aphril

Presente incierto.

Cuando empecé a sentir ese nudo en la garganta que anticipaba cada lluvia, supe que había llegado el momento, el momento de salir corriendo.Mi cerebro se encontraba entre una lucha límbica y frontal, la cual cada vez menos estaba a mi favor (Las emociones amenazaban con desestabilizarme). No quería escuchar, pero mis oídos aceptaban toda clase de sus vibraciones a cortas y largas distancias, que era incapaz de moverme.
Y ella, ella . . también se encontraba en una lucha interna. Lo noté cuando veía sus labios abrirse para emitir sonido y volverse a cerrar porque su cerebro los callaba.

Supe que necesitaba hacer una huida tan elegantemente como pudiera pero mis oídos estaban tan deseosos de sus palabras, por lo que fue una lástima solo haber escuchado: “Esto no puede seguir, nosotras necesitamos un futuro sólido, y ninguna puede brindarse eso. Por ahora todo nos parece perfecto, pero yo necesito ver más allá del ahora”
De ahí en adelante solo veía sus labios moverse para decir quien sabe que cosa, mientras que yo me encontraba planeando mi tan estúpida huida justificada.

— Ella tenía razón, habían pasado largos años y seguíamos siendo las mismas, que mientras la una decía cosas sin importar cuando dañe, la otra seguía planeando “huidas triunfales” cuando las cosas se ponían difíciles—  

Me di cuenta de que jamás habíamos llegado a un acuerdo en algo tan simple como la clase de películas que veríamos, y que jamás llegaríamos a un acuerdo con algo tan importante como que nombre ponerle a nuestro/a hijo/a.
— ¿Hasta que punto podría cambiar? ¿Hasta que punto podría aceptarla en mi vida, sin dejar de ser yo? ¿Hasta que punto ella quería que cambie?—

Mi cuerpo empezó a moverse, hasta que me vi parada delante de ella y la besé sabiendo que seria el último beso, callando esas palabras que dolían, haciéndole saber que eran los únicos labios que me habían hecho regresar tantas veces, y que era la única agua que calmaba mi sed. Pude sentir como robaba cada una de sus mariposas existentes por mí, me subí a un taxi en compañía de lo único que necesitaba en ese momento; la lluvia que había estado posponiendo durante tanto tiempo . . Mi huida triunfal.