bares

Ella era... no era difícil, pero tenía algo, nadie sabe que, pero cada vez que le preguntaban sobre el amor, decía los comentarios más extraños que se puedan imaginar, como: ¿alguna vez te has preguntado, si las abejas nos verán a todos nosotros iguales, así como nosotros a ellas? y entonces no tenían más que contestar su pregunta pues querían seguir hablando con ella. No era la típica chica sentada en la barra del bar esperando a que alguien le invitara una copa, ella llegaba sola, bebía sola y se aseguraba de salir ella sola. No era que no le interesara el amor, o hablar sobre ello, pero no le gustaba hablar sobre ella misma, ni las veces que le habían roto el corazón, así que solo se dedicaba a dejar los bares, con los rostros confusos en la cara de aquellos que intentaban algo más. Nunca la vi salir con nadie más que con su abrigo, pero aún así, a pesar de su delicada manera de evitar a los tipos, la seguían buscando y llamando, y todas esas tonterías que hace uno cuando está enamorado. Ella los evitaba pero no porque fuera mala, solo no quería tener lo que le había sido negado tantas veces en el pasado... Y además estaba tan cansada de toparse con la misma clase de tipos, que veían sus labios como curvas asimétricas por las cuales cualquiera podrían desplazarse, porque sus labios no eran más que carne, como el resto de ella; eran los mismos chicos que veían su corazón como un lugar donde quedarse algún tiempo, conquistar y luego marcharse, pero su corazón no era más que un órgano que bombeaba sangre, como el de todos. Y ella no era más que una chica.