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Libertad perdida

Aviso: 

1-La siguiente historia puede contener: Lenguaje ofensivo, contenido sexual explícito y/o violencia.

2-No encontrarán en esta historia a Willy como el típico “uke” incuestionable, será un personaje rudo y para nada tierno.

Capítulo 1: La compra

El recinto era obscuro y húmedo, las luces eran mínimas, iluminaban apenas para distinguir los productos a la venta. Guillermo, un joven de apenas 23 años se acerca al vendedor, apoya un cigarro sobre sus labios y lo enciende. Viste una campera de cuerpo negro y unos vaqueros de un azul muy intenso. El joven es alto de cabello negro y sus ojos particularmente pequeños. Aleja el cigarro de su boca y exhala el humo negro de sus labios lentamente.

—Espero que tengas algo bueno que ofrecerme. Si me has hecho venir sin razón te vas a acordar de mí.-

—No te vas a arrepentir, esta vez te tengo de lo mejor para tu deleite.-

—Espero.-

El lugar estaba lleno de cajas y tablones de madera apiladas, el suelo tenía charcos de agua estancada de quien sabe cuánto tiempo, era un galpón abandonado en medio de la nada, cercano a un viejo muelle olvidado. Una puerta metálica y rechinante de un antiguo y escamado verde se abrió delante de ellos, un hombre calvo de baja estatura y unos 40 años salió y habló con el vendedor. Susurro unas palabras en su oído y se alejó. El vendedor se giró en dirección a Guillermo y sonrió. —Adelante.- le indicó mediante una señal con su brazo y atravesaron la puerta metálica.

Guillermo puso un pie dentro de la nueva habitación y percibió el olor característico del cloroformo, la mueca de asco sobre sus labios delató su intolerancia a aquel aroma. Guillermo se paró un segundo y buscó en su bolsillo, acto seguido cubrió su nariz y boca con un pañuelo. Paseo su mirada por los productos en venta. Por lo menos 20 hombres sólo cubiertos con su ropa interior, recostados en camas improvisadas, atados y amordazados. Todos ellos en buen estado físico, sin un cabello cubriendo su cuerpo exceptuando el que cubría su cabeza. —Todos estos son de la mejor calidad pero para ti he reservado una mercancía especial.- el vendedor siguió caminando hasta la última litera, Guillermo lo siguió. —Míralo. Lo mejor que encontrarás hoy.- el hombre se paró frente a un joven de unos 27 años, prácticamente inconsciente.

— ¿Características?- preguntó Guillermo, mirando al joven que sin duda había captado su atención.

—Cabello virgen, castaño oscuro, test blanca, peso ideal, trabajado. Sus padres no lo buscarán, fallecieron en un accidente.- respondió el vendedor, el guion estudiado no podía faltar. Debía ser preciso con las respuestas si no quería molestar al joven.

— ¿De dónde lo sacaste?-

—Calló en un pozo depresivo después de la muerte de sus padres y perdió el trabajo, lo conocí en un bar bebiendo como un alcohólico perdido y me acerqué a él, me gané su confianza, le prometí un buen trabajo y una buena vida… Ya sabes, las típicas promesas que se utilizan para cazar a estos pobres infelices.-

— ¿Está intacto?-

—Por supuesto, jamás te vendería algo usado.-

—Bien. ¿Cuánto pides?-

—Cinco.-

—Tres.-

— ¿Cuatro?-

—Tres.-

— ¿Tres y medio?-

—Tres y no te daré ni un centavo más.-

—Tres millones, serán.- se conformó el vendedor.

—Un placer hacer negocios contigo.- Guillermo sonrió satisfecho y las manos de los dos hombres se estrecharon.

El joven comprador se volteó buscando a su acompañante, a lo lejos un hombre de piel negra, alto, con grandes músculos estaba apoyado en el muro de la entrada. Guillermo le hizo señas con la mano para que se acercase y el hombre caminó hacia él rápidamente. —Este será.- señaló el cuerpo del joven adormecido. —Llévatelo.- el hombre de piel negra obedeció, desató al joven y lo cargó en sus brazos, su fuerza y físico le permitían levantar un cuerpo de 90 kg con facilidad.

Fuera del recinto, una camioneta negra esperaba por el muchacho, otro hombre más joven estaba al volante expectante a que regresaran sus acompañantes. Dany, el hombre de color, se acercó con el cuerpo en sus brazos. Cargaron al joven en el asiento trasero y volvió a limitar el movimiento de sus manos. Dany las esposó para evitar que pusiera resistiera si llegaba a recuperar la conciencia durante el trayecto. — ¿Y Guillermo?- preguntó Frank, el hombre al volante. —Cerrando el trato.- respondió secamente.

Guillermo caminó hasta al automóvil una vez negociado el pago. Se sentó en el asiento de adelante junto a Frank. Dany y el joven adormecido iban detrás. El auto se puso en marcha, un largo camino los esperaba hasta llegar a la mansión de Guillermo.

El joven fue recuperando la conciencia poco a poco, su mente divagaba entre sucesos que antecedieron a aquel momento, no pudiendo recordar con exactitud cuánto tiempo había transcurrido desde que aquellos hombres lo secuestraron.

Se arrepentía tanto de haber escuchado a aquel hombre culpable de todas sus desgracias, quien había endulzado su oído con falsas promesas, prometiéndole un trabajo digno, una vida mejor. Había prometido ayudarlo con su depresión, pero en vez eso terminó por hundirlo en el fango.

— ¿Dónde me llevan?- arrastraba las palabras como si hubiera bebido tanto como para olvidar como vocalizar correctamente. Su mente confusa aún sufría los estragos de las drogas que habían empleado en él y apenas podía preguntar sin volver a dormirse y olvidar nuevamente como había llegado allí.

—Dany, duérmelo. No quiero que se estrese.- ordenó Guillermo mirando al joven por el espejo retrovisor.

—Si.- el hombre de color extrajo de su bolsillo una pequeña jeringa cargada con un líquido transparente, quita el capuchón que por seguridad ha mantenido cubriendo la aguja y lentamente la clava en la vena más expuesta de su antebrazo. La poca resistencia que pone el joven no evita que volviera a drogarlo y este cae nuevamente adormecido.

—Cúbrelo. Ha salido demasiado caro como para que se enferme.- Dany obedece silenciosamente, como siempre.

— ¿Cuánto te ha costado éste maravilloso ejemplar?- pregunta animado Frank, conduciendo tan alegre y sonriente como acostumbra. Es el que menos se acopla a las caras largas y serias.

—Tres.- responde secamente Guillermo acomodándose en el asiento.

— ¡¿Tres?!-  Frank aturde a sus acompañantes con sus gritos y las miradas asesinas se posan en él como reprimenda.

—Cállate ya, que no vendes nada.- lo regaña Dany, él conoce a Guillermo demasiado como para saber que no está de humor. Sabe que en cualquier momento estampará a Frank contra el volante si sigue gritando o tan solo sonriendo. —Mantente callado y conduce, aquí tu no pintas nada.-

Frank chasca su lengua mirando a Dany por el retrovisor. —Amargado.- le dice y tiene la última palabra. Finalmente el alegre acompañante logra callarse.

Las calles son oscuras, pocos autos transitan a altas horas de la noche, era demasiado tarde para cualquier noctámbulo perdido y en aquella zona tan peligrosa era menos frecuente que la gente se anime a andar por las calles con tanta inseguridad asechando los alrededores.

Los árboles tapan la visión que las carreteras ofrecen, hay demasiada vegetación a los laterales y las luces de las farolas en su mayoría no funcionan, son adornos sin ninguna gracia cuando pierden su función de iluminar las calles desértica pero a pesar de ello a Guillermo no le molesta la falta de luz, eso evita que sea descubierto. Está cometiendo nuevamente un acto criminal, otra vez está usando a las personas como simples objetos con lo que puede hacer lo que le apetece, pero eso es a lo que se dedica, es su trabajo, su oficio, no puede evitarlo aunque quisiera, ya está hundido hasta el cuello y no hará nada para cambiar eso porque se acostumbró a esa asquerosa vida.


Aquí les dejo unas imágenes para que puedan imaginarse a Dany