Le dije que no me sentía muy bien con mi cuerpo. Me tomó de las manos y me llevó al baño, me puso frente al espejo y me hizo que me mirara en él.

-Mírate, dios mío, eres perfecta. ¿Cómo puedes por un segundo dudar de tu belleza? Yo estoy embobado de cada parte de ti. Eres Hermosa, mírate.

Me quedé en silencio contemplándome y a la vez, conteniendo las lágrimas para no derrumbarme en sus brazos, porque eso ha sido lo más lindo que ha hecho alguien por mí.

-Realidades.