mujer?- bromeó con carcajada incluida.
-¿No has pensado en cambiar tu risa?- contraataqué riendo más fuerte al ver la cara de Frank cambiar.
Caminamos molestando desde los baños, salimos y saludamos a algunos de nuestros compañeros. Nos despedimos de nuestro superior y salimos del edificio.

Miré atrás un momento viendo el cielo ya más oscuro, observé el edificio en el que trabajo. La Sexta Comisaría de la ciudad de Los Ángeles. Era el lugar donde frecuentemente llegaba a trabajar junto a mi compañero. Frank y yo somos policías de L.A. ya hace dos años ejerciendo justicia y seguridad a la gente. Porque si que era necesario policías rondando por Los Ángeles. Ambos eramos orgullosos de nuestra profesión y de todo lo que llevaba eso, es bastante complicada. Fue complicado el entrenamiento y las enseñanzas, pero con tiempo y dedicación, pudimos manipular hasta las armas.

-Ahora hablando enserio- dijo Frank una vez en el auto mientras se colocaba el cinturón -. ¿Enserio siempre hablas solo al espejo?- preguntó Frank encendiendo el motor.
-Tío, ya te lo he dicho, son ejercicios de autoestima. Cosas de motivación frente al espejo.- me defendí con nervios.
-Sí, pero no es normal que alguien se hable tanto al espejo.
-Bueno, quizás de verdad quiero motivarme a mí mismo y hacer las cosas bien.- contesté subiendo mi ceja. Condujo desde la comisaría hasta el centro de la ciudad. Me acomodé la camisa azul oscura que llevaba, soltándole el primer botón. Ya que habíamos salido y pronto estaríamos de civiles podía relajarme un poco.
Miré a la ciudad, luces por todos lados, teatros, cines, restaurantes, diferentes lugares que jamás he visitado. Vi una cola increíble para entrar a un teatro.
-Deberíamos ir al teatro algún día, ¿te gustaría?- pregunté en una dirección. Esperando la respuesta sin quitarle la mirada al lugar.
-¿Quieres ir al teatro?- preguntó Frank lo que me hizo saltar del susto. No me esperaba esa respuesta… digo…
-¿Te gustaría ir?- le miré con el corazón en mano del susto recién pasado.
-Sí, creo que sería interesante…- vale, acabo de hacer una cita con Frank para el teatro, ¿podría esto ser más homosexual?
-Vale, ¿y a comer?- pregunté repitiendo las palabras que oí.
-Claro, sería bueno distraerse.- respondió sin dejar de prestarle atención al camino. ¿Qué mierda acabo de hacer? Hice un cita con Frank, mierda.

Me silencié un momento para no decir otra cosa, fruncí el ceño y enfoqué mi mirada en el retrovisor del auto de Frank. No quité mi mirada enojada de él.
-¿Aún sigues mirándote?- me miró Frank de reojo -, ¿tanto te amas?
-Calla.- me sonrojé y giré mi cabeza a la gente de la ciudad. Abriría la puerta y rodaría para salir de lo incómodo de esto. Gruñí en un momento escuchando risas.
No demoramos mucho en llegar hasta mi casa. Frank detuvo el auto y me bajé.
-Gracias, tío.- me despedí.
-Nos vemos.- se despidió.
Por un momento me quedé parado viendo el automóvil y suspirando.
-Maldito.- murmuré al reflejo de un charco de agua que tengo en el suelo.

Vivo en la zona centro de la ciudad, en un departamento, quinto nivel. Tiene una buena vista de la ciudad nocturna, y como es la zona centro, frecuentemente veo las luces, escucho la música de los locales nocturnos y la gente bohemia.

Abrí la puerta luego de haber salido del elevador. Hogar dulce hogar. Entro para ver la cocina a mi izquierda y la sala al frente, están conectadas, paso directo a través de la sala y está un ventanal grande que da paso a mi terraza donde tengo una silla, plantas y una sombrilla. La cocina se divide con una isla, tengo una televisión frente a mi sofá verde de la sala, una mesa de centro en también. El suelo es de unas baldosas ásperas y bonitas de color marrón y gris, es el color principal de todo el departamento. Atrás del sofá hay unas escaleras de caracol que llevan a un pasillo en el segundo nivel, donde hay una baranda. En el pasillo hay dos puertas, una es el baño y la otra mi habitación.

Me acerqué a la nevera, pasando por el espejo que tengo junto a la entrada, y la abrí, saqué algo de beber en un vaso. Lo bebí de inmediato, necesitaba mojar mi garganta.
-Necesitaba esto, eh.- caminé hasta las escaleras, pasé junto a otro espejo y miré, no tengo ganas de ver televisión, necesito dormir.
Subí hasta el segundo nivel, mientras me soltaba la camisa de los pantalones y me saqué el cinturón. Entre la puerta del baño y mi habitación había otro espejo colgado.
-Hoy fue agotador, lo sabes.- me solté botón por botón la camisa de policía. Dejando ver mi físico, no presumo, es como cualquier otro que hace ejercicio.
Entré al baño y me cepillé los dientes, en todo momento mirando el espejo.
-Mañana tengo libre- murmuré escupiendo. Una vez estuve listo reí -. Serás tonto.
Caminé hasta mi habitación y tomé un espejo en el suelo para dejarlo sobre mi mueble.
-Ya vete a dormir.- reí.

Se preguntarán por qué hablo solo. Al igual que Frank, pues la verdad pura es muy diferente a los ejercicios de autoestima.
Yo no hablo solo, le hablo a alguien. Y ese alguien es uno de mis mejores amigos desde hace cuatro añetes. Frank dice que estoy loco porque él no sabe del tema. Aunque quizás sí, estoy loco. Pero he aprendido a sacar cordura dentro de mi locura.

Mi razón es de cabello negro, piel blanca, unos ojos oscuros y achinados, y una sonrisa que deja ver unos hermosos dientes junto a unas rojas, infladas y bellas mejillas. Se llama Guillermo, Guillermo Díaz. ¿Cómo hablo con él? Aún no sé bien la respuesta, pero soy el único que puede hablar con él. ¿Dónde está? Pues dentro de cada reflejo que se hace; espejos, vidrios, agua, pantallas, todo lo que haga un reflejo, ahí estará él siguiéndome. Es la razón por la que la gente cree que me amo tanto y por la que tengo la casa con varios espejos.

-¿De verdad te molestó que te hiciera una cita con Frank?- preguntó él que estaba en el espejo al frente de mí. Cuando caminé desde el baño y levanté el espejo, apareció en él, es como si caminara de un reflejo a otro junto conmigo.
Dejé mi pistola en el cajón y me comencé a quitar los pantalones. Guillermo siempre está en los reflejos, soy el único que puede verle y hablarle, por eso creen que tengo problemas, quizás mentales. Guille, o Willy también le digo, viste jeans, un abrigo gris y creo que una camiseta blanca, no sé si lleva zapatillas, no le he preguntado. Casi nunca veo su cuerpo entero, generalmente en los reflejos le veo desde la cintura hacia arriba.
-No es que me moleste, pero nunca he ido al teatro y no sé qué están actuando- dije quedando solo en boxers semi-desnudo y buscando mis pantalones de pijama, mis pies descalzos tocaban el frío suelo, me acomodé mi asunto abajo y me rasqué el culo -, ¿alguna idea? Ya que tú me hiciste esto- Guille no respondió, me giré y me miraba simplemente -. ¿Guille?- chasqueé los dedos.
-¡Ah!- exclamó.
-¿Qué puedo invitarle a ver?- repetí.
-Ah pues… no lo sé, no sé qué están actuando.- me dijo como volviendo en sí. Me puse la pijama y me lancé a la cama, estaba fría, pero pronto se abrigará con mi propio calor.
-Vale, espero que se me ocurra algo.- murmuré mirando el techo.
-Lo harás.- dijo Guille desde el espejo. Le miré y le sonreí, lo que hizo que él mirara a otro lado.
-¿Por qué nunca hacemos algo juntos?- le consulté y el tosió.
-¿Pues será porque estoy muerto y nadie me ve?- dijo con sarcasmo mientras soltaba una risa.
-Puede que sí, pero me gustaría saber mucho sobre ti.- murmuré.
-Además tu sabes que es agotador tener que ir de reflejo en reflejo contigo.
-¿Agotador?, eres un fantasma.- aclaré riendo.
-¡No creas que no me canso!
-Vale, vale… solo digo que algún día quisiera saber más cosas sobre ti.- a pesar de llevar tiempo viéndole y hablando con él, siento que falta mucho por conocer, pues cada vez que intento hablar con él sobre su vida, me cambia el tema o desaparece.
-Sí…- le miré fijo y serio, pero luego solté una sonrisa.
-Hasta mañana.- murmuré sonriente.
-Adiós, Samuel.- sonrió y lo vi desaparecer suavemente en el reflejo, como siempre se desvanece. Él es Guillermo, el fantasma y mejor amigo que veo en los reflejos. Y esta es nuestra memoria fantasmal.

Estás ahí

Hola cabros… am… ando un poco pal pico porque me acabo de enterar de una wea super mierda… la gente es mala weon…

Fandom: Jainico (Jaidefinichon/GOTH)
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Nicolás estaba sentado sobre su cama, su pecho se movia rapidamente por los fuertes y profundos sollozos de los que era victima en esos momentos. Sus mejillas estaban enrojecidas totalmente y de sus ojos no dejaban de salir grandes y gruesas lagrimas, no podía deter aquel llanto, tampoco le importaba hacerlo, necesita desahogarse, su amado gato Sushi había muerto esa misma mañana gracias a que algun vecino lo había envenenado, quizá para la demás gente parecería demasiado estar así por un gato habiendo tantos de los mismo en la calle, pero para el moreno aquel gato era como su hijo, lo había cuidado y querido como a ningún animal que haya tenido antes.

Luego de unas horas de estar llorando incontrolablemente cayó dormido sobre su cama, como necesitaba aquel descanso. Se despertó a eso de las ocho de la noche, se movió un poco y se dió cuenta de que estaba cubierto por una manta, no recordaba haberla tendido sobre él, desde fuera de su habitación se escuchaban los pasos de otra persona y mientras se preguntaba quién podría ser se levantó. Abrió la puerta de su habitación y asomo su cabeza, al no ver a nadie salió completamente y camino hasta la cocina que era el lugar de donde ahora provenian los sonidos de ollas mientras un delicioso aroma se extendía por la casa de Nicolás.

Al entrar en la cocina sonrió al ver a Jaime cocinando algo que no podía decir que era, pero olía delicioso, camino despacio por detrás del de barba puesto que este no había notado su presencia, cuando estuvo lo suficientemente cerca habló al oido de Jaime.

-Jaiiimeee~ -dijo con el ya conocido tono de ruiditos-.
-¡Por la conchetumareh! -dijo Jaime casi lanzando lejos el sartén que tenía en la mano- ¡AWEONAO CULIAO! ¡¿NO VEI QUE TE PUDE QUEMAR?! -se giró y miró de frente al más bajo-
-Enciendeme Jaime… -dijo ahora con su tono normal de voz y con una sonrisa un tanto triste- ¿Cómo entraste weon?
-Jaime observo detenidamente la cara de Nicolás, sus ojos estaban rojos y algo hinchados y podía verse claramente el camino que las lagrimas habían recorrido por sus mejillas, le dolió el alma al verlo así- Acuerdate que me dejaste un juego de llaves pa’ que te cuidara la casa cuando no estuvierai’.
-Oh, verdah weon… ¿Y qué te trae por aquí? ¿Queri’ seducirme? ¿Por eso me cocinai’? -soltó una risilla el moreno-
-No weon… -dijo sonriendo de medio lado- me enteré de lo del sushi…
-Ah… -la sonrisa de Nicolás se volvió aún más triste- por lo menos ya no sufre…
-Nico… -dejó el sartén sobre la cocina y abrazo al moreno protectoramente- yo sé cuanto queriai’ a ese gato…
-Gracias Jaime… -correspondió el abrazo del mas alto sin pensarlo dos veces, algo había en su amigo que le relajaba- Oye… se te va a quemar la comía…
-Chucha, verdah… -soltó a su amigo y siguió cocinando-

La cena entre ambos fue bastante divertida y amena, lo cual ayudó a subir un poco el animo de Nicolás. Al pasar las horas Nicolás le propuso a Jaime comprar unas cervezas y hacerle una “despedida” a Sushi, solo ellos dos, el de barba aceptó y luego de que Nicolás se arregló un poco salieron juntos en dirección a la botilleria. Iban de vuelta a la casa cuando al pasar por en frente de la casa en donde dos señoras del vecindario conversaban, Nicolás y Jaime escucharon algo no muy grato.

-Sipo Rosa, ya no va a haber más olor a gato por acá… -dijo de manera burlona una de las señoras-
-Que bueno po Irma, pa’ que se pase la hediondes…

Nicolás paró en seco, Jaime le miro preocupado y pudo ver como dos lágrimas bajaban por el rostro de Nicolás, el de barba tomo de la mano al moreno y pasó rápido se acercó a las señoras.

-¿Usted enveneno al gato del Nico? -le dijo a la señora Irma-
-¿Y qué si fuí yo? No te metai’ niñito si el gato no era ni tuyo… -contesto enojada la mujer, luego miró las manos de ambos, las cuales se encontraban entrelazadas- mira Rosa, una pareja de maricones.
-Nicolás sintió sus mejillas enrojecer, iba a decir algo peeo Jaime le interrumpio- ¡¿Y QUE LE IMPORTA A USTED SI SOY GAY?! ¡PORQUE ESA ES LA PALABRA CORRECTA VIEJA RECULIA INCULTA! ¡NO CONTENTO CON MATARLE EL GATO A MI POLOLO AHORA LO INTENTA HUMILLAR EN PLENA CALLE! ¡VIEJA HIJA DE PUTA! ¡USTED ES DE LAS TIPICAS SEÑORAS QUE SE DESQUITAN CON LOS DEMÁS PORQUE EL MARIOH NO SE LAS CULEA YA! ¿QUIEN SE QUIERE CULIAR A ALGUIEN COMO USTED? ¡ESPERO QUE UN DIA LA ENVENEN A USTED COMO ENVENENO AL GATO DE MI POLOLO! -se dió media vuelta y tiro a Nicolás para que caminara con él, pero antes de irse giró su rostro y miró a la señora- ¡ANDA A HECHARTE VENENO EN LA ZORRA VIEJA MARACA! -y se fué del lugar junto con Nicolás-

Al estar denuevo en la casa Nicolás se avalanzo sobre Jaime y lo abrazó lo más fuerte que pudo, el de barba por su parte correspondió el abrazo aun algo agitado.

-Gracias weon… -decía Nicolás- gracias por estar aquí…
-No weon, no hay porque agradecer… ahora los vecinos van a pensar que eri fleto weon… -el de cabello castaño dejo escapar una risa-
-No me importa ser fleto si es contigo…
-¿Qué?… -Jaime miró confundido al más bajo-
-Nicolás no habló, solo platon un tierno y fugaz beso en los labios del contrario, luego se alejo sonriendo- Vamos a tomar weon…
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Y bueno… eso, adios.

-Jocho.

El dia que sea de la Ingame y graben los vlogs. Va a haber mucho salseo. En cada video va a haber muchos puntos de vista. Rubius va a estar con Mangel y Alex, Willy va a estar con Vege, Alex, Staxx, Abeel y luzu. Pero entonces mangel tambien va a querer a alex y se van a pelear por el (? Y es la primera vez que vamos a ver a vege caminar. Caminara sexymente y que muestren su trasero... okno xD