avenida de la reforma

Sí, nos clausuraron la agencia.

Hace unas semanas tuve la oportunidad de visitar Helsinki, la capital de Finlandia. Un lindo lugar pero, más allá de eso, quiero compartir algo que me sucedió un día mientras estaba ahí. Estuvimos en un café con mis hijos, nos fuimos y, tiempo después, mi hija se dio cuenta de que había olvidado el celular. Tomamos un uber de vuelta para ver si lo encontrábamos y, cuando le conté mi preocupación al chofer, Sam, un nigeriano muy amable, él me respondió muy sonriente:

“This is Finland, man, of course you will find it”

Empezamos a platicar entonces sobre la vida en Helsinki y el tipo nos contó por qué, tras 18 años en Venecia, había decidido mudarse a una ciudad como ésa, con todo y su mal clima. Me habló sobre el nivel de educación del país, sobre las oportunidades que tenían ahí sus hijos, sobre todo lo que les pagaba el gobierno. En Finlandia, yo no lo sabía, le pagan un sueldo a la gente por estudiar una carrera, para que no se distraiga trabajando mientras lo hace, además de que los estudiantes tienen un 10% de descuento automático en absolutamente todo, en cualquier cosa que compren, en fin. Nos contó que él y su esposa estaban ahí de vacaciones hacía 4 años y que como nosotros, olvidaron un back pack con sus 2 Iphones y 800 euros en una parada de camión. Al llegar a su hotel se dieron cuenta y lo único que se les ocurrió fue marcar a uno de los celulares, en el que un tipo les contestó y les dijo que él tenía su backpack y que iba camino a la estación de policía a devolverlo. Quedaron de verse en la casa del tipo, llegaron y él les devolvió todo. Al ver que tanto los celulares como sus 800 euros estaban ahí, a mi amigo Sam se le ocurrió darle 400 euros en agradecimiento, a lo que el finlandés contestó:

“No, muchas gracias, pero es tu dinero, no mío, no tengo por qué aceptarlo”…

“Pero te lo quiero dar para agradecerte, me has salvado” insistió Sam  “te lo pudiste haber quedado”

“Y por qué habría de hacer eso?”, terminó el finlandés.

“Fue en ese momento que mi mujer me dijo: quiero venir a vivir a este país, quiero que mis hijos crezcan en una sociedad como ésta”, terminó contándonos Sam.

Sobra decir que llegamos de vuelta al café y en efecto, el celular de mi hija seguía ahí.

“Te lo dije: esto es Finlandia” me decía de vuelta al parque Sam. “Aquí la corrupción no existe, no es necesario robar, mentir, nada. Aquí las cosas funcionan porque el gobierno funciona, la sociedad funciona, todo se basa en la confianza”

Todo se basa en la confianza.

Todo esto es una linda anécdota que tal vez quedaría solo en eso de no ser porque, justo ese día, justo después de tener esta plática con Sam, exactamente una hora más tarde, recibí un mensaje de Ale Ballesteros desde México:

“No te quiero arruinar las vacaciones, pero es importante que hablemos”

Le llamé al instante, por supuesto.

La noticia fue tan increíble como ridícula:

Nos clausuraron la oficina.

“¿¿Cómo??, ¿¿Por qué??”, pregunté.

Hace 8 años que estamos en la casa. Tenemos todos los permisos en orden, contratamos a un asesor de la delegación para que nos dijera exactamente qué señalizaciones teníamos que tener, dónde, cuántas poner, qué manuales, todo.

¿Y por qué nos clausuraron entonces?

“Una notificación no atendida (no atendida, obvio, porque NUNCA nos llegó) para poner más letreros de “No fumar” en las áreas comunes de la agencia".

Sí, eso. Por eso, que es falso, que nunca recibimos, llegó a la agencia gente Protección Civil y nos clausuró.

Así, en 30 minutos, sacaron a 80 personas de la oficina y la clausuraron. Detuvieron el trabajo de una empresa, porque sí.

No quiero extenderme demasiado en lo que ha venido sucediendo desde entonces, pero digamos que los abogados han estado en la delegación haciendo el papeleo y lo que sea que tienen que hacer los abogados para solucionar este tipo de pedos pero, obviamente, no existe en la delegación rastro alguno de la “notificación no atendida” ni nada que se le parezca.

¿La verdadera razón de la clausura?

Algún vecino “influyente” (no sabemos quién) que presionó con dinero para que nos clausuraran porque no le gusta tener oficinas en el vecindario. Cosa que, he de decir, puedo entender, a mí tampoco me gustaría, pero por eso (entre muchas otras cosas, como el dinero, claro) no elegiría jamás una avenida como Paseo de la Reforma para vivir, pero en fin. Ya lo había intentado hace unos meses mandándonos a la delegación argumentando que “nuestro permiso de uso de suelo estaba mal” pero, como pudimos comprobar que no era cierto, no pudo hacer nada. Al parecer el tipo se molestó y esta vez (con más dinero, supongo) lo logró gracias a la “notificación no atendida”.

El hecho es que, gracias a ese “vecino influyente” estamos cumpliendo nuestra tercera semana fuera de la agencia. Sin oficina, sin teléfono, sin mucho de lo que necesitamos para operar como se debe.

Aprovecho para agradecerle de corazón a mis queridos Simón y Beto Bross por habernos dado asilo en su oficina y permitir que los invadiéramos con computadoras y demás durante dos semanas, a mi querido Pepe Becker que amablemente me ofreció también su oficina, a Oscar Evia de Terán TBWA que hizo lo mismo y a Ale mi socio en la Academia Mexicana de Creatividad. No sé qué sería de nosotros sin su ayuda. En momentos como estos uno descubre a sus verdaderos amigos.

Así seguimos, unos en home office, otros en cafés, otros en oficinas de amigos, mientras esto se soluciona.

Obviamente la solución podría ser rapidísima, si hiciéramos lo mismo que el “vecino influyente”: o sea, dar dinero.

“Vamos a solucionarlo y van a poder regresar” me dijeron los abogados el lunes, “pero te aconsejo que te vayas ya de ahí porque lo que es un hecho es que van a estar regresando una y otra vez. Una vez que empiezan es el cuento de nunca acabar, así funcionan las cosas".

“Así funcionan las cosas”…

Me acordé muchísimo de Sam: “Aquí las cosas funcionan porque el gobierno funciona, la sociedad funciona, todo se basa en la confianza”

Para intentar ser empresario en este país, hay que tener la piel muy gruesa. No importa si estás generando trabajo para la gente, no importa si te chingas día a día desde hace 8 años para construir una empresa sólida, ejemplar, que muestre que en México se hacen bien las cosas, no, no importa si estás tratando todos los días de poner en alto el nombre de tu país con lo que haces, no importa si estás tratando de educar gente, de ayudar, de mejorar la industria en la que estás, no. Si no eres “influyente” o no das dinero para solucionar algo, tarde o temprano el sistema te va a tratar de joder, porque sí, porque “así funcionan las cosas”.

Que afortunado mi amigo Sam, que vive en Helsinki. No importa si el sol no sale mucho, al menos puede vivir tranquilo.

Toda historia, por jodida que sea, tiene un lado positivo y es eso lo que yo le busco a ésta:

La realidad es que. afortunadamente, la casa de Reforma ya nos queda chica y hace tiempo que veníamos buscando una nueva oficina para mudarnos, así que pienso que esta chingadera no es sino el mensaje del destino que necesitaba para tomar la decisión de irnos de una vez. Hemos acelerado el proceso y estamos por encontrar un nuevo hogar, mejor, que nos haga más felices y en el que podamos trabajar tranquilos.

La agencia está en su mejor momento, creciendo, con clientes nuevos, con un equipo y liderazgo increíbles y con muchas cosas buenas por venir, no estamos “quebrados” ni “anónimo se está yendo a la mierda” como me contaban esta mañana que alguien en otra agencia comentaba a otras personas (comentario aparte es esa estúpido afán por crear chismes y hablar mal porque sí de alguien sin saber en verdad lo que ocurre ni por qué ocurre que tan fácil se nos da en esta industria…nunca he entendido por qué a algunos les alegra que otros tengan problemas, pero en fin)

Esa es la parte positiva. Nunca me he visto a mí mismo como un “hombre de negocios” ni mucho menos. Tampoco como un “emprendedor visionario”. Soy un creativo publicitario, un redactor, y arranqué mi agencia pensando que si me enfocaba en generar grandes ideas ( anónimo ) podría ser un negocio que me hiciera más feliz de lo que era dirigiendo una agencia grande, trasnacional, pero que no era mía. Pensé que sería mucho más sencillo de lo que ha sido, pero no importa. Esto no me va a detener.  Esto, como muchas otras cosas que me han sucedido durante estos 8 años desde que arrancó ( anónimo ) no es sino una prueba más para hacerme más fuerte, para darme más determinación, más energía para seguir siendo mejor cada día. A mí y a la gente que trabaja conmigo y que se ha fajado estas tres semanas para que las cosas sigan adelante, presentándome ideas en cafés, trabajando desde sus casas, en oficinas improvisadas, en fin. Les agradezco mucho a todos por el apoyo, en especial a mi querida Ale, que se tuvo que enfrentar a todo esto en mi ausencia, dejándome disfrutar mis vacaciones.

Y aunque nunca te volveré a ver, gracias también a ti, Sam, hasta tu taxi en Helsinki, por hacerme ver que no toda la humanidad es jodida y que sí existen todavía la decencia y los valores que separan a los seres humanos de los animales. Animales como los que, desafortunadamente, “gobiernan” e “influyen” en este país.

5

Una caravana de tractores sorprendió hoy a los capitalinos al transitar por Paseo de la Reforma; una de las principales avenidas en la capital del país.

Fueron 43 vehículos los que circularon, el mismo número de los estudiantes de Ayotzinapa desaparecidos. En su recorrido, que cambió la ruta de última hora, los trabajadores del campo demandaron la aparición con vida de los normalistas y precios justos para los productores de granos.

El recorrido inició en la columna del Ángel de la Independencia. El destino original era el Zócalo capitalino y luego la Secretaría de Gobernación. Sin embargo, la policía capitalina no permitió que siguieran su camino por la avenida Juárez. Entonces viraron en la avenida Bucareli, hacia la dependencia encabezada por Miguel Ángel Osorio Chong.

Los principales participantes de la manifestación eran integrantes de El Barzón y la Coordinadora Nacional Plan de Ayala, además de otras organizaciones campesinas.