bicicletero

Aquí en el DF

No te pongas triste por mis pendejadas. Mándame por las cocas. Dame sólo dos pesos. Deja que yo pague el resto. No me tienes que extrañar. Ni esperar. Ni ver en cada cosa bonita que te encuentras al caminar por esta mugrosa ciudad. Mira al cielo dividido por cables y antenas. Compra un pan bicicletero y no olvides el café con leche para que te engulla la noche. Con luces violadoras y automovilistas sudorosos ladrando para que los dejen pasar. No te pongas triste por mis pendejadas. Deja que estas tardes rosas y contaminadas. Arrullen tu corazón-bomba de palabras listas para lastimar. Y si te sientes muy mal. Empuja a los señores mano larga del metro. Grítale a una señora con camioneta en el crucero. Peléate con un policía gordo y necio. Llega a tu casa con el corazón pisoteado por la neurosis de millones de habitantes. Lame tus moretones mientras recuerdas nuestros raros instantes. No te pongas triste por mis pendejadas. Que los dos fuimos criados por las avenidas a punto de explotar. En medio del desastre. Que es el tráfico a las seis de la tarde. Y sabemos que esto es sólo una etapa. Que aquí en el DF. Lo que no dejas ir. Te atrapa.