al mirarte

Me emociona saber que te tengo.
Y que nos tenemos. Al mirarte puedo ver un millón de constelaciones brillando en tus ojos y es hermoso. Puedo sentir tu amor, y hasta lo puedo palpar con mis propias manos al estar cerca de ti, te lo prometo, puedo anhelar el despertar más glorioso y sé que será siempre a tu lado… se que a veces tenemos días negros.. Pero que va, la vida es así, no todo es color de rosa, y algun dia siempre abra un tono gris, pero gracias a Dios que tengo a la persona correcta a mi lado, osea tú, que me entiendes y apoyas, me respetas, me soportas, me aguantas y por sobre todo me amas… y eso me encanta… Y dejame decirte que tú eres mi persona favorita, sin ti, no habría canciones, ni poemas, ni versos, ni películas, ni cafes, ni momentos, ni frases, ni nada, no habría nada si no te tengo. Pero sí, te tengo, y tú me tienes a mí. Y espero, de verdad, que siempre nos tengamos, Porque te espero en esta vida, y en las próximas si es necesario… y te amo, de verdad que te amo con todo el corazón…
—  Ismael R.

Despues de aguantar tanto tiempo, de fingir que esa herida no estaba ahi…me derrumbe, termine de quebrarme por completo.                   

Creanme que es horrible mirarte al espejo llorando mientras te dices a ti misma: “me duele verte asi”, mientras te destrozas un poco mas por dentro.

Es horrible no querer salir a la calle por el simple hecho de que crees que no te ves bien, porque no quieres que nadie te mire.                                     Es horrible sentir que no eres suficiente, que no vales nada y que no puedes hacer nada bien.

Creo que a nadie le gusta estar solo, y no me refiero de tener personas a tu alrededor; hay personas que estan rodeados de miles de personas y aun asi se sienten solos, vacios.

No me gusta sentirme infeliz, no me gusta mirarme al espejo y decirme: “te odio”.

Me derrumbe, ya no puedo mas, ya no aguanto esta sensacion que me atormenta dia tras dia.

Esta sensacion que no me deja ser feliz, que me ahoga.

Y que les parece si le agregamos un ultimo detalle a esto, mientras estoy escribiendo…estoy llorando.

Siempre quise ser tu primer suspiro,
tu cita de más tarde, tu canción favorita;
siempre quise que al mirarme lo supieras:
que estaba más cerca de tu vida que de la mía.
Siempre quise ser aquel sí que no le diste a nadie;
ese alguien al que no quisieras dejar nunca.
Siempre quise que rompieras tus esquemas conmigo.
Que el «jamás» y el «siempre» se esfumaran de repente,
y que los miedos de toda tu vida se fueran con ellos.

Siempre quise que supieras
de este anhelo casi enfermizo
de sacarte de una foto y traerte,
de besarte los labios hasta el alma;
de poder tocarte y tenerte,
para demostrarte de ese modo
que tenías un parecido irrefutable
con la mujer de todos mis sueños.

Y que tenías edificios palaciegos bajo los párpados
y que tus pestañas eran cobertizos
para esos dos agujeros cuyas pupilas
se dilataban con la oscuridad adecuada.
Y que tenías notas musicales en las yemas
que hacían bailar mis instintos al tocarme.
Que tenías el norte en los pies,
alas en los brazos,
y cuando volabas a mi lado
yo siempre besaba el vértigo.

Siempre quise decirte que me hundía
cada vez que no te encontraba cerca;
que el cerca contigo nunca me pareció suficiente
ni una sola vida a tu lado aunque sólo tuviera esta.

Que tenías unos ojos atardecer de verano
y unas manos viento de invierno;
que tu boca era un eclipse violento
y tu caminar un despertar constante.
Que tus caderas eran un vaivén infinito
y tus piernas dos toboganes a mis sueños;
que tenías el espejo retrovisor por delante
y el futuro a rastras como una sombra.

Siempre quise decirte que «hermosa» te quedaba muy corto
y que tu imposible me quedaba muy grande.
Yo, que nunca tuve más amor que el propio
—y que aun así nunca tuve el suficiente—,
supe al mirarte que te amaría
más allá de mis límites constantes.

Te amé misteriosa porque sólo en el misterio
se encuentran verdades que llevan a otras verdades.
Y esta vida que no te cabía en las manos
bailaba con las mías en la curva tu espalda.
Y el descender de tu espalda besaba el cielo
de ese cielo que encerraba el paraíso.
En este mundo donde todo es relativo
te quise por ser la más absoluta.

Siempre quise que supieras
de este pedir deseos a las estrellas
y de todos los deseos que se cumplían al mirarte.

De esta nostalgia que me comía por dentro
y de todo este vacío que te pedía de vuelta.
Y tu sonrisa precisa y preciosa
para la que no parecía haber imposibles,
me golpeaba luego de cada despedida.
Y tus lágrimas de terciopelo líquido
derramándose como pago de una multa injusta
me recordaban las veces que no debí dejarte.
Y te callabas porque sabías que en el amor
siempre duele más el silencio que la distancia.
Te quise tanto como me odié por herirte
y me heriste poco para las promesas que te hice.

Fueron perdones mutuos y alejamientos previstos,
fueron atisbos de reojo y tentaciones a volver,
a repetir el ciclo de este círculo vicioso
como dos amantes que nunca entienden
una lección a la primera (ni a la segunda).

Hoy que te he perdido no sé si el pasado que dejamos
algún día podrá perdonarme;
lo que sí sé es que a este norte que me queda
le faltarán tus manías y le sobrará mi miedo.
Siempre quise que todo fuera distinto.
Pero solemos arrancarnos de cuajo a las personas
olvidando que eran parte de nosotros.
Será por eso que la inercia nos dicta
una ausencia irreparable en el pecho.

Pero qué podemos hacer al respecto
en este camino sin salida ni retorno.

A veces, también por inercia,
elegimos terminar en pedazos
a terminar juntos.
—  Heber Snc Nur
Ha sido un día difícil.

Cuando el cielo está gris ponerse triste es demasiado fácil.
Te miraste en el espejo aquella mañana
y tus ojos llenos de ausencia no pudieron darte los buenos días.
El arte de mentir debería considerarse algo más que eso.
Es una mutilación en carne viva del sentimiento puro,
la contaminación de tu paz con la intranquilidad del resto.

Al mirarte te notaban rara.
Y fingir fue tu única salida.

Es que a quién hablarle de un dolor que nadie entiende.
A quién decirle lo que nadie quiere oír:
aquello que te guardaste,
aquello que te quita el sueño,
las ganas de seguir intentándolo.

Ha sido un día difícil.

Vivir se parecía a una canción demasiado triste
que nunca dejas de oír por muy bien
que hubieses tenido tapados los oídos.
Sonaba muy adentro, el ruido tenía su voz y te llamaba.
Caminabas y aunque tus ojos veían al frente.
sólo podías mirar las ruinas
de aquel mundo que terminó la noche anterior.
Ellos malinterpretaron tu tristeza con tu malhumor.
Mejor así, pensaste.

Ha sido un día difícil.

Y dónde estaban tus amigos,
dónde estaba Dios,
por qué te encontrabas tan sola.
Sabías bien lo que te faltaba,
sabías bien que se había ido,
sabías que tarde o temprano sucedería.
Lo triste es que fuera tan pronto.

Tú querías ser princesa de aquel cuento,
pero te convertiste en musa de poemas
y lograrlo te salió demasiado caro.
Fuiste feliz, pero a qué costo.

A nadie le gusta ser la causa de los desastres.
Parecía que iba a llover.
De pronto hizo tanto frío
pero sólo eras tú.

Aquel día tan difícil,
se desató la gran guerra
y todos los cañones del mundo
habían apuntado a tu pecho.

Volviste a casa tan rota como saliste.
Las horas habían resultado demasiado largas.
Te echaste en la cama, rescataste aquel libro
y deseaste perder la conciencia a mitad de una frase.

Ha sido un día difícil.
Tú no has sonreído
y tampoco salió el sol.
—  Heber Snc Nur
2

He tenido miedo, porque siento que ya no te amo de la misma forma que lo hacía antes, y a veces también tengo miedo de que llegue el día que al mirarte no sienta absolutamente nada por ti, no se si cuando eso suceda, me convierta en otro tipo de persona, que no vuelva a amar de la misma forma que lo hice por ti o si me de cuenta que siempre estuve equivocada,  que tal vez te di más de lo que tuve que haber dado, y fue por eso que no lo supiste valorar, porque eso hacemos. Sabes, las personas suelen ser siempre así, desperdiciamos todo lo que tenemos o nos sobra, y cuando algo nos falta, lo deseamos con todas nuestras fuerzas, eso era yo, un amor que sobraba, por que sabias bien que mi amor era tan grande que alcanza a cubrir un enojo o una decepción, ahora lo mejor que puedo hacer es aprender y saber ya no dar más de lo que no me dan, que no debo justificar nada y las cosas son así porque así son, sin ataduras ni excusas, si tu elegiste estar con alguien más no fue porque hubieras queriendo olvidarme, la elegiste porque te gustaba, porque sentías algo, porque sabias que valía la pena dejarme ir por intentar algo más, porque con ella podrías hacer cosas que conmigo no. Siempre pensé que conectamos al instante porque eramos iguales, pero no fue así, yo jamás te hice lo que me hiciste a mi, jamás te hice sentir como tu me hiciste sentir a mi, y por si quisieras saberlo, de los 4 años años que han pasado jamás he salido con alguien más, y si un día hubiera conocido a alguien mientras salía contigo, jamás hubiera arriesgado lo que más amaba por intentar algo más, son tantas cosas las que han pasado que  ni siquiera tengo claro lo que fuimos, solo se que no me arrepiento y que espero sanarme pronto para poder aceptar estar con alguien mas de la misma forma que tu lo hiciste, y no ahora, porque dejar de amar a alguien no se hace en un día o en un mes, creo que todo es un proceso, de perdonarte a ti y perdonarme a mi por no haberme sabido valorar.

Me atrapas contando las horas para verte,
supurando esperanza por todos los poros de mi piel.
Al mirarte he comprendido que el beso más largo del mundo
es ese que todavía no te he dado.

Que no hay lugar en el planeta que no tenga luz
sino que simplemente carecen de tus ojos.
Que con viajar entre tus brazos es posible ir más lejos
que cualquier avión surcando el cielo.

Y las nubes monumentales, en especial
las que tienen la forma de tus labios,
me recuerdan lo feliz que soy cuando me besas.

Qué me queda si te vas,
o si al volver mi vista no te encuentro.
Qué me queda.
Un puñado de flores marchitas,
y un invierno en forma de daga.
Varios «quizá» a medio camino
entre el vendaval mortal de tu silencio
y mi condición de astronauta perdido
en medio de constelaciones que no son tuyas.

Mi vida siempre ha sido un árbol sin hojas
hasta que llegaste, primavera en cuerpo de mujer.
Hiciste que me envolviera en un abrazo con la lluvia
y tú, que siempre has sabido despejar el cielo,
supiste demostrarme que la paz está en una caricia.

Tú, que haces y deshaces por voluntad y sueños propios;
tú, que maldices los límites y te entregas al riesgo;
tú, que procuras, das cara y superas.
Tú, chica poesía,
no te vayas nunca si no quieres.

Que sepas que soy un árbol y no una jaula,
así que en lugar de encerrarte
lo que haré será contemplarte.
A ti, tus alas y tu mirada
clavada en un horizonte lleno de metas.

Sólo no te olvides nunca de que
los árboles, si bien son lugares de paso,
se ven mejor cuando florecen.

Yo olvidé la tristeza un segundo antes de que aparecieras.

Y luego de tanto verte caminar sola,
sin agarrarte a la mano de nadie,
me entraron ganas de ser camino.

O destino.

Porque siempre supe que el día que tú llegaras
la felicidad iba a colarse por la puerta.

Luego me miraste y me pediste
que te acompañara en tu vuelo.

Y yo te dije que sí.

Que mil veces sí.
—  Heber Snc Nur