arcimboldo giuseppe

“Surrealismo: Verano del Alma “

 

“¿En qué piensa usted que el Surrealismo ha contribuido al arte en general?

-En la misma medida en que el Psicoanálisis ha contribuido a explorar el subconsciente-”

(Remedios Varo, 1908-1963)

El siglo XX trae para nosotros numerosas vanguardias que revolucionan el mundo del arte de manera sorprendente.  El surrealismo es una de las primeras vanguardias surgidas en este siglo, justo al termino de la 1° Guerra Mundial, es un movimiento artístico nacido en Francia de la mano y pluma de André Breton. La palabra surrealismo proviene del francés surréalisme que significa “por encima del realismo”, y refleja asimismo la íntima necesidad de retratar lo fantástico y las realidades alternas que moran en el interior de la mente del ser humano. El Surrealismo contiene un alto influjo de la corriente Romántica, ya que –al igual que ésta- actúa con rebeldía para calmar su necesidad de expresar sus emociones, sus sueños y todo aquello que ha sido relegado a una parte obscura de nuestra mente: el inconsciente, con todos sus deseos reprimidos y todas las imágenes grotescas y distorsionadas que moran dentro de esa caverna oscura. En contraste con el clasicismo de las Academias de Arte, el Surrealismo se rebela para romper con las reglas y patrones de una realidad impuesta al artista: tenemos a Salvador Dalí, quien fue expulsado de la academia en 1926 por afirmar que no había nadie capaz de examinar su obra, que reflejaba sus sueños con un estilo único e innovador que los teóricos del arte de esos tiempos no llegaban a comprender en su totalidad, pues el surrealismo temprano y sus representantes se ven influenciados por las teorías psicoanalíticas de Freud, siguiendo una línea de tiempo que dictaba que el inconsciente nos  gobierna, nos invade con sus deseos reprimidos y se manifiesta en los sueños.

El ser humano, en el tiempo de vigilia, capta lo acontecido de forma superficial, resignándose a lo que le ha tocado vivir. Mira con nostalgia las épocas pasadas, su infancia, en las que las ilusiones llenaban de encanto y despreocupación a la vida, y busca la libertad que lo libere tanto de la pesadumbre del mundo físico, con todas sus reglas, como del mundo espiritual con todas sus limitaciones. El ser humano postmoderno se desarrolla en una sociedad irrisoria que relega la interioridad del ser humano a un 2° plano, en pro de la evolución científica y tecnológica, y con una mirada vital positivista que soluciona problemas de la vida cotidiana de la manera más práctica posible, sin pararse a analizar la profundidad latente en problemas más abstractos que dieron origen a las situaciones desafortunadas acontecidas. El surrealismo, con su esencia profunda, desprecia la mediocridad y la superficialidad del positivismo que atrofia a los cerebros y adormece a las conciencias humanas. Es así como la finalidad del Surrealismo es expresar la verdadera realidad interior del ser humano, una realidad más allá de lo que la vista humana llega a contemplar.  Basándose en el inconsciente, el artista plasma en sus obras sus sueños y los recuerdos de un paraíso perdido, la infancia. Y como vanguardia pretende representa una idea hiperrealista de lo extremo en el ser humano y cuanto lo rodea, tomando pequeñas ideas de sus antecesores: la expresión y exaltación de las emociones del Fauvismo -y no la composición y el orden de la Academia- , la representación del movimiento y la fuerza interna de las cosas del Futurismo, y la potenciación del impacto emocional del espectador distorsionando y exagerando las realidades del Expresionismo. En 1590 surge una llamativa pintura que será la primera exponente de un surrealismo futuro: Rodolfo II, Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico y renombrado alquimista, le encarga un retrato a Giuseppe Arcimbolo. El encargo se realiza maravillosamente, y se juzga como el producto de una mente trastornada. Arcimbolo pinta al emperador usando frutas y verduras características del Verano como inspiración, aportando un adelanto a los surrealistas del siglo XX, quienes supieron apreciar el valor intrínseco de la pintura, encontrando y apreciando su juego visual. La obra es llamada Vertumnus, que significa Verano, y  tiene tanto éxito que el emperador la adopta como pintura oficial de su real presencia. Pero para los Surrealista del siglo XX, dicha obra no únicamente representa un éxito artístico, sino un Verano para el Alma. Vertumnus, la obra, nos presenta a un hombre en la envestidura de un dios veraniego, en la que la naturaleza juega un papel importante en la formación del hombre. Los diferentes elementos –las frutas y las verduras-  denotan la facilidad con la que el hombre adopta distintos complementos tomados de la naturaleza que lo rodea, los cuales llegan a formar lo que es. La sociedad, con todas sus palabras y costumbres, plantan semillas ajenas en la tierra del ser humano, en su ser. Éstas semillas se adhieren eternamente a él, pero del ser humano depende hacer que dichas semillas germinen para su propio beneficio, para que sea él quien reciba los frutos de su propia experiencia vital y no la sociedad, pretendiendo explotarlo para alimentar a aquellos que recogen los frutos sin siquiera haber labrado la tierra. De el ser humano depende que dichos frutos no únicamente permanezcan como un objeto estático, carente de movimiento y sentimiento, y  es así como el Vertumnus de Arcimbolo, se construye a si mismo con aquello que tiene a la mano, y hace de los elementos estáticos y realísticamente superficiales, objeto de renovación y transformación, usándolos para conformar una figura humana, un ser fantástico, grotesco a veces, y aparentemente irracional, que retrata al hombre del surrealismo en su más íntima expresión.

El surrealismo, ejemplificado en esta obra, refleja a una semilla enterrada en las entrañas de la tierra - en las profundidades de la psique- y relegada a un segundo plano por la sociedad. La semilla permanece “en sueños”, sin una dirección que tomar aún , y encadenada a una oscuridad total pero luchando por salir a la luz. Pero no únicamente se trata de una semilla común y cualquiera, sino de una semilla que refleja al inconsciente en espera de germinar, en espera de salir a la luz solar de la verdad. El surrealismo, como corriente, contiene una alta carga simbólica, evocando a los sueños del alma, los laberintos de la mente humana, y la realidad vital intrínseca en la existencia inconsciente de las cosas.  El ser humano vive, y su psique- su alma- se satisface, se nutre, ampliamente de cuanto le acontece, y la mezcla de ambos estados, inconscientes y consientes, nos permite lograr la plenitud y la realización del gran misterio del surrealismo evocado por la naturaleza humana.


Realizado por Tezcatl S. 

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#ProvenancePeek: Summer in Denver

Every art object has a story—not only of how it was made, but of how it changed hands over time until it found its current home. That story is provenance

Giuseppe Arcimboldo was a Milanese artist of the Mannerist period. His anthropomorphic creations combine exotic and commonplace objects from the natural world into whimsical and unusual paintings like this one. Arcimboldo was far from an artistic outsider, though—his unorthodox approach was highly valued by his patrons, the Habsburg family, and he worked for their courts in Vienna and Prague. 

Arcimboldo’s best-known work is probably his Four Seasons series. Many versions of these paintings survive, though often not in complete sets. The Denver Art Museum happens to have two, Summer and Autumn. Though they were incorporated into the museum’s collection some 30 years apart, they share the same provenance: the Bridel-Boiceau collection in Lausanne, Switzerland.

Peeking into the stock books database of M. Knoedler and Co. at the Getty Research Institute, we see an entry from March 1960 for two paintings by Arcimboldo, sold by a “Mr. Bridel, 1 av. du Theatre, Lausanne, Switz.”

The works were given the stock numbers A7539 and A7540, respectively. A7539 (Summer) was sold, just slightly less than one year later, directly to the Denver Art Museum. The path of A7540 (Autumn) to Denver is slightly more complex, but it, too, joined the collection when it was gifted to the museum in 2009.

The stock books of the Knoedler Gallery have recently been transformed into a searchable database, which anyone can search for free.

Summer, 1572, Guiseppe Arcimboldo. Oil on canvas, 36 x 27 ¾ in. Denver Art Museum; funds from Helen Dill bequest, 1961.56. Below: pages from the stock and sales books of M. Knoedler & Co.

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#ProvenancePeek is a monthly series by research assistant Kelly Davis peeking into provenance finds from the M. Knoedler & Co. archives at the Getty Research Institute.