cadena de oro

El Templo de Uppsala fue un lugar religioso en Gamla Uppsala (Antigua Uppsala), cerca de la moderna Uppsala, Suecia, que fue creado para venerar a los dioses nórdicos desde tiempos prehistóricos. El templo está escasamente documentado, pero se hace referencia a él en sagas nórdicas y en la Gesta Danorum de Saxo Grammaticus.
También es descrito por Adán de Bremen:
“Los suecos poseían un templo muy famoso, que llevaba el nombre de Uppsala, y que no se hallaba muy alejado de la ciudad de Sigtuna. Este templo estaba construido totalmente con oro. <…> El templo está rodeado con una cadena de oro que cuelga en la fachada y deslumbra a los visitantes porque el santuario propiamente dicho se encuentra en el valle y está rodeado, como un teatro, por montañas.”
Cada nueve años todo el pueblo sueco celebraba una fiesta común. Por lo que a los participantes de dicha fiesta se refiere, no existía ninguna excepción: reyes y campesinos llevaban sus ofrendas a Uppsala y el más atroz castigo se aplicaba a los que habían aceptado el Cristianismo: eran excluidos radicalmente de las ceremonias. Las ceremonias eran del tipo siguiente: de cada especie de criaturas vivas del sexo masculino se ofrecen nueve cabezas y cada matrimonio tenía que ofrecer una víctima humana, con cuya sangre era costumbre aplacar la ira de los dioses. Los cuerpos de las víctimas desangradas eran colgadas en el bosquecillo que se encontraba junto al templo. Ese bosquecillo era sagrado para los paganos, y todo árbol en el que se colgaba o se descomponía el cuerpo de una de las víctimas era, a partir de aquel momento, un árbol santo. Al lado de los cuerpos humanos se colgaban también los cuerpos de los caballos y de los perros y, según me contó un cristiano, a veces se habían visto más de 72 cuerpos colgados y entremezclados. Por lo demás, las canciones que se cantaban durante esas escandalosas ceremonias eran tan impúdicas, que lo mejor es silenciarlas… Este rito se celebraba hacia la mitad de la estación primaveral"

Titania.

Titania. Sí, Titania sería tu nombre de heroína. Estás harta de putitos con doble identidad. Al diablo las capitas y los super héroes en mallitas. Es más, a la mierda el Santo. Tus películas estarían más chingonas: Titania contra el ex novio pendejo, Titania contra las flacas del pilates, Titania contra los hombres acomplejados.

Lo primero que viste cuando abrió la cajuela fue su cadena de oro. Te llevó a rastras al campo que conoces bien por tus reportajes, el mismo donde han encontrado a miles de personas muertas, el lugar donde duermen los desaparecidos, ese enorme pedazo de tierra pinchurriento y desolado que llaman México.

Puso la pistola en tu frente. Lo viste a los ojos y sonreíste, pobre pendejo no sabe con quién se mete. Titania no le teme a nada, Titania es a prueba de balas. Titania es…

Fue un día memorable, pues obró grandes cambios en mí. Pero ocurre así en cualquier vida. Imaginémonos que de ella arrancáramos un día especial y pensemos en lo distinto que podría haber sido su curso. Deténgase el lector y piense por un momento en la larga cadena de oro, de espinas o flores que, de no ser por la formación del primer eslabón en un día memorable, jamás le hubiese atado.
—  Grandes esperanzas, Charles Dickens