bioy-casares

Sentí repudio, casi asco, por esa gente y su incansable actividad repetida. Aparecieron muchas veces, arriba, en los bordes. Estar en una isla habitada por fantasmas artificiales era la más insoportable de las pesadillas; estar enamorado de una de esas imágenes era peor que estar enamorado de un fantasma (tal vez siempre hemos querido que la persona amada tenga una existencia de fantasma).
—  Adolfo Bioy Casares. La invención de Morel (fragmento).

«En 1964, Borges veraneaba en lo de los Bioy en Mar del Plata; yo también pasaba allí unos días. La casa es vecina de la de Victoria, quien acababa de volver de Londres entusiasmadísima con los Beatles. Tal era su fervor por el conjunto que se trajo el primer disco, que acababan de grabar, y una peluca idéntica a la cabeza de John Lennon. Nos había invitado a comer a Borges, a Adolfito [Bioy Casares], a Silvina y a mí junto con otras personas, sólo para hacernos escuchar después el disco… el entusiasmo de Victoria la llevó a pedirle a Borges que se probara la peluca; él se negó con pasión. Después de un tira y afloja en que las voces de ambos se elevaron varios decibeles por encima de lo normal, ella, muy enojada, le dijo: “Usted, che, con lo empacado que es, nunca va a llegar a nada”

Vázquez, María Esther (1991). Victoria Ocampo. Argentina: Planeta.

Carta de Adolfo Bioy Casares a Elena Garro

Mi querida: 

Aquí estoy recorriendo desorientado las tristes galerías del barco y no volví a Víctor Hugo. Sin embargo, te quiero más que a nadie… Desconsolado canto, fuera de tono, Juan Charrasqueado (pensando que no merezco esa letra, que no soy buen gallo, ni siquiera parrandero y jugador) y visito de vez en vez tu fotografía y tu firma en el pasaporte. Extraño las tardes de Víctor Hugo, el té de las seis y con adoración a Helena. Has poblado tanto mi vida en estos tiempos que si cierro los ojos y no pienso en nada aparecen tu imagen y tu voz. Ayer, cuando me dormía, así te vi y te oí de pronto: desperté sobresaltado y quedé muy acongojado, pensando en ti con mucha ternura y también en mí y en cómo vamos perdiendo todo….

Te digo esto y en seguida me asusto: en los últimos días estuviste no solamente muy tierna conmigo sino también benévola e indulgente, pero no debo irritarte con melancolía; de todos modos cuando abra el sobre de tu carta (espero, por favor que me escribas) temblaré un poco. Ojalá que no me escribas diciéndome que todo se acabó y que es inútil seguir la correspondencia… Tú sabes que hay muchas cosas que no hicimos y que nos gustaría hacer juntos. Además, recuerda lo bien que nos entendemos cuando estamos juntos… recuerda cómo nos hemos divertido, cómo nos queremos. Y si a veces me pongo un poco sentimental, no te enojes demasiado…  Me gustaría ser más inteligente o más certero, escribirte cartas maravillosas. Debo resignarme a conjugar el verbo amar, a repetir por milésima vez que nunca quise a nadie como te quiero a ti, que te admiro, que te respeto, que me gustas, que me diviertes, que me emocionas, que te adoro. Que el mundo sin ti, que ahora me toca, me deprime y que sería muy desdichado de no encontrarnos en el futuro.  Te beso, mi amor, te pido perdón por mis necedades.


Adolfo.

The Invention of Morel by Aldolfo Bioy Casares and a cup of coffee—but is the coffee an apparition, nothing more than the visible manifestation of our desire for caffeine?

Hey! Send a picture of one of our books with coffee or tea to this address and we’ll post it here (making you an honorary member of the Classics and Coffee Club).

Speaking of Bioy and coffee, apparently he liked to hang out at Café la Biela in Buenos Aires with his friend Borges. The two men were fixtures there back in the day and it seems they still are. Go there today and you can join them at table.

LA NARRATIVA HISPANOAMERICANA DESPUÉS DE LA NOVELA DE LA TIERRA (II)

LA NARRATIVA HISPANOAMERICANA DESPUÉS DE LA NOVELA DE LA TIERRA (II)

Franz Roh El realismo mágico En nuestro primer artículo sobre el tópico de la narrativa hispanoamericana posterior a la llamada Novela de la tierra o Narrativa regional, ofrecimos dar una visión panorámica sobre las tendencias que se produjeron en el boom narrativo latinoamericano. A nuestro juicio, la más importante, dados sus caracteres incluyentes, ha sido la tendencia magicista. Tal dirección…

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Habrás oído, quiero creer, que el alma es inmortal. Aunque entierren tu cuerpo, el alma sigue viviendo. Para prepararnos para esa vida soñamos. No busques, no hay otra explicación para los sueños. Son anticipos. Con una diferencia, es claro: tienen despertar.
—  Adolfo Bioy Casares, La aventura de un fotógrafo en La Plata
Creo que perdemos la inmortalidad porque la resistencia a la muerte no ha evolucionado; sus perfeccionamientos insisten en la primera idea, rudimentaria: retener vivo todo el cuerpo. Sólo habría que buscar la conservación de lo que interesa a la conciencia.
—  Adolfo Bioy Casares

“La invención de Morel es el arquetipo latinoamericano de novela fantástica y con mucha razón: al leer las 129 páginas me ocurrió que era prácticamente imposible detener la lectura, resolver la dificultad de un narrador que se encuentra enamorado de una mujer con una existencia incompatible en el tiempo y el espacio.

El amor es el gran protagonista ausente. Hay que descubrirlo. Es la tarea del lector.”

—  Fragmento de mi reseña de La invención de Morel de Bioy. Primer libro que leí este año. 
La Invención de Morel

Ayer no fui a las rocas. Muchas veces me declaré que no iría hoy. A la mitad de la tarde supe que iría. Faustine no fue y quién sabe cuándo volverá. Su entretenimiento conmigo ha terminado (con el pisoteo del jardincito). Ahora mi presencia la fastidiaría como una broma que hizo gracia alguna vez y que alguien quiere repetir. Me encargaré de que no se repita.

Adolfo Bioy Casares.

Borges sueña a Bioy

Adolfo Bioy Casares
Fotografía de Gorka Lejarcegi

Si lo piensan, lo extraordinario de esta imagen es su textura onírica. Como si el fotógrafo, para obtenerla, se hubiera colado en el sueño de alguien. Imaginemos que eso es posible, que se puede entrar de forma subrepticia, con una cámara de fotos, en la cabeza de un durmiente. En la de tu mujer, pongamos por caso, en la de un amigo, en la de un adversario, o en la de una persona que te resulta del todo indiferente. Supongamos que te es permitido regresar de ese viaje con un fotograma. ¿Se parecería a éste? Quizá sí, en la atmósfera al menos, en el color, en esa geometría del fondo, tan cargada de elementos arquitectónicos simbólicos que parece un decorado. Esa perspectiva lineal, con ambición de punto de fuga, es resueltamente alucinatoria. Y luego está el sujeto retratado, de nombre Adolfo Bioy Casares, escritor argentino que practicó, entre otros, el género fantástico. ¿No les parece que nos observa también desde una dimensión de la realidad que poco o nada tiene que ver con la vigilia? Parece como sonámbulo, como perdido en un mundo de sombras alejado del nuestro.

Recuerdo que cuando tropecé con el retrato en las páginas de Cultura del periódico, lo confundí durante unas décimas de segundo con Borges, del que fue amigo íntimo y colaborador. Tras caer en la cuenta del error, que me produjo una sorpresa embarazosa, continué observando la imagen, intentando adivinar qué me había conducido a él. Ahora creo haberlo adivinado: se trata de una instantánea de Bioy, en efecto, pero que parece sacada de un sueño de Borges. ¡Es Borges soñando con Bioy! ¿O no?

— Juan José Millás