c: ric

Still think circumcision is "healthier?"

Out of 100 Circumcised boys:
75 will not readily breastfeed post-op
55 will have adverse reactions from the surgery
35 will have post-op haemorrhaging to one degree or another
31 will develop meatal ulcers
10 will need to have the circumcision surgery repeated to fix prior surgical problems/error
8 will suffer infection at the surgical site
3 will develop post-operative phimosis
2 will have a more serious complication (seizure, heart attack, stroke, loss of penis, death)
1 will require additional immediate surgery and sutures to stop hemorrhage
1 will develop fibrosis
1 will develop phimosis
1 will be treated with antibiotics for a UTI (urinary tract infection)
1 will be treated with antibiotics for surgical site infection
Of those who do receive pain medication for the surgery (about 4% of those boys undergoing circumcision in the U.S.) some will have adverse reactions to the pain medication injected

Out of 100 Intact boys:
2 will be treated with antibiotics for a UTI (fewer if the foreskin is never forcibly retracted)
1 will be told to get cut later in life for one reason or another (fewer if the foreskin is never forcibly retracted)

Me acuerdo perfectamente de sus labios. Podría moldearlos con arcilla en este momento.


Toda la topografía de su boca es fascinante. Dos montañitas perfectas y puntiagudas, un labio inferior abultado, y una línea recta en el centro. Como un río que separa las montañas del voluptuoso prado que es ese labio inferior.
Y son labios de un tono rosado delicado. Tan rosado como deberían de ser los pezones de Afrodita.
Justo ese color tan bonito, combinado con el tamaño pequeñito y redondeado de su boca, hacen que esta parezca una flor en retoño. Un botón de rosa, precisamente, así de bonita es. Y cuando él se mantiene sereno, las comisuras de su boca forman una curva que me quitó el sueño durante mucho tiempo. Como un signo de interrogación, acentuando el enigma que aún hoy son esa boca, las palabras que de ella salen, y sus besos, para mí.


Y cuando se concentra -maldita sea, cuando se concentra-, las montañas tienden a tragarse el prado de rosas en botón: 
Frunce los labios, los muerde, saliva, los frunce de nuevo. Una mueca sencilla y característica, una mueca que me atormenta.

Pero cuando sonríe, es cosa seria. Sucede que su boca se abre, como una fruta madura y roja, que con sólo verla, se sabe que tiene un sabor dulce y fresco que nada puede igualar. Entonces, deja relucir una dentadura como perlas, y sus labios se tuercen un poco a la izquierda. Es cuando sonríe, que el tono rosado de su boca contagia al resto de su rostro, enrojeciendo sus mejillas y llenando de brillo sus ojos.

—-

Hace un par de días, estaba dibujando su boca. Me ponían nerviosa los trazos: no llegaban a ser la mitad de perfectos de lo que es la figura que imitaban.
Cuando él cayó en cuenta de que era a él a quien yo dibujaba, se sonrojó y me regaló una sonrisa tímida y complacida. Por más que esto fuese lo más bonito que podía ver, me arruinaba el resto del boceto. Así que le dije que no se moviera, que tenía el ángulo deseado. Él fue obediente y retomó su pose despreocupada y relajada, a medias: sus labios estaban ahora más apretados de lo normal.
Me las apañé para dibujar su boca, tan bonita, repetidas veces, de manera que el lápiz y el papel vieron nacer algo parecido a una composición de boquitas como la de él. De pequeñas flores en retoño. Pero más nerviosa me puse cuando caí en cuenta de que era a mí a quien él sonreía así.
Cuando alcé la vista para memorizar su boca de nuevo, noté esos ojos negros y almendrados sobre mí, profundos y serios.
Me asusté por un momento de lo severos que parecían, hasta que leí en ellos algo diferente y cálido, algo que me besaba la nuca del alma y amenazaba con derretir cada centímetro de mi piel.

—-

Juro que los segundos en los que él toma mi mano son mis preferidos. Parecieran eternos a veces.
Sus manos siempre están frías y suaves, tan suaves como han de serlo el cabello de una diosa o la piel de un recién nacido.
En contraste, mis manos -y mi cuerpo entero-, siempre están calientes. Hasta yo misma me quemo a veces al tocarme.
Por eso me gusta tanto cuando él toma mis manos y las aprieta contra su pecho, las esconde entre su abrigo, o simplemente las deja suspendidas en el aire.
Su tacto frío neutraliza mi temperatura, y por un instante, es como si se derritieran para formar una sola aleación, del temple perfecto.
Y cuando él toma mi mano entre las suyas, sufro una muerte instantánea: mi respiración se corta y mi corazón late tan rápido como las alas de un colibrí lo hacen.
Esa pequeña y efímera muerte, que me ahoga con la más dulce pena, es lo más bello que puede pasarme.