antes de mi visita

Me dueles, aquí, en el fondo de mi abismo. Eres una noticia cruel, siniestra, estrepitosa, que no quisiera saberla nadie. ¿Cómo se le dice a un niño que ha perdido a la mujer más bella para sus ojos y la única que ha soportado sus travesuras? porque jamás deja una madre de vernos como a un niño aún cuando se nos llena la cabeza de un bosque nevado o de arrugas que demuestran nuestro andar tan largo. No me duele que te vayas, no. Me dueles en la memoria, me duele que todo te nombre y no pueda escuchar más tu voz que puede calmar al infierno e iluminar al más desamparado en este embrujo. Me duele estar atado a ti más que a mi vida, más que a cualquier cosa que he visto o que he sentido. Tú que me dibujaste en tu pensamiento, que me declamaste en tu corazón, que soñaste con mi encuentro. Y lloro al pensar cuando me tuviste en tus brazos como cuando se tiene en la palma de las manos un sueño realizado. Como cuando has padecido todas las tragedias y superado todos los laberintos, y al fin, un llanto te saca una sonrisa. Yo que desde tu vientre habitaba tu epicentro, que respiraba de tu aliento, sentía tu risa o tu llanto, bebía tu amargura o tu alegría, sentía tu sed de amor o tu embriaguez de dicha, atado a ti como un árbol a la tierra, como el colibrí a la flor, como el sueño a la realidad, como el pájaro al cielo, como el río al viento, como el eco al silencio, como nosotros dos; un sólo latido, una sola existencia, un mismo amor. Amor que es más puro que todo lo que otros se dan (fingen entregarse), ese que me amo desde antes de mi venida, desde antes de ver mi ser desnudo, antes de verme dibujado, antes de verme jugar, antes de todo, antes de mis primeras veces, antes de mi visita…
—  La insoportable despedida, José Manuel Delgadillo G. (Fragmento)

-Joseph Kapone