brazo en brazo

Me digo que sí.
Que sí mil veces.
Que la quinta o la sexta es la vencida.
Que es imposible que no regrese a un lugar donde una vez me acribillaron de abrazos que ahora ya no puedo recordar.
Me repito en mi cabeza el sinfín de palabras que nunca llegue a decirte como: “No te vayas, mi vida aún no está lista”, “Te quiero tanto que duele hasta en las costillas que no tengo” y “Si te marchas ahora, cada día de mi vida será un eterno vaivén de balas que entrarán a mi pecho y nunca saldrán”.
Pero, nunca te las dije, y estoy segura de que no lo haré.
Y es cuando me digo que sí,
qué imbécil fui al dejarte.
Pero quien no se quiere llevar trozos del alma se queda,
sin razones para explicar,
se construye una casa de campaña y arma un chaleco de antibalas fuera de nuestro ventanal y sonríe,
una maldita sonrisa que nos persigue
recordando que lo hemos jodido todo.
Que sí.
Que hoy no es mañana y el ayer no volverá a pasar.
Que te has marchado de mi camino para ir a tropezarte con una piedra que no deja de enamorarte,
de hacer todas esas cosas que yo no pude hacer.
Me digo que sí.
Que me lance a la deriva para ver quién me atrapa en el trayecto,
esperando caer en los brazos adecuados.
En tus brazos.
Que sí, que sí, que sí.
Que más vale tener el corazón lleno de rasguños que una piedra a prueba de despedidas que arden en la garganta.
Así que si estás leyendo esto por coincidencia, destino, o como le quieras llamar: Sí.
Hazlo de una puñetera vez
y déjate la vida en ello.
—  Paulina Mora
2

f*cking…. captivating……..

Nos abrazamos.
Y yo no podía dejar de pensar que eran esos brazos y ese pecho, los que quería que me cobijaran en días grises, deseaba que fueran los que me protegieran en las tormentas y los que siempre lograran calmarme. Que fueran el lugar donde siempre poder refugiarme.
—  La sinfonía del alma.