atraganta

Cosas que le pasarían a cada signo antes de una cita:

Aries: Olvida por completo que tiene una cita y sale con sus amigos.

Tauro: Escoge el outfit perfecto, pero al salir se da cuenta que el clima cambió radicalmente.

Géminis: Se asegura de stalkear a cada miembro de su familia, sus ex’s, sus mejores amigos y hasta a los vecinos. Solo por si acaso, claro.

Cáncer: Ocurren mil cosas en su casa y está a punto de echarse a llorar, pero en menos de un minuto todo se arregla y sale campante.

Leo: Le sale un grano enorme. Maldice a todos.

Virgo: Pierde el interés incluso antes de haber salido y trata de buscar alguna excusa creíble para no ir.

Libra: No sabe qué ponerse, no sabe a dónde ir, no sabe qué decir. Llega mil horas más tarde.

Escorpio: Se mira en el espejo una decena de veces para comprobar que luce bien y se toma una foto para el recuerdo.

Sagitario: Todo el camino a la cita se la pasa tratando de recordar el nombre de la persona con la que iba a salir, típico.

Capricornio: Está hecho un manojo de nervios pero trata de disimularlo, decide no ir hasta que lo llaman. Ya no hay tiempo para excusas, capri.

Acuario: Se la pasa comiendo todo el día hasta que el teléfono suena, se atraganta y dice que está a 5 minutos. ¡Corre, acuario, corre!

Piscis: Escucha canciones románticas toda la mañana y prepara su diario para escribir lo que pasará ese día. ¡Alguien bájelo de las nubes!

- Nani.

anonymous asked:

#AskSignos Andrómeda, ¿Qué se siente ser la waifu de tantas personas?

Andromeda:…¿W-Waifu? ¿Que es eso? *mira a Orion, quien cuidaba a las estrellas*

Orion: *sin presta mucha atencion, explica desinteresado* Es algo así como que eres la favorita~ *hasta que se le prende el foco* ¡Oh! ¡Su puta favorita!

Andromeda: *se queda pensando sin saber que decir, hasta que llega Perseo junto a ellos* ¡Ah! ¡Persiii~! 

Perseo: ¡Andromeda! ¿Que sucede? 

Andromeda:  ¿Que es una puta? *bate las pestañas con inocencia* 

*Perseo casi se atraganta con su saliva, desde el fondo se puede escuchar la fina risa de Orion, esa que se escucha del cielo a la tierra* 

Orion: ¡Si Persi~! *enancha su sonrisa* ¿Que es una puta? ¿Podrias explicar con lujo de detalles? ¿O le diras que no a la carita de Andromeda? *abraza a la chica por los hombros con un puchero nada inocente* 

Andromeda: ¿Persi…? 

*Al final, Perseo no le explico una mierda a Andromeda. Le prohibió la palabra, y amarro con cinta estelar a Orion, al carro de Aurigas* 

Su frágil llama

Raro es el día que la realidad no se me atraganta y
la ezquizofrenia de lo superficial me atrapa y
se me pega en la garganta
y me ahoga.

Escudriño impaciente algún aliciente hasta ahora inadvertido
en los recovecos más oscuros y abyectos del ser humano pero,
una y ota vez, me doy de bruces con el desatino mundano del destino
de esa especie de sujetos que se creen vivos.

Tengo ganas de llorar cada uno de mis agravios, pero rio a carcajadas
en un bucle siniestro de percepción melancólica y
palabras carentes de sentido, sensibilidad y significado.

El tiempo me rodea,
me mira con desdén y pasa de largo acelerando el tranco,
los minutos se hacen enternos, las horas tensas y amargas,
los días se me deslizan como una soga al cuello y las semanas
le añaden el drama,
me explota la cabeza en un millón de pequeños fragmentos
cargados de dolor y culpa que se me clavan en el alma,
pero todavía aguanta mi cansado corazón,
duro, tenaz, impasible…
guardando con mimo su frágil llama.


- Javier López Píriz

La atracción puede desvanecerse sin estímulo como el gemido que se atraganta de silencio hasta abandonar el eco del recinto.

La fascinación perdura en su propio torrente magnético, se abastece carnívora de nombres.

Y mi fascinación por él, viva y sin domesticar se alimenta de cada fonema que compone sus perversiones.

El chico roto. {One-shot Wigetta}

El chico roto

Hay un chico en mi clase, y podía jurar que nunca lo había visto hasta hace unos días, pero su sonora y extraña sonrisa me hizo fijarme en él. Es alto, hermoso y delgado. Me he dado cuenta de que él es el tipo de persona que se desvive por ayudar a los demás, que cuando un amigo está mal deja todo y corre a abrazarlo. Esta vez es Alex, un chico que se sienta dos filas a mi izquierda.

“¿Cómo alguien puede sonreír tanto?“.

(…)

La sonrisa de Guillermo ha decaído. Ya no brilla, ahora está vacía, pero la muestra cada vez que puede aun sin ser verdadera. Y todos se la creen.

Viene vestido de colores oscuros y parece que siempre quiere esconderse a si mismo.

—Has ganado un poco de peso, Willy.— El nombrado solo baja la mirada y cuando cree que nadie lo mira se alza el borde de la chaqueta y se pellizca.

Me vuelvo e intento mostrar el interés en la maestra. No puedo.

“¿Cómo pueden estar tan ciegos para ver que está roto e inseguro?. Ellos dicen que era imperfecto, pero juraba que él era lo más próximo a la perfección para mi.”.

(…)

Han pasado tres semanas, y Guillermo ahora se sienta al fondo. Se ha alejado de sus amigos, y siempre que lo miro, él está sumergido e sus pensamientos, apoyándose en cristal, prestándole atención a la nada.

Ya no había sonrisa, ni falsa ni verdadera.

Han aparecido extrañas marcas en su piel, me di cuenta cuando una vez coincidimos en el baño. Yo no pregunté nada. Él no hizo ningún comentario. Segundos después lo tenia entre mis brazos, llorando desconsoladamente. Aun así, no me confesó nada. Ni una palabra.

Ese día, en la parte de atrás de mi cuaderno escribí:

            «Lo afilado era su pincel.                El papel su piel.              Y el resto del mundo su inspiración.».

Lo odié tanto que lo rompí en pequeños pedazos imposibles de unir.

No hemos hablado desde entonces.

“¿Cómo alguien tan perfectamente roto puede ser tan increíble y hermoso?“.

(…)

Guillermo ha faltado a clase, y lleva así una semana. La ultima vez que lo vi -en la sala del director-, sus marcas habían aumentado, estaba más pálido y delgado.

Pero de nuevo no dije nada, y él tampoco. Mas, en vez de que él corriera a mis brazos, yo sujete su mano, deseando transmitirle todo aquello que anhelaba gritarle: Eres perfecto y todo irá bien. Solo confía en ti mismo.

Y después se marcho, hasta hoy.

“¿Cómo alguien puede seguir quebrándose cuando parece imposible?”.

(…)

Guillermo intentó suicidarse. Me enteré porque escuché a Alex susurrándole a Fran.

No es que yo fuese cotilla ni metiche, solo quería saber de él.

“¿Cómo y por qué se debe exteriorizar el dolor para saber que estamos rotos?. ¿Cómo deseas dejar de luchar? ¿Cómo…?“.

(…)

Doce días después a su recuperación, por lo que estuve entendido,  -ni tan siquiera sé porqué he contado los días, ¿tan desesperado estaba?- regresó. Se volvió a sentar al final, con su mirada perdida, tan dañado y destruido como siempre. Pero esta vez, yo me levante en medio de la clase y me senté a su lado.

—Me sentaré contigo a partir de ahora, si no te importa.— Sentencie, dejando claro que no aceptaría un ‘no’ por respuesta. Intenté ignorar que el resto de la clase nos miraba.

“¿Cómo reparar a alguien? ¿Puedes hacerlo si tan siquiera?”.

(…)

—Odio mi sándwich, chaval.— Lo aparté a un lado intentando reprimir una mala cara.

—A mi tampoco me gusta el mio, tío. Odio el atún.— Jadeé en sorpresa fingida, aunque si me molestó que él siguiera sin comer.

—No te quejes y come.

—Tú no vas a desayunar.— Hizo énfasis en cada una de las palabras, como si eso fuese una excusa.— Además, esta malísimo.

—Te lo cambiaría hasta con los ojos cerrados, Willy.— Miré mi bocadillo de queso, intentando que desapareciera con la mirada.

—Venga.— Me sorprendí tanto cuando lo escuché que solo pude reír. Un calor emanó en mi. ¿Él estaba dispuesto a comer si yo comía también?.

Dudando, puse mi bocadillo en su mano. Cuando vi que empezó a desenvolver lo quise dar saltos de felicidad. Después de semanas de hacer todo para que comiese al fin lo había conseguido.

—Jamás olvides que eres perfecto para mí.— Y por supuesto que no sé porqué lo dije, pero lo necesitaba. Él necesitaba escucharlo, para que no olvidase que era genial y no debía cambiar. Y yo necesitaba decirlo porque me estaba atraganta do con ello guardandolo en mi interior.

“¿Cómo puedes sentir cosas tan fuertes en meses? ¿Cómo alguien puede significar tanto que con una palabra tenga el poder de alegrarte el día o, por el contrario, destruirte completamente? ¿Cómo…?.

(…)

—No vuelvas a hacer eso. No te dañes nunca jamas.— Suplique, sintiendo como mis ojos ardían, como mi sangre ardía a través de mis venas, con la impotencia vagando por mi cuerpo.— Jamás.— Repetí.

Nos habían mandado un proyecto para la clase de Inglés y habíamos quedado en su casa. Llegué unos minutos antes porque él siempre solía llegar tarde o no tener nada preparado, por lo que cuando entré a su habitación él saltó de su lugar… arrojando la cuchilla lejos.

—Lo merezco. Soy horrible— Negué con la cabeza.

—Eres perfecto, no lo olvides nunca. Yo no quiero que cambies, no quiero que bajes o subas de peso, no quiero que estés mas fuerte, no quiero que cambies tu personalidad o tu forma de pensar. Porque tú, simplemente siento tú, eres perfecto. Y no dejaré que pienses lo contrario.— Acaricié su mejilla, reprimiéndome a mi mismo de saltar a sus labios.— No dejes que esto te pueda Guillermo, porque me arrastrarás contigo. Me hice una promesa el día que me senté a tu lado: Estaría siempre para ti, sin importar qué. Tanto si me querías a tu lado como si no. Eso no cambiará, Willy, siempre podrás contar conmigo. Siempre, olvidando todo lo demás.

No me contestó, pero a veces un gesto dice más que mil palabras, y él tapó sus heridas, tanto las resientes como las antiguas. Sabía lo que significaba: ‘Daré todo de mi para que no vuela a ocurrir’.

“¿Cómo sabes si estás haciendo bien arreglando a alguien, uniendo sus descarriados pedazos? ¿Cómo mantenerlo fuerte? ¿Cómo, sin que se note que estás perdidamemte enamorado de él?.“

(…)

—¿Te quedarás conmigo, sin importar cómo de roto y quebrado esté?.— Preguntó el mejor, siendo tan tierno como siempre, escondiendo su rostro en el hueco de mi cuello.

—Siempre, amando cada uno de los pedazos, intentando unirlos.

—¿Amando?— Mierda, chaval, había hablado demasiado.

—¿Está mal amar?— Quise desviar el tema con otra pregunta, pero no funcionó. Guillermo unió nuestras manos.

—Bien, porque yo también te amo, cada parte de mi lo hacen incluso mi demacrado corazón. Y tú eres el único que puede unirlos.

Sonreí como tonto y lo besé. Un beso rápido y cálido. No era como las películas, ni los libros ni las series, porque era mucho mejor de lo que ellas describían.

“¿Cómo dejar de amar a alguien aún sabiendo que no debería amarte a ti, sino a si mismo? ¿Cómo olvidar las ganad de besarlo? ¿Cómo…?”

Pero no puedo evitarlo. Nosotros no controlamos el amor, este nos controla a nosotros. Y yo, por un juego del destino, acabé cayendo sin pausa alguna por Guillermo, el chico roto de mi clase, aquel que siempre fingía estar feliz cuando en realidad se caía a pedazos.

Aprendí que no todo tiene una respuesta. Que algunos ‘cómo y por qué’ deberían dejarse tal cual, como una pregunta indefinida.

Aprendí que el amar no se trata de uno mismo, sino de la otra persona. De darlo todo, de no cuestionar, de… ser un equipo, que se complementan sin llegar a estar totalmente pegados, de dar sin esperar recibir, de dejar el miedo y lanzarse, olvidando el orgullo o la pena. Porque el amor, aquel sentimiento que nace de la nada y nos arrasa, puede con cualquier cosa si es puro y verdadero, incluso con la muerte.

(…)

Jadeo, introduciendome lentamente en él. Se retuerce un poco, supongo que por la incomodidad y algo de dolor. Me tranquilizo a mi mismo para no salirme de él, diciéndome que lo he preparado bien.

—D-duele.— Susurra, con voz ahogada. Lo sé, sé que duele, puedo imaginarlo.

—Tranquilo, chiqui, debes relajarte.— Digo, más bien en tono de suplica que de exigencia.— Por favor…

Y lo hace. Justo cuando beso y muerdo su cuello, se relaja, permitiéndome entrar por completo en él. La sensación es embriagadora, me roba el aliento, me hace desear más y más, quedarme allí por siempre, hacerlo mi hogar.

—M-muevete.— Jadea para seguidamente envolver sus piernas en mi cintura, haciendo que la sensación sea aún más intensa.

Me muevo, saliendo y entrando de su cuerpo, sin dejar de besarlo, morderlo o acariciarlo ni un segundo. Primero de forma lenta, pausada, esperando que se acostumbre, luego, rápido, cumpliendo sus deseos -y los mios, por supuesto- de más y más.

Y pronto, con ese ritmo veloz y profundo, creo que rozo el cielo por unas milésimas. Me siento en el paraíso, tanto que si en verdad es así como se siente al estar muerto, quiero irme a descansar en paz, literalmente. Me hacen falta tan solo dos segundos para decirme mentalmente que soy idiota.

—Yo…— Y él acaba también, manchándonos a ambos. Caigo sobre él y hago todo lo posible por intentar recuperar el aliento.

Nos quedamos callados, pero como viene siendo costumbre en nosotros, nuestro silencio dice más que mil palabras de amor.

“¿Cómo dejar de amarlo ahora, después de tantos meses a su lado? ¿Cómo pensar en dejarlo ahora, que ha recuperado su brillo y su verdadera -su real y hermosa- sonrisa? ¿Cómo, cuando siento que si Guillermo ya no está a mi lado, mi cerebro se detiene? ¿Cómo, cuando estoy tan enamorado de este revoltoso y desastroso chico? ¿Cómo…?“

Y no lo haré. No lo dejaré nunca si de mi depende. Porque me da igual q suene cliché, me da igual que sea típico, Guillermo es mi elegido, lo elegí cuando estaba en pedazos, lo eligió ahora que está volviendo a unirse, a ser feliz, a vivir de nuevo, y lo elegiré cuando esté totalmente bien de nuevo. Siempre será él.

(…)

Cansado y exhausto me tumbo en el sillón, observando atentamente la escena ante mis ojos: Eli corriendo por los pasillos, siendo perseguida por mi esposo, y por detrás viene el pequeño Samuel, tambaleandose, intentando seguir el ritmo de ambos. Sonrió sin poder evitarlo.

“A veces me preguntó quien será más infantil, si nuestros hijos o él”

—Samuel.— Advierto, en un tono monótono, aunque por dentro estoy riendo a carcajada, viendo como el tonto de mi marido juega correteando a los niños.— Samuel, se caerá de nuevo.— Levanto un poco la voz, sin llegar a gritar.

—Que no tontorrón.— Su voz denota calidez, tanta que a pesar de que llevamos muchísimos años juntos, y de que solo ha sido un tonto apodo dicho de forma cariñosa, mi corazón se acelera.

“No es lo que dice, si no quien".

Levanto la vista del suelo, posando mis ojos rasgados en Eli, mi pequeña de ocho años, y pasándola por Samuel, mi pequeño niño de casi dos años. Por ultimo, miro al mayor, -quien también parece un niño ahora mismo-. Y por más que intento reprimirme, no puedo. Rio y rio sin parar, uniendome a ellos, acercandome a nuestro pequeño y cogiéndole en brazos.

Porque a pesar de que la hora de cenar nos deja a los dos cansadisimos, sobretodo después del baño, jamás me negaría a esto.

Porque se trata de ellos, de mi familia.

Porque estoy orgulloso de lo que me he convertido. Gracias a él.

Porque adoro mi vida tal y como es, y a pesar de las peleas, los berrinches, y cada parte agobiante, no cambiaría nada.

Porque se trata de Samuel, de Eli, de mini Samuel (como lo llama el mayor). Se trata de mi familia y amigos. Se trata de mi.

Porque salí y vi la luz, aquella que estaba de la mano del amor de mi compañero.

Porque… he recordado como es vivir, como es sentir, como es dejar de tener miedo, como quererte, como… levantarte después de caer y no dejar que se acumule todo hasta hundirte.

Pero sobretodo, él alejó a aquel chico roto, recomponiéndolo pedazo a pedazo, reparando su demacrado corazón, enseñándole que cortase, vomitar o… pensar en dejar de existir no era la solución.

Él me había hecho feliz. Él me hace feliz. Y yo me he propuesto no dejar que su sonrisa desaparezca nunca. Mirar adelante y amar a mi familia hasta el ultimo suspiro.

“Porque aquel niño roto se fue, cuando cayó y se desquebrajó -lentamente, día a día, sin que nadie lo notara- y convirtió todo lo malo en bueno, devolviendo mis ganas de vivir y sonreír.“

—Que tonto es, chaval.— Sentí mis mejillas arder.

—Pero no me cambiarias por nada, pillín.

Y es verdad.

—Tampoco te creas tanto.— Debato, solo para picarle.

Mas él no dice nada, solo sonríe y me mira a los ojos. Yo le sonrió en respuesta.

—Te amo.— Susurra en mi odio y yo me pregunto si algún día dejara de ser tan cursi.

“Espero que no, porque una parte de mi, lo adora.”

—También te amo.— A pesar de que lo he dicho miles de veces, me da vergüenza decirlo en voz alta.

—¿Lo ves, Willy?— Me mira, con una sonrisa burlesca brillando en su rostro.— No puedes resistirte a mis encantos.— Ignora mi mala cara y se acerca a nuestro pequeño niño, quien esta perdido, al igual que hermana, viendo Bob Esponja.— Debes aprender de tu padre,  hacer que todos caigan a tus pies.— Alardea, con su voz aniñada apareciendo de nuevo. Carraspea repetidas veces y vuelve a hablar, ahora en un tono más varonil.— Te haré un conquistador…— Sabía que a continuación iba a ser una de sus muy malas bromas, de esas que incluso hacían a Elizabeth rodar los ojos y negar con la cabeza, tal y como yo hacia.

—Madre mía, lo que tengo que aguantar… y ni me pagan.— Me quejo, intentando parecer dramático.

“Pero no lo cambiaría. Porque amo todo lo que tengo. Porque a día de hoy, puedo asegurar que soy feliz, aunque no sepa que me depare el día de mañana.“



Un nuevo One-shot que llevo preparando dos semanas, para agradecerles todo el apoyo que me están dando últimamente.

Muchas gracias, de verdad, por cada corazón y reblog. Y por supuesto, por las casi 1200 estrellitas que formamos esta familia.

Jamás podré tener suficientes palabras para agradecerles /.\

Declaración.

Te quiero con todos los estigmas posibles de esta sociedad. Que bien que te hayan llamado puta, machorra, malhablada, guarra y sucia. Yo quiero ser tu puto, tu maricón, tu locaza, tu bocazas, tu cerdo y sucio. Quiero seamos esa saliva que se atraganta en la garganta de los demás. Que teman pronunciar nuestros nombres. Que aparezcamos en listas negras.  Que seamos todo lo que ellos no son. 

Quiero que seamos libres. Quiero que seamos. 

sagitarianaa28  asked:

Puedes poner una conversación de los signos jugando a la ouija? me encanta tu blog💘

Graciias :D nunca he hecho conversaciones, voy a intentar hacerlo bien.


Están los doce signos sentados en circulo en el suelo de una casa abandonada.

Escorpio: ¿Empezamos o que?

Sagitario: ¡Estoy ansioso!

Acuario: Espero poder hablar con la abuela de la abuela de la tía de mi madre.

Tauro: ¿Qué?

Acuario: Oh, nada nada, cosas mías jajaja…

Piscis: Yo no estoy muy seguro de hacer esto…

Cáncer: Yo tampoco. ¿No veis películas de terror?

Sagitario: ¿Por qué crees que queremos hacerlo?

Libra: Estáis locos. 

Aries: Podrías no haber venido.

Libra: ¡Pero si me habéis llevado a rastras!

Aries: ¡Bah! No seas exagerado.

Virgo: ¿De quién ha sido la idea exactamente?

Sagitario: Mía.

Capricornio: Ya decía yo que no podía ser de alguien racional.

Leo: Tauro deja de comer ya que me llenas el pantalón de migas, y ese ruidito me pone de los nervios.

Tauro: Lo siento, cuando me pongo nervioso me da por comer.

Géminis: ¿Siempre estas nervioso? Jajaja.

Escorpio: ¡Callaos de una maldita vez y empecemos!

Todos: ¡Sí!

Y así empezaron con la ouija. Sagitario, que venía preparado, empezó a decir unas palabras y algo se movió detrás de ellos. Luego la luz de encendió mágicamente y el tablero saltó por los aires. Tauro casi se atraganta con su comida y se pone en pie, junto a Cáncer, Leo, Virgo, Libra, Capricornio y Piscis.

Tauro: Yo me voy. No quiero morir.

Géminis: Exagerado.

Libra: ¿Pero no habéis visto como ha salido volando? Yo no me quedo.

Piscis: Me iré con ellos.

Cáncer: Y yo.

Virgo: Obviamente yo también, no pienso quedarme con unos locos invoca fantasmas que tiran cosas por los aires.

Capricornio: Opino como Virgo.

Aries: ¿Tú también te vas, Leo?

Sagitario: No nos abandones hermoso y brillante Leo.

Leo: Yo… Bueno, creo me voy a quedar.

Sagitario y Aries: ¡Bien!

Escorpio: Los asustadizos os podéis ir. Nos quedamos los valientes. 

Se fueron y los demás se quedaron jugando a la ouija. Es un misterio lo que les pasó, pero jamás fueron vistos de nuevo…


Bueno, ahí está. Más que una conversación es como una mini historia jajaja, se me hizo algo largo… Espero que os guste:)

~Princess

Solo un poco  (Parte 2)

En la fiesta…
Tauro seguía de cerca a Piscis estaba extrañado, caminaba demasiado rápido y demasiado furioso como para reconocerlo, era un Piscis demasiado…
-oye Piscis, ¿desde cuando te comportas como Aries?-
-no me estoy comportando como Aries, ¿¡acaso no puedo ponerme furioso y hacer algo al respecto?!-
-bueno es que no es normal en ti…- fue cuando se detuvo frente a la casa de los signos Chinos, que Tauro se dio cuenta que Piscis estaba llorando, los pasos veloces al frente suyo solo habían servido de distracción para sus concurrentes lagrimas - ¿estas bien?-  
-¿por qué no puedo actuar como Aries?, ¡joder! El siempre obtiene lo que quiere de manera impulsiva y estúpida-
-¿por qué quieres actuar como Aries para conseguir lo que quieres?, es desconsiderado y poco moral cuando se pone egoísta… podrías haber escogido alguien mejor como referencia, como Capricornio o Libra, tal vez Cáncer… ¡oye! Es más fácil que consigas lo que quieras si eres como Cáncer, ambos son signos de agua y…- las palabras de Tauro no estaban surgiendo ni un efecto positivo.
Piscis se sentó en el quicio de la puerta, recargando sus brazos sobre sus rodillas y Tauro lo siguió sentándose a un lado.
-lo hice con Aries en la anterior fiesta del Zodiaco-pronuncio Piscis y Tauro casi se atraganta con su propia saliva –Escorpio me gusta, me gusta mucho y lo que paso con Aries fue un error, porque yo solo quería estar con Escorpio esa noche, quería demostrarle que no era un niño…-
-¿Escorpio lo sabe?-
-No, por supuesto que no… no lo creo, Tauro no quiero que nadie lo sepa-
-está bien… pero Piscis, eres menor de edad y Aries es un adulto, eso no estuvo bien- Piscis volvió a fruncir el ceño y las lágrimas volvieron a caer.
-no quiero que seas Virgo, Libra o Capricornio  yo quiero hablarte y ¡no me juzgues Tauro!- Tauro se sintió un poco mal, pero sus creencias chocaban con los problemas de Piscis y no podía darle la razón aunque quisiera –además ¿¡que hay de Leo?! Él es menor que yo y ha tenido más sexo que tu- Tauro volvió a atragantarse
-¡Eso no es cierto!, ¡espera eso no tiene nada que ver! …Piscis, yo…-
-Tauro,  no se lo digas a nadie, promételo-
-está bien-
-a nadie, incluso a Libra- Piscis lo miro con esos ojos tan azules que el poseía, era alguien tan inocente, en definitiva quería hacer algo para que Aries no saliera limpio de lo que había hecho con él la anterior fiesta del Zodiaco, pero  esos mismos ojos le pedían que guardara silencio y no podía negarse.
-… está bien-  
La puerta de la casa de los signos Chinos se abrió y salió el mono a vomitar en el jardín, la rata lo acompañaba como figura madura y de autoridad.

-¿son del Zodiaco? ¿¡Que tal chicos?! ¡Ande entren! ¡Son bienvenidos!- invito el mono mientras se balanceaba en sus pasos.
-venga ya mono, no puedes contigo mismo- regaño la rata y volvió a tomarlo del brazo.
-¿hablan visto a Escorpio?-
-¿Escorpio? ¿El tipo alto que da miedo?- pregunto mono entre risas, se había estado riendo todo el rato pero eso le pareció particularmente ofensivo a Piscis
-está en el segundo piso, en el baño, no nos dejó entrar  así que traje a mono a que vomitara en el jardín- indico la rata.
Tauro sintió como volvían las lágrimas a Piscis, obviamente se había imaginado lo peor y salió corriendo dentro de la casa.
-oye Tauro, el Buey ha estado preguntando por ti- volvió a informar Mono y después volvió a vomitar, esta vez en los zapatos de la Rata.
-¡oh! ¡Por dios que asco!- exclamo el roedor

 

Dentro de la casa Piscis se abrió paso entre la gente, la música está muy alta y pudo ver como Sagitario y Aries bailaban bastante pegados.  Siguió andando buscando algo de beber cuando al fin vio la mesa con el Alcohol, alguien tomo  justo  el vaso que buscaba  tener.

-¿¡que tal Piscis?!- dijo divertido Acuario quien tenía un par de gorros de cumpleaños en la cabeza–puedes creer que hoy sea el Cumpleaños de Perro? Me eh sentido fatal por no traerle algo, así que le presente a Cáncer… creo que no resulto muy bien- volvió a beber-¡oh! ¿¡Tu querías beber verdad?! Ten puedes tomar mi tequila- le paso un pequeño vaso de vidrio y Piscis antes de darse tiempo a dudar lo tomo, no quería pensar, solo quería enfrentar a Escorpio.
Piscis siguió su camino al igual que Acuario; había una especie de chime donde Géminis intentaba poner más y más salsa al asunto mientras Leo  se molestaba porque no le estaban haciendo caso. Serpiente le decía unas cuantas cosas al Caballo que el otro solamente trataba de ignorar.

-Te crees tan interesante, por dios todos saben que eres una farsa-
-Serpiente estas borracho, basta ya- se defendió Caballo
-¡no me calles cuando intento decirte algo!-
-¿y que es lo que intentas decirle serpiente?- Pregunto Géminis
-¡¡oigan!! ¿¿¡Podríamos hacer otra cosa??! ¿¿¡No se tal vez jugar a la botella??! - Leo trato llamar la atención
-yo…- alcanzo a pronuncia la serpiente que no había prestado atención a Leo
-¿alguien quiere una cerveza?- pregunto Acuario

Piscis subió las escaleras , la música ya casi no se escuchaba, había algo de luz no artificial a un lado del descanso, Escorpio estaba recargado en la ventana fumando un cigarrillo, la luna era tan inmensa y cercana que tal vez podría tocarse. Sus uñas negra resbalaron por el cristal, cuando sintió una presencia extraña a su espalda.

-Escorpio- escucho al mismo tiempo que volteaba
- Piscis- el menor se apresuró a subir las escaleras, pero antes de lograrlo este se calló sobre algunos escalones –¡Piscis! – se apresuró Escorpio a ver al más joven.
Se encontraron justo delante del baño, donde se podía escuchar a Cáncer vomitar.
-Cáncer tomo demasiado rápido y comió demasiados bocadillos- informo Escorpio e intento llevar a Piscis a otro lado.
-¡Escorpio! Tengo que decirte algo- exclamo de pronto.
- muy bien, pero tiene que estar el vómito de Cáncer como música de fondo?-
-¡pero es muy importante!-
-hueles a alcohol- señalo y Piscis verifico su aliento
-¡no importa! Yo…- su puso rojo- Escorpio, yo – aún más rojo-
-¿qué?- sonido de Cáncer vomitando
-¡yo quiero besarte ahora mismo!- grito y ya no parecía que hubiera un rojo más intenso
-por supuesto que quieres- sus labios se unieron a los de Piscis.

El peso del menor se dejó caer e Escorpio, mientras el más grande pasa sus dedos por su cuello, para sostener su cara, para acercarlo más a él. El ruido del inodoro fue ignorado y los interrumpió un Cáncer con un aspecto garrafal.
-necesito ir a casa-






Géminis llego por la madrugada al cuarto que compartía con Capricornio, el mayor  era alumbrado por la luz de su celular.
-¿aun despierto?-pregunto Géminis y quitándose las botas.
-llegas temprano-
-no, solo que Aries suele llegar más tarde- Capricornio rodó los ojos -¿están enamorados?-
-¿sabes que me extraña? Que todo el mundo piense que estamos molestos por algo relacionado al amor-
- yo no creo que Aries este molesto con algo relacionado al amor, si fuera por algo así, ni siquiera lo manifestaría-
-¡exacto! entonces para qué…-
-porque tu si lo estas- interrumpió
Capricornio había sido herido en su orgullo,  no porque Géminis creyera que él estaba enamorado o algo parecido de Aries, sino porque lo que pensaba Géminis era cierto.
-Aries quiere salir del Zodiaco-
-¿¡QUE?!-

El cumpleaños de Acuario...

Noche de viernes, casa sola en la casa de Acuario. Sería una noche demasiado silenciosa y pacífica si en la acera solitaria no se escuchara a todo volumen el último sencillo de los Arctic Monkeys.

En la habitación, con apenas una lamparita de noche encendida iluminando la penumbra del ambiente, está Acuario tumbado boca arriba ignorando todo a su alrededor para concentrarse únicamente en sus cantos a todo pulmón de la última estrofa de Alex Turner.

Con los ojos cerrados, Acuario ignora que en la calle donde vive ha entrado un Mustang clásico haciendo rugir su motor tanto que es un milagro que la vieja amargada que vive a dos casas de la suya no haya salido a callar las risotadas que salen del automóvil rojo cereza. Aries que va conduciendo detiene el auto y se gira para chocar su cerveza con Leo, Capricornio y Escorpio que no han dejado de beber desde hace un par de horas.

Escorpio mensajea a Libra, está seguro que si no llegan los amigos de Leo, Libra se encargará de llenar la casa en menos de diez minutos.

Libra no tarda en responder el mensaje a Escorpio. Con Libra se unen Piscis, Cáncer y Géminis que estaba pasando una noche de videojuegos con Sagitario y viendo ánime. Libra solo tiene en mente pasar la noche con alguien aunque no está muy segura de con quién podría tener suerte.

Virgo en su casa no deja de gritarle a Tauro desesperado - ¿cómo puedes comer a estas horas? Estás por dormirte y… ¿no vas a contestar tu celular?.

Tauro solo rueda los ojos masticando con la boca llena y toma la llamada sin fijarse en la pantalla - ¿diga? - se atraganta cuando escucha la voz de Escorpio con esa maldita voz sexosa que tiene - ¿una fiesta? ¿Acuario está de cumpleaños? Ahí estaré - asegura con las mejillas sonrojadas  cortando la llamada.  

Escorpio sonríe triunfante al imaginar la vestimenta sexi con la que vería a Tauro esta noche. Suspira tomando una cerveza al recostarse en el sofá tratando de hacer sus fantasías algo más realista al tratar de adivinar qué color de tanga estaría usando Tauro. 

En el otro lado de la habitación se escuchan gritos ensordecedores que asustan un poco a Cáncer. Leo, Sagitario, Aries, Géminis y Acuario están discutiendo - ¿saben qué? Solo hay una forma de saberlo - los calla Virgo y les muestra la botella de tequila - yo empiezo - dice Acuario con decisión abriendo la botella comenzando a beber directamente de ella.

Capricornio solo los observa en silencio cruzado de brazos y rodando los ojos.

Piscis bailotea en la puerta de baño, ahí solo escucha ruidos raros pero no contestan ni Escorpio ni Tauro. Rendido, resopla y regresa a la fiesta encontrando a Libra apartada de la multitud mirando en silencio con su vaso en mano - creo que ya se salió esto de control, ¿no crees? - Libra asiente y acepta salir de ahí con Piscis.

Géminis, ya un poco borracho toma asiento en el sofá de cuero al lado de capricornio para darle una fuerte palmada en la espalda despertándolo. - ¿Ya terminaron su jueguito infantil? - Cuestiona enarcando una ceja sin poder evitar fijarse en el fuerte aliento a alcohol de su amigo Géminis. - En realidad, quisiera otro juego… contigo - Sus manos terminan en la pierna de Capricornio tensándolo al instante ante la repentina acción de su amigo.

A la mañana siguiente…

Con las pocas fuerzas de su cuerpo, Cáncer logra despertar encima del alfombrado al rededor de los cuerpos dormidos de Acuario, Virgo, Aries, Leo y Sagitario con un montón de botellas vacías de alcohol encima. -¿Dónde están todos? - Pregunta para sí misma al darse cuenta que faltaba parte de los invitados y algo le dice que el resto debió haberla pasado muy bien anoche en la fiesta.


Mientras tanto… Piscis y Libra continúan riendo y apagando velitas de cumpleaños entre pequeños y cómplices besos. Seguramente no se han dado cuenta ya que era de madrugada.

Tauro despierta bajo los brazos fornidos de Escorpio frotando sus ojos al percibir la figura de dos personas a los pies de la cama. - ¿Y ustedes?… ¿Qué estaban haciendo? - Se sorprende al ver a Capricornio desnudo arriba de Géminis durmiendo.


Duraznito&Galaxia-


Ella es así,
Incomprendida, salvaje, fugaz.
Una chica que se atraganta con  sentimientos.


Una flor que ninguna tormenta se ha atrevido regar.
Es una chica que perdió una batalla y decidió que nunca más volvería a la guerra. Donde se pone en juego el corazón, el alma y la tranquilidad. En las que nunca se sabe quien da más, ni quien sufre más, pero si quien se termina yendo de primero.


Ella es una chica con lindas faldas color rojo y blusas negras.
Labios rosas,
Libros de romance,
Café y ojeras.


Es una chica que ha llegado a amar de tal manera que su torrente sanguíneo dependa de un par de ojos. Y justo antes del final, morir.
Es la chica que amarías tener en tu cama por las noches, pero que jamas podrías poseer. La que con unas pantaletas rojas podría manipular tu vida, si ella así lo quisiera, y con un rose te partiría en mil pedazos el corazón, la vida.


Ella es así. Tierna. Valiente. Culta. Pasional. Fuerte. Pero sabe cuando decir; hasta aquí pude, mientras se sirve una copa de vodka y se pierde en unos buenos recuerdos que la hagan llorar.

—  “Una chica en guerra”, Amy Jiménez
No soy nada

A veces me levanto,
pensando que no soy nada,
que los días me torturan,
siempre cuesta arriba,
me dan de hostias,
y se rien en mi cara.

La desdicha del bohemio,
el que a nada se ata,
vas por libre,
persigues sueños,
la realidad se te atraganta.

Epifanías vestidas de domingo,
el cenicero lleno,
ya no caben más latas,
la cerveza como único alimento,
se te clavan las resacas.

Corazones de cemento,
ángeles tatuados y sin alas,
cada noche huyes,
mar adentro,
buscando tu salvación, pero…
siempre, en la fuente equivocada.


- Javier López Píriz

Relax: OS Wigetta

Era poco decir que Guillermo estaba estresado. Prácticamente andaba con dolor de cabeza todos los días. Y es que su trabajo realmente lo tenía agotado. Necesitaba un descanso, algo que aliviara su estrés de una vez por todas.

“— Amigo, eres un desastre.— le habló Frank, mirándolo desparramado en su sofá con una bolsa de hielo en la cabeza.

— Muchas gracias.— Guillermo musitó sarcástico rodando los ojos, sintiendo una punzada que le obligó a cerrarlos con dolor. — Mi jefe ha estado con un humor de los mil demonios, no ha hecho nada más que gritonearme y darme más y más papeleo.— se quejó suspirando con pesadez al final. Frank lo miró con algo de lástima. Sabía que su amigo se rompía la espalda para mantenerse en su empleo que con tanto esfuerzo le había costado conseguir, y le provocaba impotencia verlo tan demacrado por un imbécil que lo explotaba de aquella manera.

— La gente con dinero es así, siempre creyéndose superior al resto.— le dijo negando con la cabeza demostrando su fastidio. Pensó por unos instantes y una idea le vino a la mente.— ¿Por qué no vas a uno de esos lugares de relajación?.

— ¿Relajación?.

— Sí, allí te hacen masajes, dan baños calientes, saunas… ya sabes.

— Mh, no lo sé. ¿Resultará?.— dudó. ¿En serio que con un par de manos y un poco de calor todo el estrés desaparecería de su cuerpo? ¿así de fácil?.

— Si no lo intentas, no lo sabrás.— le respondió sonriéndole, para luego guiñarle un ojo.”

Y ahí estaba, frente a la puerta de aquel gran local que a la vista se veía bastante decente y profesional. Debatió un poco antes de entrar, pero ya estaba allí, y no perdería el viaje sólo por un par de dudas. Solamente recibiría un masaje, nada más.

¿Qué podría pasar?.

Se adentró al lugar, sintiendo un excito olor a aromatizantes frutales. Caminó mirando todo con curiosidad, llenándose de confianza en que aquello funcionaría —por la tranquilidad que le traía el local— llegando a la caja donde una joven de unos 20 años lo esperaba con una sonrisa.

— Buenas tardes, ¿en qué lo puedo ayudar?.— la recepcionista era amable, tenían otro punto a favor.

Guillermo le sonrió tímido.

— Buenas, hum, quería pedir una hora para eh, para un masaje.— le contestó con nervios, que no entendía por qué sentía. Era sólo un jodido masaje, ¿por qué sentía como si fuera a estar desnudo frente a alguien desconocido? Oh, claro, ¡porque lo estaría!. Y si hablábamos de Guillermo, él era el pudor hecho persona.

— Por supuesto, ¿la desea para ahora o para otro día?.

— Ahora, ahora… para ahora.

La chica tecleó en la computadora unos segundos.

— Tenemos a un masajista disponible. Tiene suerte.— comentó y el pelinegro casi se atraganta con su propia saliva.

— ¿U-un?.— tartamudeó. ¿Habían hombres que se dedicaban a esto?.

— Sí, ‘un’.— la chica soltó una leve risa.— ¿le incómoda?.

Guillermo estuvo a punto de asentir efusivamente con la cabeza. No quería estar en cueros frente a un chico, aquello de verdad que sería extraño y vergonzoso. Sin embargo no tenía otra opción. Él no tenía más tiempo para darse lujos como masajes y relajación. Debía hacer esto hoy, inclusive tuviera que desnudarse frente a un muchacho.

— No, claro que no.— carraspeo.— ¿es hum, es bueno?.

— Oh, de los mejores creame.— la joven le sonrió de una manera que él definiría como 'pícara’ pero lo dejó pasar.

— Vale, ¿cuánto sale?.

Luego de haber hecho todos los pagos y firma de papeles, la chica llamó a una de sus compañeras para que llevara a Guillermo a la sala donde lo atenderían. La segunda joven era igual de amable que la primera. Le pidió respetuosamente que se quitara todas sus prendas y se colocara en la camilla, para luego ponerle una toalla sobre sus nalgas. “Como si eso fuera a cambiar el hecho de estar desnudo” pensó y obedeció a la chica con extrema vergüenza.

Cuando ya se encontraba recostado en la camilla, con la toalla (que a su parecer era demasiado pequeña) bien puesta en donde no le llegaba el sol, por fin sintió como su cuerpo se relajaba. Recibiría un masaje, sus músculos dejarían de estar tensos, y el estrés desaparecería. En ese momento ya la vergüenza se le había ido. Aquel muchacho que lo fuera atender había visto cientos de cuerpos antes en las mismas condiciones en las que se encontraba Guillermo. ¿Por qué tendría que tratarlo de manera diferente?.

Oyó la puerta de la pequeña sala —la cual tenía paredes blancas y un aroma a eucaliptos exquisito— ser abierta y supo que él ya estaba allí.

— Buenas.— le escuchó hablar.— Soy Samuel, yo lo atenderé. ¿Cuál es su nombre?.

Guillermo no había visto al chico, su cabeza estaba metida en el agujero que poseía la cama de masajes y su mirada sólo podía dirigirse al suelo. Pero por el agudo tono de voz, se imaginó a un chico flaco, posiblemente más joven que él, de manos delgadas y finas. Guillermo perdió todo el temor a que un hombre grande, viejo y peludo lo atendiera. Aseguró que su masajista era un chico delgado y de manos delicadas.

Cuan equivocado estaba.

— Hola, soy Guillermo. Un gusto Samuel.— le correspondió el saludo más seguro de si mismo, a pesar de seguir en cueros.

— El gusto es mío.— ¿aquello había sonado demasiado sensual o era su idea?. Quitó esos pensamientos de su mente atolondrada, y se concentró en sentir el masaje que le propiciaría Samuel.

Las palabras se detuvieron allí. Guillermo sintió los pasos del chico moverse por la habitación, y sus vellos se erizaron de repente al sentir el calor de un cuerpo a su lado. Cerró sus ojos dispuesto a relajarse, esperando que las manos de Samuel efectivamente fueran tan mágicas como le había dicho la segunda chica.

Por otro lado, el masajista, que no era nada parecido a lo que Guillermo se había imaginado, desde que había visto el cuerpo de su cliente acostado en la camilla, una sola palabra le rondaba en la mente: follar.

Demonios. El castaño de Samuel no se habría imaginado nunca que ese chico del que le habían hablado sus compañeras de trabajo estaba tan jodidamente bueno. Ellas le habían advertido: 'aquel pelinegro está buenísimo, así que controla tus hormonas De Luque’. Y él no se lo había tomado tan en serio. Sin embargo, al ver la espalda lechosa y ancha, esas piernas torneadas algo velludas en las pantorrillas, y joder, aquel trasero que resaltaba enormente en la posición en la que se encontraba, lo había llevado a mundos imaginarios donde se follaba al chico de mil y una formas distintas.

Mierda, es que sentía que tan sólo con fantasías mentales él ya podría correrse.

¿Aceptaría una ronda de sexo?. Samuel no lo sabía, pero planeaba averiguarlo.

Tomó un poco de crema, restregándola en su par de manos y con suspicacia, las pasó por la espalda de Guillermo, robándole un suspiro por la frialdad del producto. Repartió la crema por su piel, por alguna razón, bastante lampiña, y su talento comenzó a salir.

Sus manos se movían ágilmente sobre su espalda. Subían a su cuello, masajeando el músculo trapecio, y luego bajaban para continuar en la espalda baja.

Guillermo soltaba suspiros cada vez que el castaño apretaba sus hombros, y algunos jadeos al sentir los dedos pasar por su columna vertebral. Sus ojos estaban completamente cerrados, y sentía como su cuerpo estaba relajado, cada minuto con menos dolores.

— Y dime Guillermo, ¿en qué trabajas?.— habló suavemente en castaño masajeando el dorsal ancho, mirando sin vergüenza el trasero de su cliente.

— Soy, ah, contador.— respondió con voz placentera, logrando que el castaño se removiera, evitando que un problema apareciera allí abajo.

— Vaya, debes trabajar mucho entonces ¿no?.

Preguntó y a continuación pasó las manos cerca del borde de la toalla blanca. Guillermo sintió un escalofrío.

— Así es. Mi jefe me pide que trabaje prácticamente las 14 horas en las que no estoy durmiendo.

Aquella era su oportunidad para saber si tenía alguna posibilidad de hacer algo con el chico.

— Tu pareja no debe estar muy feliz por eso.— comentó rogando internamente con que le dijera que no tenía novio y que ahora estaba soltero. Tampoco era la idea estar follando con un chico emparejado o hetero. Aunque, quizás…

— No tengo pareja. La última novia que tuve fue hace 4 años.

“Mierda, hetero” maldijo mentalmente el castaño. 

— Estuve con un chico por unos meses, pero no era nada serio, así que lo dejamos.— continuó el pelinegro y una sonrisa, parecida a la del gato de Alicia en el país de las maravillas, apareció en el rostro de Samuel.

“Bisexual y soltero, no está mal”.

Tomando más confianza, el castaño tomó un poco de aceite corporal y se lo echó en las manos, para luego pasarlas lentamente por las piernas torneadas de Guillermo. Éste soltó el aire, como si lo hubiera estado acumulando por mucho tiempo, y se dejó llevar por la sensaciones.

Samuel comenzó a entrar a la fase dos del plan: saber si tenía el permiso para tirarse al chico.

Pasó el aceite por las pantorrillas, y lentamente fue subiendo las manos hacia sus muslos, muy cerca de la zona cubierta por la toalla.

Guillermo mordió su labio inferior sintiendo una oleada de placer por la maestría del castaño con sus manos.

— ¿Puedo preguntar algo?.— habló suavemente Samuel, acariciando con sus dedos resbalosos de aceite, la parte trasera de los muslos del pelinegro.

— Mh, sí…

— ¿Hace cuánto no tiene relaciones?.— preguntó sutilemente. Guillermo se sobresaltó un poco con la pregunta, pero se sentía tan relajado con esas manos pasando por sus piernas que, acompañado de un suspiro, contestó “Hace mucho tiempo…”.

El castaño sonrió sintiendo una presión en sus pantalones. El chico debía estar malditamente apretado y sin duda Samuel quería comprobarlo.

— Ya veo… esa podría también ser una de las causas por lo que hay tensión en tu cuerpo.

Le comentó, concentrándose únicamente en masajear los muslos de su paciente, logrando que éste soltara suspiros que no ayudaban a Samuel a controlar las ganas de sexo.

— Ah, ¿de verdad?

— Ciertamente. El sexo reduce los niveles de cortisol, que es la hormona del estrés.— le dijo.

— Mmm… es algo bastante interesante.— murmuró con deleite.

El castaño ya sentía como sus pantalones comenzaban a estorbar. Escuchar los gemidos, jadeos y suspiros que soltaba Guillermo al ser maseajeado, lo estaba volviendo loco. ¡Joder! Quería provocarle esos sonidos de una manera totalmente diferente.

— Lo más interesante es que estás aquí para liberar el estrés.— insinuó y el pelinegro comenzó a notar las segundas intenciones de Samuel.

Cabía destacar que Guillermo aún no sabía como era el aspecto del castaño. Seguía en su mente la imagen de un chico flaco de aspecto débil. Sin embargo, cuando sintió las manos grandes y notablemente fuertes sobre su espalda, había descartado que se trataba de alguien delicado. Quizás era un flaquito con manos de Hulk.

— Así es.— afirmó el pelinegro más serio que antes. No estaba allí para follar con un chiquillo de delgada contextura. “¡No estás allí para follar, punto!” aclaró su subconsciente.

— Quizás, podríamos probar a ver si funciona ¿no crees?. — el castaño había lanzado su autocontrol a la mierda. Sus manos lentamente, hicieron un camino desde las pantorrillas de Guillermo hasta sus muslos. Con cautela levantó un poco la toalla con los dedos y sintió una de las nalgas del chico.

— ¡Eh! ¡No te pas-

Las palabras quedaron atoradas en su garganta. El pelinegro hace un minuto, al notar los atrevidos toques de Samuel, había quitado su cabeza del agujero para encarar al chico tan sin vergüenza. Pero en cuanto vio como en realidad era el masajista, joder, se replanteó si no quería tener una buena sesión de sexo allí mismo.

Samuel le regaló una sonrisa perversa y a la vez tranquilizadora. — Shh… sólo relajate.— murmuró el castaño sonriendo por la mirada sorprendida del chico buenorro sobre él.— Vamos, vuelve a recostarte. Yo me encargo de todo.

Guillermo asintió aún perplejo por el aspecto del chico, y volvió a su posición anterior. ¿Dejaría que un masajista desconocido hiciera lo que quiera con él? Ya lo estaba haciendo y no habían deseos de detenerlo.

Samuel prosiguió nuevamente con sus caricias. Levantó lentamente la toalla, dejando ver primeramente los testículos de Guillermo. Siguió quitando la tela, hasta que el culo de su paciente se encontraba totalmente frente a sus ojos.

Oh mierda, deseaba adentrarse allí de una vez.

Era malditamente perfecto. Redondo, voluminoso y sin vellos. ¿Su entrada estaría depilada?. Samuel mordió su labio fuertemente queriendo descubrirlo.

Soltó la toalla dejando que cayera al piso, ya no le importaba nada.

Ansioso, el castaño se echó un poco más de aceite en las manos, y comenzó a pasarlas por las nalgas del pelinegro, robándole un suspiró a éste. Eran suaves, como la piel de un bebé, y absolutamente moldeables. Samuel deseaba con ganas morderlas, azotarlas y apretarlas, dejándolas rojas.

Entretanto, Guillermo suspiraba y soltaba algunos jadeos, sintiendo las manos del castaño masajear y acariciar sus glúteos.

“Dios, no puedo creer que esté dejando a un desconocido tocarme de esta manera. Pero, mierda, se siente demasiado bien” pensó.

Ninguno de los dos estaba dispuesto a detenerse. El tren de la lujuria ya había partido y ellos eran los únicos abordo.

El castaño tenía una erección atrapada en sus calzoncillos, logrando que le doliera de sobremanera, pero en ningún momento detuvo sus movimientos sobre las nalgas de Guillermo.

Las mejillas del pelinegro estaban ruborizadas por la vergüenza y el placer de estar siendo tocado de esa forma tan atrevida. Sentía aquellas manos pasar entre sus nalgas y moldear su trasero como si fuera masa de pan. Pero él quería más.

Y como si estuvieran conectados, el castaño empezó suavemente a separar los glúteos dejando ver el rosado ano de su paciente. Completamente depilado.

“Esto es un jodido sueño” y es que a él le encantaban los chicos que cuidaban aquellos detalles, como mantener su piel suave, limpia y libre de vellos en las zonas eróticas. Demonios, es que este chico era perfecto. Y Samuel lo tenía allí, en bandeja de plata, para joderselo.

Volvió a morder su labio, escuchando los jadeos de Guillermo.

Samuel tanteó la entrada del chico, logrando que un gemido se le escapara. Deseaba escuchar más de ello. Sonrió perversamente, y con su dedo aceitoso, comenzó a probar la estrechez del pelinegro.

— ¡A-ah!.— gimió al sentir un dedo enterrarse en su interior. ¿Hace cuánto no se metía algo por allí? ¿Meses quizás? No recordaba, pero al castaño aquello le estaba pareciendo magnífico.

Estaba apretado, jodidamente apretado. Sus paredes eran suaves y cálidas. Samuel se estaba volviendo loco viendo como aquel agujero succionaba su dedo, joder, quería que succionara su polla también.

Sacó el dedo lentamente, para luego meterlo de nuevo más rápido, para a continuación hacer lo mismo con otro dos.

— ¡Mierda!.— Guillermo maldijo y levantó su cabeza, quedando apoyado en su antebrazos. Quería ver como el masajista se entretenía con su entrada. Giró su rostro, mirándolo por encima de su hombro. El castaño prácticamente estaba hipnotizado metiendo y sacando los dedos del interior del pelinegro.— ¿Te-¡ah! te diviertes?.

Samuel elevó la vista, para ver a Guillermo.— Demasiado, lindura.— le sonrió ladeado y volvió su concentración a sus dedos siendo succionados por el ano del pelinegro. 

El castaño deseaba probar aquel agujero rosado. Quería introducirle todo tipo de cosas de mil maneras distintas, demonios, anhelaba hacerle tantas cosas a su paciente. 

— No tienes la mínima idea de todo lo que quiero hacerte, Guillermo.— murmuró. El pelinegro soltó un gemido al sentir como los dedos de Samuel comenzaban a hacer tijeras dentro suyo. ¡Diablos! Definitivamente aquel chico era un maestro con sus manos. 

De un minuto a otro, el masajista quitó los dedos, remplazándolos por su lengua, húmeda y cálida. 

— ¡Oh joder!.

Samuel follaba con la sinhueso al pelinegro con fervor. ¡Cielos! El sabor era extravagante y adictivo. Recorría con su lengua toda la línea entre medio de sus nalgas, y luego la volvía a meter en el estrecho agujero escuchando las maldiciones junto a gemidos que soltaba Guillermo sin parar. No cabía duda de que el castaño sabía lo que hacía. 

— ¡Ah! Mh, mierda…— el pudor a Guillermo ya se le había ido al carajo, y no pensaba en nada más que en follar con aquel chico tan profesional que lo estaba haciendo sentir sensaciones olvidadas.  

Tras unos minutos más, el masajista se alejó escupiendo en el ano del pelinegro, repartiendo el liquido por toda su entrada. A continuación, se sacó la prenda de arriba que cubría su abdomen bien trabajado, al igual que sus pantalones y bóxers, quedando totalmente desnudo. Apreció el cuerpo de Guillermo sobre la camilla, y sintió su miembro a punto de estallar. Él se encontraba por completo recostado, con su cabeza apoyada en una de sus mejillas, mirándolo con sus pupilas dilatas y una sonrisa de diversión. 

Samuel respiró agitado.— Desde que entré por aquella puerta he deseado follarte.— le confesó con un tono de voz desesperado. 

— ¿Y qué esperas para hacerlo?.— la sensualidad con la que el pelinegro había dicho eso, solamente logró que el castaño se sintiera más ansioso por adentrarse en él y joderlo rudamente.

 — ¿Tu aprobación?.— elevó una ceja pícaramente. 

Guillermo se rió levemente.— Jodeme.— ordenó y el castaño podía jurar que jamás había estado tan desesperado en su vida por tirarse a alguien. 

Ya no eran necesarias las palabras. Ambos anhelaban sentirse más cerca. Guillermo quería más y Samuel estaba gustoso por concederle todo los deseos.

El masajista se subió a la camilla, colocando sus piernas a los costados de los muslos del paciente, y las flexionó. Sus bolas chocaron contra el culo del pelinegro y lamió sus labios con apetito. Se recostó con suavidad sobre la espalda de Guillermo, quedando su pene totalmente apoyado en la espalda baja de su paciente. 

— ¿Lo sientes?.— susurró en su oreja frotando su miembro en la piel del pelinegro, quien jadeó en respuesta. 

Samuel solto una risa perversa, y estiró sus piernas, dejándolas a ambos lados de las de Guillermo. Tomó su pene, y lo alineó a la angosta entrada de su paciente, comenzando así a acariciar la cabeza con el ano.  

— Siénteme precioso.

Le susurraba, logrando que jadeos y suaves gemidos escaparan del pelinegro. No resistiría más. Lo necesitaba dentro suyo ya. 

— Follame Samuel, por favor.— rogó. 

El castaño sonrió satisfecho, y sin más de una estocada se adentro en Guillermo, sacándole un chillido de dolor y placer mezclados. Samuel sintió las paredes calientes del chico apretar su miembro y soltó un ronco gemido desde el fondo de la garganta. 

— Mmm, Dios… 

Con desespero, aún recostado sobre el pelinegro, el masajista comenzó a mover sus caderas, adentrando su pene con profundidad en Guillermo. Ambos comenzaron a gemir fuertemente, sintiendo el placer en cada embestida que recibía el cuerpo del paciente. Las caderas de Samuel chocaban contras los glúteos del pelinegro con fuerza, tanta, que podía jurar que se encontraban rojas por los golpes. La camilla rechinaba por los bruscos movimientos, el aroma a eucaliptos había sido reemplazado por el puro olor a sexo. Los gemidos eran fuertes y graves, se oían maldiciones y el rebote constante de las estocadas. 

Samuel deseaba mirarlo al rostro cuando aquel chico tan hermoso llegara, así que salió de él y se bajó de la camilla. 

— Abrete para mí, belleza.— exigió con la voz jadeante y un tanto ronca por los gemidos. Guillermo obedientemente sin quejarse, se acomodó en la camilla de modo que quedara su cabeza y torso en ella, y abrió sus piernas para que el castaño se acomodara entremedio. El masajista las tomó posándolas en sus hombros, y colocó la punta de su pene en el ano del chico, comenzando con una nueva ronda de embestidas. 

Ahora eran más veloces y furiosas. Samuel veía como sus bolas rebotaban a cada estocada y su pene desaparecía una y otra vez en el interior de Guillermo. Fijó sus ojos en los labios rojos del pelinegro y no resistió en inclinarse, y besarlos con ferocidad siendo correspondido de inmediato. 

— ¡Ah! ¡Samuel! ¡Ahí, ahí!.— exclamó el chico, dándole a entender al castaño que había encontrado su punto G, y empezó a propiciarle certeras estocadas a aquel lugar.— ¡Mierda!. 

Ambos sudaban. Sus cuerpos no se detenían y sentían que pronto llegarían. 

El castaño redujo su velocidad, regalándole embestidas más lentas y profundas, que hacían soltar un “¡Ah!” a Guillermo en cada una de ellas. Samuel estaba extasiado, aquel estaba siendo el mejor sexo de su vida y no podía dejar de admirar el bello rostro del pelinegro mientras gemía incontables veces. 

El pelinegro sintió la conocida tensión en su abdomen bajo, avisándole de que estaba cerca de llegar. Dejó que las embestidas del castaño lo llevaran al máximo placer, y tras unas estocadas más, se corrió acompañado de un sonoro gemido, manchando su vientre y parte del de Samuel. 

Al sentir las paredes apretarse en su miembro, el masajista jadeó y junto a una maldición, eyaculó dentro de Guillermo, llenando su entrada de su semilla. 

Pasó media hora cuando ambos chicos ya estaban vestidos y limpios de cualquier rastro que los delatara. 

El silencio era palpable. Los dos habían experimentado uno de los mejores sexos de su vida y claramente querían repetirlo en alguna otra oportunidad. 

— ¿Sería muy atrevido pedirte tu número?.— cuestionó Samuel sonriendo y mirando a Guillermo con ojos brillantes. 

— Me acabas de follar en una cama de masajes, ¿y piensas que pedirme el número es atrevido?.— devolvió la pregunta, alzando una ceja divertido.

— Que puedo decirte, me gustaría volver a repetirlo.— el castaño se encogió de hombros y el pelinegro rió entretenido. 

— A mí también me gustaría repetirlo.— aseguró y le entregó un papel donde estaba anotado su número celular. 

El chico de cabello azabache acercó a Samuel a su cuerpo, y sin previo aviso, dejó un casto beso sobre sus labios. 

— Nos vemos. 

— Te aseguro que muy pronto. 

Y mientras Guillermo caminaba hacis la salida del local, en su mente pensaba que debía darle un regalo a Frank por haberle dado el excelente consejo de ir a un lugar a relajarse.

Después de todo, había sido mucho mejor de lo que esperaba ¿verdad?. 

————————————-

Quitenme el porno dios mío jajaj

Espero les agrade este OS y que lo disfruten (͡° ͜ʖ ͡°)

Nos leemos xx.

"Si mi amor, te miro a ti"

Y a menudo me pregunto por qué le escribo. Por qué a el.

Y es que le miro y veo, dos lunas llenas tan inmensas en sus ojos. Sin fondo.

Su semblante siempre firme, tenaz, con ese deje de melancolía que lleva en sus labios al dar una media sonrisa.

La manera en la que guarda sus manos en los bolsillos traseros, o cuando mete los pies hacia dentro al andar.

Esa mirada que desconcierta, esa que tiene cuando esta callado. Cuando observa. Nadie se haría una idea de lo que pìensa.

Entonces toma mi mano en la suya y ríe por lo bajo al notar la diferencia de tamaño. 

Cuando me mira tanto, que sospecho de si me mira a mi. Y yo acabo riendo por la desesperación.

“Sí mi amor, te miro a ti.” Dice. El café se me atraganta.

¿Cómo de loco puede acabar un hombre por su musa? ¿Y la mujer? ¿Cómo de perturbados pueden terminar?

De él aprendí a amar. De el aprendí la picardía, aprendí a ver más allá de lo que mis ojos me podían mostrar. Me enseñó a ver la vida de una manera bizarra pero divertida. Loca, apasionada y joven.

Y entonces me paro a pensar…y recuerdo las cosas que me hace sentir. Despierto con la cara lavada y él me mira de nuevo, sonríe, y me besa el mentón. Y esto se repite cada mañana, a las 6:45 y decido hacer café. 

Todos los días.

_______________

Sr Escándalo, me podría dar su honesta opinión? :)

———————————————————————————

¿Qué puedo decir? Nunca me he considerado un crítico. Pero sí, me gustó, porque lo pude ver todo a través de mis ojos. Incluso imaginé de escenario a mi bella Xalapa. Por las tantas cafeterías que hay, supongo. Escribe usted muy bonito. Sígalo haciendo, por favor. 

BAJO TUS ALAS (WIGETTA)

“JOEL” (PRIMERA PARTE)

Muchas veces los comienzos son buenos; son oportunidades de reinventarse, de renovarse, de sacar lo mejor y volver a escribir la historia sin borrones o enmendaduras. Se tiene una hoja en blanco.

Para Samuel, este nuevo comienzo no estaba siendo feliz, no estaba siendo fácil, no se sentía como una oportunidad; se sentía ni más ni menos como una de las mayores tristezas que hubiese experimentado a sus escasos 18 años. Había llegado a Los Ángeles sin ninguna ilusión, sin ninguna emoción de quien empieza de nuevo en un lugar desconocido con mil posibilidades.

No estaba siendo pesimista, de verdad quería intentarlo, porque después de todo, no es como si pudiera cambiar la suerte que le había tocado, al menos no por el momento. Ya se encontraba en ese nuevo lugar y por mas quejas y reclamos, no iba a cambiar nada, así que la situación entonces era la siguiente; podía vivir quejándose y amargándose la existencia todo lo que le diera la gana o podía intentarlo, podía hacer que funcionara, por mas difícil que le pareciera en aquel momento.

La segunda opción, por supuesto, resultaba a todas luces más razonable.

Aquella mañana Samuel se levantó de la cama con renovado entusiasmo, con ganas de dejar las quejas atrás y empezar de una vez con lo que le interesaba… estudiar. Sabía perfectamente que el tema del idioma iba a representar un problema, así que lo primero sería eso.

…………………………

Se encontraba por fin sentado al final de una fila de asientos vacíos. Tan solo eran 20 personas en aquel grupo de estudio y aquello lo hacía sentirse incluso mas expuesto. No podía simplemente esconderse entre la multitud para no ser notado y había olvidado lo que era sentirse nervioso el primer día en una nueva escuela.

La clase inició y Samuel se quedó embobado mientras el profesor les mostraba en el proyector, un par de videos de conversaciones en ingles. Sobraba decir que no entendía ni media palabra y lo angustiaba el hecho de ver que la mayoría de sus compañeros parecían bastante menos perdidos que él, que para ese momento debía tener la mayor cara de angustia de su vida.

—¿Dime que no soy el único que no está entendiendo una mierda en esta clase? —Samuel reconoció inmediatamente aquel acento español. Volteó a su derecha y se encontró con un chico castaño de ojos verdes, que se veía tanto o mas asustado que él. No le quedó más que sonreír de forma nerviosa.

Dexter se convirtió desde ese momento en uno de sus mejores amigos. El único realmente. Aquel chico había nacido en Estados Unidos, pero había vivido prácticamente toda su vida en Valencia España. Sus padres habían decidido regresar por fin al país que los había visto nacer, así que a pesar de ser estadounidense, Dex se sentía tan perdido y fuera de lugar como Samuel.

Afortunadamente gracias a la compañía de aquel chico, Samuel logró adaptarse relativamente mas fácil de lo que le hubiese costado hacerlo estando solo. Dexter era un excelente chico, de esos que no teme decir lo que piensa y que era capaz de sacarle una sonrisa con sus ocurrencias, aun si lo que menos tenía era ganas de reírse. Ambos chicos congeniaron de inmediato.

Samuel seguía hablando con Willy, aun con lo mucho que les estaba costando adaptarse a la diferencia de horario. Samuel tenía que llegar prácticamente corriendo de la escuela y sin haber comido siquiera, su único destino era el ordenador. Su madre se molestaba la mayoría de las veces, pero hacía un esfuerzo por entender, que aquella era la única manera que ambos chicos pudiesen hablar, sin que Willy tuviese que estarse despierto hasta altas horas de la madrugada; cosa que por supuesto también le acarreaba problemas.

Las cosas estaban funcionando lentamente, pero ambos muchachos estaban haciendo lo posible. Sabían que las cosas no eran tan fáciles ahora, que no era tan sencillo como caminar un par de pasos y estar frente a frente en la casa del otro. Tenían que esforzarse por conservar aquella amistad intacta a pesar de la distancia y estaban haciéndolo.

—Vamos, siempre me dices que no y sabes que pocas veces te pido que me acompañes —Dex tenía el ceño fruncido y el rostro el un claro gesto suplicante.

No era la primera vez que le pedía a Samuel que lo acompañara a una fiesta, pero Samuel siempre se negaba. Era viernes y aun a la distancia, la tradición de pasar los viernes con Willy no había cambiado. Por tonto que le pudiera parecer a los demás, ellos pasaban gran parte del día y la noche, conversando, jugando en línea, escuchando música o viendo alguna serie cada uno por su lado. La amistad que tenían, se había modificado a las circunstancias.

—He dicho que no puedo… t-tengo cosas que hacer —titubeo un poco al responder y Dexter sabía perfectamente lo que significaba aquello.

—Cosas que hacer —resopló —Hablas con él todos los días y pasas con él cada uno de los viernes ¿no puedes dejar uno solo para pasarlo conmigo? ¡También soy tu amigo!

Dexter no había querido que aquello sonara como un reproche, pero si se ponía a pensarlo ¡Si que lo era! Se sentía molesto aunque no quisiera admitirlo, tenía un año de ser amigo de Samuel y en ese año, jamás había aceptado salir a ningún lugar con él, tampoco iba a su casa, siempre tenía que hablar con Willy y no es que Dexter fuera especialmente celoso con sus amigos y entendía que entre ellos había una amistad de prácticamente toda una vida, pero ese chico tenía mas atención de Samuel aun encontrándose al otro lado del océano. El no estaba pidiendo tanto.

Samuel soltó un largo suspiro de frustración, lo que decía Dexter era verdad y lo sabía. No se trataba de empezar a vivir una nueva vida y olvidarse por completo de Willy, eso jamás pasaría, pero quizá pasar un solo viernes con quien se había convertido en uno de sus mejores amigos, tampoco le iba a hacer ningún mal. Sabía que Willy entendería, pues ya alguna vez había sido él quien cancelara la tradición de los viernes por algún otro compromiso.

Aun así, Samuel decidió que decir una mentirilla piadosa sería mejor que decirle a Willy que lo dejaría plantado para irse de fiesta con su nuevo amigo. “Tengo un compromiso familiar” sonaba muchísimo mejor.

Eran las 9 de la noche del viernes 13 de agosto del 2010. La casa en la que se llevaba a cabo aquella fiesta donde se celebraba quien sabe que, estaba a reventar de jóvenes alcoholizados hasta la medula ósea. Samuel no conocía a nadie y entendía la mitad de lo que le decían, aun así no le fue difícil mezclarse entre los demás adolescentes borrachos que se movían descontrolados al ritmo de la música.

Aquel día que a Samuel no le inspiraba mucha confianza para salir, se convertiría en un día que sin lugar a dudas iba a cambiarle por completo la vida para siempre.

……………………………….

Samuel despertó desorientado y con el mayor dolor de cabeza que hubiese tenido en su vida. Parpadeó un par de veces intentando ubicarse en aquel lugar que no le sonaba de nada.

—¿Ya te vas? —escuchó una voz femenina muy cerca de él y prácticamente dio un salto en su lugar. Giro a un lado para encontrarse con una chica rubia que apenas recordaba.

‹‹¿Rita? ¿Raquel? Quizá… ¿Rosa? ¡Joder! ¿Cómo mierda se llama?››

—¿Rebeca? —respondió mas como una pregunta que como una afirmación, estaba deseando no haberse confundido con el nombre. Afortunadamente aquella muchacha estaba aun medio dormida y al parecer no se dio cuenta de la forma en la que Samuel titubeó al intentar reconocerla.

—Aun tengo sueño —dijo la chica mientras quitaba de encima de su cuerpo las mantas que la cubrían y cerraba nuevamente los ojos —…y también mucho calor.

Samuel casi se atraganta con su propia lengua al ver que la chica estaba completamente desnuda y es que no había reparado en el hecho de que él tampoco llevaba ninguna pieza de ropa encima. Su respiración se volvió agitada en cuestión de segundos y estaba luchando por que aquella pregunta no llegara a su mente, aunque inevitablemente lo hizo.

—¡¿Qué mierda es lo que hice?! —susurró para si mismo. En realidad era una pregunta tonta, sabía perfectamente que es lo que había hecho. Ella estaba completamente desnuda, él también lo estaba. No era tan difícil de deducir. Volteó a mirarla y los recuerdos le llegaron de golpe.

La había visto desde que había llegado a aquella casa que estaba tan llena de humo de cigarro como de adolescentes borrachos. Le había parecido bonita a simple vista, además de ser la única chica que parecía estar aun sobria. Se animó a hablar con ella, deseando que su inglés alcanzara para mantener una conversación medianamente fluida. Cuando la escuchó hablar, resopló con alivio, la suerte parecía estar de su lado. Aquel acento lo conocía. Rebeca resultó ser de Argentina.

Samuel sacudió su cabeza rompiendo el hilo de sus pensamientos. Se levantó inmediatamente de la cama buscando su ropa por toda la habitación ¿de quien era la habitación en todo caso? ¿Alguien los habría visto en esa situación? ¿Qué hora era? Su cabeza estaba tan llena de pensamientos confusos que el dolor se incrementó si es que eso era posible. Samuel tomó sus cosas y se vistió a toda prisa.

No sabía si debía dejarla ahí, sola y desnuda en una habitación que muy probablemente ella tampoco conocía. No podía ser tan desconsiderado. La verdad era que habían terminado en una situación que el no hubiese deseado estando sobrio, al menos no de esa manera, pero aun así no podía echarle toda la culpa a ella. La cubrió con la manta y movió su hombro para intentar despertarla.

—Tengo que irme ya —le dijo sin dejar de moverla. Rebeca solo se removía incomoda en la cama si muchas ganas de despertar —venga, mujer, despierta ¿o piensas quedarte aquí? —la chica solo hizo una mueca con su mano indicándole que se fuera mientras asentía sin siquiera abrir los ojos. Samuel no iba a insistir mas, podía sentirse tranquilo por haberlo intentado. No quería quedarse en ese lugar más tiempo. Terminó de acomodarse la ropa y salió de aquella casa con una rara opresión molestando en su pecho.

Fue en su casa cuando Samuel se dio tiempo de maldecir y lamentarse ¿Por qué se sentía tan mal? No lo sabía pero era así. Después de todo era un chico de 19 años y no es que intentara justificarse, pero tener sexo con una desconocida no era la gran cosa ¿verdad? ¿VERDAD? ¡Mierda! ¡Claro que lo era! ¿Habían usado protección siquiera? Ni siquiera eso podía recordarlo ¿Y si ella quedaba embarazada? ¿Y si estaba enferma de algo? Suspiró tumbándose en la cama sintiendo sus piernas temblar ¿Por qué había bebido tanto? A él ni siquiera le gustaba el alcohol. Tenía un año viviendo en Los Ángeles y se había comportado siempre de la manera que le parecía correcta, a veces rayando en lo exagerado y él día que se le ocurría salir, disfrutar y distraerse sin pensar en nada, había terminado cagándola de forma épica.

Samuel jamás hubiese imaginado que perdería su virginidad así, con una completa desconocida a la que muy seguramente no iba a volver a ver jamás. No es que hubiese estado esperando que aquel momento ocurriera de forma romántica como en una película, pero al menos hubiese esperado dar un paso como ese, con una persona que significara algo para él.

Samuel no habló de aquello con nadie, ni siquiera con Dexter, aun con lo mucho que su amigo le preguntó donde se había metido toda la noche. Lo que había sucedido no era algo de lo que debiera sentirse orgulloso o digno de contarse. Quizá otra clase de chico si lo sentiría como un logro, pero no Samuel, no un muchacho como él.

Se sintió mal por mucho tiempo y ya ni siquiera luchaba por entender la razón. Sentía culpa, remordimiento, tanto que a él mismo ya empezaba a parecerle ridículo ¿Estaba exagerando? Probablemente si, pero había una sensación extraña en su pecho cada que recordaba aquella noche.

Los días, semanas y meses pasaron y como era normal, Samuel terminó por olvidarse de aquel suceso. Decidió incluir aquel error de una noche, en el montón de cosas que no debía volver a hacer en su vida. Beber en exceso y volverse por una noche el chico despreocupado que claramente no era, le había traído ya, un montón de dolores de cabeza.

Aquel error de una noche, se convertiría en la mayor lección que le daría la vida, pues hay cosas que inevitablemente suceden, sea que lo queramos o no.

Aquel día que Samuel recordaría por el resto de su vida, había amanecido particularmente bonito, luminoso, cálido y tranquilo. Ni siquiera el hecho de que se le había hecho tarde hablando con Willy y ahora estaba justo de tiempo para llegar a su primera hora de clases, lo había hecho borrar aquella sonrisa.

Eran las 10 de la mañana y se sentía feliz de que aquel día, su primera clase iniciara a las 11, pues él hacía apenas minutos que había abierto los ojos.
Se había mudado un par de meses atrás a un pequeño departamento cercano a la universidad y vaya que era complicado vivir solo, sin su madre despertándolo cada mañana con un grito y sin sus abundantes desayunos que apenas le permitían moverse. Todo era parte de crecer.

Estaba desvistiéndose para entrar a la ducha cuando escuchó fuertes golpes en su puerta Nadie lo visitaba a esas horas de la mañana, de hecho, nadie lo visitaba a ninguna hora. Dexter estaba en clase desde las 8, así que no tenía sentido que pensara en él como posibilidad.

—¡Ya voy! —gritó esperando que la persona afuera de su puerta tuviera un asunto realmente importante, porque claramente aquello lo estaba retrasando. Se puso nuevamente la camiseta y escuchó los golpes en la puerta una vez mas —¡VOY! —la insistencia de quien estuviese afuera de su departamento lo estaba molestando, como fuese alguna propaganda o publicidad, iba a empezar a repartir golpes.

Cuando estaba a medio camino en el salón justo a segundos de abrir la puerta, los golpes cesaron y pudo escuchar las pisadas aceleradas de alguien alejándose ¿Había sido una simple broma acaso? Abrió la puerta de golpe, dispuesto a alcanzar a quien hubiese estado molestando, para al menos gritarle a la cara unas cuantas maldiciones, cuando tropezó con algo que a poco estuvo de hacerlo caer al piso.

Había una silla. Una de esas sillas de bebé que se colocan en los autos, cubierta con mantas blancas.

Miró alrededor en busca de algo o de alguien. El pasillo estaba completamente desierto. Su corazón empezó a golpearle el pecho de forma casi dolorosa. No podía moverse, con trabajos podía respirar, sus manos empezaron a temblar y ni siquiera lograba entender el porque de su reacción ¿Aquello era una broma? ¿Estaría alguien escondido en algún lugar grabando su reacción?

Aquel objeto tenía que estar vacío. Lo estaba seguramente.

Se escuchó un tenue llanto. Samuel sintió que el alma se le escapaba del cuerpo.

………………….

Tenía exactamente 3 minutos sentado en el sofá, con aquella sillita de bebé frente a él y ni siquiera se había atrevido a apartar las mantas. 3 minutos que le estaban pareciendo años, 3 minutos que le había servido para acumular en su mente un montón de pensamientos confusos que fueron cortados cuando nuevamente escuchó aquel tenue quejido bajo aquella mantita blanca.

Se acercó cauteloso. Tenía miedo y no sabía el porque. ¿Que mas podía haber en aquella sillita que no fuera un bebé? ¡Exacto! Eso era precisamente lo que mas lo asustaba. Tomó una orilla de la manta y sin demorar mas tiempo la apartó de un jalón. Lo que encontró debajo lo dejó sin aliento.

Un pequeño bultito de mantas blancas se removía al parecer incomodo frente a sus ojos, un bebé de quizá uno o dos meses de nacido, la verdad es que no lo sabía ¿Por qué iba a saberlo? El pequeño estaba dormido, tan tranquilo y apacible, contrastando por completo con el mar de sensaciones que estaban arrastrando a Samuel como una ola salvaje.

Se dejó caer en el sillón sin saber que hacer ¿Era una broma? ¿Quién usaría a un bebé para hacer una broma como aquella? Sentía que en cualquier momento algún loco iba a golpear nuevamente a su puerta para decirle que todo había sido un juego cruel y que quería de vuelta a su bebé. Se levantó nuevamente y lo miró. Quiso acercar una mano al rostro del pequeño, pero se detuvo a medio camino. Sus manos temblaban de forma descontrolada.

Samuel empezó a sentir como sus ojos se llenaban de lágrimas y no entendía el porque. Estaba a punto de levantarse para ir a la cocina a tomar un vaso con agua, cuando vio algo más entre las mantas que cubrían al bebé. Un sobre.

Lo tomó inmediatamente y prácticamente lo rompió para sacar la carta que contenía, mientras más rápidamente se enterara de que aquello era un error, y que ese bebé no tenía que estar frente a él, en la mesa de su salón, mas rápido no entregaría a su familia.

Desdobló la hoja, la letra era bastante desprolija, escrita obviamente a mano con tinta azul. Pudo un par de rayones a simple vista y su nombre escrito  en la parte superior. Sintió que sus manos temblaban aun más. La carta si era para él. Empezó a leer.

Querido Samuel.

Que ridículo suena ¿no? da igual. Te estarás preguntando quien es el niño que ahora está contigo ¿verdad? Pues te lo presento, es tu hijo. No te digo su nombre porque no he tenido tiempo de ponerle uno, puedes llamarlo como te dé la gana. No me importa. Tuve la mala suerte de toparme contigo en aquella fiesta ¿lo recuerdas? Pues si, hay cosas que tienen consecuencias, tienes a tu consecuencia justo frente a tus ojos. ¿Por qué te lo entrego? Porque yo no lo quiero, así de sencillo. Nunca esperé quedar embarazada, nunca esperé tener un hijo a los 19 y no, no voy a tenerlo, sería una muy mala madre, te lo aseguro, las cosas como son. Pensé en darlo en adopción ¿sabes? Pero después de todo no soy tan hija de puta. Es preferible que esté con su propio padre a que se quede con algún extraño ¿estás de acuerdo? ¡Bien! Aunque de hecho, tampoco puedo obligarte a tenerlo, así que si tu tampoco lo quieres, puedes hacer con él lo que te de la gana, mi nulo amor de madre no me permite preocuparme por lo que pase con ese chiquillo que yo nunca esperé, agradecido debes estar de que haya decidido no interrumpir el embarazo. No hay documentos porque no los tiene, encárgate de eso. Nació el 9 de mayo, es lo único que puedo decirte. Espero no tener que saber de ustedes nunca mas… y por cierto, si dudas de que sea tu hijo, puedes hacer las pruebas que te de la gana ¿bien?

Rebecca.

Samuel terminó de leer aquella carta sintiendo que la presión en su pecho se hacía cada vez mas grande. No podía creer lo que acababa de leer, no podía creer que existieran personas como Rebeca, que estaban dispuestas a abandonar a un bebé, en la puerta de prácticamente un desconocido.
Se levantó y lo miró y las lágrimas empezaron a correr nuevamente. Acercó su mano a la mejilla del pequeño y acarició su mejilla con el pulgar.

—Lo tiró como si fuese… basura —susurró para si mismo y sintió como se ahogaba con sus propias palabras.

——————————————-

Holaaaaaaa!!! Falta la segunda parte de este capítulo. Espero que les haya gustado. Se que algunas personas no estaban del todo conformes con que un niño haya aparecido en la historia, pero como siempre les digo, confíen en mi. Esta historia es diferente a las otras que he escrito y si que va a gustarles, aun si no les gustan los niños, yo tampoco soy muy fan de los bebés. Van a aprender a querer a Joel, estoy segura xD

Mi otro yo//Estado psicótico
Siento un escalofrío constante en mi espalda Y algo que me atraganta la garganta Escapándose por mi boca Miento, está entrando. ¿Será él? ¿Serás tú? ¿Vienes a cuidarme nuevamente? No nos veíamos hace mucho, cariño. Te acariciaría, pero mi tacto ha mutado Al igual que mi vista Me tiemblan las manos Y mi vista se queda fija mirando la nada Me preguntan que me pasa Simplemente Estoy entrando en estado psicótico.

Poesía original por el usuario Clona-zepam.