amanecer azul

Me disgusta en sobre manera los románticos, que van por la vida buscando al amor; pelean causas perdidas, las defienden a capa y espada, no importando cuantas cicatrices haya ya en su ser por luchar batallas imposibles y en algunas ocasiones inexistentes.

Yo no puedo negar que siento una profunda admiración por ellos, pues pueden tropezar con los que no saben querer y caen con el corazón herido, pero se levantan deseosos de probar de nuevo las mieles del amor y exponerse a las aventuras que les aguarda en el camino.

El romántico busca y encuentra, experimenta, aprende a base de ensayo y error no importa cuantas heridas nuevas tenga que sufrir. Juega con lo que cree que es amor, lo forma y deforma a su conveniencia, y cuando las cosas no salen como él previno culpa al destino y al maldito vaivén de la vida.

Los románticos crean imágenes de un futuro incierto, se ilusionan, sueñan, se alegran de lo que está por venir, ¿cómo no tener compasión de ellos? Son como niños que quieren crecer, son como las mascotas que esperan ansiosas a sus amos, son como los enfermos que desean la llegada de la muerte.

La compasión es para los débiles, es para los que no están dispuestos a afrontar la vida con todas sus consecuencias. En este caso, la compasión debería ser para los que no aman, para los que buscan motivos para huir en cada ocasión que se presenta la gloria y el destino les sonríe.
Así es, el antiromantico huye, se esconde; va y viene con la firme convicción de no toparse con el amor, de no ser golpeado por la certeza de saberse enamorado y en el peor de los casos, amado de igual o con mayor intensidad.

Te diré que me considero poco romántica, hay muchas cosas que me disgustan. Sin embargo, cobarde, nunca. Débil, a veces. Soñadora, siempre. El idealista embellece a su mundo, su sentir y a su amado. A los que son como yo los veo solamente como realistas, que viven el hoy y el ahora; creo que sabemos amar, pero sin adornos.

Huye de lo que le duele, de lo que le hace daño; como cualquier ser humano que ha sufrido la decepción de no saberse querido. El antiromantico guarda distancia, busca por todos los medios que no se vuelvan a abrir sus viejas cicatrices y trata de no estriar más su maltratado corazón por amores pasajeros, utilizando la cobardía como escudo y pretexto.
Claro que ama pero se anda con mucho cuidado, porque la vida puede ser muy cabrona si se lo propone y cuando el destino sonríe no siempre es para bien.

Cuando llega el amor en el tiempo correcto, las barreras entre lo que es romántico y no, se pierden. ¿A quién le preocuparía lo que representa regalar flores o dedicar canciones si es apenas una pizca de lo que merece? Quizás una persona nunca había reparado en la belleza de un amanecer o el intenso azul en el cielo hasta que lo compartió con la dueña de sus días.

Para mi, las flores no son otra cosa que la máxima representación de la desgracia, la simple manifestación de que la vida es algo pasajero, que se desgasta con los años. Van quedando sólo pétalos oxidados y ayeres demacrados por amores imposibles.
El enamorado crea y derrumba barreras, se siente con prudencia para enamorarse y termina lamentando el hecho cuando siente que su corazón se marchita nuevamente, como las flores que se fueron secando con el paso del tiempo.

Acepto que no me gustan los ramos de flores perfumados como si les hubieran vaciado una botella encima de su misma esencia, me recuerda a las mujeres maquilladas, fajadas y entaconadas luchando por parecerse a la portada de una revista; no me gustan mis peonías favoritas envueltas en un plástico con diseños de corazones y una tarjetita que dice cuánto me ama impresa por una máquina sin sentimientos y que nunca me conoció.

Veo la ironía en que un romántico regale flores, pues son finitas como el sexo y el amor; se secan como los detalles, se deshojan como la belleza por el paso de los años. No representan lo eterno, sino la muerte, la fragilidad y vulnerabilidad. Diariamente recogemos nuestros pétalos y rehabilitamos los tallos que fueron fracturados.

Las considero definitivas, la contradicción. Son el punto donde lo romántico y lo no romántico se unen. El sostener su último respiro con ilusiones pasajeras de vivir por siempre en un florero o entre las manos de algún enamorado. Intentar expresar con ellas lo que sus labios no pueden decir y sus ojos no quieren callar.

Las flores representan sacrificio. Quizás, por amor valga la pena morir.

—  Denise Márquez y Alejandro Esparza - Las flores que dura el amor 
¿Algo que les guste o les inspire paz?
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Tengo una fasinacion por las estrellas, la luna, las nubes, el bello cielo azul, el amanecer y el crepusculo.Es algo realmente hermoso, siempre veo hacia el cielo,y me siento tranquila y curiosa por saber qur hay mas alla de lo que puedo ver.me dicen que muy pocas personas lo hacen y yo los invito a que lo hagan. Es algo extraordinario.

Originally posted by rwchester

Sin retorno

Tantas bestias me dañaron con el filo de sus propios miedos, que sucumbí como el bosque lo hace ante las llamas, que insolentes le hunden su ira hasta la savia.

La noche curó levemente mis heridas y el azul amanecer hizo brillar sutilmente la cordillera, rayando con tímidos halos de luz la nieve que se derretía ante mis ojos. Me costó ponerme de pie y continuar la ruta hacia mi destino. Caminé lánguidas horas bajo el manto ardiente del sol, hasta que la noche volvió ferozmente a enfriar mis llagas.

Caí nuevamente hasta las profundidades y sumergido hasta las entrañas recordé cada uno de mis sueños y volví a vivir todas mis pesadillas. Oscurecí, me apagué. Me volví a la noche y me oculté tras cada una de sus máscaras. Sobreviví para llegar hasta aquí, hasta donde las palabras son el simple el eco de una historia sin retorno.