brazos abiertos

30 formas de aprender a quererse a uno mismo

Hay muchas cosas que podemos entender con el concepto de “amor propio”: descúbrete, ámate a ti mismo antes de entablar una relación, conócete primero y conocerás a los demás, etc..

Sin embargo, la forma más absoluta de obtener amor propio es teniendo compasión por uno mismo, así puedes apreciar y hacer cosas consideradas por otros.

En mi camino hacia el autodescubrimiento y en el trabajo sobre mi amor propio, he descubierto algunas verdades importantes que aún resuenan en mi y apoyan mis esfuerzos personales.

Aquí dejo 30 verdades para recordar acerca del viaje hacia el amor propio y el autodescubrimiento:

1. Deja de compararte con otras personas. Las personas alcanzan el éxito en diferentes formas y ritmos.

2. La forma de tu cuerpo no tiene nada que ver con tu calidad como ser humano. No caigas en ese tipo de razonamiento superficial.

3. Haz ejercicio porque es bueno para tu alma, no sólo para tu experiencia en el plano físico.

4. Encuentra algo en lo que sobresalgas. La única forma de hacerlo es probando, atrévete a probar cosas nuevas y siempre persigue tus intereses.

5. Pasa más tiempo con tus amigos. Los amigos son la familia que elegimos en la vida, no dejes de invertir tu tiempo y energía en esas relaciones.

6. Pasa tiempo a solas. Está bien si quieres estar solo un viernes por la noche, debemos aprender a conocernos y a estar tranquilos en nuestra propia compañía.

7. Lee ese libro que hace tiempo que quieres leer. De hecho, lee (o escucha) tantos libros como puedas. La lectura expande la imaginación y agudiza la mente.

8. Saca muchas fotos. ¡ y no te olvides de imprimirlas! Las fotos son recuerdos que atesoramos toda la vida.

9. Deja ir el pasado. Perdona a las persona que te hirieron porque, como enseña una hermosa historia budista, hoy ni ella es la misma persona que te hirió ni tú la misma persona que fue herida. Dejar el pasado en el pasado es de las cosas más sanadoras que podemos hacer.

10. Pasa tiempo al aire libre. Descubre un nuevo sendero o parque y llénate de la energía del sol.

11. Mantén cerca a tus amigos de verdad y deja ir aquellos que en realidad no te aportan lo que necesitas en tu vida. Las personas cambiamos y crecemos en direcciones diferentes, y eso está perfectamente bien.

12. Llama a tus amigos y a tus familiares más seguido. Un llamado hace la diferencia 100%.

13. Resuelve cualquier tema pendiente que tengas en la vida. Las cosas pendientes solamente nos roban energía psíquica, haz lo que tengas que hacer y di lo que tengas que decir ahora y libérate.

14. Preocúpate de tu alimentación, es un factor importante en tu felicidad. Recuerda que la comida es energía, ojo con la energía que quieres para tu cuerpo y tu mente.

15. Regaloneate de vez en cuando. Haz algo por ti que salga de lo común. Así estarás practicando el amor propio.

16. Preocúpate de tu apariencia, pero no de una forma vanidosa ni superficial. La presentación personal dice mucho sobre cómo nos vemos y sentimos las personas con nosotras mismas. Quizás no estés en tu mejor día, pero si te preocupas por tu apariencia estarás demostrando amor por tí, lo que ayudará a transformar las cosas para mejor.

17. Ve la película que hace tanto tiempo tienes ganas de ver. Te estarás regalando un tiempo deseado a ti mismo.

18. Se activo. Si eres de las personas que pasa más tiempo sentada que moviéndote, tranquilo, no eres el único. La mayoría pasamos mucho tiempo sentados trabajando, por lo que escoger subir las escaleras en vez de usar el ascensor o caminar en vez de usar el automóvil ayudará a mover toda la energía de tu cuerpo y te sentirás mejor.

19. Ten un pasatiempo. Los pasatiempos son muy importantes cuando se trata de tener una buena calidad de vida, si aún no tienes uno, ¡descúbrelo!

20. Ahorra dinero y viaja a un lugar nuevo. Puede ser a una playa a horas de donde vives o a un país que nunca has visitado. Lo importante es que, como dice el Dalai Lama, “una vez al año ve a algún lugar en el que nunca hayas estado antes”, y así te mantendrás encantado con la vida.

21. Ríete de ti mismo. Es una de las mejores terapias para enfrentar los problemas de la vida porque dejas de ver las cosas con tanta gravedad.

22. Juega con niños y como niño. Los niños tienen la particularidad de que pareciera que siempre se mantienen en el presente absoluto, al menos cuando están jugando, haz como ellos y verás lo conectado con el mundo que te sentirás después.

23. Toca las cosas para conocer su temperatura, es una excelente forma de meditación despierta que hace que tu mente y cuerpo estén en un mismo lugar.

24. Proponte metas alcanzables y cúmplelas. Pueden ser cosas pequeñas, como “hoy subiré las escaleras”. El cumplir las metas que nos proponemos mejora enormemente nuestra autoestima.

25. Sonríe siempre que sea posible (siempre es posible). Esto te hará sentirte feliz contigo mismo y también pondrá más felices a las personas a tu alrededor.

26. Haz favores sin esperar algo de vuelta. Entregar es una acción que practican las personas positivas ya que expande la bondad de su corazón. Además, cuando entregas activas de forma positiva toda tu energía lo que se proyectará en todo lo que hagas en tu vida.

27. Cuídate. El autocuidado está directamente relacionado con el amor propio, preocúpate por tu bienestar tanto físico como material, ayúdate cuando lo necesites y no te expongas a situaciones con un daño potencial.

28. No seas tan rápido en juzgar. Todas las personas somos producto de una larga historia, incluyéndote. Se más compasivo con los demás y contigo mismo.

29. Mira hacia arriba. Mira el cielo y recuerda la hermosura del planeta, mira los colores del atardecer y mira la luna maravillosa, cuando lo haces te sientes parte de algo mucho más grande y te invade una sensación preciosa de gratitud por la oportunidad de estar vivo.

30. Recuerda que nunca podrás complacer a todo el mundo. No a todo el mundo le caerás bien, no todos estarán de acuerdo con tus opiniones y decisiones, no todas las necesidades de los demás pueden ser satisfechas por ti, y eso está bien. No te presiones ni te juzgues por estas cosas, recuerda que parte de la hermosura de la vida es el hecho de que todos seamos diferentes y gracias a esto todos tenemos un lugar desde donde brillar.
Ámate, disfruta de la vida que se te ha dado y recibe cada día con los brazos abiertos y las ganas de ser la mejor versión de ti mismo que puedas ser.

Tomando una cita prestada de Buddha:

“Puedes buscar por todo el universo a alguien que merezca tu amor y afecto más que tú mismo y no la encontrarás. Tú, más que nadie en todo el universo, te mereces tu amor y afecto”.

Es la chica con la que quisieras tropezar
tan siquiera una vez en la vida,
porque hace girar todo tu mundo
en un eje precioso
y tus pasos quieren sus coordenadas,
y es el epicentro de todos tus terremotos.

Lleva pájaros enredados en el pelo,
huele a rosas en pleno invierno,
padece el síndrome de manos frías
y espera a que algún día vengas
y se las calientes con las tuyas.

Con el tiempo se ha vuelto masoquista,
ya no esquiva las balas,
ni los peores venenos,
ni siquiera los grandes amores dañinos.

A veces la soledad toca la puerta
y ella toma de la mano su tristeza
mientras, en algún sitio del mundo,
un atardecer no vuelve a morir igual,
dos águilas surcan el cielo de la tarde-noche,
y un soñador entierra sus sueños
en el jardín donde le brillaron los ojos
por primera vez.

Ojalá vuelva a enamorarse,
como nunca
y como siempre.
Que sienta como nunca
y que caiga como siempre.
Porque una boca estará esperándola en el suelo
y durante el beso, la convertirá en cielo.
Y nunca más tendrá que preocuparse
de si mañana hará buen día para alzar vuelo
y de si mañana tendrá un suelo para aterrizar.
Porque la estará esperando
con los brazos abiertos.

A ver, bonita,
ven,
te voy a convertir en avión
y en aeropuerto.

Caminaría 34567 pasos,
7 vueltas a la tierra,
comiendo sólo sueños,
bebiendo sólo aire,
siguiendo tus huellas,
tomando fotos de todo,
imitando a las aves,
nadando pegada a la orilla,
y corriendo en carretera
si tú estuvieras del otro lado…
Con los brazos abiertos
para esperarme…
—  Clara Ajc

Por esos amigos que te dejan ser feliz, que te dejan enamorarte y no te están juzgando.
Por esos amigos que no te reclaman no poder verlos, que aprendieron por fin que no es una obligación, que a veces estamos ocupados y que eso no resta el amor.
Por esos amigos que te celan de tu pareja y que tienes que consentir hasta hacerlos entender lo que parece ser un gran cliché: “son amores distintos”. Por esos amigos que conocen todo de ti, tus mayores virtudes, tus peores defectos… y aun así, te aman y te aceptan como eres.
Por esos amigos que se han convertido en hermanos, que son familia aunque no compartan la misma sangre.
Por esos amigos que son tu cumpleaños favorito, tu fin de semana perfecto, tu navidad feliz, tu resaca de risas y el olvido ideal cuando no quieres recordar la noche anterior.
Por esos amigos que entienden que cuando borras una conversación significa que simplemente “no sucedió”. Por todos esos amigos que viven contigo tu despecho y te incluyen en su vida convirtiéndose en pañuelo para secarte las lágrimas.
Por esos amigos que le parten la cara a los que hablan mal de ti y te defienden aunque no tengas la razón para luego explicarte y hacer que aprendas la lección.
Por esos amigos que después de todo lo anterior abandonas por estar enamorado, para luego volver decepcionado.
Por esos amigos que aun al irte, aun al dejarlos a un lado, te reciben con los brazos abiertos y una botella de ron para pasar el dolor.

Porque seguramente tú eres uno de esos amigos o tienes uno así… Por eso este escrito es para la amistad, uno de los amores más lindos que tienen la humanidad.
Porque a veces ignoramos ese cariño por tener la vista ciega de tanto amor. Porque a veces cuando nos enamoramos queremos todo el tiempo con alguien y se nos olvida que hay amigos ahí extrañándonos.
La amistad acepta la libertad.
La amistad deja que te equivoques y aprendas.
La amistad verdadera no termina, aprende de la distancia y de las discusiones pero siempre se va haciendo fuerte.

— 

Amor a cuatro estaciones 

¿Distancia? ¿Eso que es? A mi la distancia me da igual, la distancia solo podrá evitar que no duerma a tu lado pero podre soñar contigo. Tampoco podre abrazarte siempre que quiera pero podre pensar en ti. También podrá evitar que yo huela a ti después de cada abrazo pero, ¿y que? Así el próximo abrazo sera mas único. A mi la distancia me da igual si una vez tumbo esos metros me esperas tu con una sonrisa y los brazos abiertos. Porque unos cuantos metros no podrán romper ese para siempre que nos prometimos, ¿verdad? 🌼
“Te pido disculpas”

Te pido disculpas por irme sin mirar atrás, por no contestar tus mensajes y decirte lo mucho que te extraño.

Llámame cobarde si eso te hace sentir bien, ódiame si quieres puedo vivir con eso.

Llevamos tanto tiempo conociéndonos que me parece increíble que no te hayas dado cuenta.

Desde el primer día trate de cuidarte de la mejor forma posible, siempre fui la fuerte para ti.

Mis brazos siempre estaban abiertos para recibirte después de un día malo o simplemente cuando necesitabas un poco más de amor.

Siempre fui tu salvavidas para que no te ahogaras, se que pude ser dura e incluso hiriente pero jamas con intenciones de lastimarte.

Porque te quiero y lo sigo haciendo, sin importar nada ni nadie.

Y te pido disculpas por dejarte, pero simplemente no podía más, ¿como no notaste que la chica frente a ti se estaba derrumbando?.

Moría cada día un poco más frente a tus ojos, pero deje todo mi dolor para apoyarte, para reconstruirte poco a poco.

Al final del día el dolor me carcomió el alma, me ahogo, me destruyo por completo y tu ni cuenta te diste.

Mi mayor temor era la soledad, ahora después de un corazón roto y miles de decepciones me di cuenta de algo, siempre lo estuve.

Un día tome la decisión de alejarme por completo, (esperando que alguien me extrañara o simplemente me buscara) ¿Adivina que? nadie lo hizo, tu no lo hiciste.

Me canse de rogar por un poco de atención, me canse de tener que esperar mi turno para llorar. 

Aprendí (por las malas) a amar mi propia compañía, aprendí a no temerle al silencio, arreglarme por mi misma y no esperar nada de nadie. Aprendí que en esta vida solamente me tengo a mi.

He perdido mucha gente en el camino, incluso te perdí a ti (después de 6 años de complicidad).

Llámame egoísta, pero ahora entiendo si no cuido de mi, nadie más lo hará.No puedo vivir esperanzada que llegara mi “hada madrina” o algún “príncipe”.

Solo me tengo a mi para salvarme, siempre me tuve a mi.

Hoy es el día

—¡Hoy es el día! —pensó mientras se dirigía a desayunar, luego de haberse abotonado su camisa verde de la buena suerte. 

Después de darle muchas vueltas al tema, finalmente se había decidido a confesarle su amor a aquella muchacha. ¿Qué importaba si no le correspondía? Ya estaba cansado de fingir indiferencia hacia ella. Terminó comprendiendo que su abuela tenía razón: uno se fatiga el triple cuando no le presta atención al corazón.

Sabía dónde la encontraría. La tomaría por sorpresa. Le compraría bombones, o flores tal vez. Eso poco le preocupaba. Ella estaría yendo a su trabajo y debía tardarse lo menos posible en su confesión.

Antes de partir le llamó a su celular para confirmar si hoy día iría a trabajar.

—Si salgo ahora, seguro me la cruzo cuando vaya por el café, enfrente del parque —se dijo.

Salió con prisa del edificio. El café estaba cerca de su departamento, así que no tardaría mucho en alcanzarla.

Cuando se dio cuenta, le restaban dos cuadras para llegar. Iba absorto en sus pensamientos: ¿Qué le respondería? ¿Cómo reaccionaría? Tan hundido en sí mismo estaba, pensando en cómo se le declararía, que caminaba sin ninguna precaución.

Un bocinazo lo despertó de su encimamiento. Se encontraba en el medio de la calle, frente a un camión que se dirigía a toda velocidad.

¿Cuántos metros voló luego de la colisión? Seguro no tenía ni idea. ¿La cantidad de moretones? No le importaba. Sólo le agradeció a Dios el haber podido levantarse del suelo. Se sacudió el polvo de sus ropas rápidamente, y antes de poder recibir insulto alguno, salió corriendo del lugar, no sin antes echar un vistazo al conductor. En su semblante, se veía reflejada una extraña mezcla de enfado y angustia. —Estará teniendo un mal día —consideró. Él sabía que debía haberse quedado, pero se le estaba haciendo tarde y tenía miedo de arrepentirse de la decisión que había tomado esa mañana.

Para su sorpresa, su cuerpo se sentía realmente bien. A pesar de haber rodado un tramo bastante largo por el pavimento, no le dolía nada. “Es por mi camisa de la suerte”, pensó entre sonrisas.

Estaba a punto de llegar al café, cuando los intensos colores de las flores llamaron su atención. Tan distraído estaba, que había olvidado por completo de comprarle algo a ella.

—¿Debería llevarle las flores? —se preguntó a sí mismo, mientras se acercaba a paso inseguro a un prado atestado de rosas.

Se agachó para cortar una, pero se arrepintió centímetros antes de tocarla siquiera.

—Si llegase a caer con un par de flores arrancadas de raíz, quedaría como terrible tacaño más que como romántico empedernido —murmuró para sí, justo cuando la vio pasar frente a él en la vereda contraria.

Cruzó con paso presuroso, y se colocó detrás de ella. La llamó por su nombre, pero pareció no escucharlo. Decidió cambiar la estrategia y darle una sorpresa, posicionándose rápidamente delante de ella, con los brazos abiertos, exclamando un afectivo “¡Eey!”. Sin embargo, ella pareció no reconocerlo. Estaba tan concentrada buscando algo en el bolso que apenas podía percatarse de su presencia. Casi como si no estuviera. “¿Se habrá enojado por lo que no le llamé anoche?” —pensó.

De repente, sonó el celular de la joven.

—Ay buenísimo, ahora sí lo encontré. ¡Hola Martín! ¿Qué? ¡¿Quién me habla?! —contestó, seguido de un largo silencio. Quien sea que fuera, hizo que en ella naciera el pánico. Sus ojos se mostraron vidriosos—. No, no es posible. No, no, ¡no! ¿Dónde? Voy para allá.

Antes de que él pudiera preguntarle qué estaba mal, la muchacha salió disparada por el camino. Él la siguió, aunque ella ya lo había dejado bastante atrás.

Para su sorpresa, ella se detuvo en el lugar en el que él casi sufre un accidente, aunque había algo raro en él. Seguía estando el mismo camión cuya repentina aparición y bocina le habían asustado. Pero había algo más. Una multitud de personas inundaba la zona, junto con un concierto de susurros, bocinas y gritos. A lo lejos, pudo divisar dos patrullas y una ambulancia.

Con una extraña determinación, ella se hizo paso entre la muchedumbre, hasta llegar al medio de la calle. A él no le costó tanto seguirla.

En el centro del espectáculo, había un hombre en una posición no muy cómoda en el suelo, sin vida. El enamorado no pudo de ver quién se trataba: ella se había abalanzado sobre el cuerpo inerte. Solo alcanzó ver que no sólo el pavimento estaba empapado de sangre, sino también la prenda que llevaba puesta esa persona. Verde. ¿Una remera? ¿Una camisa tal vez?

—¿Quién es esa mujer? —le preguntó uno de los policías a uno de sus compañeros.

—Cuando tomamos el celular del muchacho para ver con quién podíamos comunicarnos, ella era la última en el registro de llamadas.