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Ferdinand Hodler - “El lector” (h. 1885, óleo sobre lienzo, 31 x 38 cm, Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid)

Es curioso lo potentes que pueden llegar a ser algunos cuadros pequeños. Apenas ocupan espacio en las amplias paredes de los museos y suelen estar rodeados de muchas otras obras, a veces más grandes y llamativas. Sin embargo, en cuanto te colocas delante de ellos, todo lo que hay alrededor desaparece. Acaparan toda tu atención, sin que entiendas bien porqué. Este cuadro del pintor simbolista Ferdinand Hodler es más bien pequeño, sus colores son apagados y el tema que trata es bastante banal y austero: un anciano leyendo un periódico. ¿Qué tiene para ejercer ese magnetismo sobre el espectador que pasa a su lado? La iluminación es llamativa, muy barroca, jugando con las zonas de luz y de sombra, pero lo que más llama la atención del lienzo es la mano derecha del hombre. La forma de colocarla, apoyada en la frente con los dedos abiertos, es un gesto que frecuentemente asociamos con la desesperación. Como apenas podemos entrever su rostro, tendemos a interpretar su estado de ánimo en función de esa mano: podría estar apenado por alguna noticia que acaba de leer, pero también concentrado en la lectura, o cansado, o todo a la vez. En teoría, es una figura encerrada en sí misma, que no se comunica con el espectador. Pero curiosamente, en vez de dejarnos al margen, nos involucra. De alguna forma, empatizamos con este señor y nos esforzamos por intentar comprender lo que debe estar pensando, para hacer algo, lo que sea, cualquier cosa menos quedarnos ahí parados mirando como lee. Quizás este desasosiego inmediato que provoca en el espectador sea lo que nos hace pararnos cuando pasamos por delante, ¿qué os parece?