cabeza de martillo

One Shot Wigetta - Magic Circus

Holi! He hecho el shot en tercera persona porque me estaba oxidando un poco en ese aspecto, pero me he dado cuenta de que prefiero la persona porque aunque la tercera está llena de posibilidades me hago un lío con la omnisciencia de los personajes protagonistas y no sé hasta que punto puede llegar o abarcar a todos (?)

No esperéis encontraros con algo que os haga llorar o emocionar, no sé como catalogaría este shot… digamos que es bastante random, su principal objetivo es entretener (Eso sí, me voy por las ramas con las descripciones, como siempre)

Magic Circus

Guillermo se quedó mirando detenidamente la rayada carpa rojiblanca. Detestaba ir al circo desde que era niño, pues había experimentado una mala experiencia capaz de alejarle para siempre de aquel tipo de lugares. Apenas podía creerse que su grupo de amigos le hubiera insistido para acompañarles. Al enterarse de que vendría al pueblo un circo ambulante no habían hablado sobre otra cosa que no fuera ir. El moreno aceptó a regañadientes, aunque fuera lo último que le apeteciera sobre la faz de la tierra. Pese a que no se consideraba un chico influenciable, tampoco deseaba que sus compañeros le tuvieran por un muermo. Su mejor amigo ya se había encargado de comprar las entradas, y mientras tanto él estaba inspeccionando el cartel luminoso que proclamaba el nombre del circo: Magic circus. Los alrededores estaban abarrotados de niños pequeños correteando por el terreno y sus agotados padres yendo tras ellos. “Quizá no es demasiado tarde para echarme atrás” Pensó Guillermo, pues el hecho de que sus amigos estuvieran tardando le otorgaba más tiempo para pensar detenidamente en el error que había cometido al aceptar su propuesta. Como si le hubiera leído la mente, su mejor amigo apareció tras él y le tendió la entrada. Era una sencilla entrada de cartón, que repetía el nombre del circo en letras doradas.-Había mucha cola.-Se excusó David, ladeando una afable sonrisa. Guillermo suspiró y volvió a mirar a su alrededor, el circo estaba en mitad de un extenso descampado donde el sol relucía con tanta fuerza que las frentes de la mayoría brillaban por el sudor. Todos los clientes estaban deseosos por entrar, algunos para disfrutar del espectáculo y otros por poder emplear la enorme carpa para refugiarse del sol.-Hace mucho calor.-Se quejó el moreno, alegrándose de haber venido en manga corta. Ambos estuvieron conversando unos minutos antes de reunirse junto con el resto de sus amigos que esperaban en la fila que llevaba directa hacia la entrada. Guillermo se colocó tras David, los cabellos dorados de su amigo resplandecían como el oro bajo los rayos de luz. Lo siguiente que les quedaba era esperar a que pudieran entrar. Guille aguardó impacientemente, mientras más se acercaban a la entrada más eterna se le hacía la espera. Detrás de él había niños empujando y chillando, esos pequeños maleducados estaban despertando sus instintos homicidas y no contribuían a hacer más amena la espera. Fueron aproximadamente cuarenta minutos los que tardaron todos los clientes en conseguir entrar en la carpa y tomar asiento de manera civilizada.

Desde dentro la carpa aparentaba ser aún mayor, estaba tan cubierta que al haber entrado en ella parecía que se hubiera hecho de noche, que fuera un mundo aparte donde no aceptaban al sol. Era mejor que el exterior, el aire soplaba más fresco aunque estuviera atestado de todo tipo de olores desagradables. Más de seis filas de asientos rodeaban la carpa, resultaba increíble que todos estuvieran ocupados. El circo ya no era un negocio tan prospero como lo había sido antaño, pero en un pueblo tan desanimado toda novedad era bienvenida. El escenario era circular y se alzaba justo en el centro de la estancia, iluminado por coloridas luces artificiales. Estaba situado en un lugar estratégico para poder verse desde todas las zonas de la carpa, aunque quién estuviera actuando tendría que dar muchas vueltas para que una parte del público no viera solamente su trasero. Guillermo estaba en constante tensión, tuvo que insistir mucho a sus amigos para que no ocupasen los asientos de la primera fila y tras mucho negociar se conformaron con sentarse en la tercera. El moreno no estaba dispuesto a aceptar sentarse tan cerca del escenario, así que fue un alivio que sus amigos cedieran. Los siguientes diez minutos fueron una orquesta destroza tímpanos compuesta por los murmullos y exclamaciones de todos los presentes, era imposible hacerse oír por encima de tantas voces. El ruido no cesó hasta que algunas luces se apagaron y una oscura silueta apareció sobre el escenario. Entonces se estableció un silencio grupal, y el presentador del circo hizo su aparición. Iba embutido en un llamativo traje rojo, aunque sin duda lo más excéntrico de su indumentaria era el alto sombrero de copa que cubría su calva. Guillermo no podía evitar preguntarse cómo acababa una persona trabajando en el circo. El moreno estaba convencido de que jamás terminaría haciendo algo tan denigrante, ni aunque le ofrecieran todo el dinero del mundo a cambio.-Encantado de verles a todos, damas y caballeros. Sean bienvenidos a Magic Circus.-Exclamó el hombre, en su entonación hubo un deje de acento Italiano. Realizó un ademán con sus brazos, y alrededor del escenario estallaron chispas anaranjadas. La incredulidad hizo a Guillermo alzar las cejas cuando escuchó sorprenderse al resto del público por un efecto visual tan simple. ¿Quién no habría visto saltar esas mismas chispas en cualquier concierto? El joven apoyó la mejilla sobre la palma mientras que sus ojos rasgados observaban con desgana al presentador. Debía rondar los cuarenta años, tenía sobre el labio un espeso y repulsivo bigote que se le rizaba en las puntas. Se dedicaba a intentar alisar un extremo entre sus dedos mientras que mentaba las diversas maravillas del circo. Guillermo se preguntó si el presentador era solamente eso, o si también era el jefe de los otros trabajadores. De ser eso último , debía ser muy difícil tener respeto hacia alguien tan ridículo. Tras una larga y tediosa presentación, dio paso a los trapecistas. El moreno presenció la función con total desinterés, lo único que disfrutaba del circo eran las palomitas de caramelo y la bolsa de chucherías que su mejor amigo le había comprado (a petición suya). Los trapecistas lo hicieron estupendamente, sacaron más de una exclamación de sorpresa al público y les dedicaron una ovación ensordecedora cuando terminaron sus acrobacias. Cabía reconocer que su talentoso equilibrio era envidiable pero Guillermo no era fanático de los espectáculos en directo, por preparados que estuvieran siempre podía haber un error y pocas personas disfrutarían viendo a un hombre cayéndose a diez metros de altura. Soportó los siguientes cuatro espectáculos como pudo, y notó una punzada en el corazón cuando dieron paso a la actuación de los payasos.-Tu  preferida.-Bromeó David, dándole una amistosa palmada en la espalda. Guillermo se encogió en el asiento, apenas prestó atención a la escena mientras seguía llenándose las mejillas con palomitas caramelizadas. Dos payasos entraron bailando al escenario, haciendo chocar contra el suelo sus enormes zapatos. Uno de ellos llevaba una púrpura peluca rizada, mientras que la del otro era lisa y fucsia. Tras muchas tonterías, se presentaron como ’‘Señor Risitas’’ y “Narizón”. La función resultó ser como lo eran todas las funciones con payasos: Patéticas y carentes de diversión. Intentaron hacer reír al público con vanos intentos típicos en estos característicos personajes: Se arrojaron pasteles, uno empapó al otro tras hacerle tirar de una flor-trampa, condujeron un minúsculo triciclo e hicieron sonar la bocina. Apenas consiguieron arrancar dos o tres risas al público, que fueron más por lástima que por auténtica diversión.-Ahora buscaremos a dos amiguitos entre el público para que salgan al escenario.-Proclamó entonces uno de los payasos, el que tenía el pelo fucsia. Salió del escenario y caminó entre las filas de asientos, mirando a los presentes. En ocasiones se acercaba a alguien y parecía que este sería el elegido, pero le golpeaba la cabeza con un martillo de plástico y seguía buscando. Justo en aquel momento Guillermo estaba distraído intentando recoger las últimas palomitas que quedaban pegadas al fondo del tarro, cuando notó la presión de unos dedos enguantados tocándole el hombro. Se giró y se topó con el rostro cadavérico, la nariz colorada, los ojos saltones y la espeluznante sonrisa de aquel payaso. No pudo retener un grito de puro pavor, escapó de su garganta como un relámpago y ensordeció a la carpa entera con la fuerza de un trueno. Cualquiera desde fuera pensaría sin duda que dentro del circo estaba librándose una matanza. El silencio volvió a establecerse en el recinto. El corazón de Guillermo martilleaba con una fuerza desorbitada, desde pequeño su mayor fobia habían sido los payasos y tener aquel tan cerca le había asustado mucho. Apenas podía regular su respiración, el terror le tenía paralizado. Quizá de haberle visto acercarse podría haberse permitido fingir valor, pero su cercanía le pilló completamente desprevenido. El simpático payaso no tenía menos miedo que él, no comprendía porqué le había arrancado un alarido de terror a un joven adulto. Bajo la pintura blanca que decoraba su rostro, el hombre tras el maquillaje había palidecido. Unos segundos más de silencio, y luego risas. La grada entera estalló en risas, descontroladas carcajadas como las que no habían conseguido los payasos durante toda su actuación. Padres e hijos se llevaban las manos al estómago para controlarse e incluso el resto de empleados del circo reían entre bastidores. Guillermo tardó en reaccionar, hasta que entendió que la carpa entera estaba riéndose de él, estaban riéndose de que había gritado como un cobarde al haber visto al payaso y se reían de que el mismo payaso se había asustado por el inesperado grito. El payaso reaccionó con humor agitando su cabeza hacia los lados y volviendo a sonreír para no trastornar al público, escogió a dos personas aleatorias y la actuación continuó. Guillermo se encogió en el asiento tanto como le fue posible (que ya era poco) y se cubrió el sonrojado rostro con ambas manos. Las mejillas le ardían tanto que estaban quemando su piel, jamás había pasado tanta vergüenza antes. No creía que fuera culpa suya, desde siempre los payasos le habían parecido seres terroríficos y no comprendía porqué se les tenía como si fueran personajes graciosos o amigables. Quiso distraerse con otra clase de pensamientos pero no pudo olvidar lo sucedido porque las constantes burlas y carcajadas de sus amigos no le permitían concentrarse en otra cosa. Puede que no volviera a ver a mucha de la gente que había en el circo, pero sin duda sus amigos le recordarían aquel humillante momento por el resto de su existencia. El moreno aguantó lo restante del espectáculo simplemente porque al abandonar la carpa conseguiría llamar todavía más la atención, cuando su principal y único deseo ahora era pasar desapercibido.-Muchas gracias amigos, aquí termina nuestra función… ¡Un aplauso para los voluntarios!.-Pidió el payaso del pelo fucsia. El niño y la mujer voluntarios se inclinaron haciendo una reverencia, la gente aplaudió y Narizón consideró oportuno golpear la cabeza del niño con su martillo de juguete.-Espera, Señor Risitas.. ¿No pedimos un aplauso para nuestro amigo del público?.-Sugirió entonces, ambos tenían una voz nasal que les hacía parecer resfriados. Todas las miradas del público volvieron a ponerse sobre Guille, que no pudo hacer más que avergonzarse en su asiento.-¡Un aplauso para el chico asustadizo del público!.-Gritó el payaso, golpeándose después la oreja como si la tuviera taponada, insinuando con aquel gesto que el grito del moreno le había dejado sordo. Las personas del público se rieron al unísono y le hicieron llegar el clamor de sus aplausos. Guillermo estaba atónito, vergüenza, rabia y miedo formando una extraña combinación. Pensó que los que conformaban el público eran una panda de estúpidos, incluyendo a sus amigos que eran sin duda los más divertidos por el asunto. ¡Y ellos le habían traído hasta ahí! Le hubiera encantado unirse al resto y reírse del pobre desgraciado, pero desafortunadamente le había tocado protagonizar el papel de pobre desgraciado.-Esperamos que recibáis con la misma cantidad de aplausos a Samuel, el do-do-do-do.-El payaso hizo como si se hubiera quedado trabado. Guillermo arqueó la ceja, preguntándose si alguien podía considerar ese tipo de bromas divertidas. Había sido un chaval muy risueño, pero desde que descubrió su fobia a los payasos detestó todo lo que tenía que ver con ellos. Su compañero le dio un pisotón para hacerle reaccionar, lo que consiguió hacer reír a dos o tres niños del público.-¡Auch! El domador de bestias.-Terminó por decir, y ambos se marcharon montados en un minúsculo triciclo rosa.

Las luces se apagaron por unos minutos y cuando volvieron a encenderse revelaron a dos trabajadores del circo llevando consigo una segunda jaula de hierro sobre el escenario. Tras ellos apareció el domador. A Guillermo le sorprendió encontrarse con un rostro bastante joven, pese a la barba que cubría su angulosa mandíbula. Vestía unos oscuros pantalones ajustados, una especie de levita roja, una capa negra y calzaba botas de cuero. Se trataba de la misma típica ropa excéntrica que había visto también en el resto de empleados, pero por algún motivo a él no le sentaba nada mal. No le pareció tan patético como los demás, pues le rodeaba un enigmático halo de misterio que le hacía parecer interesante. Portaba el látigo de domador envuelto alrededor del dorso de su mano mientras que esperaba algo. Guille no tardó en escuchar a sus amigas babeando por él, susurrándose las unas a las otras lo atractivo que era. El moreno se permitió observar el escenario más detenidamente ahora que sus espeluznantes archienemigos se habían retirado. Se quedó mirando al hombre que tanto furor estaba causando entre el público femenino. Repentinamente el domador alzó la mirada hacia los espectadores y los ojos de ambos se cruzaron.  Guillermo se preguntó si era posible que Samuel estuviera mirándole a él de entre todos los presentes, o si se trataba de una mera coincidencia. El menor no pudo apartar las orbes de los ojos oscuros del domador, poseía una mirada hipnótica que le dejó idiotizado hasta que comenzó a hablar, rompiendo así el hechizo al que sus atractivos ojos grandes le habían inducido.-Quisiera disculpar la mala educación de mis amigos los payasos. Como ellos ya han dicho, mi nombre es Samuel.-El público empezó a vitorear, e incluso se pudo distinguir más de una voz femenina dirigiéndole un descarado piropo. Samuel alzó su enguantada mano negra, pidiéndoles silencio.-Pero han olvidado presentar a los verdaderos protagonistas de esta actuación.-Sus colaboradores abrieron ambas jaulas, de las que salieron dos enormes y amenazantes leones. Guillermo no solía simpatizar con los trabajadores del circo, pero en aquel momento temió por el domador de cara bonita que tan confiado parecía. Lo consideraba demasiado joven para saber como domar a dos bestias. Los leones caminaron sobre el escenario, sus pelajes eran como hebras de oro bajo las deslumbrantes luces de los focos. Samuel esbozó una encantadora sonrisa que robó el aliento a más de una jovencita.-Quiero presentaros a Kira y Bigotitos.-Anunció, señalando a cada león a medida que pronunciaba su nombre. En aquel momento la expresión de Guille cruzó la absoluta estupefacción ¿Qué clase de idiota ponía esos nombres a un par de leones? Parecía que fueran meros juguetes para Samuel, no dejaba entrever un mínimo atisbo de miedo: Ni un ligero tic, ni una gota de sudor, ninguna señal de vacilo. Mientras el público aplaudía una vez más, el domador se aproximó a uno de los leones y este intentó asestarle un zarpazo. Samuel se apartó instintivamente y evitó el intento de ataque, que había conseguido arrancar al público una exclamación de asombro. De no haber tenido tan buenos reflejos, los resultados de aquel inesperado ataque podrían haber sido funestos. La mirada de Samuel buscó volver a encontrarse con los ojos rasgados del chico pálido de la tercera fila, que al parecer también se había sobresaltado por el intento de ataque. Y así era. Guillermo se sintió muy extraño cuando aquel león casi ataca a su domador,  aunque fuera incapaz de comprender porqué sentía la necesidad de proteger a aquel desconocido o el incontrolable miedo que le había paralizado al imaginárselo hecho pedazos por el animal salvaje. Se halló preocupándose por él igual que lo hacían todas las muchachas del circo y se sintió avergonzado por tener que formar parte de semejante colectivo. Samuel intentó volver a concentrarse en el número y se dedicó a tranquilizar a su alterado público, que le prestaba una atención que nadie había prestado durante ninguno de los números anteriores. Por eso el domador aparecía en la mayoría de los carteles del circo, era una de las funciones que más tirón tenían entre el público, sobretodo para los jóvenes.-No os preocupéis, bigotitos es un mimoso.. le gusta llamar mi atención ¿Verdad?.-Murmuró, y acto seguido acarició el lomo del felino como si fuera una simple mascota. El león cerró los ojos y ronroneó bajo sus caricias, el público entero se enterneció por el gesto. Se irguió cuando terminó de acariciarlo y volvió a dirigirse hacia las atentas gradas.-¿Sabéis que le gusta también? Bailar.-Exclamó, y sin mucho esfuerzo consiguió que el león se pusiera a dos patas y sujetándole bailó con él sin que la bestia opusiera ninguna resistencia. En principio parecía sencillo ¿Quién no había hecho eso mismo con su mascota? Pero estábamos hablando de una fiera, pocos de los presentes se atreverían a entrar en la jaula con los leones y mucho menos a tocarles. En definitiva, la función del domador fue la más amena para casi todos los presentes. El chico era carismático y supo como ganarse el cariño del público. No hubo más percances como el del principio, consiguió que los leones hicieran todo cuanto quiso: los trucos simples, algunos más complejos, hacerles pasar por un aro..etc. Algunos lamentaron que no hiciera juegos con voluntarios, pero otros pensaban que eso habría sido demasiado peligroso. Cuando terminó todos aplaudieron, inclusive Guillermo, era la primera vez que aplaudía desde que había entrado al circo. Se quedó mirando al domador, que estaba haciendo reverencias mientras que sus compañeros metían a los leones de nuevo en sus jaulas. Entonces Samuel volvió a mirarle y le guiñó un ojo. El moreno se giró alarmado, pensando que quizá el gesto iba dirigido hacia alguien que estaba detrás, pero no creía que el domador fuera de los que guiñaban un ojo a niñas de seis años. Se despidió entre las aclamaciones y tras el suyo vino otro número, al que no se le prestó ni la mitad de atención que al anterior. Aquel fue el último, el presentador del tupido mostacho y acento italiano volvió a salir al escenario para despedirse entre exageradas reverencias.-Tengan muy buenas noches, y espero que hayan disfrutado de las maravillas ofrecidas por Magic Circus.-Fue lo último que dijo antes de que los focos que apuntaban hacia el escenario se apagaran, y entre aplausos se diera por acabado el espectáculo del circo.

Cuando terminó el espectáculo ya había anochecido en el exterior. Puesto que estaban en mitad de un descampado, las estrellas brillaban con fuerza en el cielo e iluminaban la carpa de circo. Los niños salieron adormilados, muchos en brazos de sus agotados padres. La gente empezó a desaparecer, y en cuestión de tiempo solamente quedaron las personas que menos prisa tenían.  -¿Habéis visto la flexibilidad de esa chica? Que manera de abrir las piernas.-Repitió David por milésima vez consecutiva desde que había visto actuar a las contorsionistas. El resto de chicos le dieron la razón mientras que las chicas todavía hablaban del domador y su casi perfecta actuación. Guillermo estaba distraído, no participaba en ninguna de las dos conversaciones, caminaba unos metros tras de ellos mientras pensaba detenidamente en la humillación que había sufrido durante la función de los payasos. Sabía que padecía una fobia absurda, pues ellos eran personas normales tras los kilos de maquillaje y las vestimentas coloridas. El moreno notaba las piernas rígidas después de haber estado tanto tiempo sentado en el circo, le sentó bien estirarlas mientras caminaban por el descampado.-Guille, te quedas atrás.-Advirtió su amigo el rubio, cuando se giró y encontró con que se había agachado para atarse los cordones. La intención de Guillermo era hacer tiempo, quería perder a sus amigos de vista para ponerle fin a algo que en realidad nunca debería haber existido.-Id sin mí, ya os alcanzaré.-Les pidió, no dudaron mucho en seguir caminando y terminar por perderse en la oscuridad. No pasaba nada, el descampado no estaba tan aislado del resto de la civilización del pueblo. Guillermo tenía un asunto por resolver, quería conversar con ese payaso con el que había sufrido el percance del grito. Pensaba que verle desmaquillándose y usando una voz normal, le ayudaría a librarse del miedo porque haría a su cerebro entender que aquello que tanto temía no era más que un hombre disfrazado. Simplemente debía encontrarle ahora que el espectáculo había terminado, excusarse por haberle gritado en la cara y comentarle que solía tener miedo a los payasos. Con suerte funcionaría, y se libraría de tener que evitarlos en las celebraciones y en las películas y en todo lo referente a ellos. Tras la carpa el descampado estaba lleno de camiones para enjaular animales o para guardar cosas, y tras ellos se encontraban las caravanas donde debían pasar la noche algunos de los actores del circo ambulante. No sería económico hospedarse en un hotel si su trabajo consistía en estar constantemente viajando. Guillermo se acercó a la caravana blanca más cercana y se asomó a su interior, esperando que fuera la de aquel hombre.

Lo que parecía una sencilla caravana por fuera resultó ser una excéntrica vivienda por dentro. El interior de la casa rodante era un estallido de colores, además estaba repleta de todo tipo de artilugios extraños, colocados en distintos estantes o directamente colgados del techo. Aquella caravana parecía el doble de grande por dentro de lo que aparentaba ser desde fuera, desprendía un fuerte olor a incienso.-¿Qué buscas?.-No era la misma vocecilla nasal que había esperado escuchar, pero en el fondo Guillermo se alivió de no haberse topado con aquel payaso. No sabía como sería su reacción cuando se lo encontrara, y por mucho que estuviera haciendo esto para superar el miedo.. no garantizaba que diera resultados positivos. Pero de todas las caravanas en las que podría haber terminado por error, era disparatado que estuviera en la de aquel chico que tan fácilmente había conquistado al público.-Eh.. yo.. tú eres el domador.-Masculló, observando al castaño. Era extraño para él no verle iluminado por los focos y a metros de distancia. En la cercanía se veía distinto, más real. Se distinguía que llevaba un poco de delineador negro en los ojos y tenía pintados unos extraños símbolos sobre el pómulo derecho. El domador se  sentó sobre la estrecha cama morada para sacarse una de las botas con despreocupación.-Sí, y tú eres el chico de la tercera fila.-Respondió, alzando la mirada hacia el pálido rostro del moreno. Este había permanecido en la puerta hasta el momento, pero tras oírle se aventuró a avanzar por el estrecho pasillo del vehículo y posicionarse junto a la cama donde el castaño estaba sentado.-¿Me conoces?.-Preguntó, francamente sorprendido. No era extraño que una de las estrellas del circo hubiera llamado la atención de un miembro del público, pero que sucediera al contrario si le resultaba de lo más sorprendente. Sí que había notado que Samuel le miraba en alguna que otra ocasión, pero había pensado que serían imaginaciones suyas. Según sabía cuando uno actuaba no debía quedarse mirando hacia alguien en concreto del público, pues eso solamente conseguía distraer al actor en cuestión. El domador ladeó su sonrisa más seductora, que consiguió hacer sentir a Guillermo acorralado y expuesto como los leones que fuera rugían en sus jaulas.-Claro, eres el que ha gritado como una niñita y ha conseguido asustar al pobre Señor Risitas. Como me he reído.-Explicó Samuel, riéndose al recordar aquel momento, cuando había observado todo mientras esperaba que llegara su turno. Ahora todo encajaba para Guillermo, se había fijado en él por el mismo motivo que había empujado a hacerlo al resto del público.. para burlarse. Quizá el domador no era tan encantador como se lo había parecido desde los asientos.-No tiene gracia, idiota.-Escupió mordazmente, ruborizándose al recordar el estallido grupal de risas tras escuchar su grito. Samuel alzó las cejas, la situación le divertía de sobremanera.-Tienes la lengua muy suelta.-Murmuró, quitándose la bota restante.-Insultándome en mi propia casa, en la que además te has colado.-Terminó por decir, levantándose del colchón y retándole con la mirada. Samuel creía que aquel chico prometía, siempre había preferido que le cuestionaran y contradijeran a que le demostraran devoción y apoyasen en todo, eso era lo que siempre recibía del público y del resto de empleados. Le complacían ciegamente, porque querían algo de él o porque le querían a él. Y eso le resultaba enormemente aburrido. A la gente como ellos ni podía considerarlos bestias amaestradas, eran más bien lo que comúnmente se conoce como un inofensivo gatito. Y él necesitaba retos, necesitaba riesgos.. de lo contrario no hubiera terminado haciendo lo que hacía.-No creo que a esto se le pueda llamar casa.-Repuso el chico de cabellos azabaches, observando aquel estrafalario entorno con cierto desprecio. Era un espacio amplio para tratarse de una simple caravana, pero en su opinión demasiado pequeño como casa permanente. Él no se imaginaba viviendo en un sitio así, y lo cierto era que el propio Samuel años atrás tampoco habría podido hacerlo. Pero las personas son capaces de acostumbrarse a casi todo tipo de situaciones y cambios, aunque en principio uno piense que por experimentar un cambio radical se le viene el mundo encima: No es cierto. Aunque nuestra rutina cambie siempre es para derivar en otra, a la que también acabamos acostumbrándonos. Es el mismo proceso cuando una persona que parece esencial en nuestras vidas nos abandona. Lo vemos todo negro, la echamos de menos, anhelamos su presencia.. pero es imposible que nos mate su ausencia. Nos adaptaremos a ella, conviviremos con ella y se convertirá en nuestra sombra, en una marca más de identidad. Es la naturaleza del ser humano: Adaptarse, o morir. Samuel eligió adaptarse, se desató la capa y la dejó caer al suelo. Era molesta, pero él mismo había escogido llevarla porque en su opinión se veía “elegante a la par que imponente”. No podía apartar sus ojos almendrados de encima de aquel intruso, era sin duda lo más interesante con lo que se había encontrado desde la llegada a aquel pueblo.-Hasta pareces valiente hablando así a un completo desconocido, parece mentira que luego te asuste un simple e inocente payaso.-Recordó, danzando sobre sus labios una sonrisa burlona. Guillermo se sintió internamente aliviado y ligeramente decepcionado, pues desde que había entrado el otro no había hecho más que quitarse prendas de ropa y le alegraba que hubiera parado de desnudarse delante suya con aquel desgarbo, sin que pareciera que le importara en lo más mínimo tener un invitado a bordo.-Tú pareces un poco payaso y no me asustas.-Contestó, arrepintiéndose al instante. Le sonó demasiado infantil, más a la respuesta que ofrecería un infante que a una réplica mordaz. Pero no había podido pensar nada mejor. Lo cierto era que la presencia del domador hacía brotar sus nervios a flor de piel, el descaro y atractivo del otro conseguían que se sintiera cohibido. Estaba constantemente a la defensiva, porque pareciera que el otro quisiera atacarle. Era como uno de los felinos a los que domaba, inclinándose en silencio y con la elegante sutileza de todo depredador que espera a que su presa baje la guardia antes de cazarla. Así que Guillermo no podía permitirse bajar la guardia. Samuel sujetó las mejillas del moreno con una mano, apretándolas de modo que no pudiera hablar. Había estado deseando hacer eso desde que se había fijado en él, sus henchidos mofletes daban a su rostro un aspecto muy saludable. Procuró no hacerle daño, aunque el principal motivo de aquel gesto fue mantenerlo callado mientras él hablaba.-No te pongas en ese plan intratable.. deberías saber que me gusta domar a las fieras.-Exclamó sin reparos, soltándole con la misma repentina brusquedad con la que le había cogido. Guillermo dio un paso atrás, todavía notaba la presión de los dedos ajenos clavándose bajo los pómulos. No comprendía si aquel desconocido se le estaba insinuando, aunque fuera lo más probable. Su espalda chocó contra una especie de separación entre salas, una puerta de plástico corrediza. Era lo malo de estar en una caravana, había mil formas de chocarse con todo el mobiliario.-Pensaba que me buscabas aposta para esto..-Masculló el domador, al comprobar con cierta diversión como aquel pobre chico intentaba huir despavorido de sus técnicas de seducción. Era curioso, pues Samuel pensaba que la presencia de Guillermo se debía al intercambio de miradas que habían tenido durante su actuación. Pensaba que, como solía suceder, un miembro del público se había sentido atraído por él y le había buscado tras terminar la función para conseguir un número privado. Pero al parecer no era el caso, o se trataba de una terrible equivocación o a aquel chico moreno de ojos rasgados le gustaba demasiado hacerse el difícil.-¿Qué haces aquí?.-Preguntó Samuel, cruzándose de brazos. Una pregunta que debería haber sido formulada minutos atrás.-Estaba buscando al..-Guillermo se quedó pensativo, se negaba a tener que llamarle ’'Señor Risitas’’ le parecía demasiado absurdo.-al payaso de antes.-Dijo, aunque la frase completa le seguía sonando absurda. En realidad, toda la situación lo era. ¿Cómo había terminado ahí? Quizá debería volver con sus amigos y olvidar para siempre lo sucedido en aquel circo. Mientras más oscurecía ahí fuera, menos le apetecía imaginarse un reencuentro con aquel payaso de pelo fucsia.-¿En serio? Esto es toda una novedad.. ¿Teniéndome a mí y quieres ir a por el Señor risitas?.-Preguntó Samuel irónicamente, echándose a reír después. No es como si sospechara que aquel chico quería algo sucio del payaso, pero imaginárselo le produjo una desbordante diversión, incluso más que la de aquel grito de niña asustada.-No es tan guapo como lo parece, eh.. lleva mucho maquillaje.-Añadió entre risas, mientras que el moreno se quedaba mirándole atónito. Le costó entender que le causaba tanta diversión al domador, y cuando lo comprendió la simple imaginación de tal acontecimiento le horrorizó. ¡Con un payaso! ¿Acaso había alguien con esa fantasía? Guillermo apretó los puños a ambos lados de su cuerpo.-¡No es para eso!.-Gritó indignado, intentando sacarse esa repulsiva visión de la mente. El domador, cuya presencia tan irritante estaba empezando a resultarle, simplemente reanudó su tarea de sacarse prendas. Se quitó los guantes, los alisó y dejó sobre una especie de armario negro empotrado en la pared.-Entonces es tu día de suerte.. has acabado en la caravana donde todas las chicas querían estar.-Felicitó el mayor, abriendo los brazos con grandilocuencia como si estuviera dando paso a una atracción ferial. El moreno volvió a fijarse, inevitablemente, en el producto que le estaban ofreciendo. Su pantalón era tan ajustado que no dejaba mucho lugar a la imaginación, tenía las manos desnudas grandes y llenas de lastimaduras, aún así se halló deseando que le tocaran y no pudo hacer menos que sentirse avergonzado por el pensamiento. Odiaba tener que darle la razón a las personas como él, y por lo tanto odiaba darse cuenta de que también lo deseaba.-Eres un arrogante.-Acusó Guillermo, aunque él mismo se tacharía de arrogante en según que situaciones. Estaba al tanto de cuales eran sus cualidades, y por lo tanto no dudaba en admitirlas o explotarlas al máximo. Samuel no se vio en absoluto afectado por las acusaciones del otro, simplemente dio un paso hacia él (Lo cual en aquel reducido espacio, significaba bastante distancia).-No te molestes en disimular.. he visto como me miras.-El domador colocó índice y pulgar sobre el mentón de aquel chico, acercándose peligrosamente a sus carnosos labios. Dentro del cuerpo de Guillermo estaba librándose una batalla. Intentó contener su sobresalto para no ceder al otro el control sobre sus nervios, aunque su primer impulso hubiera sido el de empujarle hacia atrás.. consiguió contenerse.-¿Quién no mira a alguien que va vestido así?.-Se burló entonces, a escasos centímetros de los labios del castaño. Este se separó, atónito por la inesperada respuesta ajena. Ambos se miraron, y entonces Guillermo sonrió. Samuel notó como algo en su pecho comenzaba a ir mal, cuando vio sonreír al otro quizá por primera vez en todo el día. Ya le consideraba atractivo antes, pero ahora era incluso doloroso que todavía no se hubieran besado. El domador estaba acostumbrado a conseguir que la gente se sintiera atraído por él, pero en este caso era muy distinto.. él también se sentía muy atraído por aquel chico de piel pálida y cabello oscuro. ¡Y por su perfecta sonrisa! Con esos dientes resplandecientes, y sus labios inclinándose y cediendo todo el peso de la sonrisa en una misma comisura. Y dejando atrás el físico, lo que más le tenía absorto, su carácter explosivo. Samuel estaba impresionado, y no tardó en expresarlo con cierta perversión.-Wow que personalidad tan ruda… es todo un reto para mí. Haces que tenga ganas de dominarte.-Bromeó, aunque gran parte de él estaba hablado enserio. Extendió el brazo y recogió el látigo que había dejado sobre una encimera. La mirada de Guillermo siguió la trayectoria de su brazo, y se quedó perplejo al observar como el otro sujetaba el látigo mientras le miraba de una forma tan intensa y decidida, teniéndole acorralado contra una débil puerta corrediza.-Estate quieto..-Murmuró el menor, notando una extraña presión en su pecho. Debería querer salir huyendo de aquella caravana, y por el contrario sus pies parecían estar clavados al suelo. Y por el contrario, quería quedarse.

Samuel le besó, no aguantaba más y siempre había sido bueno tomando la iniciativa. Sus labios se cernieron sobre los ajenos como la luna se cierne sobre el sol en un eclipse solar. Se besaron con pasión, la frágil puerta corrediza se agitó cuando Samuel aplastó el cuerpo ajeno contra ella, con la intención de pegarse al moreno tanto como le fuera posible. Guillermo no podía creerse que estuviera besándose con aquel desconocido, y al mismo tiempo no podía dejar de hacerlo. No quería dejar de hacerlo. La boca ajena sobre la suya se sentía demasiado bien, sus lenguas se encontraron y batallaron la una contra la otra como lo habían hecho antes sus palabras. Pegaban sus rostros tanto como les era posible, cambiándolos de posición para no dejar el beso estático. Guillermo colocó la mano sobre la nuca ajena y le apretó más contra su cara para intensificar el delicioso beso. Mordisqueó sus labios cuando se separaron, ansiando el contacto tan solo tres segundos después de haberlo perdido. El menor se fijó en que aún después del beso Samuel todavía sujetaba el látigo, le dio un evidente manotazo para que lo soltara. El domador sonrió, aún estaba recobrando el aliento tras un beso tan ardiente, que había conseguido calentar más su cuerpo que muchas sesiones de sexo.-Tranquilo, no temas. Seré cariñoso si te portas bien.-Musitó, acariciando las sonrosadas mejillas del moreno con la misma mano que tenía sujeta el látigo.-No me das miedo.-Respondió al instante Guillermo, con cierta violencia. No sentía miedo de aquel joven, pero no quería terminar siendo víctima de ninguna de esas perversiones extrañas que al otro parecían gustarle. No quería sufrir más humillaciones por hoy, y menos ese tipo de humillaciones. Volvieron a juntarse sus labios, colisionando esta vez con lentitud, recreándose ambos en cada aspecto del beso. Tras separarse Samuel tiró del dobladillo de la camiseta verde de Guillermo, y ambos contribuyeron a librarse de ella. El techo era tan bajo que les resultó complicado alzar los brazos sin que chocaran contra el mismo. La piel de ambos ardía de excitación, por lo que el frío nocturno no le supuso ningún problema. La mirada castaña del domador evaluó el torso desnudo del moreno, trazó un recorrido recto sobre su piel desnuda con el dedo índice, comprobando la mercancía y satisfecho con lo que sus ojos veían. Una vez comprobado el producto, era necesario catarlo. Samuel se inclinó sobre su cuello y lo devoró sin piedad, mientras apoyaba las manos sobre sus caderas. El menor procuró dejar caer la cabeza hacia un lado para ceder al otro más libertad sobre su cuello, recibiendo cada beso placentero y jadeando en silencio cada vez que los labios ajenos le humedecían la piel. Guillermo tuvo que cerrar los párpados con fuerza para soportar tanto placer, el castaño acariciaba cada recoveco de su tórax con la lengua y le hacía sentir maravillas cuando se detenía en las zonas erógenas. Samuel se detuvo tras haber alcanzado su ombligo, se irguió y le miró con una pedante sonrisa. Guillermo pensó en pedirle más, pues era lo que deseaba, pero también era lo que el otro quería. Y ya le habría brindado bastante satisfacción jadeando ante el contacto de sus labios, gimiendo cuando su lengua le hubo acariciado y presionado los pezones. Estaba avergonzado de que, tras lo que acababa de ocurrir entre ellos, ahora se detuviera y se quedara mirándole directamente a la cara.-¿Qué?.-Preguntó bruscamente, apartando sus ojos rasgados del mayor, clavando las pupilas en el suelo para no tener que seguir mirándole. Samuel se encontró con otro gesto esquivo del menor, con la bella combinación de colores del rojo de sus mejillas y el morado de las marcas que él mismo se había encargado de hacerle en el cuello. El domador no dejaba de sonreír, no podía apartar la vista de aquel chico que tan interesante se le presentaba.-Vamos.-Exclamó, haciendo un gesto con la cabeza hacia el colchón morado. Estaba colocado en una especie de plataforma pegada a una de las paredes del vehículo, era tan corto que apenas parecía que pudiera tumbarse una persona adulta. Samuel se encargó de desnudarse de cintura para arriba mientras caminaba hacia la cama, arrojó las prendas de manera aleatoria y estas cayeron al suelo o sobre los muebles semi-incrustados en las paredes. Sin la ropa su cuerpo parecía todavía más musculoso, tenía unos brazos fuertes y el abdomen marcado. Guillermo reparó en que su musculosa espalda tenía algunas heridas, cicatrices tan antiguas y cerradas que habían pasado a formar parte de su piel. Guillermo se tumbó sobre el colchón, era tan incómodo que pareciera que estuviera hecho de ladrillos. Samuel se colocó encima de su cuerpo y volvió a besarle los labios, consiguiendo hacer con el sabor de su boca que olvidara la tortura que aquel inconveniente dormitorio estaba ejerciendo sobre su espalda. Apenas podían moverse en el reducido espacio del que disponían, pero el domador se restregaba contra el menudo cuerpo del menor tanto como podía. Sus entrepiernas y sus torsos desnudos se refregaban constantemente, consiguiendo estremecer a ambos y dirigir la caliente sangre de sus venas hacia una zona concreta de su cuerpo. Mientras tanto sus labios seguían unidos, Guillermo estaba tan abstraído con el beso que apenas reparó en que Samuel estiró el brazo para recoger algo. Quizá era la única ventaja de aquella casa rodante, que estuvieras donde estuvieras podías alcanzar cosas sin necesidad de moverte. Sin que le hubiera dado su permiso, Samuel le cogió la muñeca y se la esposó al pequeño cabecero de madera. El moreno no se dio cuenta de esto hasta que escuchó el ruido de las esposas cerrarse entorno a su muñeca, entonces dejó de besarle y abrió los ojos confundido.-¿Qué haces? Quítame esto ahora mismo.-Ordenó un furioso Guillermo al darse cuenta, agitando la mano sin conseguir zafarse de las esposas. Samuel le sujetó el otro brazo y consiguió inmovilizarlo, lo cual resultó difícil porque el chico debajo de él había empezado a forcejear.-No.-Declaró, esposando también su otra mano con las esposas de pelo amarillo que un mago había utilizado en su función y había creído de juguete.-Te estoy hablando en serio, no me gustan estas mierdas.-Guillermo estaba poniéndose cada vez más nervioso, por mucho que moviera las manos hacia adelante sus intentos de liberarse eran vanos. Él simplemente habría querido seguir haciéndolo como hasta el momento, sin cosas extrañas de por medio.-Creo que no eres consciente de cuanto te gustan, a tu cuerpo le encantan..-Murmuró Samuel, acariciando y frotando la entrepierna del moreno que estaba empezando a endurecerse bajo el pantalón. Este intentó asestarle una patada, pero resultó una tarea muy difícil siendo el que estaba debajo.-¡No es verdad!.-Le gritó Guillermo, intentando deslizar la mano para librarse de las esposas. Sus muñeca eran finas y apenas tocaban el hierro, pero desgraciadamente tenía las manos bastante grandes. El domador se quedó mirando detenidamente sus intentos de fuga, no dijo nada hasta que el chico se resignó a que estaba atrapado.-Relájate, al parecer eres demasiado orgulloso y tímido. ¿No es así?.-Preguntó, acariciándole el rostro. Samuel había observado la reacción de Guillermo cuando todo el circo se había reído de él. Podría haber elegido reírse con ellos, pero fue notorio que estaba muy enfadado, la furia le enrojeció el rostro y no pudo disimular el odio en su mirada. Después de eso el domador se había dedicado a observarle en todo momento, se notaba que el incidente le había dejado paranoico y sentía constante vergüenza cada vez que un miembro del público le miraba por algún motivo.-No tienes porqué sentir que estoy humillándote.-Añadió apacible, pues el castaño no consideraba ningún motivo de vergüenza lo que pretendía hacerle. Claro que aunque sus palabras buscaban sonar tranquilizadoras, no consiguieron calmar a Guillermo.-Esto es humillante y tú eres un rarito, suéltame.-Volvió a exigirle, pero solamente consiguió que Samuel volviera a esbozar una de sus sonrisas que tan encantadoras le habían parecido antes y tan pedantes le resultaban ahora.-Tu orgullo está pidiendo a gritos que le sometan.-Por experiencia propia, Samuel sabía que el orgullo en demasía era una fiera que debía dominarse. Cuando se descontrolaba resultaba letal, pues dañaba a las personas a nuestro alrededor y sobretodo nos dañaba a nosotros mismos, nos privaba de vivir la vida. El orgullo y la dignidad eran cosas distintas, Samuel pensaba que uno podía conservar perfectamente la dignidad y a su vez rebajar el orgullo.-A veces la vida te humilla, y tienes que dejar atrás cosas estúpidas como el orgullo y la vergüenza. Esas mismas cosas harán que pierdas muchas oportunidades, que te prives de hacer cosas que desearías haber hecho..-Samuel había sido tímido y orgulloso en el pasado, y cuando empezó en el circo todo le parecía humillante o patético. Pero se había quitado esos dos pesos de encima y gracias a ello había actuado, conocido personas, lugares, y sido capaz de tomar la iniciativa en todas sus relaciones.-Simplemente deberías cerrar los ojos, dejar atrás todo eso y disfrutar..-Guillermo se quedó pensativo tras escucharle. Cierto era que su orgullo le había hecho perder a varias personas importantes en más de una ocasión, pero él no podía dejarse domar por aquel hombre como si fuera una de sus mascotas. Volvió a intentar liberar las manos con bruscos movimientos, se moriría de vergüenza si cualquiera le viera en esta situación.-No pienso hacerlo.-Exclamó, consiguiendo que Samuel sacudiera la cabeza de manera negativa.-Tranquilo,  no te haré nada que no desees..-Susurró, justo antes de desabrocharle el pantalón. Coló su mano por el mismo y le acarició el contorno de la erección que se alzaba bajo el trozo de tela de ropa interior.-El problema es que sí lo deseas.-Declaró, y comenzó a masturbarle. Al principio Guillermo se resistió, pero mientras más rápido movía Samuel su mano, menos se revolvía y forcejeaba. Ya ni podía contener los gemidos que en un principio había intentado ahogar. El domador le envolvía el miembro erecto con los dedos y notaba su dureza bajo los mismos.-Ahora pídeme que pare..-Masculló Samuel contra sus labios, sabiendo que no se lo pediría. Sabiendo que deseaba que siguiera porque estaba disfrutándolo. Guillermo sentía las muñecas ardiendo de dolor donde las esposas estaban, y como Samuel sospechaba no le pidió que parara en ningún momento, apretó los ojos con fuerza y se limitó a gemir de placer. El castaño le bombeó a su antojo hasta que alcanzó el orgasmo y terminó corriéndose en su mano tras haber esbozado un último gemido de placer. El domador le soltó y se limpió con un viejo trapo fucsia que había sobre un montón de trastos tras el cabecero. En principio podía parecer que había demasiadas cosas en tan poco espacio, que aquella caravana era un completo un caos. Pero no lo era para Samuel, él hallaba el orden dentro de su propio desorden y siempre depositaba las cosas en el mismo sitio donde, en su opinión, debían estar. Atendía y trataba con el cuidado de un obsesivo compulsivo algunas cosas, mientras que descuidaba por completo otras. Todo dependía del valor sentimental y monetario que tuvieran para él. Guillermo le miró, su respiración seguía tan agitada que no dejaba de jadear y hacer bruscas inhalaciones. Había dado tantos rudos tirones de sus extremidades mientras estaba excitado que notaba dolor en las muñecas, donde aquellas incómodas esposas estaban constantemente rozando y magullándole la piel.

Samuel pensó que se veía genial, con las facciones relajadas por la satisfacción del orgasmo y el cabello azabache despeinado, húmedo de sudor. Pero todavía no habían terminado, él también quería su momento de placer. Le sacó los zapatos a Guillermo y le deslizó sus pantalones por las piernas para quitárselos también. Parecía difícil hacerlo estando en una cama tan pequeña, pero Samuel se había acostumbrado a moverse en aquel espacio y lo hacía con elegante destreza.-Ya puedes quitármelas..-Murmuró entonces el moreno, mucho más apacible que antes. Samuel sonrió, sopesó la posibilidad de liberarlo pero antes formuló una pregunta.-¿Te portarás bien si lo hago?.-La incógnita fue una punzada justo en el orgullo de Guillermo. Le hirió en lo más importante que le hablara como a un niño pequeño, como a un animal. De ninguna manera respondería afirmativamente ni cedería a aquel juego en el que estaba intentando meterle, no le daría la razón solamente para conseguir libertad, su orgullo valía más que eso.-No.-Espetó, conteniendo las ganas de golpearlo porque no podía hacerlo.-Entonces nada.-Declaró Samuel, inclinándose para volver a besarle los labios. Sabían incluso mejor que antes ahora que estaba relajado y satisfecho, aunque supiera que había vuelto a alterar sus nervios con la pregunta sobre su comportamiento. Estaba ante alguien susceptible, pero sabía que conseguiría domar su personalidad de la misma manera en que había conseguido someter su cuerpo. Por su parte, Guillermo estaba tan sorprendido que ya no sabía qué pensar. ¿Porqué seguía queriendo y permitiendo que lo hiciera con él? Se negaba a aceptar que tras una muy tupida capa de orgullo se ocultaba un chico al que le gustaba que le hicieran ese tipo de cosas en la intimidad. Jamás lo habría sospechado, jamás sería capaz de admitir algo semejante.. él, que veía el ridículo en la mayoría de actos ajenos y procuraba evitarlo a toda costa. No encontraba una manera de considerar respetable o corriente disfrutar con lo que estaban haciéndole,  excitarse sabiendo que si se portaba peor ese hombre tenía reservado un látigo para él. Pensó en las cosas horribles que había pensado de todos y cada uno de los empleados del circo cuando los había visto disfrutar haciendo cosas, en su opinión, ridículas y se horrorizó al imaginárselos a ellos viéndolo ahora, sometido y a merced del desconocido domador como si fuera uno de sus leones. Samuel estaba acariciándole, mientras tanto el moreno observaba con cierta impotencia los llamativos pectorales que no podía permitirse tocar. Su cuerpo era envidiable, ahora comprendía porqué había llamado la atención de todas las chicas del público. Samuel le quitó la ropa interior y se bajó la suya junto con los pantalones, revelando su gran erección. Lo notaba hinchado por las ganas que había contenido, estaba ansioso por poseer al pequeño pedante esposado a su cama. No era ni una mínima parte de lo que realmente deseaba hacerle y que ya había hecho a otras personas, pero por algún motivo que no comprendía, no quería que aquel chico terminara enfadándose con él, despreciándole. Así que se limitó a hacerlo de la manera tradicional, pero con algunos pequeños alicientes. Se colocó las piernas desnudas del menor en cada hombro y le obligó a flexionarlas cuando se inclinó hacia su rostro. Guillermo apretó los labios con fuerza, notó la incomodidad de la postura y la vulnerabilidad de tener su trasero en la posición perfecta para que el otro lo usara a su completa disposición. Y al mismo tiempo, aunque no pudiera admitirlo, cierta impaciencia y ansías por saber que sería lo próximo. Samuel le colocó los dedos índice y corazón de la mano derecha sobre los labios sellados.-Abre la boquita…-Le ordenó impacientemente. El moreno no lo hizo, porque no quería sucumbir a sus mandatos. Samuel resopló, no estaba acostumbrado a tratar con personas tan tozudas.-Abre la boca o te arrepentirás de no haberlo hecho.-Le aconsejó con esas mismas palabras, aunque sin un rastro de agresividad en su entonación. Guillermo entreabrió ligeramente los labios con cierto vacilo y el domador aprovechó la ligera obertura para presionar los dedos y terminar colándolos en su boca. El menor se asustó por la brusca intrusión y acudió a su cuerpo el instinto de querer sujetarle la muñeca para apartarle la mano de su boca, pero no pudo mover las manos porque las esposas seguían reteniéndolo. En principio la impotencia de no poder defenderse le hizo sentir asustado, pues conseguiría provocarle arcadas si seguía siendo tan brusco. Luego comprendió lo que el otro pretendía y le humedeció los dedos con la lengua, acariciándolos con esta de manera provocativa. Samuel se deleitó con la imagen del chico lamiendo sus dedos con una lascivia que le pareció excitante. Estaba consiguiendo lo que se proponía, hacer que el menor fuera más desinhibido y se soltara poco a poco. Después de todo, ambos querían y deseaban lo que estaba apunto de suceder.-Bien, ahora bésame.-Murmuró Samuel, justo tras sacarle los dedos de la boca. Los labios de Guillermo resplandecían y un hilillo de saliva se deslizaba desde su comisura derecha hasta la barbilla. Mientras que su aspecto no podía resultarle más sexy al domador, el propio Guillermo se sentía ridículo y tenía la constante necesidad de cubrirse el rostro con ambas manos. Siempre había sabido que tenía que librarse un poco del orgullo que le impedía ser libre, pero nunca sospechó que sería de esa manera. Volvieron a besarse, y mientras lo hacían el domador le guío los dedos ensalivados hacia la entrada y se los introdujo dentro. Guillermo dejó escapar un gemido cuando notó la intromisión en su trasero, los largos dedos de Samuel rozándole las paredes internas y girando circularmente en su interior. Dejó caer la cabeza sobre la almohada, ofreciendo a Samuel una generosa vista de su cuello lleno de señales y de la nuez marcándosele más que nunca bajo la piel. No pudo contenerse durante mucho tiempo más, así que tras revolver un poco su interior sacó los dedos y le penetró de una sola estocada. Notó como su interior le envolvía la henchida erección y la presión que ejercía el cuerpo ajeno al querer expulsarla le produjo una inmensa sensación de placer. El gozo estaba haciendo que las piernas del menor temblaran, así que Samuel las sujetó con más fuerza sobre sus hombros y se preparó para comenzar a embestirle. Salió de él y volvió a penetrarle con fuerza, repitiendo el proceso varias veces mientras el otro colmaba sus oídos con gemidos de placer. El domador ahora también gemía, reposaba los labios sobre el rostro de Guillermo y jadeaba contra su piel al sentirse dentro de su cuerpo. Sus movimientos eran cada vez más bruscos, tanto que el colchón y los alrededores se agitaban bajo la fuerza de cada nueva embestida. El menor nunca había disfrutado un placer así, y le sorprendía que hubiera tenido que darse de una manera tan extraña. Le sorprendía que se sintiera tan bien tener dentro la erección de aquel desconocido, se sorprendió a sí mismo queriendo pedirle que fuera más fuerte. Cuando Samuel advirtió que la sensación de placer en su bajo estómago y la necesidad de liberarse eran cada vez mayores, apuró sus movimientos de manera que pudiera terminar de la forma más rápida y espectacular. Con una última embestida y un ahogado gemido de placer, terminó dentro de él. Guillermo notó el líquido caliente dentro de su cuerpo, deslizándose después por sus nalgas y parte de los muslos. No podía sentirse más extraño, en este momento era como un pez fuera del agua. Samuel salió de su cuerpo haciéndose a un lado, le liberó de la opresora atadura de las esposas y se intentó tumbar junto a él. Resultaba harto complicado compartir aquel colchón cuando uno no estaba sobre otro, así que Guillermo se medio tumbó sobre el torso de Samuel para que dejara de ser tan incómodo para ambos. El moreno seguía aturdido, tenía muchas cosas en las que pensar y a su vez quería limitarse a dejar la mente en blanco y disfrutar de la placentera presencia de aquel hombre tan misterioso. Se quedó mirando el techo de la caravana, mientras que el domador le acariciaba los húmedos cabellos de manera distraída, provocándole cosquillas en el cuero cabelludo.-Guillermo.-Dijo tras unos minutos sin conversación, llenados por alientos agitados y gentiles caricias por parte de Samuel.-¿Eh?.-Preguntó este, su rostro contrayéndose en una mueca de confusión. El moreno se encogió de hombros, se acariciaba una lastimada muñeca mientras que seguía mirando hacia arriba.-Guillermo. Es mi nombre. No me lo has preguntado.-Exclamó, ligeramente molesto. Él había esperado que el domador se lo preguntara después de hacerlo, ya que no lo había hecho antes, pero tras una tediosa espera decidió que era mejor decírselo directamente.-Que nombre más feo.-Murmuró Samuel, tras haber asimilado las palabras ajenas. No solía darle demasiada importancia a los nombres, no creía que dijeran mucho acerca de las personas.-Tú si que eres feo.-Acusó el menor, escuchando con cierta satisfacción como el domador entonaba una melodiosa risa y le propinaba un tierno beso en la sien. Se sentía cómodo, más cómodo de lo que debería sentirse estando acompañado de un desconocido con el que se había acostado en una estrecha caravana. Y eso le asustaba, porque no sabían nada el uno del otro, lo único que sabía de Samuel era que no tardaría en marcharse del pueblo.-Debería irme.-Añadió Guillermo, intentando no adormecerse por las constantes caricias que las yemas del otro dibujaban sobre su desnudez. Samuel se alarmó, no pudo evitar mirarle con sorpresa. ¿Marcharse? Él no quería que su acompañante se fuera, quería quedarse con él estando así, por novedoso que eso fuera en su vida. No era de los que intentaban retener a las personas tras haber tenido sexo con ellas, pero aquel chico tan peculiar.. aquella mezcla de rebeldía y orgullo, el hecho de que le dieran miedo los payasos pero demostrara ser lo suficientemente valiente para enfrentarse a un desconocido.. Guillermo le atraía, le atraía más de lo que un actor ambulante podía permitirse sentirse atraído por alguien efímero. Quizá si era conveniente para ambos que aquel joven se marchara, antes de que su atracción por él se le escapara de las manos.-Te acompañaré fuera.-Murmuró Samuel, muy a su pesar, pues quería que el otro permaneciera a su lado.

https://www.youtube.com/watch?v=m5csNO3oMrQ

Reunieron sus vestimentas esparcidas por distintas zonas de la caravana y salieron afuera una vez estuvieron vestidos. Samuel había tenido que insistir mucho para que Guillermo aceptase llevarse puesta una chaqueta suya, la menos llamativa que tenía. El menor estaba decepcionado por marcharse sin saber nada sobre el otro: ¿Cómo había terminado trabajando en el circo? ¿Porqué domador? ¿Qué eran esas cicatrices? Y otras muchas preguntas menos importantes, pero cuyas respuestas también le hubiera gustado conocer. Samuel, por su parte, también quería conocer más a Guillermo, ni siquiera sabía porqué había estado buscando a aquel payaso antes de terminar en su caravana. Pero no se dijeron nada, porque mientras más se dijeran más difícil sería despedirse después. Si en algo estaban de acuerdo, era en que no podían quedarse toda la noche congeniando para tener que separarse por la mañana. ¿Porqué avivar un fuego minutos antes de la llovizna? Ya no quedaba nadie despierto en el descampado, todas las luces estaban apagadas. Samuel miró a Guillermo bajo la tenue iluminación que la madre naturaleza les ofrecía: Las estrellas del firmamento.-Adiós Guillermo. Recuerda lo que te he dicho ¿Vale? No dejes que tu orgullo te prive de muchas cosas maravillosas, es el consejo de un amigo.-Samuel le sonrió. El menor asintió con la cabeza, comprendiendo que el otro estaba en lo cierto. Jamás contaría a nadie lo sucedido aquella noche, sin embargo no se arrepentía de haber experimentado el placer de algo que estaba censurado por la sociedad. Estaba satisfecho, por primera vez se había permitido desplegar las alas y volar, dejando en tierra todas sus preocupaciones.-Si le cuentas esto a alguien.-Empezó a decir el menor, aún siendo consciente de que creía no tener conocidos en común.-Te encontraré.-Musitó, acariciándose la muñeca que todavía tenía la roja marca que las esposas le habían dejado.-Y te mataré.-Terminó por decir, esbozando una de sus ladinas sonrisas después. Samuel volvió a verse cautivado por esa sonrisa, se aproximó al chico y le rodeó la cintura, lo atrajo hacia sí.-Entonces lo contaré para que me encuentres.-Declaró, antes de inclinarse hacia sus labios y darle un último beso de despedida. La noche fue testigo de aquel beso y del fin del mismo. Cuando se separaron, Samuel le sonrió tristemente y murmuró con entonación teatral.-Tenga muy buenas noches, y espero que haya disfrutado de las maravillas ofrecidas por Magic Circus.-Bromeó, dedicándole una elegante reverencia. Guillermo sonrió, le devolvió la reverencia y se despidió con un simple adiós. Se alejaron el uno del otro y volvieron a sus respectivos lugares, con la mente llena de preguntas y frustradas ganas de haber conocido al otro en una situación diferente.  

////////

Espero que os haya gustado :D Lo he escrito en dos días pero porque he estado muchas horas seguidas intentando que la narración sea todo lo perfecta posible (teniendo en cuenta mi nivel no profesional (?) ) SÉ QUE A MUCHOS LA CANCIÓN OS HABRÁ SACADO DE AMBIENTE TOTALMENTE, PERO A MÍ ME PARECE JODIDAMENTE PERFECTA Y CRUELMENTE IRÓNICA Y ME HE REÍDO COMO MALVADA CUANDO HE LEÍDO EL FINAL CON ESA CANCIÓN, ASÍ QUE……… ÑE! <3 Os quiero.

pd: no lo anuncié como lemmon porque no quiero que la gente lo lea solo por el lemmon, también me curré lo otro aunque no pase nada salseante ;-;

La familia psicópata- Wigetta (FINAL)

Narra Willy 

No…no…no…NO! Mi camiseta! Está enganchada! Vegetta! Qué hago!

Giré mi cabeza sorprendido al escuchar fuertes golpes en la puerta, al a ver podido cerrar la puerta, gané un poco de tiempo, pero no lo suficiente. El hermano mayor y el menor, tenían sus tobillos dañados, debido a nuestras acciones anteriores y el padre tenía la pierna en mal estado antes de que nosotros llegáramos, eso me daba una cierta ventaja y espero que con eso, fuese capaz de salir de esta ventana.

Tiraba con desesperación del trozo de tela enganchado en uno de los bordes superiores de la ventana. Tenía miedo y sentía como mis manos a medida que los segundos pasaban, los golpes en la puerta intentando que esta se viniese abajo y los gritos de Vegetta diciendo cosas que no lograba entender, todo eso estaba provocando que mi pulso se disparase, mis manos temblaran y mi que mi corazón latiese con fuerza, haciendo que el mis pulsaciones retumbasen en mis tímpanos.

Vegetta seguía diciéndome cosas que no podía descifrar, debido al pánico que corría por todo mi cuerpo en ese instante. Intenté tranquilizarme, si quería salir vivo de aquí, necesitaba estar todo lo sereno posible. Cogí aire profundamente y lo solté, mi oído se centró en Vegetta, concentrado en las palabras que gritaba, poco a poco pude ir distinguiendo lo que me trataba de decir.

-WILLY, QUITATE LA CAMISETA!…WILLY POR FAVOR ESCUCHAME!- claro, la camiseta, si me deshacía de ella, podría salir de este enganche mortal

Inspiré nuevamente, cogí el borde derecho de mi camiseta y luego el izquierdo que era el que estaba enganchado, subí mis brazos poco a poco y, vi como se rajaba la camiseta por la zona pillada. Se rasgó completamente esa parte de la tela, pude conservar mi camiseta y liberarme.

Salté de la ventana, estaba a poca altura del suelo, por suerte. Unos brazos me aprisionaron fuertemente, como si no quisiesen que me alejara de ellos.

-Gracias…Gracias a dios que estas bien…- su voz era algo agitada, con ápice de miedo en ella.

Subí mi rostro, para encontrarme con el suyo, en su cara, se podían apreciar dos grandes cosas que me hacían perder el control, fuera de su magullado rostro, habían unos ojos que me demostraban alivio, reconforte y esperanza, esperanza de poder salir juntos de esto, esperanza de poder superar todo lo que se nos cruzase en nuestro camino, y lo otro era su sonrisa, una sonrisa tierna, una sonrisa dulce y sincera que transmitía mucho más de lo que puedo explicar con simples palabras. Me abracé más a él apoyando mi cabeza en su pecho, intentando no dañarle en ningún momento, la verdad es que él es el que peor parado a salido y todo por intentar protegerme, si él no hubiera detenido varías veces a quien me intimidaba o pegaba…si él no se hubiera enfrentado a ellos…si él no hubiera estado pendiente de mi en todo momento y me hubiera salvado, yo ahora mismo seguramente no estaría aquí, le debo mucho más que mi vida, sin el nada sería lo mismo.

El ruido de la puerta superior nos hizo sobresaltarnos y separarnos al instante.

-Hay que darse prisa, tenemos que salir de aquí- me dedicó otra sonrisa tranquilizadora y yo asentí  sutilmente.

Cogió mi mano con cariño y empezamos a adentrarnos en aquella callejuela oscura casi sin luz. Sujetaba firmemente la mano de Vegetta, mientras corríamos. Mis pulsaciones se volvieron a acelerar, cuando a lo lejos escuchábamos los gritos de los tres psicópatas acercándose a nosotros. Noté como una gota de sudor fría se formaba en mi frente, se deslizaba por mis sienes, pasaba por mis mejillas y caía al frío suelo, perdiéndose en la soledad del pavimento. Las paredes de aquel lugar eran grises, tenían colores apagados, basura y cajas por todos los rincones, pero ninguna salida visible por la que poder escapar o intentar escondernos.

Nuestras respiraciones agitadas, nuestros pasos torpes y nuestras esperanzas de sobrevivir se consumían cuanto más nos adentrábamos en este lugar, las voces estaban más presentes, los pasos apresurados resonaban en mi cabeza como golpes de martillos, los nervios a flor de piel y la idea de poder salir de este lugar, todo eso era como un peso que me oprimía cada vez más, no sabía cómo controlarlo, pero si sabía que no debía perder la fe.

La mano de Vegetta cada vez apretaba más la mía haciendo que me empezara a doler, intenté no prestarle atención, pero cuanto más tiempo pasaba más presión hacía. Giré mi cabeza y lo que pude ver fue su rostro con una facción de dolor en ella, bueno, más que de dolor, de sufrimiento, su mano derecha se dirigió a su pierna, bajé mi mirada hacia su tobillo, su herida estaba más abierta y había dejado un rastro de sangre, no tenía buena pinta, la herida estaba en mal estado y empeoraba, mantuve mi vista en sus ojos, los que ya no expresaban lo de antes, ahora estaban apagados, solo el dolor se reflejaba en ellos.

Su fuerte agarre ahora se convirtió en uno débil, sin fuerza, como pendiendo de un hilo. Iba ralentizando sus pasos, su frente completa de sudor, su pierna sangrando, su manos débiles, dio unos pasos más y empezó a tambalearse entre cerrando los ojos, se mantenía de pie costosamente.

-Vegetta?…Vegetta!- exclamé, casi gritando

Su cuerpo finalmente se había desplomado al suelo, dándose un fuerte golpe en la cabeza al caer…no, por favor. Me acerqué lo más deprisa que pude a él, cogí su cabeza delicadamente entre mis manos, su cuerpo tirado en el suelo inconsciente, casi sin vida, sus ojos cerrados y sus labios entreabiertos, todo eso estaba haciendo que mi mundo se viese abajo.

-Samuel…por favor…despierta…respóndeme… no me dejes…-sentía como mis ojos se volvían vidriosos y mi vista se tornaba nublosa, debido a las lágrimas que se acumulaban en mis ojos.

-Por favor…- dije en un susurro casi inaudible juntando nuestras frentes

-AHÍ ESTAN! – ni me inmuté cuando escuché un grito proveniente de uno de los hermano, solo quería estar junto con Samuel, solo lo necesitaba a él.

Abracé más fuerte su cuerpo inerte que yacía en el suelo, sostuve su torso y cabeza sobre mis brazos, con nuestras frentes juntas y mirando sus ojos cerrados, como sus facciones se estaban relajadas, sin ninguna expresión. Un montón de recuerdos vinieron a mi mente…

El día en que lo conocí, la primera vez que vi su sonrisa, la primera vez que noté sus ojos en mí, el primer contacto, llamadas hasta las tantas de la mañana, su primer abrazo, la primera mirada que trasmitía algo más que una simple amistad, los cambios de planes a última hora para quedar los dos juntos, las muestras de cariño…todo eso se arremolinaba en mi cabeza y se perdía en mis ojos, los cuales lloraban desconsoladamente, no podía creer lo que estaba pasando, no podía creer que tuviera el cuerpo sin vida de la persona a la que quiero entre mis brazos.

-Oh…mira a la parejita…que pena que no funcionara- sus risas se hicieron presentes, no me importaba lo que pasara de aquí en adelante, solo esperaba que el fin llegara – Bueno, pues creo que ahora ha llegado tu momento- cerré los ojos y me aferré más al cuerpo de Samuel .

Abrí un ojo lo suficiente como para ver cuál sería su próximo movimiento. El padre, sacó de su espalda un cuchillo enorme, con una punta afilada, noté como mi sangre se helaba. Cerré nuevamente mis ojos cuando se acercó a nosotros, ya está este es el fin, es el final de Guillermo Díaz y Samuel De Luque. Juntos hasta el final.

Sentí la respiración de aquel tipo en mi cara, enterré mi cabeza más en el pecho de Samuel, esperando el golpe que terminaría con este sufrimiento de una vez…esperé con los ojos apretados durante un rato, pero no pasaba nada, me atreví a abrir los ojos despacio…lo que vi me dejó anonadado.

Una especie de aurora blanca nos protegía, levanté mi cabeza y visualicé una femenina enfrente de nosotros, tenía el pelo blanco y muy largo, su presencia hizo que reinara la tranquilidad en mi corazón, susurró algo que no distinguí y salió del circulo que nos rodeaba. Presencie con atención lo que sucedía fuera.

-Ya basta de hacer daño a las personas Ronald- su voz era aterciopelada y hablaba con serenidad…un momento, los conocía?

-He-Helen?…- el padre se acercó a esta mujer con los ojos abiertos, sorprendido y sus hijos no se quedaron atrás

-Si soy yo, he venido aquí para que dejéis vuestra labor y vengáis conmigo al más allá, allí seremos felices-

-Pero ellos te mataron- el padre se quedó enfrente de su mujer

-Ellos no fueron, ni ninguno a los que matasteis, vosotros estáis haciéndolo mal…pero ahora podéis venir conmigo los tres, podemos volver a ser la familia de antes- la figura femenina estiró su manó en señal de invitación y se elevó haciendo que un destello de luz se formara alrededor suyo

Los tres cogieron su mano y unidos, la luz hizo que brillaran como si de ángeles se trataran.

-Ahora tú, disfruta de tu amor…-

Una luz blanca, me cegó por unos instantes, cuando por fin pude volver a ver, todo ese lugar era completamente distinto, la luz reinaba el lugar y todo lo que había antes, había desaparecido.

-Gui…Guillermo…- una débil voz sonó de repente interrumpiendo mis observaciones del lugar

-Samuel! Estas vivo!-  lo abracé eufórico procurando no dañarle lo más mínimo.

Esta era una nueva oportunidad que la vida nos había brindado para que pudiéramos ser felices y tenía claro que nada nos separaría.

Ahora veía las cosas claras, amaba a Samuel y no dejaría que nada malo le pasara a partir de hoy, porque me he dado cuenta de que sin el mi vida no tiene sentido, de que prefiero morir a estar sin el amor de mi vida, sin la persona con la que quiero estar todos los días.

Ahora todo será diferente

Porque te amo…

 

Este es el gran final….espero que os guste me ha costado mucho escribirlo, el final del todo me ha ayudado con la idea la señorita Anixxmon y por eso la doy muchas gracias.

Por otro lado, me siento orgullosa de mi mini historia y espero que os guste el final que he decidido darle a mi primera mini historia, que espero de muchas más.

De nuevo, gracias por el apoyo diario que me dais, espero vuestras opiniones y mensajes.

Dentro de poco con novedades por mi Tumblr.

Un besito un abrazo y chau chau ^^