atardecer rojo

Que atardecer mas peculiar, rojo, como si de lava se tratase, hace juego con unas nubes rosas. ¿Y qué por qué cuento esto? fácil, porque esta escena me recuerda la ira e intensidad de un amor candente que una vez sintió mi marchito corazón. Y mientras cuento esto, el tiempo va atenuando sus colores, ahora es más gris, el cielo se ha convertido en cenizas. Sin duda todo esto me recuerda a mi pobre corazón; convertido en cenizas por haber tenido la osadía de amar. Este atardecer ha sido una breve representación de lo que las malas lenguas viven diciendo.  "Donde hubo fuego… cenizas quedan".
—  Valo Jones - Condena de amargo sabor
Negociando con el diablo -prueba-

- ¿Por qué todo está tan oscuro aquí? Y ¿Por qué tengo esta horrible sensación de no sentir nada? -se pregunta Guillermo un poco confundido-

Mira a los alrededores buscando algo que le parezca familiar, pero es en vano es un lugar totalmente nuevo y no logra divisar alguna otra persona en el mismo.

- ¡Genial! -dice en tono sarcástico- ahora si que la le liado, no recuerdo como llegue aquí y ahora no se como volver. Sera mejor que comience a caminar y ver en que lugar del mundo estoy.

Justo cuando termina de decir esto, mira al cielo y quedo pasmado, un escalofrió recorrió su cuerpo, no sabía dónde estaba, pero muy seguramente no era la tierra o algún planeta cercano, no había estrellas, ni luna, todo era oscuridad y cada cierta segunda pasaban estelas de luz del color de un atardecer rojo como la sangre. Decidió ir a la dirección de la cual procedían esas luces.

-Alguien debe lanzarlas ¿no? -se decía a si mismo-

Lo extraño es que no sentía miedo, solo curiosidad, mucha curiosidad. Ya había caminado algunos kilómetros y no se había cansado ni un poco, a lo lejos se veía una extraña fortaleza construida con ladrillos de un color grotesco, como mezclar sangre con arcilla.

Guillermo sabía que lo que le esperaba ahí dentro no sería muy bueno, pero estaba perdido ya habían pasado varias horas caminando y no creía que fuese peor que estar en un lugar desconocido y sin ninguna señal de vida. Unas cuantas horas más caminando y ya estaba en la entrada de la fortaleza.

Guillermo estaba muy curioso por todo lo que podía ver, toda tenía un acabado muy antiguo, pero nada mostraba señales del paso del tiempo, es decir todo estaba como nuevo. Cuando se adentraba más al castillo escucho algunas voces que le llamaban.

-Oye chico, acércate -le decía una extraña voz que procedía de un muro-

- ¿Yo? -pregunta Guillermo curioso, acercándose para darse cuenta que era un ladrillo- Bien ahora me volví loco -dice aún muy sorprendido-

-Sácame de este muro, Y a mí también, Y a mí, a todos ayúdanos -decían los ladrillos en coro-

-Que más da -dice Guillermo acercándose a la pared, siendo interrumpido por una voz más humana-

-Yo que tú, no hago eso -dice un extraño que se acercaba- Y ustedes no deberían estar confundiendo a nuestro invitado. -dice pateando la pared suavemente-

-Gracias a Dios alguien que puede ayudarme -dice Guillermo más tranquilo-

-No fue gracias a Dios, al contrario, él te mando aquí -dice el extraño sonriendo pícaramente-

- No seas gracio… Espera eso quiere decir que estoy… ¿muerto? ¿Y entonces estoy en el infierno? -pregunta Guillermo extrañado-

-Si y si, bueno no tan muerto digamos que estás muerto, pero nadie se va a dar cuenta de eso fuiste retirado del mundo y ahora formas parte del infierno. Se que parece complicado, pero ya vas a entender. Por cierto, mi nombre es Samuel. -dice el joven misterioso-

-Eso quiere decir que tu eres… el diablo? -pregunta Guillermo mirándolo fijamente-

-Soy uno de ellos, en realidad hay muchos Diablos o Satanás, somos nombrados cada cierto tiempo y cuando cumplimos se nos libera del cargo. -dice Samuel-

-Te imagine un poco más “Terrorífico” pero no me quejo mejor que te veas así -dice Guillermo-

-Entonces me veo bien ¿eh? -pregunta Samuel riendo-

-No espera no quise decir eso -dice Guillermo apenado-

-Venga no pasa nada, sé que soy muy guapo, ahora tenemos que esperar que lleguen los demás con sus nuevos miembros y te explicaran mejor que es esto que está pasando. Puedes recorrer el castillo y ver todo lo que quieras. Solo no le creas nada a los muros o cualquier cosa que veas, recuerdas que estamos en el infierno ¿eh? -dice Samuel mostrándole un pasillo para que comenzara a recorrer-




Pues hoy soñé algo así, digo algo porque la mayoría del sueño fueron escenas XXX +18, así que tome las mas normales y las adapte a un nuevo fanfic, no se si sea de su agrado. Me pareció que es una idea nueva, pero no se si les guste ¿Que dicen? ¿Les agrada o no?

flickr

For a moment I felt I was touching the sky por Beatriz Castillo
Por Flickr:
# #landscape #clouds #travel #sky #sunset

Lento,
violento,
rumoroso
temblor
de hojas
en la intrincada selva de mis espinas.
Invasión de ternura en los huesos.
Ola dulce de agua
reventándome en el fondo del pecho,
encrespándose
y volviendo a extenderse
espuma
sobre mi corazón.

Es el amor con su viento cálido,
lamiendo insistente la playa sola de mi noche.
Es el amor con su largo ropaje de algas,
enredándome el nombre, el juicio, los imposibles.
Es el amor salitre, húmedo,
descargándose contra la roca de mi ayer impávida dureza.
Es la marea subiendo lentamente
las esquinas de piedra de mis manos.
Es el espacio con su frío
y el vientre de mi madre palpitando su vida en el silencio.
Es el grupo de árboles en el atardecer,
el ocaso rojo de azul,
la luna colgada como fruta en el cielo.
Es el miedo terrible,
el pavor de abrir la puerta
y unirse a la caravana
de estrellas persiguiendo la luz
como nocturnas, erráticas mariposas.
Es la tiniebla absoluta
o la más terrible y blanca nova del Universo.
Es tu voz como soplo
o el ruido de días ignorando los rumbos de tu existencia.
Es esa palabra conjuro de todas las magias,
látigo sobre mi espalda tendida al filo del sol,
desencajando el tiempo con sus letras recónditas,
desprendida del azar y de la lógica,
loca palabra, espada,
torbellino revolviéndome tibias memorias
apaciblemente guardadas en el desván de los sueños,
estatuas que de pronto se levantan y hablan,
duendes morados saliendo de todas las flores,
silbando música de tambor de guerra,
terribles con sus largos zapatos puntudos,
burlándose de mí
que, inútilmente,
cavo tenaz, enfurecida, incapaz,
llorando en mi espanto,
esta última trinchera.