amor platónico

Non ti piace la gente, vero? Okay, quindi, seguendo questa logica, se ti dovesse davvero piacere una persona si dovrebbe considerare un'eccezione, una specie di anomalia o magari qualcuno di speciale. Beh, io miro ad essere speciale, quindi accetto la sfida.
— 

Shayla, Mr Robot

《Gli hai parlato di me?》. Liesel non riuscì ad aprire bocca. Lo aveva sempre amato? Probabile. Desiderava ardentemente che lui la baciasse. Voleva che lui le prendesse una mano e la attirasse a sé. Un bacio.

Stay with me, Jainico. One/two shot

Nicolás abrió los ojos lentamente y bostezó. Se restregó los ojos perezosamente y suspiró. Al levantar la mirada a sonrió abrazando más fuerte al cuerpo firme que descansaba a su lado, respiró profundamente sintiendo el olor característico de su… ¿amigo?

Algo así.

Se permitió descansar sobre su pecho un momento y se acercó lentamente para darle un beso suave, tratando de no despertarlo.

No lograba entender cómo los labios del barbón se habían vuelto algo tan necesario para él. Suspiró y se levantó de la cama con pereza buscando sus pantalones entre la ropa tirada en la habitación de Jaime.

Siempre era así, lo había sido desde hace mucho tiempo. Cada vez que salían, usando el canal de Youtube como pretexto, comían, hablaban un rato, podían hacer cualquier cosa, pero siempre terminaban en una habitación comiéndose a besos y dándose caricias que para el moreno ya se hacían necesarias.

Se suponía que en cada encuentro, el alcohol era el culpable de que terminaran en la cama. Se suponía, pero Nicolás había estado consciente en más de la mitad de los encuentros. Aún recordaba la primera vez que lo habían hecho, sonrió inconscientemente.

A la mañana siguiente, Jaime había mirado pálido, con los ojos abiertos como platos y sin poder decir nada. Él sólo había mirado al suelo mientras murmuraba una disculpa y ambos acordaron hacer como si nada hubiera pasado.

Pero Nicolás ya no sabía qué hacer.
Habían estado más de medio año dando las mismas vueltas, y Jaime hacía maravillas en la noche y a la mañana siguiente parecía olvidarlo todo. Por eso siempre optaba por irse antes de que él despertara.

Prefería irse sin despedirse a aguantar que lo saludara como si nada hubiera pasado la noche anterior. Como si no lo hubiera besado, como si no le hubiera recorrido cada parte del cuerpo, como si no lo hubiera marcado como suyo, porque así se sentía Nicolás aunque sabía perfectamente que Jaime no lo sentía de la misma manera.

La verdad era que el moreno no había estado con nadie más que Jaime durante los casi ocho meses en los que habían compartido cama. Nada más había pasado con una mujer –porque sí, el único hombre con quién había estado era Jaime- además de un par de besos.

Y sabía perfectamente que Jaime no podía decir lo mismo.

Su amigo era un caliente de mierda, y él tenía claro que en los meses que llevaban… ¿Qué llevaban haciendo? ¿Teniendo sexo? Frunció el seño y una opresión se alojó en su pecho ante el pensamiento…

Tenía claro que para Jaime él no era el único. Lo había visto en varias fiestas con más de una mina. Y se había sentido como el pico, pero no podía reclamar nada, porque ellos no eran nada.

Y lo peor era que Nicolás no podía alejarse de él, por más que quisiera, el barbón se había convertido en una parte necesaria en su vida. Como amigo, como compañero, como amante.

Frunció el seño buscando su camiseta entre el desorden de la pieza. Había ropa por todos lados. Ropa que él mismo le había sacado a su amigo ayer por la noche. Se sonrojó violentamente y recordó que al llegar al departamento del barbón, Jaime lo había acorralado en la pared junto a la puerta y él había enrollado sus piernas alrededor de las caderas del más alto. Ahí le había sacado la camiseta en medio de besos.

Suspiró cansado nuevamente y salió de la habitación tratando de hacer el menor ruido posible. Le dio una última mirada a su barbón “amigo” y se retiró.
Caminó por el pasillo que llevaba al living comedor y encontró su camiseta tirada desordenadamente en el sillón, se la puso junto con las zapatillas y salió del departamento sin hacer ruido.

Sintió su celular sonar y contestó.

Jaime despertó al sentir a su gato jugar con sus pies. Abrió un ojo perezosamente y lo espantó pegando patadas al aire. Ese gato culiao mañoso odiaba a todo el mundo y ahora lo venía a despertar, gato conchesumadre. Trató de seguir durmiendo, pero se le hizo imposible al ver a su amigo Nicolás apoyado en su pecho. Otra vez. Era, por lo menos la tercera vez en la semana que despertaba con él a su lado.

Aunque no le molestaba, al contrario, lo hacía sentir extrañamente completo sentir el cuerpo vulnerable del mayor descanzando sobre él.

Lo miró por un momento, observando cada uno de sus rasgos. Sus pestañas largas, las mejillas sonrojadas, –como cada mañana- su nariz delicada, sus labios deseables, su cabello oscuro y desordenado…

Sonrió y acarició su mejilla con suavidad. Lo quería tanto…

Acercó sus labios a la frente del moreno y la besó con ternura. El más bajo se removió un poco y Jaime puso su mejor cara de “dormido” –de weón- atento a los movimientos de su compañero. Lo sintió suspirar y abrazarlo algo más fuerte. Le encantaba sentir su piel desnuda rozando la del de piel morena.

Le encantaba sentirlo cerca.

Sintió después los labios del mayor rozar los suyos y tuvo que hacer su mayor esfuerzo, agradeciendo a Dios el tener fuerza de voluntad, por no mover sus labios contra los de Nicolás, por no tomarlo de la cintura y hacerlo suyo otra vez, como tantas veces lo había hecho en la noche de ayer.

Lo sintió alejarse un poco para luego salir de la cama y sintió frío, se sintió extrañamente vacío. Abrió un poco los ojos para observar a su amigo recoger la ropa que habían desperdigado a lo largo y ancho de la habitación y ponerse sus jeans. Lo observó fruncir el ceño levemente, como si le faltara algo y luego como un sonrojo lo atacó violentamente, seguramente recordando algo de la noche que habían pasado, Jaime sonrió ladino.

Lo vio caminar hasta la puerta y se maldijo internamente por ser tan orgulloso y no poder pedirle a Nicolás que se quedara. Se carcomía por dentro, peleando en su conciencia el orgullo y sus deseos.

Sus deseos lo hacían querer levantarse, tomarlo y besarlo sin siquiera decir una palabra. No pedirle que se quede, hacerlo quedarse. Mientras su orgullo le impedía levantarse de la cama, recordándole su política de las mañanas.

El sexo, besos, o cualquier manifestación de afecto por las mañanas era algo que se prohibía tercamente. Porque hacer eso atribuía a que no había sido algo sólo de una noche, y si no era algo de sólo una noche era algo más comprometedor, y él odiaba los compromisos.

Pero lentamente se estaba dando cuenta de que no podía aplicar ésta política con Nicolás, porque había pasado muchas –MUCHAS- noches junto a él y cada vez que se iba en las mañanas, le dejaba un vacío inmenso.

Él era distinto, no era sólo sexo. Una mirada del moreno bastaba para acelerarle el corazón, un par de palabras para derretirlo, una sonrisa del mayor hacía nacer otra en el rojo. Nicolás estaba presente en su mente a cada momento.

Nunca le había pasado con ninguna mina. Incluso había tratado de sacarse al Nico de la cabeza con más minas, fracasando completamente en el intento. Y sabía que Nicolás lo había visto con una mina en una fiesta también, pero nunca le reprochó nada. Quizá eso le había molestado, ¿acaso no significaba nada para él?

Lo sintió en el living de su casa seguido de la puerta de entrada cerrándose. Su pecho se apretó un poco sintiendo la ausencia de Nicolás. Se levantó de la cama con pereza, sintiendo que le hacía falta el moreno. Iba a ser un largo día.

Estaba odiando a su amigo por hacerlo sentir tan aweonao, él no era así. Pero de a poco se le estaba volviendo una necesidad tener al moreno cerca, y le molestaba de sobremanera necesitar a alguien para ser feliz, frunció el seño. Suspiró y se encogió de hombros, con Nicolás todo era diferente.

A eso de las cuatro de la tarde, su celular sonó y al contestar, Edgar lo invitó a un asado/carrete en su casa con los del GOTH y unos amigos cercanos. Obviamente no iba a decir que no.
El carrete empezaba a las seis, así que siguió jugando Diablo por un rato más y luego sólo se cambió de ropa para ir, se había bañado en la mañana. El camino en moto no tuvo más complicaciones que las normales, tráfico de mierda.

Al llegar a la casa de su amigo Eddie, la estacionó fuera y se llevó el casco. Lo recibieron con bromas y risas.

Y ahí estaban los ojos que lo volvían loco, la risa y la sonrisa que le robaban el aliento, la persona que le quitaba horas de sueño… con otro weón.

Sintió una leve opresión en el pecho al ver como la mano de Iván se apoyaba en la pierna de su Nicolás al reír juntos. “¡Es mío, no-lo-toques!”, tenía ganas de gritarle a Iván. Apretó los labios, pero no dijo nada.

¿Qué podía decir si no eran nada?
Nicolás alzó la mirada, como sintiendo que lo observaban y su sonrisa se apagó lentamente, sustituida por una mirada inescrutable. Levantó la mano ofreciéndole un saludo acompañado de una sonrisa medianamente torcida y Jaime sólo levantó la cabeza y sonrió ladino a modo de saludo.

Nicolás sintió que su corazón se paraba repentinamente para luego volver a latir con desesperación. Se veía tan sexy con chaqueta de cuero.

Jaime se unió a la conversación de sus amigos Oscar y Alexander, pero sentía que sobraba de alguna manera. Parecía estar tocando el violín, los amigos estaban hablando animadamente y tiraban bromas entre ellos dos, Jaime aportaba con uno que otro comentario, pero cuando sus amigos se rieron de un chiste interno y este fue seguido por otros más, supo que realmente sobraba. Parecían pareja esos dos culiaos.
Por lo que se acercó a Manuel, que estaba solo con su teléfono.

—Te quedó rica la carne, Yelo culiao. —Le comentó sentándose a su lado.

Manuel lo miró con una sonrisa, algo cohibido por su comentario.

—Es que la hice yo po. —Le respondió.

—Si po weon, a los veganos les queda rica la carne, irónica la wea. —Rieron juntos.

Conversaron por varios minutos entre risas. Jaime sintió una mirada fija en él, y por un momento se ilusionó creyendo que era el Nico, pero no.

Era el Edgar, que lo miraba como si se lo fuese a comer vivo mientras hablaba a ratos con una mina. El weon lo miraba como si estuviese tomando algo que fuera suyo.
Luego Edgar se acercó, y tomando posesiva, pero suavemente del pequeño brazo de Manuel, se lo llevó mientras este se sonrojaba, porque tenia que “Decirle una cosita rápiditia no más. Te lo traigo al tiro.”

— Puta que son fletos mis amigos. —Susurró Jaime, pero se daba cuenta de que él con el Nico era igual, así que no podía reclamarles nada.

Recordó el rostro de Nicolás recién despierto en su pecho y suspiró con una sonrisa.

Sonrisa que se borró inmediatamente al escuchar una carcajada sonora de Nicolás, que se estaba literalmente ahogando de risa por a saber qué cosa que le había dicho Iván. ¿Seguía estando con ese weón?


Nicolás no podía parar de reír, además de estar ya un poco pasado de copas y muy nervioso al saber que Jaime se encontraba en la fiesta, Iván lo hacía reír con cada estupidez que decía. Cuando por fin se calmó, Iván lo estaba mirando fijamente.

—Tení una pestaña ahí. —Le dijo sonriendo acercándose un poco a él y tomando de su mejilla la pestaña. — Listo.

Pero no se alejaba, al contrario, se seguía acercando y Nicolás estaba algo en shock –además de alcoholizado- y sintió un leve roce de los labios de su amigo antes de sentirlo alejarse de golpe y ver cómo Jaime le atestaba un puñetazo.

— ¿¡Qué wea te pasa, Jaime culiao!? —Le reprochó Iván tocando su pómulo hinchado.

— ¿Qué te pasa a vo, fleto ‘e mierda? Casi le dai un beso al Nico, maricón de a peso. —Le reprochó con voz severa, una sonrisa falsa que trataba de ocultar los inexplicables celos y con los ojos llameando de rabia.

—Wea mía si me lo como o no po. —Le respondió el otro.

—No po weon.

— ¿Qué chucha te metí tú, oh? Yo hago lo que quiero. —Le replicó Iván levantándose del sillón para así quedar a la altura de Jaime.

—Me meto po weon. Porque no podí hacer lo que querai con el Nico. —Le responde Jaime amenazadoramente.

— ¿Qué te importa a vo, fleto culiao…

- ¿Fleto yo? ¿Quién le quería dar un beso al Nico…?

— ¡Paren su wea, oh! —Los separó Nicolás.

Miró al piso algo avergonzado y caminó hasta el patio para unirse a la conversación de sus amigos, cometiendo el error de dejar solos a Iván y Jaime.

—No te atrevai a tocar al Nico, ¿me escuchaste? —Le advirtió Jaime.

— ¿Es una amenaza? —Le preguntó Iván con sorna.

—Tómalo como querai. —Le respondió Jaime serio y se unió a sus otros amigos.

El asado terminó relativamente temprano, cerca de las doss de la mañana, y algunos se quedaron a dormir, otros –como Jaime, Nicolás y un par más- se fueron a sus respectivas casas.

— Te voy a dejar a tu casa. —Le ofreció Jaime.

—No te preocupes…

—No te estoy preguntando. —Lo interrumpió. — Sube.

Nicolás lo observó por un momento, suspiró y se subió a la moto que tanto conocía. Se sujetó de las manijas que se encontraban a los laterales del asiento trasero de la moto y Jaime encendió esta.

En uno de los semáforos, Jaime sintió los brazos de Nicolás rodearlo por la cintura y no pudo evitar sonreír.

Un momento después, lo sintió respirar más calmado y supo que se durmió. Desvió su camino y siguió hasta su departamento, no podía ir a dejarlo a su casa si no sabía dónde estaban las llaves, no podía entrar a su casa así como así, podría meter mucho boche… Y también era que Jaime buscaba excusas para tener al moreno en su cama.

Cuando llegó, dejó la moto en el estacionamiento y llevó a Nicolás –aún con casco- en sus brazos hasta los ascensores.

Abrió a puerta con dificultad y lo llevó hasta su habitación, lo recostó en la cama y le sacó las zapatillas y los jeans, dejándolo con camiseta y bóxer y lo cubrió con las sábanas.

Luego de ir al baño, tuvo una batalla interna entre dormir en el sillón, incómodo y solo, o en su cama, con Nicolás, ¿Qué mejor comodidad? Al final, caminó hasta su habitación y se acercó a la cama, se recostó a su lado y lo abrazó por la cintura desde atrás.

Y se sintió indescriptiblemente completo.

A mitad de noche, Nicolás despertó de un susto, su gato estaba jugando con sus pies. Pero al abrir los ojos, se dio cuenta de que un brazo le rodeaba la cintura y una respiración en su cuello lo hizo darse cuenta de que no estaba solo, además del inconfundible olor de su amigo.
Y se dio cuenta de que no era su gato, sino que el de Jaime quién quería subir a la cama.

Nicolás sonrió y ayudó al pequeño gato a subir. El minino lo observó y se acurrucó a su lado. Nicolás logró conciliar el sueño, pero Jaime no.

No pudo evitar sonreír al ver la escena tierna. Su gato, el gato tan desagradable, pesado, arisco y mañoso se había acurrucado al lado de Nicolás, en vez de arañarlo, como solía hacer con la gente. Y el Nico sabía que corría el riesgo de ser arañado, como ya antes lo había hecho el mismo gato, pero aún así lo había tratado con cariño.

Entonces un pensamiento bizarro se le vino a la mente. Él era como su gato.
Siendo como era, Nicolás le había dado amor con paciencia y terminó por hacer que lo amara.

Mierda, lo amaba.

Acercó a su cuerpo más aún a Nicolás y le besó el hombro. Su pecho se infló un poco al sentirlo suspirar en sueños su nombre y logró quedarse dormido.

A la mañana siguiente despertó solo en la cama de dos plazas que parecía inmensa sin otro cuerpo a su lado, sin el cuerpo de él a su lado.

Se sentó en la cama y vio a Nicolás salir del baño de su habitación completamente vestido. Éste se quedó estático en la puerta, sin saber qué hacer y maldiciéndose internamente por no usar el baño de la casa en vez del de la habitación de Jaime.

—Eh…yo, sorry. Yo ya me voy. —Susurró mirando el suelo. — Gracias por dejarme dormir aquí.

Se sonrojó un poco al decir esto último y Jaime sonrió inconscientemente. Nicolás podía ser tan tierno sin darse cuenta.

Nicolás no podía estar más nervioso, ver a Jaime en su cama con las sábanas blancas desordenadas, el torso desnudo y el cabello crespo alborotado, lo estaba volviendo loco.

Se movió del umbral de la puerta del baño para caminar con la mirada baja hasta la de la habitación.

— ¿A dónde vas? —Le preguntó Jaime.
Nicolás se detuvo un momento, momento que Jaime aprovechó para levantarse de la cama y acercarse a Nicolás sin que éste último se de cuenta.

— A… ¿mi casa? —Sonó más bien como una pregunta.

— No te vayas… —Susurró Jaime en su oído abrazando a Nicolás por la espalda y haciendo que éste de un pequeño salto.

Nicolás no supo qué hacer.

— Siempre te vas sin despedirte, quédate hoy día.

Orgullo y dignidad a la mierda, Jaime.
Nicolás se dio vuelta para responderle algo, pero Jaime no soltó su agarre de la cintura de Nicolás, por lo que ambos quedaron muy cerca y cualquier cosa que Nicolás quiso decir, se borró completamente de su cabeza. Lo único que podía ver y pensar eran los labios del más alto.

— Ah… yo, tú. Tú y yo… mmm. Nosotros… —Trató de hablar sin mucho éxito.

Jaime lo tomó más fuerte de la cintura y lo apretó contra él. Se acercó lentamente a sus labios y los besó suavemente, tomándose el tiempo de saborearlos.

— Quédate conmigo. —Susurró una vez más contra sus labios y ésta vez Nicolás no se pudo negar.

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No sé qué mierda estoy haciendo ;—; Acabo de escribir una bazofia… Se supone que son dos partes, pero no sé si a alguien le va a gustar esta wea, así que no sé si voy a subir la otra xd
Dedicado a jaidefinichon-ftw que es un amor y me dio el apoyo moral para subirlo hace un tiempo ♥ Y bueno… al final lo subí /-\ Aunque probablemente lo borre después xD Eso :3

Camilanx fuerans~ (?