barcelona nit d'estiu

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Barcelona, nit d'estiu. (2013)

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Molt bé

Por ser hoy la Diada, escribiré sobre bandas sonoras en términos nacionalistas. A ver cómo salgo de esta.

Una vez leí una entrevista a Woody Allen donde el periodista, creyéndose una pluma despiadada que buscaba el flanco débil del genio, le preguntaba si no creía que sus últimas películas europeas pecaban de recurrir a los tópicos de las ciudades retratadas (Paris, Roma, Barcelona). Woody Allen, lejos de defenderse, le dio la razón y contestó algo así como: “Yo soy un extranjero para estas ciudades, ¿cómo no voy a retratarlas con la visión de un turista?” Bravo.

Frente a Vicky, Cristina, Barcelona se sitúa otra película que luce con orgullo el nombre de la ciudad condal en su título: Barcelona, Nit d’estiu. Esto supone, a mi juicio, una gran responsabilidad, ya que convierte a la ciudad en una gran diana donde dirigir los dardos si su protagonismo no queda bien justificado. Woody Allen creyó que superaría el examen (tampoco parece que le importe mucho el suspenso) sacando el Parque Güell, la Pedrera, la Sagrada Familia y una calle del Raval; en Barcelona, Nit d’estiu, frente a las limitaciones presupuestarias, se opta por reflejar la ciudad desde la trastienda. Y para ello, la banda sonora juega un papel fundamental. Permitidme en este punto resetear la entrada para hacer lo que más me gusta: hablar de mí. Prometo retomar el camino unos párrafos más adelante.

Comunicación Audiovisual es una licenciatura que se puede realizar tranquilamente en cuatro años. Yo lo hice en cinco. Resulta que eché mal las cuentas y cuando fui a solicitar mi título, me dijeron que me faltaban dos créditos para terminar la carrera. Así que el año que me pasé estudiando para las pruebas de acceso a la ECAM mientras trabajaba como camarero en un Pizza Hut del Paral.lel, también visitaba el campus de la UAB para asistir a un congreso que me garantizaba los dichosos créditos. El tema del congreso: la integración del catalán en la sociedad o algo así.

Es un tema que me aburre muchísimo. En general, todo lo que me lleve a defender Madrid en Catalu@a (recurro al @ para no herir sensibilidades) y viceversa es algo que me provoca bostezos de mal aliento. Es un tema que sólo me divierte para crear chistosos estados de Facebook y tocar un poco las pelotas. En otras situaciones intento dar la razón como a los tontos o soltar dos o tres topicazos asumiendo la voz del diablo (es relativamente fácil en este tema) y aprovecho para mantener mi actividad neuronal bajo mínimos. Así que os podéis imaginar lo que me interesaban a mí las charlas sobre la integración del catalán en Catalu@a. ¿Que qué pintaba allí entonces? Volvamos a la casilla de salida: necesitaba dos créditos.

Resulta que el congreso se produjo en invierno. Y resulta también que las charlas se realizaban a primera hora de la tarde. Así que decidí no perder el tiempo y aprovecharlo echándome la siesta. Y en esas que estaba yo abrigándome al calorcito de mi anorak y buscando acomodo en uno de los butacones de un enorme auditorio, donde cientos de aplicados estudiantes y concienzudos activistas prestaban suma atención a los conferenciantes que polemizaban sobre el uso del catalán y blablablá, cuando sentí el peso del sueño sobre los párpados y me dejé llevar de la mano de Morfeo como quien entrega su corazón durante la luna de miel. Así me las gasto yo cuando me acurruco para dormir. Debería estar caminando entre bosques burtonianos cuando, de repente, la voz metalizada de un Dios omnisciente me devolvió a la realidad para asistir a una de las mayores vergüenzas que he pasado en mi vida. Aquella voz no era otra que la de una alumna que tenía justo a mi lado y que, micro en mano, estaba formulando una pregunta a algún señor de la mesa redonda. Cuando vi que todo el auditorio tenía un ojo en ella y el otro en mí, y que todo el mundo acababa de verme durmiendo como Homer Simpson con la baba colgando, quise hacerme pequeñiiiiiiiito, pequeñiiiiiiiiiito y acabar engullido por mi anorak. La vergüenza que sentí venció al sueño y me mantuvo el resto de la charla con los ojos como platos. Gracias a eso, aprendí algo.

Aprendí la importancia del bilingüismo pasivo para integrar y potenciar el uso del catalán en la sociedad. El bilingüismo pasivo no es otra cosa que lo que hace mi mamá, que lleva 50 años en Catalu@a, cuando va a comprar perdices a una pollería: pregunta en castellano y le contestan en catalán y todos felices comiendo las perdices que mi mamá tan gustosamente ha comprado en la pollería de los simpáticos catalanes, porque no se ha originado ninguna barrera lingüística que imposibilitase la comprensión. Y esto de que el bilingüismo pasivo es cosa buena es una conclusión a la que han llegado personas que bien podrían militar en ERC y que seguramente esta tarde formarán parte de la Via Catalana. Nadie debería renunciar a la lengua con la que se siente más cómodo a la hora de hablar siempre que no suponga un problema para la comprensión por ambas partes.

Barcelona, Nit d’estiu es una declaración de principios catalanistas en el mejor de los sentidos. Para empezar, muestra la lengua alejada de los complejos que tanto nos caracteriza a los españoles (obviemos por el momento las consideraciones sobre quién es español, catalán y viceversa) a la hora de exponernos tal como somos. Aquí quien sienta vergüenza de su ele geminada, que salga de la sala; y que se lleve consigo sus prejuicios políticos, porque estamos para hablar de amor. Sin embargo, uno sale de ver la película sintiéndose, ante todo, catalán (quien lo sea, claro); y es que la gran lección que aprendí la tarde de la siesta interrumpida tiene su eco en películas como Barcelona, nit d’estiu, donde se plantea una ficción en la que no existen barreras de comprensión entre el catalán y el castellano. Y claro, esa exhibición del catalán sin ataduras, prejuicios, ni contaminaciones reivindicativas es la mejor expresión nacional que se puede hacer en estos tiempos. Creo yo.

¿Y dónde está Barcelona? No está en sus monumentos, ya que no aparece ninguno. Está en el uso del bilingüismo pasivo de sus protagonistas, porque es en la ciudad condal donde las dos lenguas conviven en el mejor sentido del concepto. Los personajes sólo tienen que bajar a la calle un ratín y hablarse en catalán/castellano indistintamente para ver a Barcelona como un protagonista más.

Creo que el concepto del bilingüismo pasivo es una buena metáfora para aplicarlo al diálogo que establece la película con su propia banda sonora. ¿Cuál era el objetivo de la charla con la que conseguí los dos créditos que necesitaba para terminar la carrera? Demostrar que la manera más efectiva para potenciar y reivindicar el catalán no es utilizarlo a cualquier precio, sino usándolo en un marco donde los castellanoparlantes puedan sentirse igualmente libres con su idioma. Y en este sentido, gracias a que Barcelona, Nit d’estiu desprende esta idea en cada fotograma, la bso puede expresarse libremente en catalán y sin que nadie pueda leer nada entre líneas que pueda usarse en su contra.

Yo quiero a Dani de la Orden como president de la Generalitat.