buitre

Escribo porque no quiero asesinar. Escribo porque quiero joder. Escribo porque quiero doblar (o amputar) las rodillas del abusador. Escribo porque quiero silenciar mi pecho cuando se exalta. Escribo porque quiero degollar buitres escondidos. Escribo porque quiero fundir mi juventud con las marejadas nacientes de tus labios. Escribo porque quiero homenajear al héroe que tirita bajo el irónico fulgor lunar. Escribo porque quiero reírme del último paraje. Escribo porque quiero vivir. Escribo porque no quiero morir.
—  Escribo porque no quiero asesinar, Christian Hennings

Hay personas que me ha utilizado tanto, han recibido lo mejor de mi, personas con las que alguna vez fui demasiado buena y que jamas valoraron nada, que esperaban que yo haga todo para que ellos estén tranquilos, mientras yo me amanecía y pasaba días pensando en soluciones. Y cuando un día no pude, cuando un día dije “no” me devoraron viva. Me humillaron, me lastimaron, me destruyeron y mataron de a pocos a la buena persona que era. Y me di cuenta que todo este tiempo había sido carnada de buitres, que me mantenían con vida mientras haga las cosas que querían para cuando ya no pudiera, me destruyeran.

Soporte que hablen de mi, que murmuren, que mientan y digan cosas que no eran ciertas, que haga que me miren mal, los deje decir que yo era el problema, que ellos eran los buenos. Y no me defendí, ya no podía mas.

Y cuando comencé a darme cuenta de todo y tratarlos como se debían, se quejaron. Me dijeron que no era quién para que los trate mal, para que les responda o para que me queje, pero nadie les dijo a ellos que no eran quiénes para destruirme, para hacerme sentir mal después de todo lo que les ayude, nadie les hizo tomar consciencia de todo lo que dijeron.

Y se pasaron la vida quejándose de como los trataba, pero jamás volví a ser la que algún día fui con ellos. No lo merecían.

—  Era una gran estúpida.
Caso N°777 fanfic wigetta - Capítulo 3

Narra Guillermo:

Ni en los sueños más locos me podía haber imaginado estar envuelto en una situación así, estos sujetos no paraban de vigilarme, me sentía como un pequeño animal vagando por el desierto, siendo observado por buitres que me arrancarían la piel si llegase a dar un paso en falso.

Miraba a mí alrededor por si había una posibilidad de salir, pero aunque me moviera, tendría que pasar por encima de ellos ¿Qué harán conmigo estos hombres?  Desde un principio yo asimilaba que querían las joyas, pero… resulta que también era su blanco, yo ya no sé que más pensar.

-Dime tu nombre- dijo de pronto uno de los sujetos, era el que anteriormente había gritado que las joyas pertenecían a un tal Pedraska ¿quién es esa persona? y si era de él ¿Por qué me lo enviarían a mi buzón?

-¿Disculpa?- pregunté confundido, no sabía por qué quería saber mi nombre, de ningún modo me quería involucrar con ellos, si daba información personal  podrían usarlo después en mi contra.

-Es una orden niño, o acaso ¿quieres que te lance a esos tipos nuevamente?- se refería a las primeras personas que me habían interceptado, sin duda ellos parecían más agresivos, no habían dudado en golpearme y machucar mi rostro contra el coche.

-¿Qué me dice a mí que son ustedes diferentes? Después de todo… dispararon a donde yo me encontraba- dije tembloroso, estaba hablando con un grupo muy peligroso, si decía algo que los ofendiera, sería solo comida para los peces, pero tenía esa inquietud, ¿Qué me dice que estos tipos no me harán daño? Si descubren que yo no tengo la información que ellos piensan que debo tener, fácilmente podrían acabar con mi vida.

-Bueno, estás vivo ¿eso no cuenta?- respondió cortante, ¿qué clase de respuesta convincente es esa? Eso no me tranquilizaba para nada.

El sujeto grande con la cicatriz Tomó la pistola y la apuntó hacía mi seriamente –solo limítate a responder, creo que no vez cuál es tu posición todavía- dijo dando a conocer una fuerte y ronca voz.

-Soy… Guillermo… no sé qué es lo quieren de mí, pero les puedo asegurar que yo no tengo idea de estas joyas…- el terror me empezaba a invadir, jamás había sido antes apuntado con un arma, tenía un pie dentro del precipicio fúnebre, la miradas de estos tipos no mostraba miedo ni vacilación, yo era el que estaba perdido desde un principio, aún si dijera la verdad… que no sabía nada, no podía asegurar salvar mi pellejo.

Los dos hombres se miraron y se hicieron señas después de mi respuesta, él que tenía el arma apuntándome bajó su pistola para sacar un saco negro y me la puso en la cabeza.

-Esperen… les digo que no sé nada- dije desesperado ¿se iban a deshacer de mí? –Será mejor que te calles, si no quieres que te llevemos inconsciente- dijo una voz ronca, podría jurar que era el que me había amenazado con anterioridad.

Ya no solo estaba en la boca del lobo, estaba acéfalo por un camino que me llevaba a un oscuro destino, sentía que cada tic tac era la sentencia de muerte que se aproximaba, solo podía escuchar como el automóvil seguía andando.

Los hombres estaban callados, no sabía a dónde me estaban llevando, solo estaba seguro que no volvería a ver a mi familia ¿es lo mismo que le habrá pasado a Alex? De solo pensar que Alex sufrió esta misma suerte, me atormentaba, yo no iba a ser menos, seguramente en unas semanas también apareceré en los diarios, seré un cartel más que adorna las paredes de las estaciones de policías… porque seguramente ninguno de ellos se tomará la molestia de llegar hasta aquí, ¿Quién se involucraría con estos tipos? Yo no podría…

En el ambiente se volvía a sentir ese asqueroso olor a tabaco, los sujetos no se molestaban ni en abrir las ventanas ya que no sentía ni una sola brisa correr, no solo bastaba con tener la agonía de ser secuestrado… sino que también debía soportar sus horribles vicios de fumar, ¿Cómo hay gente que puede soportar este olor? A mí se me hace asfixiante.

Mientras seguía escuchando el andar del coche, suena un teléfono móvil en alguna parte, yo trataba de quedarme callado para escuchar su conversación, pero solamente podía escuchar la voz del que había contestado.

-Si… el paquete estaba donde habías dicho… no, las joyas se las llevaron… los Sicases, de eso no hay duda… - por más que guardara silencio solo se escuchaba un pitido en la otra línea, no podía saber si era un hombre o una mujer con quien se estaba comunicando, pero por lo menos tenía nombres ¿Sicases? Recuerdo que en medio del tiroteo, empezaban a decir que las joyas eran de una persona en especial, ¿Qué tipos de conflictos tiene esta gente?

-¿Él? Está bien, ahora mismo lo llevamos a donde esta Pedraska… - ¿él? Espera… ¡se refieren a mí! ¿Quién es la persona de la otra línea? ¿Por qué preguntaba por mí?

-No es asunto mío… si quieres saber lo qué le pasará, entonces será que lo averigües tu mismo, ya pagué mi favor contigo de traerlo vivo, lo que decida el jefe no es mi asunto, adiós- después de eso, el auto volvió a estar en completo silencio, al parecer había alguien que sabía de mí… entonces… ¿hubiera muerto si no fuera porque esta persona se lo pidió? Mi cabeza estaba transformándose en un ciclón, donde el terror y las dudas se mezclaban.

El coche se detuvo dando un ligero salto, como si tuvo que pasar por un lugar rocoso antes de llegar a su destino ¿seguiré estando en la ciudad? Se podía escuchar el sonido de las puertas del auto abrirse y cerrar con fuerza, hablaron un poco en la lejanía y volví a escuchar la puerta abrir para que unas manos fuertes me agarraran de los hombros.

-Camina, hemos llegado- yo no me negué a ninguna de las instrucciones que me daban, estando en esta situación lo mejor que podía hacer era obedecer, ¿aplazaría eso mi muerte? Hay que ser sinceros, aún si pataleara y corriese despavorido a quien sabe dónde, solo los haría enojar y posiblemente me llevaría un disparo en la cabeza, solo tenía que seguir avanzando, esto ya se me había ido de las manos.

Sentía pasos fuertes mientras caminábamos, como cuando entraban a una especie de museo o gran salón, el eco de las pisadas me dejaban claro que era un lugar enorme y deshabitado, un perfecto entorno para una escena del crimen, aquí cualquiera podría venir a desechar un cuerpo con la certeza de que sería encontrado años más tarde.

Me hicieron bajar lentamente por unas grandes escaleras, tal vez no eran tan grandes, pero al estar vendado no distinguía dimensiones o colores.

Sentí nuevamente el olor a tabaco invadir mi espacio, el eco ya no era tan perceptible así que de seguro había entrado a una habitación, me sentaron en una silla y por fin pude ser desvendado, era una habitación roja y oscura, los sujetos me ataban con unas cuerdas a la silla mientras trataba de acostumbrar mis ojos a la luz que se encontraba frente a mí.

Solo distinguía sombras y siluetas rodeándome, como si estuvieran esperando a alguien para decidir lo que pasaría conmigo.

Una puerta de al fondo se abrió, yo temeroso no aparté la vista de ese lugar, había aparecido un sujeto alto y canoso, vestía elegante acompañado de dos guardaespaldas con pintas parecidas a los que me habían traído hasta aquí.

El señor se sentó frente a mí, colocando sus dos manos juntas apoyadas sobre la mesa -¿Qué es lo que te dijeron?- preguntó después de mirarme de los pies a la cabeza.

-¿D…disculpe?- estaba aterrado, mi pregunta había salido titubeante frente a su presencia, el hombre parecía ser alguien importante, tenía hombres dispuesto a matar a su disposición.

-Mira chico, estoy viejo, mi paciencia no es la misma a cuando era joven, así que si respondes claramente a mis preguntas, podría llegar a un acuerdo con la gente que te tiene apuntada- miré a un costado lentamente y percibí que habían dos sujetos apuntándome con un arma.

-Volveré a preguntar… ¿Qué es lo que te dijeron esos mugrosos de los Sicases?- esta vez la pregunta fue más fuerte, yo no sabía que responder, todo estaba ocurriendo tan rápido que me entraba terror que la próxima palabra que saque de mi boca sea la última.

-Yo… solo quería entregar las joyas a la policía… no sé por qué esa gente vino tras de mí… tampoco tengo idea el cómo llegó esas gemas a mi buzón… estoy hablando con la verdad… ellos pensaban que estaba con un tal Pedraska, me querían llevar… por favor… déjenme ir… yo no entendiendo nada…- el sudor inundaba mi frente, mi respuesta había salido tan débil y quebrantada, imploraba que pudiesen llegar mis palabras adecuadamente a sus oídos, porque si tenía la opción de salir vivo de aquí, era debido a este sujeto.

El hombre lanzó una pequeña carcajada y se acercó a mi rostro –ese tal Pedraska del que hablas soy yo… y ciertamente no tendría a gente como tú bajo mis órdenes- dijo volviendo a reír, mis ojos solo podían estar fijos ante su rostro, sentía que si miraba a mi alrededor no tendría más fuerzas para contestar, la sensación de ser apuntado era tan espeluznante que prefería ver el rostro del responsable principal.

-Esas… eran joyas valiosas mi amigo… encargué exclusivamente a mis mejores hombres para que lo robaran, pero resulta que dieron de algún modo contigo… y la gran pregunta que me hago es… ¿por qué?- esa última pregunta la hizo volviendo acercarse a mí con un semblante de muerte.

Tragué un poco de saliva para responder con más calma, pero era casi imposible –eso… también me lo pregunto yo… co…como le dije antes… no teng- mi respuesta se vio interrumpida por el brusco sonido de una puerta abrir en la habitación.

-Señor, él dice la verdad, yo fui quien puso el sobre en su buzón, me encargaré personalmente de recuperar sus joyas… de verdad lo lamento- hay personas que dicen que cuando tu vida está en completo riesgo escuchas las voces de tus seres queridos… en ese momento, la voz que había interrumpido de forma abrupta, parecía de alguien que jamás tendría el placer de volver a escuchar…

Mis ojos se dirigieron al lado derecho de la habitación, para ver quién era el culpable de haberme traído hasta aquí… el que había dicho que puso las joyas en mi buzón e hizo de este día un infierno para mí…

-Alex…- nuestros ojos se encontraron después de mucho tiempo, su rostro reflejaba lamentación, yo me quedé absolutamente perplejo ante ver su llamativa figura, estaba con las mismas ropas que ellos, no parecía mostrar heridas o estar desnutrido, se veía tan bien que parecía un idiota el haberme preocupado todo este tiempo.

-Querido Alex… ¿Por qué entregaste mis joyas a un tipo como este?- preguntó el señor que tenía en frente mientras se paraba de su asiento.

Alex apartó la vista de mí y se dirigió a donde estaba él – la policía dio una respuesta bastante rápida al robo, los primeros lugares que serían inspeccionados serían las carreteras y aerolíneas, no podíamos arriesgarnos a venir directamente, por eso me aseguré dejándolo en un sitio confiable… fue mi error… no pensé que los Sicases nos tenían en la mira- ¿Alex me usó? No podía creer que había sido capaz de dejarme a mi suerte con unas joyas recién robadas… y él lo había hecho ¿pero qué cojones tenía en su cabeza? ¿No éramos amigos?

El sujeto con traje tenía una cara de decepción, se paseó un rato como si estuviera pensando, el ambiente estaba tan tenso que ahora mismo un disparo sería la mejor respuesta para quebrantarlo.

Después de dar unas tantas vueltas por la habitación, se acercó con determinación a donde se encontraba parado Alex y sacó de su chaqueta un revolver y lo apuntó a su cabeza.

Sentí un gran escalofríos recorrer mi cuerpo, me estaba preparando estas semanas para encontrar el cuerpo de Alex, pero… jamás me imaginé presenciar directamente su muerte, el corazón se me agitó a mil por hora, las manos me sudaban y traspasaban las cuerdas que me tenían aún sujetas.

-Sabias que esto era un pez gordo Alex, por más que seas mi fiel lacayo no creas que estarán libre de castigo- Alex no se inmutó, estaba parado fríamente como si aceptara ese destino, no mostraba temor en sus ojos al estar frente del cañón.

-Fue mi error… me asegurare de remendarlo, pero si usted tiene para mi otro plan… entonces lo asumiré con responsabilidad… Guillermo no tiene nada que ver- no sabía que sentir, por una lado Alex me traicionó, casi muero abaleado por sus compañeros, si no hubieran estado vigilándome, ahora mismo estaría en manos de la otra banda, pero… iba  morir por mí, estaba dispuesto a llenar su frente de plomo para pagar la responsabilidad de sus actos, no puedo hacer vista gorda y fingir que realmente no me interesa lo que vaya a pasarle… él sigue siendo mi amigo.

El hombre puso el dedo en el gatillo mientras apuntada la frente de Alex, mi corazón palpitaba tan fuerte que hacía callar mi temblorosa voz, no podía hacerlo… ¡no puede matar a Alex!

Dio el gatillo sin disparar ningún estruendoso sonido, mis ojos se cerraron al instante, no tenía el valor de saber que había pasado…

-jajajaja por eso te escogí Alex, hasta el día de hoy me sorprende tu lealtad, no muchos hombres tienen las agallas de aceptar la muerte, está bien… confiaré en que traerás de regreso todas mis joyas… y si de paso matas a uno de esos malnacidos, te recompensaré muy bien- la risas y palabras del sujeto me hicieron volver a mirar, Alex no estaba muerto, seguía parado en aquel lugar, al parecer la pistola no tenía balas, ¿fue una clase de advertencia?

Alex se inclinó agradecido con el tipo de traje y se aproximó a donde yo estaba, veía detenidamente mis golpes y las cuerdas que me ataban, volteó a mirar a su jefe y preguntó preocupado –señor… ¿Qué pasará con Guillermo?- era lo que más me interesaba, Alex había sido perdonado, pero ¿Qué había de mi? Yo no tenía ninguna relación con las joyas, tampoco pertenecía a un bando que me ayudara a por lo menos hacer dudar sobre mi muerte.

-Sabe mucho Alex, tendrás que deshacerte de él, tu lo involucraste… ¿no crees que lo mejor es que tú mismo termines con su vida?- ¿Qué? ¿Es enserio? No puede ser que Alex vaya ser el que me mate… ¿no hay otra solución?

-Él podría ayudarme a recuperar las joyas, los Sicases son muy peligrosos, tener una persona más no estaría mal, si muere en manos de ellos, no estaría perdiendo un miembro de su organización- la oferta de Alex me sonaba muy cruel, me estaba ofreciendo como un ganado.

-Bien Alex, no es mala idea, la vida de este chico está bajo tu responsabilidad ahora- el hombre se retiró de la habitación dejando solo unos dos sujetos vigilándonos, Alex al parecer lo había convencido…

Alex me ayudó a desatarme de la silla, tanto mis manos como mis piernas estaban atadas firmemente, él tenía una navaja de bolsillo y la usó para hacer más rápido el proceso y me liberé casi al instante.

Al sentir mis manos desatadas me levanté dando un fuerte golpe en el rostro de Alex, los hombres que estaban vigilando me volvieron apuntar con sus armas, pero esta vez fueron detenidos por el grito de Alex.

-¡Está bien! Dejen que se descargue… me lo merezco…- mi mano quedó temblando tras el gran impacto que había hecho con su cara, estaba tan enojado que sentía que con solo un golpe no me sentiría satisfecho.

-¡¡Eres un idiota tío!! ¿Cómo has podido hacerme algo así? ¿Sabes cuánto tiempo he estado preocupado buscándote por toda esta maldita ciudad?- Alex estaba callado recibiendo todos mis reclamos, otra vez tenía ese semblante frio… no parecía el mismo amigo alegre y enérgico de la universidad, mi amigo de la infancia era un completo desconocido ante mis ojos, era el Adlátere de un gran mafioso, capaz de robar joyas valiosas y huir de la policía

-No te reconozco Alex… ya ni siquiera puedo afirmar que sigues siendo mi amigo…- tras decir eso Alex bajó su mirada, al parecer si le importaba, pero no tanto como para ponerme en riesgo…

-Yo… lo siento mucho Guille… de verdad… me alegro que sigas con vida…- el silencio invadió la habitación dejándonos los dos tirados en el suelo, mis piernas ya no daban para tantas emociones fuertes, había entrado a un enfermizo lugar, donde mi vida era solo una mercancía barata que sería usada para gente de mala monta, pero aún si mis latidos siguieran andando… yo ya no podía considerarme una persona libre…

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Terminado el capítulo 3 de este raro fanfic xD muy romántico ¿no? :v es cierto que no es el típico fanfic de Guille y Samuel, hay una historia desarrollándose en ambos lados y cuando llegue el momento de que sus caminos se juntes será mm… ¿explosivo? :v no tengo otra palabra, ajajaj considerando que es de mafia y policías solo se me ocurren palabras de disparos y cosas así xD ajaja todo llegará a su tiempo, espero sigan disfrutando de esta historia n.n os quiero!

—¿De dónde te parece que sale esa cosa caníbal? A veces también parece que está de moda pegarle a Fito Páez, por las películas, sus últimos discos…
LAS.: —Le pegan porque es Fito. A Perón le cortaron las manos y San Martín está en el billete de cinco. O sea, ya sabemos. Forma parte de nuestro acervo, de nuestra lengua popular. Podemos erigir lo que queramos y destronarlo absolutamente aunque sea lo elegido y lo amado. Tenemos esa propiedad…
La gente quiere lo que no se obtiene, no se contenta con esos genios que le han dado amor. Quiere algo que no se sabe qué es. Es como si fuera pasto para la hoguera de la desilusión y la frustración de los personajes que caen. Y ese dolor le gusta a la gente verlo y son los buitres del dolor. Por eso, por mí pueden demonizar lo que quieran. También estaban los cantos contra Gustavo Cerati. ¿Quién es el que se empoma a quién, en definitiva? La ignorancia de la gente construye esos acentos…“

Dios no es es el Padre de todos.
Existe esta doctrina errónea que mucha gente sentimentalmente cree. La llaman la paternidad universal de Dios y la hermandad universal del hombre, pero Dios en un sentido espiritual es solo el Padre de aquellos que han nacido en su familia. Usted dirá: ¡no, no, no! Dios es el creador de todo y por lo tanto el es el Padre de todo. Bien permitame decirle: Dios también creo ratas, cucarachas, buitres y cascabeles. Él no es Su Padre, Él es Su Creador. Dios es únicamente el Padre de aquellos que nacen en su familia. Recuerda lo que dice la biblia en Juan 1:12: “Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios;”. Más a todos los que le recibieron al Señor Jesús tienen la autoridad, el derecho de ser hijos de Dios, y también en Juan 8:44, Jesús hablaba a los lideres religiosos no creyentes de su tiempo diciéndoles: “Vosotros sois de vuestro padre el diablo, y los deseos de vuestro padre queréis hacer”. Usted llega a ser un hijo de Dios por la fe en Jesucristo, el Apóstol Pablo nos lo cuenta en Gálatas 3:26: “pues todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús;”. Dios llega a ser su Padre no por la creación, pero por la concepción. Cuando usted es concebido del Espíritu Santo de Dios, cuando nace por segunda vez dentro de la familia de Dios y porque usted es su hijo tiene su cuidado.
—  Anderson Robert
No he pensando en ti en todo este tiempo. Te he visto en mi y a través de mi, pero no he pensando en ti. Cómo andarás, cómo será tu paso, cuál será tu verdadero miedo. Quizás debería desaparecer, borrarme para que no nos interrumpamos o quizás, hacer de lo que nos une, la razón para no seguir compenetrándonos. Me viste como me ven pocos, tú que no has tocado nada de mi, ya me viste y quizás con cuál de todos los que soy te fuiste a casa; la lluvia aún no llega y tú ya viste la semilla, es por eso que te temo, es por eso que me aterroriza el que me quieras y yo te quiera. En mi mente flotan rostros que no se conectan con ningún corazón pero que rozan la calma y la estallan. Me miran los buitres del pasado y yo ahora los veo en todos lados, no se si gritan o cantan pero de sus lenguas emana algo que nos toca y nos cambia.
—  Awqapuma