boda

Nunca tuvimos el perro con el que soné, mis hijas no llevaban ni su sangre ni su apellido, nunca me levante para preparar el desayuno y despedirle con un beso. No envejecimos juntos en una cabaña leyendo nuestros libros favoritos ni bebiendo el té de las 5 de la tarde. Nunca hicimos ese viaje sin rumbo por la carretera ni cantamos toda la noche hasta quedarnos sin voz, nunca pude dormir a su lado y ver como su pecho iba y venía con lenta respiración. No me casé con el amor de mi vida pero si algo he hecho estos años, es amarle tanto como el primer día….
—  Conversaciones con la abuela