atardecer rojo

Dreamin'

Me gusta verlo cuando pierde bordes. Me gusta que no tenga contorno y que su cara se convierta de repente en un atardecer rojo y macizo de nubes llenas de agua. Me gusta que transmute, como todo en el sueño. Me gusta que a veces sea un lugar y otras una persona, me gusta saber que es él aun sin rostro y sin voz. Me gusta soñarlo en todas sus formas disponibles. Me gusta verlo así sea en sueños. Verlo serpiente o verlo niño. Me gusta también cuando es pesadilla porque entonces despierto y sé que no lo he perdido porque nunca ha sido mío, todo ha sido sueño. Me gusta verlo en mi cama esperandome, me gustan sus manos cuando son de agua y el colchón un río donde me hundo sin ahogarme. Me gusta dormir y despertar sin abandonar el sueño, porque nunca estoy más despierta que cuando aparece en mi inconsciente que hace excusas para encontrarlo convertido en todo lo que nunca podrá ser en la vigilia. Una parte de mí.

Lento,
violento,
rumoroso
temblor
de hojas
en la intrincada selva de mis espinas.
Invasión de ternura en los huesos.
Ola dulce de agua
reventándome en el fondo del pecho,
encrespándose
y volviendo a extenderse
espuma
sobre mi corazón.

Es el amor con su viento cálido,
lamiendo insistente la playa sola de mi noche.
Es el amor con su largo ropaje de algas,
enredándome el nombre, el juicio, los imposibles.
Es el amor salitre, húmedo,
descargándose contra la roca de mi ayer impávida dureza.
Es la marea subiendo lentamente
las esquinas de piedra de mis manos.
Es el espacio con su frío
y el vientre de mi madre palpitando su vida en el silencio.
Es el grupo de árboles en el atardecer,
el ocaso rojo de azul,
la luna colgada como fruta en el cielo.
Es el miedo terrible,
el pavor de abrir la puerta
y unirse a la caravana
de estrellas persiguiendo la luz
como nocturnas, erráticas mariposas.
Es la tiniebla absoluta
o la más terrible y blanca nova del Universo.
Es tu voz como soplo
o el ruido de días ignorando los rumbos de tu existencia.
Es esa palabra conjuro de todas las magias,
látigo sobre mi espalda tendida al filo del sol,
desencajando el tiempo con sus letras recónditas,
desprendida del azar y de la lógica,
loca palabra, espada,
torbellino revolviéndome tibias memorias
apaciblemente guardadas en el desván de los sueños,
estatuas que de pronto se levantan y hablan,
duendes morados saliendo de todas las flores,
silbando música de tambor de guerra,
terribles con sus largos zapatos puntudos,
burlándose de mí
que, inútilmente,
cavo tenaz, enfurecida, incapaz,
llorando en mi espanto,
esta última trinchera.

Quédate con migo.
Quédate a mi lado y que la vida nos acobije con su amor.
Quédate y disfrutemos de la tarde en compañía de un beso que nos sepa a eternidad.
Quédate y disfrutemos de las caricias previas antes de consumarnos en un solo orgasmo de pasión.
Quédate miremos como el sol se funde en un atardecer de rojo carmesí, que nos invita a juntos dormir.
Quédate y juguemos a contar las estrellas hasta que la noche se apodere de nuestro ser.
Quédate y durmamos junto a la luna que nos iluminara con su ternura.
Quédate y amanece junto a mí, para verte despertar de este sueño de amor que compartimos tú y yo.
Quédate y endulza los cafés de mis tardes, con la miel de tus ojos y el polen de tus labios.
Quédate y dejemos de buscar excusas para marcharnos.
Quédate y mira como mi piel se eriza por estar junto a la tuya.
Quédate y escucha la poesía que nace de mí ser al verte sonreír.
Quédate y disfruta la melodía que grita mi corazón cuando tú me amas.
Quédate y compartamos los sueños y anhelos así como compartimos la almohada.
Quédate y se el ángel del paraíso de mi vida.
Quédate y juguemos a hacernos cosquillas en el alma, para luego terminar enamorados.
Quédate y vuélvete mi vida y yo me volveré tu eternidad.
Quédate y veras que todo se vuelve realidad, hasta la más incomprensible fantasía.
Quédate y te sentirás de verdad viva.
Quédate y pierde tu mirada junto a la mía, en la galaxia de nuestras vidas.
Quédate y ardamos en amor como el mismísimo sol arde en vida.
Quédate y hagamos de nuestra habitación un manicomio que solo nuestra locura comprenda.
Quédate mi amor y seamos infinitos.
Quédate, mi amor.
Quédate, mi vida.
Quédate, mi aire.
Quédate, mis ganas.
Quédate, mi todo.
Quédate, mi principio sin fin.
Quédate, con migo…