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Inktober #3 - Mari

Mari o Maddi es el numen principal de la mitología vasca precristiana. Es una divinidad de carácter femenino que habita en todas las cumbres de las montañas vascas, recibiendo un nombre por cada montaña (además de ser relacionada, y a veces confundida, con Amalur).

La más importante de sus moradas es la cueva de la cara este del Amboto, a la que se conoce como «Cueva de Mari» («Mariren Koba» o «Mariurrika Kobea»), que atribuye a Mari el nombre de «Mari de Amboto» o «Dama de Amboto» («Anbotoko Dama»).
También existe en la mitología aragonesa bajo el nombre de Mariuena.

Mari, personificación de la madre tierra, es reina de la naturaleza y de todos los elementos que la componen. Generalmente se presenta con cuerpo y rostro de mujer, elegantemente vestida (generalmente de verde), pudiendo aparecer también en forma híbrida de árbol y de mujer con patas de cabra y garras de ave rapaz, o como una mujer de fuego, con un arcoiris inflamado o un caballo que arrastra las nubes.
En su forma de mujer aparece con abundante cabellera rubia que peina, al sol, con un peine de oro, a la entrada de su cueva.

Habita en cuevas en diferentes montes, aunque su morada principal se sitúa en la cueva ubicada en la impresionante pared vertical este del Amboto, justo bajo la cumbre. Cuando está en esta morada, la cumbre está entre nubes; esto es la manifestación de su presencia. En estas cuevas recibe a sus fieles, los cuales deben guardar un estricto protocolo:

• Se le debe tutear (hablándole en hika).
• Hay que salir de la cueva de la misma forma que se entró.
• No hay que sentarse nunca, incluso recibiendo la invitación de hacerlo, mientras se habla con ella.

Mari es la señora de la tierra y los meteoros. Tiene el dominio de las fuerzas del clima y del interior de la tierra. Entre sus misiones está el castigar la mentira, el robo y el orgullo.

Con los hombres se comporta o de forma tiránica o todo lo contrario. Los llega a enamorar mostrándose como una mujer dócil y trabajadora, pero siempre con fin de impartir justicia por medio de la regla del no: si mientes, negando que posees algo que sí tienes, Mari te lo quita. Así, efectivamente, ya no lo tienes y se impone la justicia.

Aunque todas estas leyendas en que se basa la tradición de Mari son posteriores al cristianismo, Mari se asemeja más a Gea, ya que vive en las cuevas, y a todas las diosas de la fertilidad y del amor, por el mismo motivo, y porque proporciona frutos y regalos.

Mari se bebe la vida de los hombres y los hace infelices. En la tradición aragonesa Mari es, sin embargo, un ser benéfico que ayuda a los humanos. Son muchas las leyendas, tantas como pueblos, que existen sobre Mari. En cada sitio existe una historia, una leyenda, que habla de su origen (en muchos casos con elementos posteriores al cristianismo, como el demonio, el bautizo, etc.).