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 Diario La Tercera | Domingo 3 de Mayo de 2015

Cecilia Aménabar habla por primera vez, luego de la muerte de su ex esposo Gustavo Cerati, en una entrevista exclusiva y reciente con preguntas muy interesantes de leer. Es una emoción escucharla nuevamente, comparto aquí algunas preguntas destacadas. 

↳  Fuente y reportaje completo aquí | Noticia subida primeramente por @FlacoStereo

“Anoche soñé con él… Me visita en sueños unas tres veces por semana”, cuenta Cecilia en esta entrevista donde, por primera vez, baja la coraza y relata cómo es su vida y la de sus hijos sin Cerati.

Han pasado ocho meses de la muerte de Gustavo Cerati ¿Cómo ha vivido el luto usted y su familia?
Cecilia: Ha sido súper duro. Todavía no lo tengo cerrado. Anoche soñé con él. Me visita en sueños unas tres veces por semana. La verdad es que es muy fuerte y no está cerrado para nosotros. Creo que para nadie y nunca.

La gente lo sigue recordando…
Cecilia: Es muy difícil (olvidarlo). Era una persona que nos daba mucha luz. Entonces, estamos un poco opacados. Estamos sacando brillo de a poquito, porque era realmente una persona muy luminosa y que nos afectaba en nuestra vida cotidiana, todos los días. Ha sido un proceso delicado, diría yo, y muy lento el volver a brillar cada uno. Pero en eso estamos. Mis niños (Benito y Lisa) están estudiando en la universidad. Por suerte se metieron. Están volviendo a disfrutar un poco de la vida. Creo que estudiar les hace muy bien. Y yo estoy tratando de volver a trabajar y haciendo proyectos nuevos, pero es un proceso lento. El luto es un año, pero nosotros llevamos casi cinco.

¿Cuál es su reflexión a ocho meses de la partida de Gustavo?
Cecilia: En cada día que me levanto con salud y que cada persona se levante con salud. Eso es lo más lindo. La vida es muy linda de vivir y hay que dar gracias. La salud es lo más importante. El trabajo y la salud, bueno, el trabajo ojalá; y el amor, ojalá que venga. Pero encuentro que es importante levantarse con salud, poder respirar y estar completo. Lo otro viene solo.

¿Qué mensajes le da a los seguidores de Gustavo?
Cecilia: Como yo: sueñen con él, que sigan soñando con él y que continúen escuchando su música. Eso es lo importante. Es una persona que ha dejado un gran legado. No solo en Chile y Argentina, sino que en todo Latinoamérica y en el mundo. Un genio total. Y creo que va a traspasar las generaciones. No solo la mía. La de mis hijos y mis nietos. Es el Elvis Presley de Latinoamérica.

¿Chismoso?

Estos son algunos puntos rápidos para ayudarle con el pecado del chisme: 

1. El amor bíblico cree lo mejor de la gente (1 Corintios 13:7) – El hecho de que usted oye algo malo de una persona no significa que sea cierto. No lo repita; vaya a la persona usted mismo. 

2. Si no puede decir algo bueno de alguien, entonces no digas nada en absoluto. (Efesios 4:29) – Mi mamá me enseñó esto cuando yo era un niño. Habla sólo lo bueno de una persona. 

3. Domestique su lengua, el dominio propio es fruto del Espíritu (Gálatas 5: 22-25) – Un creyente que crece en madurez tendrá estas cualidades cada vez más en su vida!. Si usted es un verdadero creyente, entonces usted puede resistir los pecados de la lengua y practicar dominio propio. 

4. Cuidado con quien andas. “Las malas compañías corrompen las buenas costumbres" (1 Corintios 15:33) – creyentes inmaduros necesitan corrección e instrucción, no un participante dispuesto a los chismes. Niéguese a escuchar y participar en chismes de cualquier tipo.

—Chad Coley

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MAGDALENA: El Complot
Basado en el Evangelio secreto de Bernabe de mas de 1700 años de antigüedad.

QUINTA ENTREGA

8) EL ENVIADO DEL SEÑOR

               A la mañana siguiente, Crátilo fue a visitar a Prócula. Ella le escuchó atentamente, con las manos unidas en su regazo. Su expresión, firme y desolada a la vez, se iba estremeciendo imperceptiblemente durante el relato resumido del secretario.—Me congratula que esté con vida. No hay que perseguir a los profetas —dijo con voz grave—. Ese hombre… no hacía daño alguno a Roma. Incluso mi esposo lo acepta. Crátilo…El tono de sus palabras era apremiante.—Crátilo, no hace falta que cuentes a mi marido todo lo que hayas descubierto sobre Ieshu. Este asunto acabaría en Roma. O en otra parte.¿Comprendes? Permanecieron cara a cara unos instantes. Crátilo acabó agachando la cabeza.—Matar a ese hombre no beneficiaría la grandeza de Roma. Sólo beneficiaría los cálculos de algunos intrigantes. Las divinidades cambian de nombre, sus mensajes deben ser respetados. Se levantó y entró en otra habitación. Regresó momentos más tarde, con una bolsa en la mano.— Continúa tus investigaciones. Pero infórmame a mí primero. Le tendió la bolsa.—A mí primero —repitió. Él inclinó la cabeza y se despidió. Al pie de la escalera, en la sala que llevaba a los despachos de la Procura, divisó a Saulo, que fue a su encuentro dándose importancia.— Salud. ¿Te has ausentado de Jerusalén estos últimos días?—En efecto. Saulo le miró de arriba abajo.—Me han dicho que estabas de viaje. ¿Puedo saber dónde? Crátilo soltó una carcajada.—No invirtamos los papeles, ¿quieres? No estoy a tu servicio y no tengo que darte cuentas de nada. Tú eres el que está al servicio del procurador.
—Te advierto…—No tienes ninguna advertencia que comunicarme, Saulo —interrumpió con sequedad Crátilo. Subió de inmediato a informar a Pilatos de la conversación que había mantenido con Saulo. El procurador le dijo con voz monótona:—He informado a Saulo hace un rato de que ya no nos interesan sus servicios. Crátilo pareció sorprendido.—Pagaba a Saulo para que nos informase, y no para que informara al Sanedrín de lo que hacíamos en la Procura —explicó Pilatos. Esbozó una media sonrisa—. En adelante tendrá un poco más de trabajo: deberá espiarnos también por la misma suma que le paga el Sanedrín.—Entonces necesitaremos a otro espía —observó Crátilo.—No es eso lo que falta en Jerusalén —respondió Pilatos—. Tú te encargarás de encontrar a otro.—Esta vez no será un judío —dijo Crátilo en un tono hastiado—. Esa gente vive bajo el imperio de las pasiones. El procurador clavó por unos instantes su mirada en su secretario y su media sonrisa se desplegó en su rostro. Crátilo comenzaba pues a comprender la dificultad de ser romano en Oriente. Los calores de junio llegaron con su acompañamiento habitual: nubes de polvo y de moscas y breves tormentas que, al anochecer, hacían humear las piedras recalentadas y excitaban a los chiquillos; a las primeras gotas, salían desnudos para bailar por las calles o sobre los tejados. El sudor de los humanos excitaba a las moscas, que, a su vez, excitaban a los humanos. Uno nunca sabía si lo que le corría por la frente era una mosca o una gota de
sudor. La pereza se extendió como una epidemia. Era la enfermedad debilitante anual: uno se levantaba por la mañana como si saliera de la tumba y se acostabapor la noche como si se encontrara al final de una larga vida. Los legionarios genuinamente romanos —pues había muchos llegados de otras partes: deI conium, en Galacia, de Tesalónica, en Macedonia, incluso de Sirmium, en Iliria, o de Panticapea, en el reino del Bósforo, sin mencionar a los sirios, que predominaban—, los verdaderos romanos, estaban acostumbrados a esta dolencia; se felicitaban incluso por verse libres de los mosquitos de la capita limperial, un enclave entre marismas, y de las fiebres que les escoltaban. En Palestina, como se llamaba habitualmente a las tres provincias de Judea, hacían estragos otras fiebres.

Pilatos mencionó la posibilidad de marcharse de vacaciones a Jericó, donde la Procura tenía una residencia digna de una provincia senatorial, o a Cesárea, como prefería Prócula, al nuevo palacio de la administración romana. Crátilo encontró un sustituto para Saulo; se llamaba Alejandro. Dos años antes había servido como mercenario en la legión, había regresado a Siria para cultivar sus hortalizas, se había casado con la hija de un caravanero que importaba seda de Xin y se había establecido en Jerusalén, donde los aficionados a la seda cruda eran más numerosos que en Damasco. Explicó a Crátilo que la seda cruda era seda de Xin deshilada y vuelta a tejer con lino, pero como era ligera, la vendían más cara aún que la seda pura. Alejandro estaba encantado de espiar a la gente del Templo y del Sanedrín; los conocía ya; no les perdonaba que en dos ocasiones le hubieran prohibido casarse con una judía, a menos que se convirtiese y se circuncidase, idea que le parecía monstruosa. Además, en calidad de comerciante no llamaría la atención en la ciudad, a diferencia de Saulo. Lo que debía hacerse, según le explicó Crátilo, no sólo era prestar oídos a todos los rumores y habladurías, sino intentar saber también cuáles eran, a la vez, los intereses de los sacerdotes del Templo y la gente del Sanedrín. Una vez hecho eso, Crátilo, aprovechando la próxima ausencia del procurador, que finalmente había decidido irse a Cesárea, le pidió permiso para ir a pasar unos días en Creta y visitar a sus parientes y amigos.
Embarcó en un trirreme militar.

A comienzos de julio, Jesús conseguía caminar sin dolor, a pesar de la molestia que le causaba un hueso del pie que se había soldado mal.Dositeo observaba maravillado cómo las fuerzas acudían de nuevo a aquel hombre, cuya envoltura corporal había llevado cierto día José de Ramathaim. Un hombre devastado en su interior y cuya demacración resultaba más visible por la ausencia de la barba. ¡Sobrevivir a la cruz! Dositeo agitaba la cabeza con incredulidad cada vez que pensaba en ello. La treintena de discípulos que vivían con él en el monasterio de Koshba, cerca de Damasco, y todos los servidores habían desfilado para ver a aquel hombre casi resucitado. —¡Dios le ama realmente! —murmuraban—. ¡Ha escapado de la cruz! Sin embargo, ahora daba todos los días una vuelta por el jardín en compañía de dos o tres discípulos de Dositeo. Incluso había acompañado a dos hasta Damasco, a donde habían ido a vender sus sandalias artesanales, sin parecer incomodado.
Ahora bien, no eran sus discípulos. Se preguntaba por su suerte. Evocó las semanas transcurridas. El martes siguiente al domingo en el que María había encontrado la tumba abierta y vacía —algo que entonces él ignoraba—, José de Ramathaim y Nicodemo habían ido a sentarse a su cabecera, en la casa de Bethbassi, su primer refugio.— Tendremos que llevarte pronto a otro lado —había dicho José. En efecto, Jerusalén estaba lleno de rumores sobre la desaparición del cuerpo. Sus colegas del Sanedrín habían informado a Nicodemo: se sospechaba que José y él habían tramado aquel robo del cuerpo para hacer creer que Jesús había escapado de la muerte. La policía del Templo había sabido la hora, anormalmente tardía, de la crucifixión y las incongruentes circunstancias del entierro. Sus esbirros, incluido un tal Saulo, iban a recorrer los alrededores de Jerusalén en busca de Jesús. El sumo sacerdote Caifás y los sacerdotes Somne y Dothaim pensaban promover la confiscación de los bienes de José y de Nicodemo. En resumen, en Jerusalén se había dado la alerta, y pronto ocurriría lo mismo en el conjunto de Judea. No era cuestión de que Jesús se refugiara en casa de José, en Ramathaim, ni en la de Nicodemo, en Betania: serían los primeros lugares donde la policíadel Templo iría a buscarle.—¿Conoces un lugar en el que cuentes con amigos y donde puedas estar seguro?—En casa de Dositeo, en Koshba —había respondido Jesús—. Está en un lugar que no conozco, la casa de la Estrella. En Siria. A más de una semana de camino de Bethbassi.—¿Crees que estás en condiciones de soportar el viaje? Jesús había inclinado la cabeza.

Unos días más tarde, justo antes de abandonar Bethbassi, había ido a Betania. No abandonaría Judea sin haber visto de nuevo a la enviada del Señor, María.¡Dositeo! Se habían conocido en Qumran veinte años antes. Más tarde, se habían marchado el mismo año y por la misma razón: la fe no es nada si no irradia hacia las almas de alrededor. La gente de Qumran recocía en el desierto su odio por el clero de Jerusalén, esperando el cataclismo final que la mano deDios iba a soltar sobre Jerusalén para castigar a ese clero por su corrupción, suceguera y su idolatría de la palabra escrita, desafiando al Espíritu.Y es que la palabra humana no es más que el infiel reflejo del espíritu.
Él, Dositeo y muchos más se habían puesto de acuerdo: de los cinco Libros del Pentateuco, la «gente de Jerusalén» —ni siquiera los llamaban«sacerdotes»— solo parecía reconocer, a fin de cuentas, el Levítico y los Números, los que más halagaban las prerrogativas de su casta. Ilustraban perfectamente la conjunción de la mezquindad del corazón y la del espíritu. Pero de nada servía odiarles desde las orillas del mar de Sal; tenían que ir a darles respuesta sobre el terreno. Qumran representaba un fin del mundo, y el mundo no había terminado. Finalmente, y pese a tratarse únicamente de una razón accesoria, al negar tanto la realidad del cuerpo, como hacían en los edificios a orillas del mar de Sal, se acababa dándole una desmesurada importancia. El ser humano tiene una esencia divina; está hecho para esparcir la vida. ¿Acaso el propio Dios no había dicho: «No es bueno que Adán esté solo»? Pues bien, todos aquellos Adanes aislados en el desierto acababan tejiendo vínculos parasitarios. De modo que se habían marchado y sus caminos habían divergido rápidamente. Jesús despertaba las conciencias en Galilea, y Dositeo, en Samaria. Sin embargo, cada uno de ellos permanecía informado de lo que hacía el otro. Debido a ello, Jesús sabía que la compañera de Dositeo —¿había sido su mujer?— se había marchado con uno de los discípulos de éste, Simón, Simón el Mago. ¿Había declinado la estrella de Dositeo? ¿O tal vez el virtuosismo sexual de Simón se correspondía con su presunta magia?

Nadie había avisado, evidentemente, a Dositeo de la llegada de Jesús. Cuando el crucificado había sido descendido de su asno, con la ayuda de José, ante la puerta de la comunidad de Koshba, en pleno crepúsculo, le había dicho simplemente al asustado portero:—Dile a Dositeo que su amigo Jesús está aquí. Sólo se aguantaba de pie gracias al bastón y a la fuerza de José y de su hijo. Instantes después, Dositeo, seguido por unos discípulos, había corrido por la avenida que llevaba al porche. El revuelo del hábito, el precipitado martilleo de los pies sobre el suelo, un perro que ladraba como un loco. Dositeo se detuvo ante el lampiño visitante, con el rostro petrificado por el estupor. No tuvo tiempo de preguntar: «¿Es efectivamente…?». Y reconoció a su visitante y abrió los brazos. Luego, las lágrimas brotaron de los ojos de ambos hombres abrazados.—Que Dios sea contigo.— Que Dios sea con nosotros.
—Entra, entra pronto. Entrad, amigos —había dicho Dositeo a José y a su hijo.
Y la puerta del recinto se había cerrado a sus espaldas, con el rechinar de los hierros de las barras de seguridad. En el interior de la casa, en una gran sala que parecía servir de refectorio, José se había alarmado por la presencia de tanta gente a su alrededor. Había mirado a diestro y siniestro, adelante y atrás, a los discípulos y los servidores situados en torno a Jesús.—Dositeo…— Adivino tu inquietud. Respondo con mi cabeza por todos los hombres que están aquí. Sienten más aversión por la gente del Templo que tú. Jesús está aquí absolutamente seguro. Además, estamos en Siria y la policía del Templo de Jerusalén no tiene el más mínimo poder.— Como uno solo de tus torturadores de Judea asome por aquí la nariz, la perderá —le dijo a Jesús un hombre a quien Dositeo identificó como el jefe de la intendencia. Unos brazos se levantaron, murmullos de indignación recorrieron la concurrencia. Jesús sonrió. José se serenó a medias.— Para los cuidados… —prosiguió.—Recuerda, José —le había interrumpido Jesús—, que somos curanderos,¿o no lo somos?José había asentido. Sí, en Qumran se enseñaba el arte de aliviar el cuerpo para liberar el espíritu. Y el propio Jesús era el Gran Curandero. Suspiró. Una vez consumidos el pan, la sal y el vino de la hospitalidad, José y su hijo habían reemprendido el camino.

Estaban a casi dos horas de Damasco; llegarían antes de que se pusiera el sol.
Dositeo y dos de sus hombres acompañaron a Jesús hasta la habitación que ocuparía durante la convalecencia. La ventana daba al jardín y, como éste hacía pendiente, la mirada pasaba por encima del muro de la casa de la Estrella, Darel Negma, como la llamaban en árabe, hasta las laderas de una colina plantadade alfóncigos. Jesús se tendió. Cuando se puso el sol, Dositeo fue a despertarle. Había instituido el rito del baño vespertino, antes de cenar, como en Qumran. El agua contribuiría a la cicatrización de las heridas. La primera regla de los curanderos era mantener limpia la herida. Pero el primer baño había sido particular. Un silencio casi religioso se hizo en la sala de la piscina cuando Jesús se desnudó y, sintiéndose débil, se apoyó en el muro. Solo se oía el chapoteo del agua que caía del regajo al estanque y el gorgoteo del orificio del desagüe. Era un lugar oscuro. Dositeo hizo que acercaran una lámpara y deshizo los apósitos de los pies y las muñecas. Los pies, sobre todo, estaban hinchados.Todos se inclinaron para mirar. Algunos gritos ahogados recorrieron el grupo de los hombres situados al borde de la piscina. Unos sollozos puntuaron el silencio.—Prepárame llantén caliente —dijo Dositeo al maestro de intendencia —.Con aceite de clavo. Cuécelo ligeramente para que el zumo permanezca en las hojas. Y cuece aristoloquia y hamamelis con el llantén. El intendente se dio prisa. Para empezar, Jesús se sentó en el borde de la piscina y cauta, dolorosamente, zambulló los pies en el agua. Un joven bajó a la piscina y se arrodilló para lavar los pies con una esponja, mostrando tanta delicadeza como si estuviera lavando a un niñito. El agua fresca calmaba el dolor. Devolvía también algo de vigor a los músculos. Pero Jesús seguía débil. El mismo joven lavó entonces las piernas de Jesús con la esponja, mojada esta vez en una jofaina con agua jabonosa. Luego le tendió la esponja para que él concluyera solo el aseo del torso. Cuando por fin Jesús se lavó los cabellos, él mismo se los enjuagó. Luego le ayudó a secarse y, finalmente, le tendió una túnica fresca. El intendente regresó con un bote de estaño que contenía la mixtura solicitada. Un olor aromático llenó el húmedo aire de la sala. Dositeo hizo sentar a Jesús en un taburete y se arrodilló para aplicar las cataplasmas medicinales y envolverlas con vendas nuevas. Por último, le puso en los pies unas sandalias flexibles y anchas, que no presionaban los apósitos.

Primera cena. Una ensalada de pepino con requesón. Una sopa de trigo con pedazos debuey. Queso de oveja. Vino aguado. La miel de las miradas que le envolvían. Había sido el compañero de Dositeo en Qumran. Aunque siguieran caminos distintos, Jesús pertenecía para ellos a aquellos a quienes denominaban las Antorchas. Durmió aquella noche y tuvo un sueño plácido, el primero sin angustiadesde hacía mucho tiempo. El recibimiento de aquellos extraños demostrabaque, a fin de cuentas, quedaban praderas en el corazón de los hombres. La vida continuaba, pensó al día siguiente, cuando la brisa agitó enérgicamente una brizna de hierba que se había escapado de su jergón y ledespertó.

El perro se había tendido a los pies de su cama. Incluso él había comprendido. Levantó la cabeza, pidió una caricia y Jesús se la concedió riendo.Un pensamiento constante le asaltaba: «El Señor me lleva». Se imponía con tal fuerza que se dijo que no era suyo; no, se lo enviaba el Señor. De modo que su misión no había concluido. Si estaba vivo, no podía abandonar a sus discípulos. Ni a los demás: ese pueblo entregado sin defensa a la profunda estupidez de los sacerdotes, dividido entre la desesperación y la seducción de religiones menos obtusas que aquella que defendían esos sepulcros blanqueados, los fariseos y, sobre todo, los saduceos. Su mirada acarició las finas ramas de los alfóncigos, que desprendían brillos plateados bajo el sol. Deshacía lentamente el ovillo de todos los acontecimientos que se habían precipitado desde la última comida en Jerusalén y el arresto en el monte de los Olivos. No, su misión no había terminado.—Pero ¿quién organizó tu salvamento? —le había preguntado Dositeo en su primera conversación apacible.—Una mujer.—María. Sin duda la verás un día cercano. Dositeo meditó la respuesta.—¿Lo sabías tú?—No. No tenía la menor idea. Iba a entregarme a la muerte. Tal vez haya sido mejor así, pues si hubiera entrevisto una sola esperanza de sobrevivir, habría tenido miedo de morir. El propio sufrimiento me habría parecido intolerable. Tal vez incluso me habría matado. Suspiró y prosiguió:—Me habían dado vino mezclado con mirra, para atenuar mi sensibilidad y permitirme soportar el dolor. Sé que allí arriba, en el madero, deliré. Luego, por efectos del vino, perdí el conocimiento. Cuando abrí de nuevo los ojos por primera vez, estaba tendido en la piedra fría y unos hombres susurraban a mi alrededor. ¿Era aquello la muerte? Pero la muerte carece de dolor corporal. Y yo sentía el sufrimiento en todo mi cuerpo y, sobre todo, en los pies y las muñecas.Y en la cabeza… ¿Me la habían destrozado? Oía aún los golpes del mazo en los clavos que se hundían en mí… y aquellos susurros. Eran voces de hombre. Uno de ellos se inclinó hacia mí y me miró. Dijo: «Está despierto. Levantadlo con la sábana. Los vendajes que le he puesto antes se han movido. Voy a ponerle otros para detener las hemorragias…». Comprendí entonces que no estaba muerto, que había ocurrido algo, ignoraba qué, pero que estaba todavía en este mundo. Me encontré de pie. Los pies me dolían atrozmente. No sabía si aún tenía voz, luego escuché mis propios gemidos.

Unos hombres me pasaron los brazos bajo las axilas y me llevaron al exterior. Un hombre, José, al que viste, le reconocímás tarde, me dijo: «Vamos a intentar ponerte sobre un asno. Mi hijo se mantendrá detrás de ti para aguantarte». Un tiempo indefinido más tarde, me encontré en una casa. Luego, tendido en una litera. Después me dormí. O perdí el conocimiento, no lo sé. Cuando desperté, Nicodemo y José estaban inclinados sobre mí. Tenía fiebre, me dieron abundantemente de beber…Dositeo agitó la cabeza.—¡El odio de esa gente! ¡Bestias feroces! ¡Son agentes de Satán!—El Señor se encargará de ellos —dijo Jesús. Dositeo bebió un trago de agua y preguntó:—¿Y cuándo comprendiste lo que había ocurrido?—La fiebre acabó cediendo. Pregunté a los dueños de la casa en la que estaba, unos primos de José, lo que había ocurrido y cómo era posible que hubiera escapado de la muerte. Supe, a retazos, que una mujer había concebido el proyecto de salvarme y que la habían secundado.—María de Lázaro.—Sí. La llamaba con su otro nombre, el de su hermano. Se hizo el silencio entre ambos hombres. ¿Pensó Dositeo en la mujer que le había abandonado? Al cabo de un rato preguntó:—Pero ¿cómo lo hizo? Una mujer, sola, que vence así al Templo, al poder romano.— Escucha y reconoce el poder del amor. Ella, su hermana y su hermano desafiaron el poder del Templo y del Sanedrín, e incluso el poder romano. Los tres, con otras mujeres, y también junto con José y un colega del Sanedrín, Nicodemo, sobornaron a los legionarios para que retrasaran la hora de la crucifixión. Y para que no me rompieran las piernas. José y Nicodemo me sacaron de la tumba. Contempla el poder del amor. Otro silencio. Dositeo lanzó un largo suspiro.—¿Del amor terrenal? —acabó preguntando.—Es la forma del amor divino que se consiente a los mortales. El amor terrenal me concibió, el amor terrenal prolongó mi vida. María es la enviada del Señor. Dositeo sonrió e inclinó la cabeza.—El amor transfigura la carne. Lo sabemos, lo comprendimos en Qumran…Jesús inclinó la cabeza.—¿Por qué dicen tus discípulos que es una pecadora?

—Un niño atrapó un pájaro y lo puso en una jaula. El pájaro murió. El niño dijo que el pájaro era malvado —respondió Jesús—. Su hermano atrapó otro pájaro y le dio de comer, luego lo soltó. Aquel pájaro emprendió el vuelo, pero regresó por la noche. La parábola parecía desconcertar a Dositeo. Su compañera había sido atrapada por otro pajarero; no regresaría. Pero la mirada de Jesús se clavó en él.—Si pones carne en un bocal y lo cierras, la carne se pudrirá. Si quieres conservarla, tienes que añadir sal.— ¿Cuál es esa sal? —preguntó Dositeo. No obstante, conocía la respuesta.—El espíritu. Una pareja sólo dura en el espíritu. —Jesús se levantó y dio unos pasos en una dirección y en otra—. Allí, en Qumran, nos agitábamos bastante cuando nuestra reprimida naturaleza nos hacía sentir su presencia con excesiva violencia. Los demonios corrían a nuestro alrededor como cucarachas que buscaran abrigo.—Lo recuerdo. Unos enanos negros que hacían muecas. Hacíamos fumigaciones para expulsarlos.—Sí, pero si invocábamos el espíritu dentro de nosotros, huían. Liberé a María de sus demonios. Jesús contempló el oro y la plata que disolvían el paisaje. Luego examinó sus muñecas. Dos cicatrices satinadas; ni siquiera necesitaba ya vendarlas. —Dositeo —dijo, volviéndose para encararse con su interlocutor—, tengo que volver a verles.—Lo esperaba.— Tengo que reunirlos. Son como un rebaño sin pastor desperdigado en la tormenta. Dositeo se levantó.—Bien. Pero sin la barba —dijo—. Quiero volver a verte vivo. Y ella, también. Solo por ella, porque ella, la enviada del Señor, quiere volver a verte. Miró a Jesús: un maestro. Procedían del mismo sustrato; él mismo, Dositeo, era un maestro, pero las ramas de aquel subían muy arriba. Muy, muy arriba.

CONTINUARA…
Próximo Capitulo “MIEDO y TEMBLOR”



* MAGDALENA: El Complot
Basado en el Evangelio secreto de Bernabe de mas de 1700 años de antigüedad.

* 350.000 USUARIOS LEYERON EN SUS MUROS EL ULTIMO ESCRITO DE MAGDALA: EL COMPLOT (Parte I, II, III)
Mas de dos millones de personas tuvieron en sus muros la publicación en todo el mundo.- Un éxito de lectura sobre el contenido que vierte una vez mas de esta página. Un hecho, que nos colma de satisfacción por la cantidad de seguidores en todo el mundo que nos dan aliento día a día, para seguir la senda iniciada hace 2 años.-

Magdala: El Complot, cuenta una apasionante historia, sobre la “verdad” de la resurrección de Jesus, según el mito Cataro-Templario que se mantuvo oculto por siglos, donde la iglesia católica hizo lo imposible, por callar incluso recurriendo al genocidio de la “Santa Inquisición”, para lograr su objetivo.
Podes seguir directamente esta historia desde nuestro portal exclusivo de Tumblr o Flip, donde también podrás comprar en forma exclusiva el libro Templarios: Hijos del Sol.-

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Hoy es fiesta de San Pantaleón, médico mártir cuya sangre se vuelve líquida

Hoy es fiesta de San Pantaleón, médico mártir cuya sangre se vuelve líquida

REDACCIÓN CENTRAL, 27 Jul. 15 (ACI).-
El 27 de julio es fiesta de San Pantaleón, un médico mártir nacido a fines del siglo III en Nicomedia (en la actual Turquía). Lo que se conoce de él está en un antiguo manuscrito del siglo IV que se encuentra en el Museo Británico.

Era hijo de madre cristiana, pero se dejó llevar por la vida del mundo pagano y rechazó la fe. Pantaleón llegó a ser un…

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Zeta Bosio entrevista | revista Viva, diario Clarín, Argentina | 17.05.2015

Entrevistado por Gustavo Bove (autor de Cerati, Conversaciones Íntimas).

“Hacer un show homenaje a Gustavo para el día de su cumpleaños me parece una linda idea, y sé que hay gente moviendose para que se lleve adelante. Siempre que esté armado con respeto y calidad, vamos a llevarlo a cabo. Estamos planeando la posibilidad de volver a tocar juntos, porque Charly y yo somos las dos terceras partes de algo extraordinario. Si bien ahora es muy pronto, estamos viendo la posibilidad de volver a juntarnos como Soda Stereo… Eso es algo que nos debemos, aunque obviamente no va a ser lo mismo sin Gustavo”

Además, la entrevista sugiere que todavía queda hacer el gran espectáculo de música y danza a partir de canciones de Soda, que saldría de gira internacional, pero que todavía no hay nada cerrado, y Zeta prefiere callar.

Sean los primeros en leer esta nota y enterarse de novedades! 

[Imágenes subidas por @EstefaniaIracet, esposa de Zeta]

El velo rasgado

El rasgado del velo fue una representación de lo que ocurrió en el mundo espiritual. Finalmente, podíamos disfrutar de algo que no pudieron lograr por generaciones. Tuvimos el privilegio que aun Abraham, Moisés y David no tuvieron. Tenemos acceso al Lugar Santísimo, al mismo trono del Dios Todopoderoso. Ya la puerta no está cerrada para nosotros. Se hizo posible tener acceso ilimitado.
—David Wilkerson

Mi Columna de opinión (24)

Grecia tuvo una buena idea, una magnífica intención, una mayor solidaridad y una enorme valentía. Pero la Troika financiera es demasiado poderosa y tiene demasiados apoyos e intereses y por ello la intención de Grecia fracasó.

Eso no quiere decir que es correcto el método económico que sugieren la cancillera Merkel, el FMI y el BCE sea lo correcto. Siento rabia e impotencia al ver como Europa reverencia ante la Troika esos poderosos tan austeros y capitalistas para obedecer sus medidas destructivas para el pueblo humilde y beneficiosas para los bancos y empresarios. Es más, yo creo que dentro del acuerdo-chantaje al que tuvo que ceder Tsipras, iban incluidos la dimisión de Varoufakis y el cambio de ministros del pasado sábado.

Grecia ha fracasado en su intento de decir “¡Basta!” a todo eso. Perto tengo fe en que España si podrá lograrlo en el que será el segundo intento de un país de la Unión Europea por salir adelante sin obedecer a esas políticas de austeridad, recortes y avasallamiento de los menos favorecidos económicamente.

Para ello los españoles tenemos que ser valientes como el pueblo griego y lograr la victoria de un partido de izquierdas en las próximas elecciones generales. ¿Cómo vamos a saber si esa opción es posible si no le damos la oportunidad de gobernar en España a un líder distinto a los que ha habido hasta ahora?

¡Se acabó el que los ricos sean cada vez más ricos y los pobres tengamos cada vez menos! ¡Se acabo el que los rescates económicos venidos de Europa sirvan para pagar a los bancos y no a las personas sin recursos! ¡Se acabó el aplicar recortes en los servicios públicos que son básicos para la vida de los seres humanos!

Estados Unidos: Inauguran en Detroit estatua satánica ante rechazo de cristianos

Estados Unidos: Inauguran en Detroit estatua satánica ante rechazo de cristianos

WASHINGTON DC , 27 Jul. 15 (ACI).-
El grupo Templo Satánico de Detroit, en Michigan (Estados Unidos) inauguró en la medianoche del sábado una escultura dedicada al diablo en un banco abandonado en el centro de la ciudad, que generó el rechazo de los fieles cristianos y del Arzobispado local.

Erigen una estatua satánica en Detroit http://t.co/zbhbmH74Zu pic.twitter.com/JXj5L1x6I0

— EP…

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10 Hechos detrás de la Experimentación Animal

1. Se calcula que cada año se utilizan entre 50 y 100 millones de animales vertebrados para experimentos científicos. Los animales invertebrados, ratones, ratas, pájaros, ranas, y otros animales no destetados no están incluidos en estos números por lo cual las víctimas son muchísimo más que las que se estima.

2. El listado de experimentos a los que son sometidos no tiene fin. Alteraciones genéticas, privaciones de comida, espacio y luz para analizar y estudiar sus comportamientos, vivisección (la disección de un animal vivo), ingerimiento de sustancias tóxicas y descargas eléctricas para detectar su resistencia ante ellas, aplicación de cosméticos y productos de higiene en sus ojos, radiaciones, temperaturas extremas y cualquier otro tipo de pruebas tortuosas para estudiar sus reacciones y comportamientos.

3. La experimentación animal es llevada a cabo en diferentes ámbitos como lo son la biomedicina, la docencia, en experimentos militares, la industria farmacéutica, cosmética y para testeo de otros productos que luego son comercializados para consumo humano. 

4.  Se estima, según un estudio realizado en el 2001, que solo en los Estados Unidos se usan 80 millones de ratas y ratones para experimentos. 

A pesar de lo que suele pensarse de ellas, estos son animales solidarios, que pueden alegrarse y deprimirse y hasta pueden reconocer el miedo en las caras de sus compañeras.

5. Un caso muy conocido de experimentación con animales es el de Laika, quien fue encontrada vagando en una calle de Rusia para ser entrenada y enviada al espacio para así ser el primer ser vivo en orbitar la Tierra. Los científicos soviéticos optaron por utilizar perros callejeros de Moscú ya que se asumía que estos animales ya habían aprendido a soportar condiciones extremas de frío y de hambre, pero sin embargo, a cada uno de ellos, se los sometió a cruentas pruebas para comprobar cuál de ellos era el más resistente para lograr su cometido. Laika murió a los pocos minutos de ser enviada al espacio, sin poder soportar el estrés y el sobrecalentamiento de la nave. 

6.  El 92% de las drogas que pasan exitosamente las pruebas en animales, fallan en ensayos clínicos con humanos

7. Cada vez son más las personas que se oponen a la experimentación animal. En una encuesta realizada en Estados Unidos, el 53% rechaza el uso de animales en investigaciones. 

8. Todas las posiciones del debate sobre procedimientos en animales afirman que son modelos altamente imperfectos. Será para el beneficio de la ciencia, la salud humana y por supuesto para los demás animales, si mejores métodos de investigación y testeo se desarrollan.

9. Muchos experimentos en animales fueron útiles para el avance de la medicina y demás ámbitos académicos relacionados, pero sin embargo, esto no significa que sea aceptable permitir que sigan cometiéndose. Los horrores de la experimentación que padecieron los judíos en la dictadura nazi, por ejemplo, desembocaron en algunos descubrimientos útiles. Pero el beneficio obtenido no justifica en absoluto las torturas realizadas.

10. Actualmente existen alternativas al testeo y experimentación en animales y con el avance de la tecnología, estas serán cada vez más y mejores en cuanto a eficacia y utilidad. 

Papá olvida

Escucha hijo : voy a decirte esto mientras duermes, con una manita metida bajo la mejilla y los rubios rizos pegados a tu frente humedecida. Hace unos minutos, mientras leía mi libro en la biblioteca, sentí una ola de remordimiento que me ahogaba.

Culpable , vine junto a tu cama.
Pensaba que me enojé contigo. Te regañé cuando te vestías para ir a la escuela, porque apenas te mojaste la cara con la toalla. Te regañe, porque no te limpiaste los zapatos. Te grité, porque dejaste caer algo al suelo.

Durante el desayuno te llame la atención también. Volcaste las cosas.  Tragaste la comida sin ningún cuidado. Pusiste los codos sobre la mesa.  Untaste demasiada mantequilla en el pan. Y cuando te ibas a jugar y yo salía a tomar el coche, te volviste y me saludaste con la mano y me dijiste : “¡Adiós, papácito !” ; y yo fruncí el ceño y te respondí :“ ¡ Te erguidos esos hombros !”.

Al caer la tarde todo empezó de nuevo. Al acercase a casa te vi de rodillas jugando. Tenias agujeros en los pantalones. Te humillé ante tus amiguitos al hacerte marchar a casa delante de mi : ¡Los pantalones son caros y si tuvieras que comprarlos tú, serias más cuidadoso ! Pensar hijo, que un padre diga eso.

¿Recuerdas, mas tarde, cuando yo leía en la biblioteca y entraste tímidamente, con una mirada de perseguido ? Cuando levante la vista, impaciente por la interrupción, titubeaste en la puerta. ¿Que quieres ahora ?, te dije bruscamente.  "Nada" , respondiste, pero te lanzaste en tempestuosa carrera y me echaste los brazos al cuello y me besaste, y tus
bracitos me apretaron con un cariño que Dios había hecho florecer en tu corazón y que ni aun el descuido ajeno pudo extinguir. Y luego te fuiste a dormir con pasitos ruidosos en la escalera.

Bien hijo ; poco después fué cuando se me cayó el libro en el regazo y entró en mí un terrible temor : ¿ que estaba haciendo en mi la costumbre ? La costumbre de encontrar defectos, de reprender. Esta era mi recompensa a ti por ser un niño. No era que yo no te amara, era que esperaba demasiado de ti. Te medía según la vara de mis años maduros.

¡Y hay tanto de bueno y de bello y de recto en tu carácter ! Tu corazón es grande como el sol que nace entre las colinas. Así lo demostraste esta noche.

Nada mas que eso importa esta noche, hijo. He llegado hasta tu cama en la oscuridad y me he arrodillado lleno de vergüenza.

Es una pobre confesión. Se que no comprenderías estas cosas si te las dijera cuando estás despierto, pero mañana seré un verdadero papá. Seré tu compañero, sufriré cuando sufras y reiré cuando rías. Me morderé la lengua cuando vaya a pronunciar palabras impacientes. No haré mas que decirme, como si fuera un ritual : “ No es mas que un niño, un niño pequeñito ”.

Temo haberte imaginado hombre. Pero al vea, hijo, acurrucado, fatigado, veo que eres un bebé todavía. Ayer estabas en los brazos de tu madre, con la cabeza en su hombro.

He pedido demasiado, demasiado…

— W. Livingston Lamed

Cuando nos preguntamos sobre los temas de la filosofía, muchas veces respondemos que la filosofía trata sobre todas las cosas en general, pero esta respuesta es poco orientativa. Necesitamos algo más concreto. ¿por dónde debemos empezar? El maestro Kant también nos echa una mano en este trance reduciendo la tarea filosófica a la respuesta de cuatro preguntas fundamentales que encerrarían la totalidad de la temática filosófica. Estas preguntas son:
  1. ¿Qué puedo saber?
  2. ¿Qué debo hacer?
  3. ¿Qué me cabe esperar?
  4. ¿Qué es el hombre?
1. A la primera pregunta responde lo que tradicionalmente se conoce por Teoría del conocimiento o gnoseológica, y posteriormente se concretará en una disciplina tan actual y vigente como la Filosofía o Teoría de la Ciencia, también conocida por Epistemología. De lo que se trata aquí no es sólo de saber. Si así fuera, a esta cuestión respondería cada una de las ciencias con sus diferentes aportaciones al conocimiento humano; así, la Biología, por ejemplo, nos ilustra sobre el fenómeno cósmico de la vida, nos suministra un conocimiento científico sobre lo vivo, y lo mismo cabe decir de la Física respecto del mundo material o físico o de la Sociología respecto de las sociedades humanas. Sin embargo, la pregunta filosófica, haciendo gala del mencionado afán de radicalidad que la caracteriza, pretende ir más allá, la Filosofía no se conforma con saber, sino que quiere saber ¿cuánto sabe con sus conocimientos? La Filosofía se cuestiona el alcance, la validez, la fiabilidad de los conocimientos. Dicho de otro modo, laFilosofía pretende saber si los conocimientos que posee el ser humano son como los diamantes, esto es, para siempre. El filósofo, y queda dicho que todo hombre lo es, se preocupa por averiguar si hay algún tipo de conocimiento definitivo o si realmente los conocimientos cambian o se desgastan con el paso del tiempo. No se trata sólo de saber cosas sobre el mundo físico, sino que, rizando el rizo, puede uno preguntarse por la fiabilidad o no fiabilidad, por la fecha de caducidad, de nuestros conocimientos de ese mundo físico o de la realidad en general. Una vez que se entiende el sentido de esta primera pregunta kantiana, se entiende al mismo tiempo no sólo su indiscutible interés objetivo- aunque cada uno de nosotros, subjetivamente, pueda vivir muy feliz son buscarle respuesta-, sino además que a esta cuestión no puede dársele respuesta desde ninguna de las ciencias concretas. Las ciencias estudian, cada una de ellas, su parcela de la realidad y suministran conocimientos científicos sobre las mismas. Ya el adjetivo “científico” incluye una respuesta tácita a la cuestión: “científico” es sinónimo de riguroso, válido, objetivo, demostrado, etc. Pero esta respuesta es algo que se da por sentado, no el resultado de una investigación peculiar sobre la validez del conocimiento científico que se ofrece como tal. De hecho, sabemos que los conocimientos cambian con el tiempo: que conocimientos que en el pasado se tuvieron por definitivos, caducaron con el paso del tiempo. ¿Por qué iba a suceder de forma diferente con los actuales saberes científicos? ¿O es que hay realmente algún conocimiento que escape al paso del tiempo? Estas cuestiones podrían, de hecho, intentar responderlas los científicos, pero al intentarlo no estarían ya haciendo ciencia, sino filosofía de la ciencia, cada uno de ellos de su ciencia particular; habrían dado desde luego un paso típicamente filosófico, un paso hacia atrás, hacia el fondo de las cosas.
Pero además de por su radicalidad, la Filosofía se caracteriza por su universalidad, por su amplitud de miras. Para responder a la pregunta por el conocimiento, no me basta con estudiar una parcela del mismo, sino todas ellas, no sólo una ciencia natural, sino todas las ciencias naturales, pero además he de tener en cuenta las ciencias humanas y las formales. Es decir, que sólo si en mi respuesta tengo presente el conjunto del saber humano, será ésta una respuesta netamente filosófica, producto de una investigación filosófica. Así pues, la pregunta filosófica por el conocimiento humano pretende establecer si existen o no conocimientos definitivos o verdades absolutas, cuáles serían las características de éstas, sus orígenes, los métodos empleados para obtenerlas, etc.
Estrechamente ligado a esta cuestión se halla el problema de la realidad que es objeto de conocimiento. Si afirmo que hay verdades definitivas, estoy diciendo que hay aspectos de la realidad que he sido capaz de fijar para siempre, es decir, estoy afirmando que existe la realidad, lo objetivo, y que yo, sujeto, soy capaz de conocerla tal como es, al menos parcialmente. Esto implica ya varios polos o momentos: la realidad, el sujeto que la investiga, el conocimiento fruto de esta investigación, que es a su vez objeto de una investigación ulterior- metacognoscitiva, metacientífica, epistemológica- que determina la validez de ese conocimiento o del conocimiento en general. Cabe plantearse en este contexto si realidad, sujeto y conocimiento son de la misma naturaleza, por ejemplo material, o no; si hay más realidad que la que se percibe por los sentidos, o incluso si existe una realidad independiente del sujeto que la conoce o es todo más bien un producto subjetivo, una especie de ensoñación. Todas estas cuestiones caen dentro de una disciplina filosófica llamada Metafísica.
2. Con la segunda pregunta se abre un campo tan importante como el de la acción humana. Este es el campo del que se ocupa la filosofía práctica, que para Kant es tan importante o más que el de la filosofía. Saber es fundamental, eso nadie lo duda y aunque, según Aristóteles, “todos los hombres desean, por naturaleza, saber”, la dedicación al saber, captar información, aprender, investigar, etc., son acciones que preceden al saber mismo y que se ven precedidas, a su vez, de las correspondientes decisiones. Es decir, antes de saber, tengo que querer saber y luego dedicarme a ello. La acción tiene, pues, una clara preminencia. También es cierto que a la decisión que precede a la acción le antecede a su vez una reflexión que no es ya, sin embargo, de carácter teórico, sino práctico. Así, por ejemplo, me puedo preguntar ¿para qué o por qué estudiar una determinada carrera? Podríamos encontrar seguramente tantas razones y argumentos como personas, pero a grandes rasgos se repetirían en muchos casos la siguiente secuencia: para saber y para encontrar un “buen” puesto de trabajo. ¿Y para qué un buen puesto de trabajo? Pues porque los buenos puestos de trabajo están “bien” remunerados. ¿Y por qué se quieren puestos de trabajo bien remunerados? Pues evidentemente para ganar dinero. ¿Y para qué el dinero? Para comprar esto y aquello, viajar, etc. ¿Y para qué todo esto? Más tarde o más temprano aparecerá la felicidad como fin último por el que todo se realiza y que no es a su vez medio de ningún fin ulterior. Es decir, que la segunda pregunta kantiana apunta a algo tan importante como la felicidad: de lo que se trata, en el fondo, es de lo que debo hacer para ser feliz, para llevar una vida feliz. ¿Existe algo más importante? Desde el comienzo de su historia, la Filosofía ha abordado una y otra vez esta cuestión hasta convertirla en la verdadera meta de su actividad: al filósofo clásico se le llamará sabio, porque posee una sabiduría vital, esto es, porque sabe vivir. Para alcanzar una meta tan importante como ésa hay que poner en juego todo lo demás: para ser feliz, tengo que saber lo que me hace feliz, me tengo que conocer a mí mismo, en cuanto individuo y en cuanto especie (Psicología, Biología), pero también como alguien que no puede alcanzar la felicidad aisladamente sino junto a los demás, en sociedad(Sociología, Política, Economía), antes, no obstante, tengo que conocerme como ser libre, que puede elegir libremente lo que quiere hacer, de lo contrario, todo lo demás perdería sentido: sólo puedo fijarme metas e intentar alcanzarlas si de antemano no está escrito ya todo lo que voy a hacer y todo lo que va a pasarme. Tampoco en la cuestión de la vida feliz tienen las ciencias la última palabra aunque, a veces, pueda parecer lo contrario. Así, el médico, basándose en conocimientos de carácter biológico, nos recomienda lo que debemos hacer para lleva una vida sana; muy frecuentemente la recomendación toma incluso tintes de prescripción, de obligatoriedad. Se está identificando así, sin más, vida sana con vida feliz y se está eliminando la decisión personal reflexiva: todos deberíamos comer sano, que es sinónimo en todos los casos de hacer una cierta dieta, no fumar, no beber, y practicar footing, para vivir más. Pero vivir más no significa vivir mejor. Por otra parte, si hubiéramos obligado a la humanidad entera a llevar ese modelo de vida sana, hubiéramos perdido con seguridad grandes aportaciones artísticas, científicas o culturales en general, de individuos que llevaron tal vez una vida médicamente “poco sana”, pero no necesariamente una mala vida: así, Kant, por ejemplo, fumaba, bebía y no hizo jamás deporte, pero escribió, llevando la vida que él muy meditadamente había decidido llevar, la “Crítica de la razón pura”, entre otras obras decisivas para la historia del pensamiento humano.
Resumiendo: saber lo que debo hacer para ser feliz como individuo entre individuos es cuestión compleja y decisiva, de la que se ocupa tradicionalmente la Ética.
3. No obstante, hay que señalar que no siempre se enfoca la problemática ética desde la perspectiva de la vida feliz, sino que con frecuencia se hace a través de la lente de la acción correcta, o el buen comportamiento:“¿Qué debo hacer?” significa entonces “¿Cómo debo comportarme?” para ser bueno y, dado el caso, obtener un premio por ello, que no necesariamente ha de ser una vida feliz aquí y ahora, sino tal vez en el más allá, en la otra vida. De este modo entramos en el terreno de la tercera pregunta kantiana, ¿qué puedo esperar?, que se refiere a la vida ultraterrena, a la creencia en un más allá, en un ser supremo que premia a los buenos y castiga a los malos. A estas cuestiones, que son más propiamente de fe, responde la Religión, y escapan en parte al dominio de la Filosofía. Se pueden abordar sólo parcialmente de un modo racional- por ejemplo, a través de posibles argumentos racionales para demostrar la existencia de Dios en tanto que principio de toda realidad o juez supremo garante del orden ético-, y en esa medida caerían dentro del ámbito de la Ética o de la Metafísica (Teología natural).
4. Y es precisamente la cuestión cuarta de Kant, ¿qué es el hombre?, la que las sintetiza todas y es presupuesta por todas las demás: sólo cuando se ha respondido a ésta, se puede responder lo que es el saber filosófico en tanto que saber eminentemente humano, y lo que es el conocimiento (humano), es decir, lo que puede llegar a conocer el hombre por ser él quien es y, por tanto, cuál es su realidad, cómo se comporta o puede llegar a comportarse, etc. Si la Filosofía se expusiera, y no es éste el caso, como disciplina académica al uso, esto es, como algo acabado y establecido, habría que empezar realmente por aquí: con una definición de lo que es el ser humano, y proceder luego a tratar sus diferentes aspectos: conocimiento, acción, mundo. La respuesta inicial a esta primera pregunta incluiría todas las demás in nuce.
Sin embargo, podemos plantearnos otra exposición, más de tipo genético, es decir, una exposición que se centre más en plantear las cuestiones, en que se vea cómo se generan y surgen realmente los problemas,-que son algo vivo y siempre por resolver y no problemas ya resueltos, en rigor, por tanto, pseudo problemas muertos- y que invite con ello al propio pensamiento, que es la única fuente de la que en Filosofía pueden manar las soluciones.
Así pues, nada más y nada menos que a la respuesta de esta última cuestión ¿qué es el hombre?, que las sintetiza todas y que contiene las más populares pero no menos pretenciosas, ¿de dónde venimos?, ¿adonde vamos?, se dedica la Filosofía. Parece suficientemente importante como para no pasar de largo ¿no? - 

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MAGDALENA: El Complot
Basado en el Evangelio secreto de Bernabe de mas de 1700 años de antigüedad.

                                    Tercera Entrega

7) LA CENA DEL OFEL

       Crátilo llegó poco antes de que anocheciera, molido, con los muslos irritados por la silla. Se dirigió sin entusiasmo a la Procura, esperando que Pilatos no estuviera allí. Craso error: el romano se encontraba en el lugar, con el rostro cobrizo por el brillo de las antorchas, estudiando un plano de conducción de aguas. Levantó los ojos hacia Crátilo.—¿Ya? Crátilo suspiró. Recordó brevemente la terraza de Magdala. Era otro país.—Está vivo, en efecto — dijo sentándose—. No sé dónde. Solo sé lo que se dispone a hacer. Sus amigos le sacaron de la tumba por la noche. —¿Entonces la conspiración tuvo éxito? Crátilo inclinó la cabeza.—¿Quién es esa gente, esos amigos de los que hablas? —preguntó Pilatos.—Una mujer. Mujeres, como ya sabes. Dos judíos ricos.—¿Has visto a la mujer?—Sí. Vive en Magdala. Se llama María. Está apasionadamente… — Crátilo vaciló (Enamora estuvo a punto de decir), —. Es apasionadamente fiel a Ieshu. Pilatos volvió su máscara cobriza hacia su secretario, que vio en ella un brillo de ironía. Crátilo esbozó una sonrisa.—¿Su amante?—Es de suponer. Solo digo lo que sé. Pilatos agitó maquinalmente su matamoscas.

—No importa. Si volviera a Jerusalén, los barbudos de enfrente no fallarían —dijo Pilatos.—Esa mujer y su familia son muy conscientes de ello.—O tal vez, en ese caso, hubiera un baño de sangre. Porque si regresa, nadie creerá en una conspiración. Dirán que ha resucitado de verdad de entre los muertos. Creerán que es un dios. Se producirá un levantamiento, los judíos vendrán a degollar a los barbudos. Tendré que intervenir y, evidentemente, lo haré con mano dura. Crátilo se manoseaba los muslos.

—No creo que ese hombre sea lo bastante loco para cometer esa imprudencia —dijo.—¿Y qué voy a responderle al Senado? —murmuró Pilatos.—Tal vez, sencillamente, la verdad. Que no estaba muerto y lo sacaron de la tumba, y que una gente se apresuró a afirmar que había resucitado de entre los muertos. Pilatos se apoyó en el respaldo mientras reflexionaba. Sacudió la cabeza.— No. El Senado exigiría entonces que lo encontráramos y le diéramos muerte en público. Exactamente lo que desea el Sanedrín.—Puedes decir que ha huido a un país lejano, no se sabe dónde… Por lo demás, es la verdad. Pilatos sólo parecía medio satisfecho ante esa solución.—Tal vez, procurador, me permitirías hacerte una sugerencia.— ¿Cuál?—Añade que solo son los primeros resultados de tu investigación. Y que informarás al Senado de lo que sepas a continuación.—¿Entonces hay algo más que deba saber? Crátilo se tomó tiempo antes de responder.—Es un asunto fuera de lo común. Estamos hablando de un hombre que inflama a todo un país. Se dispone a entrar en Jerusalén y están a punto de coronarle rey. Alarma al Sanedrín hasta el punto de que sus miembros se agitan como locos y presionan al poder imperial para que acceda a condenarlo a muerte. Luego, un grupo de gente de calidad… —y entonces Crátilo se permitió una sonrisa, pensando en la propia mujer del procurador— corre grandes riesgos, organiza una audaz conspiración y le salva de la muerte. Pero la hipótesis de su supervivencia sigue preocupando al Sanedrín, hasta el extremo de que su principal espía, Saulo, ahora estamos seguros de ello, sigue investigando frenéticamente sobre este punto.

¿A qué se debe todo eso? ¿Cuál es el prestigio de ese hombre? ¿Cuál su poder?—Eso no interesa al Senado.— No —admitió Crátilo—. Pero a ti, tal vez. Recuerda lo que dijiste un día: «Me pregunto por qué los motivos de los orientales no son los mismos que los de los romanos». Y en otra ocasión: «Realmente me pregunto qué encuentran los romanos de atractivo en esos ritos orientales que hacen estragos en Roma».Tal vez encuentres ahí la respuesta.—¿Y tú te dispones a proporcionármela? —inquirió Pilatos, divertido.—Tal vez. —Pues necesitarás algunos días de vacaciones más. Bueno, adelante. Pero que sean solo un par de días. No te pago para que corras detrás de los rumores.

—Te lo agradezco. De momento iré a los baños. Estoy molido —dijo Crátilo levantándose.Cuando estuvo en la puerta, Pilatos le soltó:—También a Prócula le gustaría escucharte.—Prometo satisfacerla.

En Jerusalén había un solo establecimiento de baños, y era el de la legión, situado junto al hipódromo. Los judíos consideraban una locura impúdica desnudarse en público y juzgaban que los baños eran un lupanar de sodomitas. Los legionarios y los funcionarios de la Procura y de la administración romana, en cambio, apreciaban especialmente el servicio de fumigación. A cambio de una monedita más, el muchacho de los baños se encargaba de colgar los efectos del cliente en una pequeña habitación en cuyo centro ardían haces de hierbas aromáticas y hojas de eucaliptos, bajo una reja calada. El humo que allí sea cumulaba habría asfixiado a un hombre en un abrir y cerrar de ojos; tardaba un poco más en exterminar los parásitos, pero los exterminaba. Piojos, pulgas y chinches sucumbían mientras el propietario se dedicaba a sus abluciones. Crátilo fue a sudar lo que él denominaba sus venenos en el sudarium. Sentado frente a un legionario lleno de cicatrices de la cabeza a los pies y un hombre de pelo rubio, sin duda un mercader de Capadocia o del Ponto, pensó en su estancia en Magdala.¡Qué familia! Dos mujeres y un hombre, jóvenes los tres, poseídos por una fulminante pasión hacia un mago. Lázaro, de diecisiete años, apartado de entrelos muertos por el tal Ieshu; María, de veintitrés o veinticuatro años, arriesgando su vida por amor, y la mayor, Marta, con dos o tres años más que María, aparentemente una mujer con sentido común, aunque dominada por la misma pasión hacia Ieshu.

Había un detalle que le sorprendía: antes de abandonar Bethbassi, cuando cada paso y cada gesto le resultaban sin duda penosos, Ieshu había querido ir a Betania para ver a María, a su hermana y a su hermano. Había un misterio en todo aquello: aquel mago, cuyos partidarios aseguraban que era el Mesías, alimentaba afectos muy terrenales. Muchas preguntas le asaltaban, pero quienes poseían las respuestas ciertamente no se las habrían proporcionado. Crátilo comprendía fácilmente lo que ocurría: Lázaro había llegado a los límites de la confidencia. No los cruzaría.Tras haber sudado los líquidos impuros de su cuerpo, se ofreció a los sabios y crueles manoseos del masajista nubio.—¿La cabeza también? Tendido sobre una losa de mármol, Crátilo asintió con el mentón. Finalmente, recibió de manos de un muchacho de los baños una toalla humedecida con agua mezclada con benjuí, para cerrar los poros, se secó, se vistió y salió a cenar. El curso de sus pensamientos se reanudó por sí solo. Nunca había visto a Ieshu. La noche de la crucifixión estaba emborrachándose; no por pena, sino porque el odio que había leído en los rostros de la muchedumbre que asediaba a Pilatos desde el exterior del palacio le había puesto enfermo. Era gente pagada por el templo, porque sospechaban que a Pilatos le repugnaba dictar la condena de muerte. Y no es que Pilatos fuese proclive a la misericordia, ¡ni mucho menos! Pero, a fin de cuentas, según la ley romana, aquel Ieshu no había cometido crimen alguno contra el Imperio. No había matado a ningún soldado romano, ni a ningún judío. El procurador temía, pues, que al enviar a la cruz aun inocente se originaran disturbios. Le acusarían de no saber mantener la calma en Judea y se quejarían a Roma. Ahora bien, era la gente del Templo, excitada por el Sanedrín, la que amenazaba con amotinarse. Y por otra parte, el procurador no estaba dispuesto a protegerse contra otros levantamientos satisfaciendo su odio. Aquel Ieshu, según le habían dicho, y como Crátilo había confirmado, contaba con muchos partidarios entre el pueblo.Había ofrecido salvar la vida del criminal y desterrarlo. ¡No! ¡Querían sangre! ¡Querían la sangre de aquel hombre!

Pero aquellos rostros deformados por el odio habían dejado un feo arañazo en la memoria de Crátilo. Ahora execraba a aquella gente. Luego se dijo que Ieshu pertenecía, a pesar de todo, a su pueblo.
Sus pasos, por lo general, le hubieran llevado hacia el albergue de los legionarios, situado también justo al lado del hipódromo; allí servían un vino blanco que estimulaba el ingenio y conducía a la impertinencia graciosa. Un deseo de cambio que adoptó la forma del capricho, tal vez también una esperanza de lujuria, le llevó más lejos, hacia el barrio popular del Ofel, menos cortés y educado que la ciudad alta. Apenas se había aventurado por una calleja, iluminada aquí y allá por algunos candiles, cuando una moza de boca pintarrajeada se asomó a la ventana de una casa baja y le dirigió una meliflua sonrisa por encima de un escote prometedor. Olía a nardos a diez pasos. De entre los dos deseos, prevaleció el hambre. Dirigió a la moza una sonrisa burlona y siguió su camino. Ella le lanzó una cantarina injuria. Reconoció elacento mesopotámico. Un olor a salmuera y fritanga con ajos anunciaba una posada. Lanzó una ojeada al interior; no había borrachos alborotadores y, por lotanto, no había riesgos de reyerta, de modo que entró. Unos quince hombres parecían matar el tiempo lejos de unas monótonas esposas. Milagrosamente, servían cerveza fresca en grandes vasos azules de Siria, con un hilillo de plata. Y resultaba que también el mesonero era sirio. Se colocó en el primer lugar que encontró, en una mesa en cuyo extremo dos fenicios discutían en mal griego sobre la diferencia entre la púrpura de dos baños, más cara, de color más profundo y duradero, y la púrpura de un baño, levemente azulada. Crátilo se sentó a una de las tres largas mesas y pidió cerveza, pescado en salazón, aceitunas con aceite — con aceite, no en salmuera—, una ensalada de pepino y un pichón relleno. Y dos panecillos con sésamo. Junto a él, como si rehuyera la compañía, un hombre delgado, de unos cuarenta años, apoyado en la pared, miraba al techo con un vaso vacío ante él. Su barba negra se alzaba hacia la nariz. Por el escote de su túnica se le veían las clavículas. El mesonero puso ante Crátilo la jarra de cerveza, las aceitunas y los panecillos con sésamo.El cretense se sirvió un vaso de cerveza, luego observó el líquido que se aclaraba mientras el mosto de la cebada caía lentamente al fondo y una fina espuma se condensaba en los bordes. A continuación tomó una aceituna, la entregó a sus incisivos para deshuesarla, probó su gusto almizclado y la acompañó con un bocado de pan con sésamo. Miró a su vecino, se fijó en la ropa que antaño había sido azul con rayas negras, pero que había sido lavada en exceso, y luego reparó en el manto puesto a su lado, que estaba gastado y tenía color de muralla.

Por encima de todo, advirtió el aspecto huraño del comensal.—He aquí un hombre víctima de la ausencia —observó en griego, en un tono agradable. Todo el mundo hablaba griego en Jerusalén. El otro fijó en él sus ojos; dos ojos oscuros, soñadores, tristes, inteligentes.—Todo hombre vive en la ausencia —prosiguió Crátilo—. Ausencia de una mujer, ausencia de dinero, ausencia de pasión. El hombre de la barba le miró por un momento.—Ausencia de lo divino, también —respondió en griego—. Ausencia de lo divino, ¿has pensado alguna vez en ello, griego? El tono de la salida era agradable. Crátilo sonrió.—Cretense, extranjero. Cretense, no griego.—¿Qué diferencia hay? Grecia está formada por islas, ¿no?—¿Tú qué eres?— Judío.—Cada isla es un país diferente, judío. ¿Quieres un trago?—Que sea de vino, cretense. Crátilo pidió una jarra de vino. Uno de los mercaderes levantó la voz:—¡Vinagre, te digo! Incluso en la púrpura de dos baños se necesita vinagre para fijar el tinte.—Cualquier país está hecho de contrarios, judío —dijo Crátilo, reanudando la interrumpida conversación—. También el tuyo. Galilea es un país de rebeldes que hablan mal todas las lenguas: el griego, el arameo, el hebreo. Tienen guijarros en la lengua. Cuando llegas de Galilea y oyes a los judíos de Jerusalén, elocuentes, fluidos, astutos, hilando seda en su boca, te dices que la palabra «judío» tiene dos sentidos. Habéis tenido dos reinos: el de Efraím, al norte, y el de Jerusalén,
al sur, ¿no es cierto? Sólo permanecieron unidos un corto tiempo bajo el reinado de David, luego se separaron tras la muerte de Salomón, ¿no es cierto? De ese modo, la gente del sur y la del norte permanece dividida desde entonces.—¿Qué haces tú en la vida, cretense?—El cretense se llama Crátilo.—El judío se llama Tomás. ¿Qué haces tú en la vida, Crátilo?—Sirvo a un hombre piadoso. —¿A Dios? El mesonero sirvió el vino y el agua que Crátilo había encargado. Y el cretense soltó una carcajada. También Tomás se echó a reír.

—Siempre se sirve a algún dios, se quiera o no, y se sepa o no. Curioso,¿verdad, Tomás? —observó Crátilo—. Siempre se sirve a hombres poderosos. Me pregunto si algún día será posible servir a iguales. Tomás le miró con insistencia, luego vertió en su vaso, a partes iguales, vino y agua.—Deberías ser judío, Crátilo. Tendrías que haber vivido a mi lado. Hubieras conocido a un hombre sublime que te habría enseñado lo mismo, aunque con más finura. —¿Era tu maestro?—Era mi maestro.—¿Qué le sucedió? —Fue crucificado. Crátilo se interesó. El posadero acababa de servirle su pescado en salazón. Le miró unos instantes, como si no estuviera seguro de tener hambre.— ¿Quieres compartir mi pescado?—No puedo compartir su precio.—Te invito.—Gracias, tenía hambre —dijo Tomás, apoderándose de un pedazo de pan en el que colocó un trozo de pescado.—Ieshu —dijo Crátilo. Tomás, inquieto, permaneció inmóvil.—¿Quién es tu dueño, Crátilo?—El procurador Poncio Pilatos. Tomás se quedó petrificado.— ¡Eres mi enemigo!—No, y lo sabes muy bien. Pilatos se dejó presionar. Tus enemigos están en otra parte, se hallan frente a Poncio Pilatos. Pero un patio les separa.—¿Cómo sabes tú que Ieshu, como tú le llamas, era mi maestro?— Lo intuyo. ¿Quién era para ti Ieshu?—El único hombre con el que alguien puede soñar como maestro.—Eso es lo que Lázaro dice.—¡Lázaro! ¿Le conoces? —exclamó Tomás. —Esta mañana he salido de Magdala. Ayer por la noche cené con él y sus hermanas, Marta y María. Tomás cerró los ojos y suspiró.—¿Qué hacía el servidor del tirano pagano Pilatos en casa de Lázaro, Marta y María? —preguntó con voz ronca.—Informarse sobre la posibilidad de que Ieshu estuviera aún vivo.—¿Por qué?
—Porque los judíos de Roma ya están peleándose por lo que consideran una resurrección. Han estallado revueltas, el Senado se preocupa. Pero Ieshu está vivo. Las lágrimas brotaron de los ojos de Tomás.—¿Qué estás diciendo, pagano? ¿Qué estás diciendo? La indignación le quebraba la voz.—Está vivo, te digo. No sé dónde, pero Lázaro y sus hermanas le han visto. Se recupera lentamente de sus heridas. Camina con dificultad.—¿Qué estás diciendo? —exclamó Tomás—. ¡Estás loco! ¡No puede estar vivo en esta tierra! Y si lo estuviese, sus heridas no le harían sufrir. Ha salido de la tumba por voluntad del Omnipotente para reunirse con Él en el cielo. ¡Te burlas de mí! Has venido a buscarme para atormentarme. Tal vez seas un espía. Crátilo dejó que se agitara y le sirvió otro vaso de vino.—El sepulcro estaba vacío tres días después de que le crucificaran, ¿no es cierto? —prosiguió tranquilamente.—Claro, estaba vacío porque salió de él. Salió por sí mismo, en el esplendor del espíritu divino.—¿Estabas allí?—No — admitió Tomás, mirando a Crátilo con ojos descontentos. —No veo por qué un ser sobrenatural necesitaría apartar la puerta de la tumba para salir. Lázaro se lo había dicho: era el argumento que María había esgrimido contra Juan y Pedro cuando habían encontrado el sepulcro vacío y abierto. La objeción pareció desconcertar a Tomás.— Crees lo que cuenta esa mujer —prosiguió—. María está loca. Y Lázaro desvaría. Por lo que a Marta se refiere, sin duda se habrá dejado engañar por ellos. —

Bebió un trago de vino y volvió a servirse pescado en salazón—. Y por otra parte, ¿dónde estaría Ieshu? ¿Puedes decírmelo? —soltó en tono desafiante.—No, pero mi ignorancia apoyaría más bien lo que te estoy diciendo, pues Lázaro y sus hermanas se han negado a revelarme dónde está Ieshu, por miedo a que la información se divulgue y llegue a oídos del Sanedrín. A un espía de éste se le ha metido en la cabeza averiguar dónde se encuentra Ieshu para traerlo a Jerusalén y lograr que lo ejecuten por las buenas. Tomás pareció trastornado.—¿Qué espía?—El jefe de los espías del Sanedrín. Saulo. El que fue a atormentar a tu amigo Pedro. Entonces, Tomás adquirió un aspecto febril.

—Pero ¿cómo? ¿Cómo podía Jesús estar vivo aún? Quiero decir, ¿con vida terrestre? ¡Nadie sobrevive a la cruz! —gritó con las órbitas dilatadas y la voz muy aguda.— Solo permaneció allí unas tres horas —respondió Crátilo —. Gracias a una conspiración de sus amigos.—Pero ¿qué estás contando?—¿A qué hora llegaste a la puerta de Efraím para observar el Gólgota? La contrariedad se dibujó en el rostro de Tomás. El silencio la confirmó. Crátilo lo sabía: en la puerta de Efraím solo había dos discípulos, Juan y Pedro. Los demás, asustados por el riesgo a ser detenidos o maltratados, se habían ocultado.—Tú tampoco estabas, ¿no es cierto?—¡No! —respondió Tomás, rabioso—. ¿Has venido a atormentarme, griego?
Terminó el pescado en salazón mientras Crátilo la emprendía con supichón.—¿Quieres un pichón relleno?—Has venido a atormentarme, griego, y ahora estás tentándome. ¡Tengo hambre y tu naturaleza es diabólica! Crátilo soltó una carcajada. También Tomás acabó riendo, y Crátilo pidió otro pichón relleno.—¿Por qué dices, Tomás, que María está loca? Tomás había arrancado una pata del pichón y la chupaba hasta hacer crujir los delicados huesos; sin duda, acabaría devorándolos también.— ¿Acaso Jesús no expulsó de su cuerpo a siete demonios? —replicó Tomás con violencia—. ¡Eran demonios de la lujuria! ¿Qué otros demonios pueden habitar en una mujer? —Pero ¿cómo sabes que se trataba de los demonios de la lujuria?—En la región se sabía muy bien. Había conocido a muchos hombres —respondió Tomás en un tono desdeñoso.—¿Y dónde conoció a Jesús?— Él predicaba en Cafarnaum. En Galilea sólo se hablaba de él. Curaba a los enfermos y los tullidos. A ella le atrajo su fama. Como sabes, Cafarnaumestá a dos pasos de Magdala. Cierto día, ella estaba entre la multitud que seguía a Jesús y sufrió una posesión. Se agitó de pronto, pronunciando sonidos incoherentes… Casi se convulsionaba. Todo el mundo se apartó para formar un círculo a su alrededor. Jesús se acercó a ella. Puso la mano en su hombro. Ordenó a los demonios que salieran de ella. María se derrumbó. Luego, sólo parecía un montón de harapos. Más tarde, se levantó llorando y se arrojó a los pies de Jesús. Pero, dime, veo que no la conoces realmente.—No. En realidad no. Le hice un favor —replicó Crátilo, que no deseaba explicar, de buenas a primeras, su papel de intermediario entre María y Prócula—. Estoy en muy buenos términos con ella y su hermano.—Dos días más tarde, Jesús cenaba en casa de un rico mercader, Simón, un fariseo, y nosotros estábamos con él, como de costumbre. Esa mujer, María, irrumpió en la morada, se arrodilló junto a Jesús y comenzó a derramar lágrimas. Vertió sobre sus pies lágrimas y el contenido de una redoma de mirra. Le besó los pies y los frotó con lágrimas y perfume. Era un espectáculo molesto, nadie sabía qué decir…—

¿Por qué «molesto»?— Porque todo el mundo sabía que aquella mujer llevaba demonios —repuso Tomás con fuerza—. Bastaba con ver la cara de Simón para advertir el escándalo. Pero no se atrevía a echar a aquella mujer. Le dijo a Jesús: «¿No ves que esta mujer lleva una vida inmoral, que es una pecadora?». Y Jesús le respondió con la siguiente parábola: «Dos hombres debían dinero a un prestamista. Uno de ellos le debía quinientos shekels de plata, y el otro, cincuenta. Y como no podían devolvérselos, anuló su deuda. Dime ahora, ¿cuál de los dos crees que le está más agradecido?». Evidentemente, el mayor deudor. Jesús hizo, pues, un paralelismo entre los grandes pecadores, como aquella mujer, y los grandes deudores. Tomás no tardó en dejar únicamente los huesos del pichón estrictamenteno comestibles. Parecía pensativo. Otro trago de vino no consiguió que su ceñose aclarara. Sus manos huesudas se agitaban sobre la madera de cedro de lamesa, tironeaban su barba, acariciaban el vaso.—Tenías hambre.—No tengo ya de qué vivir. Como todos nosotros, por otra parte. Desde que murió, todo el mundo nos vuelve la espalda o nos insulta. O, peor aún, nos denuncia. Yo no debiera estar en Judea, y menos aún, en Jerusalén. La ciudad está repleta de espías del Templo.—¿Por qué has venido?—Esperaba obtener un préstamo de un rico mercader que nos había mostrado simpatía, pero ha cambiado de bando y nos ha dicho que nuestro maestro solo ha creado desórdenes y que él no nos debe nada. Si no me hubiera alimentado esta noche, me habría acostado con el vientre vacío.Crátilo meditó aquellas palabras.—Dime —prosiguió—, ¿no te molesta ser más severo que tu maestro con esa mujer? A fin de cuentas, tienes la misma actitud que Simón el Fariseo.

Tomás se agitó en su banco.—¡Has venido a atormentarme! —suspiró—. Esa mujer…—María ben Ezra, de Magdala.—Sí, bueno, esa mujer…Decididamente, las palabras no salían de su boca. Dio un puñetazo en la mesa. Crátilo le observaba con una mirada fría.—¿No habrá amado tu maestro a esa mujer? ¿Es eso lo que no quieres decir? Tomás se levantó de pronto y abandonó la mesa.—¡Tomás! —gritó el cretense cuando el discípulo hubo llegado a la puerta del albergue. El otro se volvió con el rostro crispado.—Tomás, si quieres volver a verle, ve a preguntar a esa mujer. El discípulo agitó desordenadamente los brazos y salió.

Crátilo acabó solo y pensativo su jarra de cerveza. Desde hacía dos años, cuando comenzó a estar al servicio de Pilatos, se había familiarizado con Palestina, pero nunca la había encontrado tan opaca como aquellos últimos días. La gente que gravitaba en torno al tal Ieshu parecía poseída por convicciones pasionales que la hacían inflamable. Saulo, devorado por una feroz ambición, María ben Ezra, su hermana Marta y Lázaro, incapaces de abandonar el registro extático, y ahora ese Tomás. En Creta, sólo se inflamaban así por razones políticas. Le hubiese gustado ver al tal Ieshu que tanta pasión despertaba. En sus entrevistas sobre Ieshu solo había obtenido tres informaciones más o menos plausibles. La primera: el hombre estaba vivo. La segunda: había sido salvado por los pelos gracias a la conspiración de tres o cuatro mujeres y dos hombres ricos. La tercera, que sugería la reacción de Tomás: Ieshu había mantenido, sin duda, una relación sentimental con María. ¿Era su mujer? Resultaba, de todos modos, extraño que ella hubiera sido la primera persona a quien hubiese decidido ver apenas restablecido, y no a sus discípulos. Y si María ben Ezra no era su mujer, ¿qué otra mujer era entonces su esposa? Al pagar al mesonero, Crátilo reparó en una cuarta conclusión: los discípulos de Ieshu no estaban informados de la conspiración. Si Tomás no creía que Ieshu estuviera vivo, animado de una vida muy terrestre, era improbable que los demás discípulos lo creyeran. Por otra parte, ellos eran quienes habían hecho circular esa historia de resurrección. Reanudó el camino del palacio hasmoneo. La mujer de vida alegre de hacía un rato había cerrado sus contraventanas. Tal vez hubiera encontrado aun cliente. O tal vez estuviese durmiendo. El último pensamiento de Crátilo antes de dormirse fue que el único modo de satisfacer la petición del Senado sería asegurarse personalmente de que Ieshu estaba vivo. Pero, en ese caso, el Senado exigiría que el hombre fuera detenido y debidamente ejecutado. Ahora bien, esa idea contrariaba a Crátilo. No había razón alguna para ejecutar a ese hombre. Cuando se durmió, su sueño se vio agitado por las pesadillas.

CONTINUARA…
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[VIDEO ENTREVISTA] ¿Cuál es el llamado del laico católico hoy? Obispo chileno responde

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SANTIAGO, 27 Jul. 15 (ACI).-
En entrevista a ACI Prensa, el Secretario General de la Conferencia Episcopal de Chile (CECh) y Obispo de Melipilla, Mons. Cristián Contreras Villarroel, se refirió al rol social del laico católico y afirmó que ciertamente “tiene que conocer la cultura que le toca vivir, no para adaptarse a esa cultura sino para impregnar esa cultura con los valores del Evangelio y…

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Algunas preguntas que un creyente que usa redes sociales debe pensar

¿Que es lo que te gusta más?

  • ¿Abrir el Libro Sagrado de Dios o checar tu cuenta?
  • ¿Comprobar el estado de tu vida espiritual o comprobar a quien le gusta tu estado?
  • ¿Conocer más a su amigo Jesús o conocer más a los amigos de tu red?
  • ¿Invitar a la gente a la iglesia o invitar a la gente a que le guste tu página?
  • ¿Agradecer a Dios por amarle en Cristo o agradecer a aquellos que les gusta tu imagen de perfil?
  • ¿Unirte a la reunión de oración o unirte a disputas en las redes?
  • ¿Comentar sobre la Palabra de Dios, o comentar sobre un post?
  • ¿Ser limpio de pecado o ser limpiado del spam de tu red?
  • ¿Ser liberado del diablo o ser liberado de un hacker?
  • ¿Estar más emocionado de estar en la iglesia o estar más emocionado de estar en tu red social?
  • ¿Disfrutar de las promesas de Dios o disfrutar de su servicio de noticias o muro?
  • ¿Buscar la aprobación de Dios o buscar los ‘likes’ de tus amigos?
  • ¿Estar en comunión con Dios o chatear con sus amigos?
  • ¿Compartir el mensaje de Cristo o compartir el mensaje de su amigo en su red?
  • ¿Promover la gloria de Dios en el mundo o promover su orgullo en el mundo virtual?
  • ¿Qué es lo que realmente te gusta más?