baldosas

es la raja andar por el centro
evitando pisar las líneas de las baldosas.
De cierta manera me despeja,
me alivia el exceso de pensar weás.

De vez en cuando hay que hacer
una pausa
contemplarse a sí mismo
sin la fruición cotidiana
examinar el pasado
rubro por rubro
etapa por etapa
baldosa por baldosa
y no llorarse las mentiras
sino cantarse las verdades.
—  Mario Benedetti, “Pausa"
Zootopia fanfic Oneshot: Un día...

Un día, espero ver tu figura delgada y pequeña, parada al final de ese largo corredor de baldosas perladas, con el rubor en tus mejillas y esa sonrisa que me ilumina y alegra la vida en cuestión de segundos, vestida de blanco y caminando del brazo de tu padre, a la mirada de tu extensa familia y de nuestros amigos, espero ese día oír nuestros votos y los sollozos de Benjamín, tus padres (más de tu papá) y Finnick (es muy sentimental aun si no lo parece), oírte decir “Acepto” y besarte sin demora mientras en nuestras manos resplandecen esas argollas doradas que juntos escogeremos una tarde de abril.

Espero ese día llamarte mi esposa.

Un día, espero llegar a casa junto a ti, después de un largo día de trabajo atrapando a los tipos malos y simplemente sentarnos en nuestro sofá dispuestos a ver los programas nocturnos y a ese Hipopótamo de cabello gracioso que tanto te hace reír, para finalmente dormir y tenerte entre mis brazos, escuchando como mis latidos y los tuyos se sincronizan.

Un día, seguramente entre lágrimas cargaremos a nuestros hijos, que aun si no comparten nuestra sangre serán nuestros y los amaremos como tal.

Serán dos niños y una niña, aun no sé si conejos o zorros , o quizás un león, pero te prometo que lo sabremos en cuanto los veamos.

Saldremos de paseo y jugaremos en el parque hasta caer rendidos.

Un día tendremos que contarles nuestra historia, la historia de como un astuto zorro fue estafado por una torpe coneja, para salvar a la ciudad.

Un día asistiremos a sus juntas del colegio y al siguiente los veremos ir a la universidad y graduarse con altos honores.

Un día volveremos a ser sólo nosotros dos.

Un día, y definitivamente espero que sea muy lejano caminaré por el mismo pasillo perlado, llevando del brazo a nuestra niñita con ese ca… Caballero y entre lágrimas bailaré con ella y después contigo, me consolarás diciendo que los zorros somos sentimentales y reirás de todo lo que haré y diré estando ebrio.

Un día tendremos una docena de pequeños llamándonos abuelos y en el día de acción de gracias y navidad nuestra casa nuevamente estará ruidosa y cálida.

Y por último…

Un día, después de muchos años, rodeado de toda nuestra familia, cerraré mis ojos y me iré a dormir pacífica y profundamente…

Y ese día me regalarás tu mejor sonrisa y me dirás “ Te has tardado, torpe zorro”

Fin.

Escribo desde el sabor agrio que me hayan amargado un dulce,
desde la esperanza abrasada del que cree que de las cenizas resurge el fuego,
desde la ventana que se ha abierto cuando te he cerrado la puerta en un quinto piso en el que mi número de la suerte ya no es más que un golpe seco contra el suelo.
A estas alturas el puedo suena a miedo, es el paladar ferrio que deja morderse la lengua cuando no quieres escupir más dolor en palabras.
Escribo mi mensaje de vete con la mirada del quédate y la luz de una llamada pérdida, desde un buzón de voz en el que nadie lo vuelve a intentar a los tres tonos de llamada, con esa sensación que tiene una anoréxica muerta de hambre, un infiel echando de menos a su pareja mientras se tira a su amante, escribo desde la rabia de un niño al que le prohíben pintar el cielo de rojo, desde la ignorancia del cojo al que pillamos después que al mentiroso.
Lo hago derribando cada muro que construimos dentro de nosotros, creyendo que así quizás la angustia que precede al dolor desaparecerá,
vivimos esperando trenes vacíos que no nos llevan a ninguna parte en lugar de construir hogares en cada una de las columnas vertebrales que son capaces de sostener cuerpos, almas, y mundos…y por eso también escribo desde una obra recitada sobre una tarta de cumpleaños que nadie se lo a comido porque engorda.
Los dos besos después de encontrarte con el amor de tu vida después de años, en cuento la injusticia en cada baldosa rota de la calle, y entre las grietas de estos espejos que tengo por ojos consigo escuchar a Maccarteny en ese let it be.
Tanto buscar respuestas y ni siquiera nos hemos planteado las preguntas.
¿Qué cojones estamos intentando averiguar? ¿Qué queremos corregirnos de más si la primera mancha en la camisa somos nosotros mismos…? Y cómo ese botón que cae del abrigo y nunca más vuelves a coser, porque lo pierdes.
Creemos que nos echarán de menos cuando abandonemos sus vidas, nos obligamos a mirar al frente como si fuésemos a saber a dónde vamos, pero si no sabemos cuál es el destino nos puede dar igual el horizonte.
Levanta la cabeza le decían al soldado, que estúpido el que lo hace y no se da cuenta que también en los charcos se ve reflejado al cielo, incendiamos los periódicos y gritamos a la televisión y enmudecemos a la radio, nos refugiamos en redes que dejaron de ser sociales hace mucho tiempo, para transformarse en trampas de cristal, pantallas que se convirtieron en máscaras en las que los niños juegan a ser adultos, los cobardes a valientes, y los cabrones encuentran un sitio en el que galopar al trote de la maldad.
Criticamos a los políticos, nos creemos que son estos denunciando a la corrupción y compartimos la foto de un niño muriendo abrazado por una playa griega. ¿Pero qué hacemos?
Nada, absolutamente nada…y por eso escribo, porque al final las lecciones de moral sólo te las da los máss imbéciles.
Porque he visto ignorantes poniéndose en pizarras y escribiendo con la misma tiza que se dibuja la silueta de un muerto, que su mar es recopilar números y se les olvida que uno más uno también es igual a nosotros,
que estoy harta de tanto escuchar el adjetivo joven para justificar mi rebeldía, es muy pronto para ti, para que vamos a oír…que me vais a enseñar si fui  yo la que alimentó a los cuervos para que me sacarán los ojos, para no ver un mundo tan cruel, tan gris, un mundo en el que ya no entrelazamos dedos sino cuchillos.
Atamos sueños y esperanzas, lo llamamos defensa, a mi no me vengáis con gilipolleces, a torear podéis iros a otras plazas aquí hemos venido a obsacar el toro a hombros, a bailar con los demonios, a posarnos en un cableado olor a muerte y tacto electricidad sólo para batir las alas y alzar el vuelo aunque sea por última vez y aunque no suelo escribir con un fuego en las palmas y mi madre me diría que la boca se me va a llenar de jabón.
Hoy no me importa, hoy lo digo, podéis iros a la mierda todos los que venís a morir porque os dejáis matar y no hacéis nada por luchar el cambio mientras yo escribiré incendiando letras únicamente para cambiar el nombre a la revolución y empezar a llamarla esperanza
—  Grito -Loreto Sesma.

Una carta para las chicas:

para la chica que
se queda en casa luego de la escuela
porque está muy deprimida
como para salir de la cama,
yo te amo.

para la chica que
se para frente al espejo,
incapaz de luchar contra las lágrimas
mientras critica cada centímetro,
yo te amo.

para la chica que
no puede mantener su cena
porque sólo perdió dos libras,
yo te amo.

para la chica que
llora en las frías baldosas
de su baño con una navaja
ensangrentada en su mano,
yo te amo.

para la chica que
lleva una camisa de manga larga
en medio del verano
para ocultar todas sus cicatrices,
yo te amo.

para la chica que
se toma un puñado de píldoras
solo para sentirse normal
por un tiempo,
yo te amo.

para la chica que
ahoga sus sentimientos
en una botella de alcohol,
yo te amo.

para la chica que
ve al único que ama
enamorarse de otra persona,
yo te amo.

para la chica que
tiene una madre que le dice
que no es lo suficientemente
buena,
yo te amo.

para la chica que
tranca la puerta de su dormitorio
cada vez que su padre ha estado bebiendo
yo te amo.

para la chica que
no quiere ir a casa esta noche
porque sus padres
están siempre discutiendo,
yo te amo.

para la chica que
se siente desesperada y sola
planeando terminar con su vida,
yo te amo.

y para ti
que lees esta carta,
quienquiera que seas, lo que sea
que la vida pudiera hacerte pasar,
recuerda siempre:
alguien ahí afuera te ama…

—  Te amo.
Tener asperger

1. Tengo ansiedad sin motivo aparente.
2. La ansiedad me hace morder mis labios y morder mis uñas.
3. No puedo tolerar los lugares atestados de cosas por donde no se pueda caminar, los muebles de las casas deben estar contra la pared o me hacen sentir incómoda.
4. ¿Derecha o izquierda? Dame un momento ¿dónde tengo el reloj?
5. Tengo que decirte algo importante, no te voy a mirar, tengo que organizar mis ideas y para eso no puedo mirarte, es serio.
6. Cruce los brazos ¿está bien? No, mejor los pongo a un lado, no. ¿Qué hago con mis brazos?
7. Estoy nerviosa, aprieto una uña contra mi dedo o la palma para tranquilizarme.
8. Necesito dormir, aprieto una uña contra mi dedo o la palma para acostumbrarme a la idea.
9. ¿No escuchas la tv o la música que suena? Pero si se escucha en toda la casa. Me duelen los oídos.
10. Esa canción la escuche un par de veces y ya me la sé pero la puedo escuchar una y otra vez cientos de veces… justamente porque ahora me la sé.
11. Mis recuerdos de la niñez son vagos, solo tengo recuerdos reales de los últimos años, el resto es una nebulosa vaga de recuerdos
12. Voy a subir 6 pisos por las escaleras, el ascensor funciona, pero no quiero saludar a nadie en el ascensor.
13. La etiqueta de la ropa me pica, tengo que arrancarla o no puedo usarla. No puedo usar nada que ajuste, que pique, que se suba, que de calor, que me apriete, que no me deje correr si lo llego a precisar. En realidad visto siempre igual, tengo cuatro pantalones iguales, seis remeras parecidas, dos pares de zapatillas iguales. Te juro que estoy limpia aunque siempre me veas vestida igual.
14. Los perfumes fuertes me afectan tanto como los ruidos fuertes.
15. Veo gente conocida y me escondo. Veo un perro desconocido y voy a conocerlo.
16. Hay temas de lo que por algún extraño motivo sé cientos de cosas y no tienen nada que ver conmigo.
17. Choco con los muebles, con cosas que luego no recuerdo haber chocado, pero tengo moretones.
18. Olores, texturas, hay cosas en el aire que me hacen picar la nariz y los ojos y no es alergia.
19. ¿Qué me calme, me relaje? ¿Qué es eso?
20. No me gustan las mentiras.
21. ¿Estoy hablando mucho? ¿Estoy hablando rápido? ¿Hablo muy alto?
22. ¿Tengo que salir de casa? No, por favor. Mi casa es mi refugio. ¿Vas a venir a casa? Está bien, pero solo un rato, mi casa es mi refugio.
23. Me programe para esta rutina y tú me la cambiaste. Me acabas de arruinar el día.
24. Dijiste a las 10:00 a.m. y se te pinchó una goma, lo entiendo. Pero dijiste a las 10:00.
25. No me llames, me escribes un texto.
26. Todo es complicado.
27. Hoy decidí no hablar, no voy a contestar el teléfono. Disculpa, no es nada personal.
28. Mis emociones son intensas.
29. Escribir alivia mi ansiedad.
30. Puedo reír, aplaudir y dar saltitos en momentos pocos apropiados. Ahora las controlo, pero estoy esperando que nadie me vea para hacerlo.
31. Las injusticias me afectan mucho.
32. Soy honesta.
33. Practico mentalmente lo que te voy a decir. Todo el tiempo.
34. Necesito tiempo a solas.
35. Me gusta compartir contigo si mi batería está alta.
36. Es probable que me invites y diga que no. Es probable que me invites y diga que sí y después aproveche cualquier excusa para no ir. De todos modos, me gusta que me invites.
37. Recuerdo mejor con imágenes visuales.
38. Me balanceo sobre mis piernas.
39. Estoy imitando tu forma de hablar, tus gestos, tus ademanes y no me doy cuenta.
40. Un tema puede obsesionarme.
41. ¿Vamos a comer? Sí, pero tal vez adonde vayamos nada me guste, si es así solo tomaré algo.
42. Puedo comer lo mismo todos los días de mi vida.
43. Quiero que sepas que tengo Asperger, no como excusa, me esfuerzo en serio por ser mejor. Quiero que lo sepas para me que me entiendas. Pero también me da miedo que pienses que estoy loca.
44. Quiero salir a compartir contigo una comida, pero no quiero que juzgues mi manera “única” de comer.
45. Necesito que seas claro conmigo si necesitas o esperas algo de mi. Eso me ayudará a estar tranquila.
46. Las personas no creen que estoy en el espectro autista porque no choco mi cabeza contra la pared o no me porto como Rain Man.
47. ¿Estas molesto? ¿Sí? ¿No? No siempre puedo leer tus expresiones.
48. ¡Hola! No, no te estaba ignorando. No siempre puedo reconocer las caras.
49. ¡Qué muchos problemas he tenido por ser sincera!
50. Cambie de dirección para no saludarte, nada personal. No estoy enojada contigo solo que hoy no “puedo” saludarte.
51. Estoy en la fila para ordenar comida ensayando cómo ordenar comida.
52. Escucho más fuerte que tú, por eso me duelen los oídos.
53. Puedo ser ruda o descortés, me lo puedes decir, es probable que no me haya dado cuenta.
54. Puedes estar molesto conmigo y honestamente yo no tener idea del por qué, dímelo.
55. Tengo que hacer una llamada, lo pienso, lo pienso, no, mejor llamo mañana.
56. Necesitar algo realmente y no comprarlo porque hay gente en la tienda.
57. Llenar el carrito de compra y dejarlo porque hay mucha gente en la fila.
58. Los libros, mi iPad, Internet, mis mascotas son mis mejores amigos.
59. Soy muy sensible con los que le pasa a los animales. Bah, soy muy sensible con muchas cosas. 
60. Paso mucho tiempo tratando de entenderme.
61. Tú ves formas en las nubes, yo en las nubes, las baldosas, el techo, el tronco de los árboles, en todas partes.
62. Me gusta como suenan en particular algunas palabras.
63. Sé que no debo decir todo lo pienso pero ahí voy y digo lo que pienso.
64. El maquillaje me incomoda, los collares me incomodan, los anillos me incomodan…
65. Estoy en una actividad, todos me caen bien, pero necesito salir un rato, no puedo con tanta gente.
66. He ido 20 veces a ese lugar pero no sé cómo llegar.
67. He ido 20 veces a ese lugar, sé cómo llegar, pero no sé cómo explicártelo.
68. Sigo con mis dedos la música en mi cabeza.
69. Si te digo que no te entiendo, es verdad, no te entiendo. ¿Podrías explicarte mejor?
70. No siempre puedo leer entre líneas, o quizás sí, pero no estoy segura si que es lo que quieres y a veces no puedo con la carga emocional que me produce.

martes

qué suerte!

      qué suerte!

           que coincidimos

entre tanto tanto universo

            en dos esquinas

en un banco de plaza medio roto

en la baldosa floja

en el quilombo de Retiro y la estación del tren

qué suerte!

     qué suerte ver cada tanto

tus labios oblicuos en sonrisa

congruente conjunción

de satelites que se perdieron

sacan chispas cuando

se miran

de perfil

______________     INCIDENTAL   _______________

Prólogo:

Un viaje a los confines de una tierra de ensueño, que nadie volvería a pisar… Al menos en el mundo de los vivos.

                                                Parte 1. Saeta  destino

Ruedas rompiendo la calma de la carretera nocturna,

Qué es…

Una mancha carmesí luchando con las flechas del viento

El volante no puede dar marcha atrás.

Estallidos de huesos al borde de un acantilado,

Los ríos púrpura corriendo por las baldosas.

                                                    Parte 2. Exhalar

Una mano amiga, sostiene un móvil,

Ayuda…

Soporte…

Consuelo…

No es posible condonar…

Tres fallecidos; dos americanos, un latino demasiado joven.

El crepúsculo separa las almas de los cuerpos las arranca al tocar la carne viva,

Voraz y precozmente como una bala atravesando el tiempo…

                                                   Parte 3. Óbito

En el sueño reposa ya,  

Cierra  las puertas  a los ojos de brillo clavel, muralla de

Preguntas sin respuesta.

Llanto y tierra.

Lapidaciones de miradas,

Tiesas de muerte.

Ataúd de velas y flores.

El beso,

Dado en la frete

Frente partida, fría

Cetrina

                                                             FIN

     En memoria de Aron Molina, el chef más guapo del cielo, te amo Picho!!. 

Autor: La Chica laberinto 

 

_____________________INCIDENTAL_________________


Prólogo:

Un viaje a los confines de una tierra de ensueño, que nadie volvería a pisar… Al menos en el mundo de los vivos.

 

                                                Parte 1. Saeta  destino

Ruedas rompiendo la calma de la carretera nocturna,

Qué es…

Una mancha carmesí luchando con las flechas del viento

El volante no puede dar marcha atrás.

Estallidos de huesos al borde de un acantilado,

Los ríos púrpura corriendo por las baldosas.


                                                    Parte 2. Exhalar

Una mano amiga, sostiene un móvil,

Ayuda…

Soporte…

Consuelo…

No es posible condonar…

Tres fallecidos; dos americanos, un latino demasiado joven.

El crepúsculo separa las almas de los cuerpos las arranca al tocar la carne viva,

Voraz y precozmente como una bala atravesando el tiempo…


                                                   Parte 3. Óbito

En el sueño reposa ya,  

Cierra  las puertas  a los ojos de brillo clavel, muralla de

Preguntas sin respuesta.

Llanto y tierra.

Lapidaciones de miradas,

Tiesas de muerte.

Ataúd de velas y flores.

El beso,

Dado en la frete

Frente partida, fría

Cetrina

                                                             FIN



 En memoria de Aron Molina, el chef más guapo del cielo, te amo Picho!!. 



Autor: La Chica laberinto 

Vanidoso

Me asomo por la ventana

abajo muere una paloma

las gotas golpean mi cabeza

me duele la espalda

entra un viento helado

potencia el frío que trajo

el silencio al que me tiraste

o yo salte huyendo


Bajo a la calle y fumo

los autos rugen enojosos

gritan y  empujan vehementes

me pierdo en el sonido

los neumáticos que cantan

mientras las baldosas traicionan

y yo miro como esperando verte

debajo de algún paraguas

escondida de miradas frías

o miradas pesadas

como la mía la última vez

cuando me gritaste vanidoso

y yo te dije si, lo soy

después fue silencio

recuerdo en silencio

te pienso bajo el agua

me trago mi vanidad y te escribo

pero parece que es tarde

siempre tan tarde

y yo que no se rendirme

Soy alguien que camina. Es la única definición
que puedo dar de mí. Caminar es avanzar un paso
después de otro. Eso es lo único que hay. Por un
barrio, por unas calles, por unas afueras: un paso
arriba de un pedazo de tierra y algunas piedras, un
paso saltando una raya que separa dos baldosas.
Y otro paso. Al final a veces llego a casa. Casa no
es el lugar adonde vivo.
Veo unos postes de luz con sus filas tan bellas de
cables. Detrás está el cielo azul del final de la tarde.
Detrás de ese cielo no hay una Mirada. Nadie que
diga: “Estás ahí”.
Necesito un método.
Voy a tomar vino en el bar. Ahí hay varios que
darían esta definición de sí mismos: soy un vaso
después de otro vaso.
—  Soy alguien que camina, Ariel Williams
Co-razones, Carlos Salem

No hace falta que me digáis eso de que perdéis la cabeza
por eso de que sus caderas…

ya sé de sobra que tiene esa sonrisa
y esas maneras
y todo el remolino que forma en cada paso de gesto que da.

Pero además la he visto seria ser ella misma
y en serio que eso no se puede escribir en un poema.

Por eso, eso que me cuentas de que “mírala cómo bebe las cervezas”
y “cómo se revuelve sobre las baldosas”
y “qué fácil parece a veces enamorarse”.

Todo eso de que ella puede llegar a ser ese puto único motivo
de seguir vivo y a la mierda con la autodestrucción…

todo eso de que los besos de ciertas bocas saben mejor es un cuento que me sé desde el día que me dio dos besos y me dijo su nombre.

Pero no sabes lo que es caer desde un precipicio y que ella aparezca de golpe y de frente
para decirte, venga, hazte un peta y me lo cuentas.

No sabes lo que es despertarte y que ella se retuerza y bostece,
luego te abrace,
y luego no sepas cómo deshacerte de todo el mundo.

Así que supondrás que yo soy el primero que entiende
el que pierdas la cabeza por sus piernas
y el sentido por sus palabras
y los huevos por un mínimo roce de mejilla.

Que las suspicacias,
los disimulos cuando su culo pasa,
las incomodidades de orgullo que pueda provocarte
son algo con lo que ya cuento.

Quiero decir que a mí de versos no me tienes que decir nada,
que hace tiempo que escribo los míos.

Que yo también la veo.
Que cuando ella cruza por debajo del cielo solo el tonto mira al cielo.

Que sé como agacha la cabeza, levanta la mirada y se muerde el labio superior.

Que conozco su voz en formato susurro
y formato gemido
y en formato secreto.

Que me sé sus cicatrices
y el sitio que la tienes que tocar en el este de su pie izquierdo para conseguir que se ría,
y me sé lo de sus rodillas
y la forma de rozar las cuerdas de una guitarra.

Que yo también he memorizado su número de teléfono
pero también el número de sus escalones
y el número de veces que afina las cuerdas antes de ahorcarse por bulerías.

Que no sólo conozco su última pesadilla,
también las mil anteriores,
y yo sí que no tengo cojones a decirla que no a nada
porque tengo más deudas con su espalda
de las que nadie tendrá jamás con la luna (y mira que hay tontos enamorados en este mundo).

Que sé la cara que pone cuando se deja ser completamente ella,
rendida a ese puto milagro que supone que exista.

Que la he visto volar por encima de poetas que valían mucho más que estos dedos,
y la he visto formar un charco de arena rompiendo todos los relojes que la puso el camino,
y la he visto hacerle competencia a cualquier amanecer por la ventana: no me hablen de paisajes si no han visto su cuerpo.

Que lo de “mira sí, un polvo es un polvo”,
y eso del tesoro pintado de rojo sobre sus uñas
y sólo los sueños pueden posarse sobre las cinco letras de su nombre.

Que te entiendo.
Que yo escribo sobre lo mismo.
Sobre la misma.

Que razones tenemos todos.

Pero yo
muchas más que vosotros.

El silencio del mar
brama un juicio infinito
más concentrado que el de un cántaro
más implacable que dos gotas

ya acerque el horizonte o nos entregue
la muerte azul de las medusas
nuestras sospechas no lo dejan

el mar escucha como un sordo
es insensible como un dios
y sobrevive a los sobrevivientes

nunca sabré que espero de él
ni que conjuro deja en mis tobillos
pero cuando estos ojos se hartan de baldosas
y esperan entre el llano y las colinas
o en calles que se cierran en más calles
entonces sí me siento náufrago y sólo el mar puede
salvarme

—  Mario Benedetti, El silencio del mar

La música retumba, molesta, melodías perdiéndose en el canal auditivo. Se mueve tranquila, falanges se aferran sobre el plástico que con cautela refugia el líquido etílico que se pierde por el torrente sanguíneo. Ignora mirada, se hace de oidos sordos ante los murmullos que la acusa, la señalan sin siquiera tener las mas mínima noción de los hechos, la condenan sin siquiera tener pruebas. Suave caminar, se pierde entre el tumulto, suave roce, un descuido; cuerpos colisionándose, encontrándose sin siquiera buscarse. Desconoce de quien ha sido la culpa, y no hay intención alguna en averiguar tal detalle, zafiros clavándose en la silueta femenina, ínfima mirada dedicada, agradece que el licor no terminase sobre las baldosas y terminara como un desperdicio más que se va sumando a la lista. “Fíjate por donde vas” suelta, lengua filosa, negándose a compartir una culpa que probablemente se divide en dos partes iguales. Y no la reconoce, no de inmediato, no es consciente de que la figura femenina es su compatriota, porque han sido esporádicos los encuentros compartidos y sus nombres jamás han sido proporcionados, o simplemente el nombre ajeno se ha perdido en la memoria de la dueña de hebras cereza.  / @fxnamf

Culpable

Capítulo 3: [Nuestras cadenas]

<<Me equivoqué una y mil veces, pero contigo.>>

Soy un monstruo, lo sé. Te enrede una y otra vez en mis fétidas y repugnantes telarañas y te arrinconé hasta el límite para que huir de mi sea un deseo imposible. Te obligue a regresar y te tomé solo cuando creí conveniente como si no me importara tu dolor, como si fuera indiferente a tus necesidades. ¿Qué me preocupaba tu bienestar? Tu bienestar está a mi lado y punto. Soy un egoísta y un sínico, no lo niego pero éste es el mundo real, donde puedes comer o dejar que te coman y yo no soy precisamente de los que comparten el plato ni deja una presa a medio comer.

Es irónico que las personas como yo sean exactamente las que me desagraden, quizás sea por mera rivalidad. Soy muy hipócrita, si también lo sé, pero ya inventaré una excusa para defender mis defectos y te volveré hacer creer que soy perfecto para ti.

Una y otra vez me he hecho la pregunta de ¿Cómo puedo cambiar mi naturaleza atractiva? ¿Cómo dejar de brillar? ¿Cómo dejar de ser seductor y llamar la atención si es espontáneo en mí? Una suerte de condición innata muy grata diría cualquier imbécil que jamás se ha enamorado, una maldición diría yo, con la que he torturado hasta la locura a la persona que más he querido amar y proteger.

Lo he intentado, de verdad lo he intentado, con todas mis fuerzas me resistí a toda clase de tentaciones, me puse el collar al cuello por ti. Clave mi mirada en los pies de las personas y no hice ni un solo comentario acerca de la belleza de nadie por casi seis meses… pero siempre con temor, temor a volver a traicionar tu confianza, con miedo de que las cadenas cayeran y mi personalidad de cazador volviera a alejarte de mí, sabía que  tarde o temprano pasaría.

Es cierto eso que dicen que uno puede enjaular a una bestia y darle de comer, pero si se escapa comerá en otra parte.

Es horrible sentirse limitado, prisionero. Siempre sueles tener la necesidad egoísta de hacer lo que es moralmente incorrecto, como sintiendo una satisfacción culpable al romper las reglas. Tú ya no me encadenarías, si quería cambiar yo mismo debía tomar la iniciativa y esta vez fui capaz de colocarme la cadena de ahorque al cuello. Pero tiré tanto de ella que terminé rompiéndola a pesar de mis fieros intentos de mantenerme leal y a tus pies. Si, con el tiempo volví a caer en viejos hábitos, a pesar de haberme prometido no volver a mirar a nadie, es imposible ir en contra de tu forma de ser.

Existe una gran diferencia entre la persona que quisieras ser y quién realmente eres. Yo tenía el ideal de ser una pareja fiel, de casarme y tener hijos, me decía a mí mismo que sería un buen novio, un buen padre, un buen esposo. Pero ese hombre tan perfecto no era yo, era un ideal de mí mismo y jamás podría ser como él. A pesar de intentar convencerme de que enamorado sería distinto, capaz de abandonar todo tipos de impulsos egoístas y lujuriosos, lo cierto es que no soy perfecto y me detesto por eso. Por no ser el hombre que él necesita. Y no es verdad que no lo ame, de hecho lo quiero mucho más de lo que quisiera pero soy humano y las costumbres son difíciles de combatir.

Aquel día, me observaste completamente decepcionado, negaste suavemente y te diste la vuelta, alejándote lentamente. Yo te vi a lo lejos, apenas a unos pasos de la entrada cuando me separé de aquella joven y tú ni siquiera me reclamaste, te fuiste destruido y yo no te frené porque me sentí asqueado de mí mismo, de que me hubieras descubierto dándole un beso en los labios a la cajera de la tienda que tanto había coqueteado conmigo. Me odiaba por haber roto tus sueños una vez más, por bajarte de aquel paraíso en el que vivimos los últimos seis meses. Una parte de mi sabía que volvería a caer, de alguna forma buscaba repetir capítulos desastrosos de mi vida.

No me molesté en alcanzarte, ya te habías ido montado en tu coche a una velocidad alarmante.

Sin despedirme de la joven, me dirigí a mi auto, aparcado a la salida de la tienda y me subí en él. Conduje hasta nuestra casa y al ingresar no pude evitar sentir mi corazón estrujarse al verte sentado con la mirada perdida y las lágrimas mojando tu rostro.

Me acerqué tan lentamente que apenas me oíste, sólo te percataste de mi presencia cuando ya estaba a tu lado y entonces te levantaste furioso y tuviste la intención de ocultarte a tu habitación, pero no te lo permití.

Mi mano sobre tu muñeca frenó tus pasos y con violencia te giraste y te deshiciste de mi agarre, ya no querías que te tocara, estabas demasiado molesto y podía sentir que no estabas en condición de escuchar razones pero necesitaba que me escucharas suplicarte que no me dejaras aunque fuera la peor persona que habías conocido, pero tu respiración ruidosa, como un toro enfurecido y tus labios apretados me dejaron sin habla.

-Lo siento.- sólo puede decir, sin saber cómo defender mis actos.

-¿Qué sientes?- su voz, profunda, grave, tan fría… me heló la piel.

-Lastimarte. No quería…-

-¿No querías?- sonrío con ironía y las lágrimas volvieron a surcar sus ojos. –Es extraño porque se te veía muy cómodo mientras me volvías a engañar.-

-Perdóname, perdóname… por favor.- me arrodillé frente a él y abracé sus piernas con capricho.

-Se terminó. Ya no te perdonaré, ya has tenido tu oportunidad y me volviste a hacer daño.- Willy intentó zafarse de mis brazos pero me sostuve con empeño. Como un chantaje barato y de telenovela, lloré intensamente sobre él sin importarme lo ridículo que me veía, estaba desesperado, completamente atemorizado. No lo quería perder…

-¡Perdón, perdón! ¡Te amo, te amo, por favor no me dejes!- él se agacho levemente y su mano se enredó en mi cabello, no iba a oírme suplicar más, se había hartado de mis mentiras. Estaba enfadado, ya no le importaba controlarse y llevó mi cabeza hacia atrás sin ningún cuidado.

-Tú no amas a nadie… No puedes quererte ni a ti mismo.- con su mano tirando de mi cabello hizo que me pusiera de pie, yo llevé mis manos hasta la suya, estaba haciéndome daño.

-¡Para!-

-¿Qué pare? ¿Quieres que pare? No voy a parar, porque te encanta que te trate así.- Con una agilidad que desconocía, Willy llevó su mano libre a su cinturón y lo desabrochó, tiró de él con fuerza recorriendo el contorno de su cintura y entonces quedó estirado a lo largo en su mano. Lo sostuvo doblándolo en dos y fue entonces cuando me soltó, empujándome en la acción. Yo, torpemente tropecé con el brazo del sofá y caí al suelo con la espalda pegada sobre las pulcras baldosas que adornaban nuestra sala con aquel color arena tan claro, entonces él se acercó amenazadoramente con el cinto en alto, como si quisiera azotarme con él. –Ahora suplica que me detenga, hazlo. Repitamos la historia de nuestro fracaso, deja que te destroce el cuerpo mientras tú me rompes el corazón.-

-Willy…-

-¿No es eso lo que querías, acaso?-

-Cometí un error, sólo ha sido uno, perdóname, ha sido sólo un desliz… todos podemos cometer un error…-

-¿Sólo uno? Has cometido tantos errores que no me alcanzaría la vida para contarlos a todos.-

-¡No Guillermo!- grité suplicante cuando el cinto fue llevado hacia atrás  para que cogiera la fuerza necesaria que haría que aullara de dolor, no era casual que la hebilla fuera lo primero que me golpearía si llegaba a azotarme. Él, al oírme, se detuvo súbitamente. -No hagas esto… no vale la pena que me golpees, que rompas tu promesa, volver a sentirte culpable por haberme hecho daño, no tienes que hacerlo…- Intenté ponerme de pie cuando parecía haberte convencido y lentamente fui irguiéndome con mis manos alzadas en alto, no iba a mentir, te temía, como un niño le teme a un padre severo. Y en cierta forma, Willy me hacía recordar a mi padre… -Por favor Willy… no quieras compartir la culpa de mis errores cometiendo los tuyos. No te ensucies las manos por mi, no valgo la pena…- suspiré dolido, derrotado. Ahora entendía de lo que hablaba Willy. Preferir dejar algo que amas con tal de no destruirlo. -No me des el gusto de verte odiándote por haberme herido, no me des la oportunidad de chantajearte por devolverme en forma de golpes lo que yo primero te ocasioné lastimándote el alma.-

-En eso tienes razón… no mereces la pena.- Bajó el cinturón. -¿Es mi libertad no es así? Ahora puedo dejarte sin sentir culpa, sin que puedas hacerme regresar con chantajes.-

-Si… puedes… Pero sé también que no quieres.-

-¿Por qué no querría? Si al final sigues siendo el mismo perro en celos.-

-Eso dímelo tú, quién en vez de aprovechar para terminar lo nuestro de una vez, preferiste azotarme.-

-Porque te amo, imbécil y no es tan fácil para mí simplemente decir adiós.-

-¿Me amas tanto que prefieres sentirte mal contigo mismo a dejarme sentirme mal por habernos hecho esto?-

-Jamás entenderás cuanto yo te amo, nunca sabrás hasta donde soy capaz de dar por ti, lo que soy capaz de hacer para protegerte de ti mismo… de los demonios que te atormentan.  Yo sé lo que en el fondo piensas de ti mismo y también sé que puedo reemplazar esos pensamientos con autocompasión cuando te hiero, porque de esa manera te sientes menos culpable por lo que me has hecho.-

-¿Qué? ¿Qué dices?-

-¿Qué no lo ves? Cada vez que te daba una paliza, tú te sentías a gusto contigo mismo, perdonado, eximido de errores. Siempre has venido a confesarme lo que habías hecho en vez de callártelo, tarde o temprano me lo decías porque te sentías culpable y yo aliviaba tu culpa descargando mi furia sobre ti.-

-¿Entonces… siempre lo has hecho por mi? ¿Para evitar que cargara con toda la culpa?-

-No, lo he hecho por los dos. Tú suplicabas un castigo por ser… como eres. Y yo… yo necesitaba sentirme menos usado y despreciado y entonces descubrí que podíamos compartir la culpa de fracasar, tu dañándome en el alma y yo lastimando tu cuerpo. Pero entonces… fui perdiendo el control y tuve miedo de mi mismo, me aterró la idea de que podía llegar a matarte en un arranque de furia y tuve que dejarte ir a pesar de que era lo último que hubiera querido…-

-¿Y qué harás ahora, que puedes dejarme? ¿Romperás mi corazón o lastimaras mi piel?- lágrimas rebeldes abandonan mis ojos sin permiso, dejan un rastro mojado que baja hasta mis labios y puedo sentir el salado de su sabor. Son abundantes ahora, que temo de su abandono. ¿Si intento comprar su compasión? No sería la primera vez sinceramente, está en mi naturaleza aprovechar la ocasión como también necesitar su abrigo para imaginar que tengo un tibio corazón palpitando en el pecho.

-Depende de que te duela menos.-

-Nada me dolería más que perderte.-

-Siempre has sido tan egoísta… capaz de llegar tan lejos con tal de obtener lo que quieres…-

-¡Tu me diste la opción de elegir! ¿Qué esperabas que respondiera? ¿Qué prefería que terminemos? Sabes perfectamente que no soy de los que aceptan una derrota…-

-Cierto… ¿Cómo puede ser tan tonto de imaginar que habías cambiado?-

-Ese es tu problema. Sigues creyendo en mis mentiras.-

-Pero ya no. Se terminó, ésta ha sido la última vez.-

-Tú sabes que esto jamás se terminará, no podemos estar separados, lo intentamos y no pudimos resistir la tentación de volver a vernos, de hablarnos, de querernos…-

-Entonces moriré resistiéndome, porque no vuelvo a aceptar que me humilles como si fuera la peor mierda que hubieras encontrado en este mundo.- sus manos retiraron sin ningún cuidado las lágrimas de su rostro. -¿Sabes?… Me das mucho asco, eres… la persona más horrible que he conocido y no mereces el amor de nadie.- su llanto, lleno de dolor me quebró también. Era difícil que Guillermo permitiera ver que lo habían dañado. Él era ese tipo de persona que no permitía que nadie viera como se lamía las heridas. Pero en ese momento se sintió tan traicionado que yo sentí su dolor, tan profundo… incluso sentí su corazón desgarrado y sangrante aullar por venganza. Podía oír los inaudibles pálpitos de ese corazón tibio destrozado y desangrándose en mi mano. Confirmé entonces, que yo era la peor persona con la que tuvo la desgracia de haberse topado.

-Guillermo… nunca tuve esa intención. Nunca quise hacerte daño… créeme.- intenté justificarme, pero por más que intenté volver a viejos trucos, ésta vez no funcionarían.

-¿Creerte? ¡Ja! No, tío… ya no creeré en tus palabras. Solo dices mierdas por la boca…-

-Si eso piensas, entonces vete. Porque mientras estés aquí seguirás siendo una tentación para mí y seguiré lastimándote.-

-No, jamás dije que me iría. Tampoco se terminará esta relación, esta vez ninguno de los dos huirá. Esta vez seré tu peor pesadilla teniéndome cerca sin poder tomarme. Me veraz cada puta mañana desayunando en el comedor o paseándome sin ropa y no podrás tocarme. Y si te atreves a irte, si se te ocurre cruzar esa maldita puerta siquiera para hacer las compras, le inventaré al público una historia que si creerán. Le diré de las cosas horribles que me dices, de las cosas que me haces… de los golpes que me has dado. Te devolveré con la misma moneda.-

-No te creerán, no tienes pruebas y es ridículo, siempre has sido tú el violento.-

-¿No? ¿De verdad piensas eso?… ¿Quieres que me ponga a llorar delante de una cámara para ver qué tan rápido lleno tus redes sociales de odio? ¿Quieres que me maquille un ojo morado a ver si no me creen? El público está acostumbrado a que tú seas el malo y yo la pobre víctima… ¿En verdad piensas que no me creerán?- yo estaba completamente desencajado, no entendía a donde quería llegar, si era sólo venganza o si había perdido la cabeza.

-No lo entiendo… ¿Para qué haces esto?-

-Porque es la única forma de no hacernos más daño ¿no lo ves?- Guillermo se acercó a mí y acunó mi rostro entre sus grandes manos, estaban heladas y blancas como la misma nieve. Lo vi detenidamente, asustado. Willy parecía un demente y me convencí de que había enloquecido, que lo había enloquecido. –No puedes controlarte, te ayudaré con eso. No te dejaré salir de aquí, sólo saldrás cuando estemos juntos. Controlaré tus llamadas y mensajes para que no tengas viejas tentaciones y si quieres ver a tus padres, tendrán que venir ellos.-

- ¡¿Qué?! Eso una locura…  ¿Y si tengo que hacer las compras y no estás?-

-Te quedarás sin comer.-

-No puedes hacer esto, es como un secuestro.-

-¡No, no lo es! Es por tu bien…- me besó en los labios pero no correspondí. –Amor… sólo quiero ayudarte, quiero cuidarte…- entonces supe que tanto daño le había provocado y lo caro que me saldría reparar mi error. -¿Me crees?-

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El precio por ser una mala persona es sin duda muy alto. Yo me he aprovechado mucho de mi posición, de mi apariencia y mi personalidad para obtener lo que siempre he querido pero ahora es cuando el karma me devuelve en altas dosis los intereses de mis malas jugadas.

Hoy hace un mes que Willy no me permite salir de casa, la relación con él es buena dentro de lo posible aunque me siento atrapado. Me ha quitado las copias de las llaves y las puertas siempre están cerradas para evitar que pudiera escapar, si acaso se me ocurría esa terrible idea.  

En cuanto a Willy, él ha hecho como si nada hubiera sucedido, es cariñoso y atento pero no me deja tocarlo ni acercarme, sólo él tiene ese privilegio. Me siento obligado a sonreír constantemente y no llevarle la contra porque me tiene amenazado con algo que puede destrozar mi futuro pero no sé cuánto podré resistir.

Poco a poco, Guillermo se pone más estricto y al ver alguna serie o película juntos debo evitar mirar de más o hacer algún comentario del personaje femenino que pudiera ser atractivo, si no lo hago, él me dejará un día entero sin comer ni beber, no me perimirá ducharme o me hará dormir en el suelo. Pero si me porto bien, puedo dormir a su lado, me deja por las noches abrazarlo y si está de humor hacemos algo más… Si mi comportamiento fue bueno me deja elegir el postre o la cena y hasta juega conmigo en la cama haciéndonos cosquillas, como una pareja normal… y aunque eso me hace feliz, no dejo de sentirme constantemente amenazado. Puedo dar fe que no me ha golpeado ni una sola vez, ha mantenido su promesa, tampoco me ha faltado al respeto, al menos no con malas palabras aunque a veces es un poco grosero conmigo. No me da las gracias si hago algo por él y si hay alguien más en la casa, un amigo de él o que compartimos, me hecha de la habitación. No quiere que esté allí, dice que estorbo.

Hoy he cometido el gran error de abrir un mensaje cerca de él. Un amigo me ha enviado una foto de una mujer desnuda y Willy lo ha visto.

-Dame eso.- me arrebata el móvil y rápidamente borra la foto, yo no intento evitárselo. – Te parece muy gracioso ¿No? Pues no probarás bocado hoy.-

-¿Qué? ¿Por qué? ¡Yo no tengo la culpa de lo que me envían, Willy!-

-¿Y no eres culpable de babosearte tampoco?-

-¿Qué dices, si apenas pude verla?- me enojé, no podía recordar ni el color de la cabellera de aquella mujer.

-He dicho que te quedas sin comer y punto.-

-¿Por qué? ¡Es injusto!-

-¡Porque estás gordo! Y no me gustas así.- odiaba que dijera eso, me llenaba de inseguridades. Me hacía sentir horrible con mi cuerpo. -¿Quieres ser feo? ¿Estar tan gordo que no puedas entrar por una puerta?-

-Vete a la mierda.- me encerré en mi habitación. Y lloré silenciosamente en su interior. Éste no era el Guillermo del que me volví a enamorar… este era el cruel, el que era bestial. No veía amor en sus ojos, sólo deseos de posesión y venganza. Quería herirme, de la misma forma que yo lo herí. Sé que merezco este trato, pero no puedo evitar que me duela.

Me quedé dormido al final, mis ojos hinchados y enrojecidos permanecieron mojados mientras yo abandonaba éste mundo y decidía que el de los sueños era mucho más atractivo que el de mi realidad con Willy. No podía decir que había dejado de amarlo, porque aún lo quería, pero cada día él se encargaba de matar un poco de ese amor y yo había asesinado el suyo.

Me desperté con la tenue luz del velador de noche y con Willy recostado a mi lado, acariciando mi entrepierna por encima del pantalón. Note entonces que mi miembro traicionero estaba respondiendo a sus atenciones para su deleite, comenzando a erectarse sólo con las caricias de su mano.

-¿Te quedaste dormido?- preguntó con voz cálida, amigable.

-Déjame, tengo sueño.- aparté su mano con un golpe en su brazo que no fue demasiado fuerte.

-Aquí tu fiel amigo no dice lo mismo.- pero él no se sintió amedrentado y volvió a acariciar y apretar la zona entre sus dedos.

-¡Para!- volví a sacar su mano, siendo más rudo esta vez. No quería que me tocara, estaba molesto.

-¡Como quieras!- se molestó también y se retiró de la habitación dando un gran portazo al salir.

-Tú te cansarás primero de mí que yo de ti, recuerda eso. No olvides que siempre fue así.- recordé sus palabras y al final estaba en lo cierto. Me había cansado de ti.

Si su piel ya no me calentaba, si el roce de su mano no me excitaba, si nuestros cuerpos al juntarse no me llevaban al éxtasis, entonces no merecía la pena estar con él. La locura de amarlo fue como tocar el sol, hermoso y a la vez trágico. Me quemó profundo y me dejó huellas pero también ardió pronto e igual de pronto se apagó el fuego entre los dos, como encender hojas secas en mitad de un bosque asolado. Lo quemó todo y se consumió tan rápido, que fue eterna la sensación y efímero el sentimiento.

¿Cómo decirte que ya no te quiero de la misma forma? ¿Cómo confesarte que te he bajado de aquel altar en el que te había idealizado? No seré sutil contigo, sencillamente ya no eres perfecto para mí.

Caminé a tu habitación y en silencio y en mitad de la noche me colé dentro de tu cuarto. Ya te habías dormido y no creí que despertarte fuera una buena opción así que decidí esperar hasta la mañana para hablar contigo pero entonces vi tu libreta sobre la cama, aquella que dice la frase que tanto te gusta “despacito y con buena letra” la leí mentalmente y sonreí. Me acerque lentamente y la tomé para apoyarla sobre la mesita de noche a un lado de tu cama pero entonces me dio curiosidad ver que tenía escrito y sin saber por qué me la llevé conmigo, a mi habitación.

-Me cuesta tanto ser este personaje cruel… ya no quiero lastimarlo, me duele ser tan despiadado con él. Sé que no puede ser de otra manera, pero quisiera que no me odiara… Yo lo amo, siempre lo voy a amar pero para Samuel sólo soy un capricho y no lo entiende. Tengo que lograr desamorarlo para que me deje en libertad. Tiene que olvidarse de mí y sólo puedo conseguirlo así, siendo un hijo de perra con él. No puedo describir como se me rompe el corazón cuando le digo algo que lo hiere, sé cuáles son sus puntos débiles y me aprovecho de ellos para darle justo donde más le duele y que él me odie. Necesito que ya no me ame, necesito que se canse de mí para que pueda dejarlo en libertad sin que me extrañe. Dios, si existes… perdóname. Prometí no volver a lastimar su cuerpo y he cumplido, prometí no volver a dejarlo sólo y espero poder cumplir esa promesa también. Pero deseo que esta vez sea él quien diga “hasta aquí” y ponga fin a nuestra relación para que no sienta que ha perdido.

Por mi parte, continuaré mi vida añorándolo en silencio. Hoy estoy deshecho, lo amo y alejarme de él me destruirá otra vez, pero al menos él estará bien. Se merece a alguien que lo ame de verdad. Alguien que lo llene por completo y ese, lamentablemente no soy yo. Lo intentamos y él no se siente completamente satisfecho conmigo. Y lo entiendo… soy demasiado poca cosa para él que es insaciable. No soy tan atrevido como él quisiera, ni tan seductor como le hubiera gustado. Soy un poco aburrido y clásico y me encantan las películas animadas más que cualquier cosa romántica, de terror o incluso erótica. Me gusta salir de día y de las noches de música no soy muy fan, no me gusta bailar ni cuidar mi cuerpo con ejercicio. Soy justo aquello que jamás podrá seducirlo, sólo soy un poco de lo que jamás probó y por eso vuelve queriendo repetir y por lo mismo siempre se va.

Quizas hubiera sido menos doloroso si hubiera acabado con esto cuando me dio la oportunidad pero tenía que decepcionarlo, dejarlo simplemente no habría sido suficiente para que se olvide de mi, tenia que dejar de ser objeto de su deseo para siempre al precio que fuera necesario…

Dejé de leer cuando no pude aguantar más mis lágrimas y temí mojar su libreta. No podía creer cuento era capaz de dar y soportar por mí…

-¿Cansarme de ti? Como pude pensar que me había cansado de ti…. Esta vez lo nuestro va a durar, te lo prometo Guillermo… en esta situación o en otra peor, pero lo nuestro no se termina.- me prometí a mí mismo.

Me regresé a su cuarto sólo para dejar la libreta en su sitio. Hablaría con él luego y trataría de convencerlo que no me importaría vivir encerrado y alejado de todo si eso me aparta de las personas que quieren alejarme de él.

-Haremos que esto funcione…- besé su frente y me preocupé porque estuviera bien arropado antes de retirarme. –Lo prometo.-