aguilucho

TÚ PRIMER VUELO

En la falda de una montaña a más de 1.800 metros de altura, se observa una pareja de águilas, eran el orgullo y la distracción de una aldea. Un hombre observaba con sus binoculares los movimientos fantásticos de esas grandes aves de rapiña.
Esa mañana parecía que una gran agitación se producía en el nido. Allí, el hombre, distinguió claramente dos pequeñas cabezas.
De repente la pareja de aves lanzo a sus dos aguiluchos hacia el vacio, al principio descendían como piedras, moviendo sus pequeñas alas desordenadamente y de modo ineficaz; luego empezaron a aletear con regularidad, experimentando su primer vuelo.
El descenso de los pequeños se detuvo a 20 metros del suelo, en ese momento los padres interrumpieron velozmente esta primera lección, colocándose cada uno debajo de los aguiluchos para traerlos al nido sobre sus alas.
Imaginemos a Dios de la misma manera cuando como sus hijos nos enseña a utilizar sus alas “las alas de la fe” lanzándonos precipitadamente en circunstancias difíciles.
Cuando no tenemos apoyo visible, aprendemos a confiar en sus promesas divinas. Y así descubrimos que Dios está presente, debajo de nosotros, desplegando su protección como las alas del águila. Al arrancarnos de nuestro nido, su meta es fortalecer nuestra confianza y fidelidad. Contar únicamente con el Dios invisible es una experiencia irremplazable.
Si estas pasando una mala circunstancia y sientes que caes al vacio sin percibir ninguna ayuda, mira hacia abajo que ahí está Dios para no dejarte caer.
Como un águila que aviva a sus polluelos y revolotea sobre sus crías, así desplegó sus alas para tomarlo y alzarlo y llevarlo a salvo sobre sus plumas. Deuteronomio 32:11,12 NTV.

Telma Céspedes