Cuando me refiero a un corazón roto, no necesariamente hablo de un amor fallido, porque no sólo esas personas te rompen el corazón, también pueden hacerlo tus amigos cuando te fallan, tus compañeros de clase cuando se burlan de aquello que no entienden, tus maestros cuando te desalientan por definirte como esa nota desaprobada, tu familia cuando te ven como la copia fallida de tu hermano mayor, tus padres cuando desean en voz alta que no hubieras nacido o cuando te gritan por no ser el hijo que hubieran deseado, o la sociedad que con sus estereotipos dice en voz alta y acusadora todas tus imperfecciones cada vez que te miras a un espejo, porque estas personas no sólo te rompen el corazón, también te rompen el espíritu, y este, cuando se rompe, no se cura del todo, no vuelve a ser el mismo, ya no caminas con la misma confianza ni esperanza, tampoco cargas y tienes fe en los mismos sueños, sólo aprendes a vivir con miedo a que se abran tus cicatrices.

Enigma