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Emisiones de los coches, por qué son más de lo que dicen las marcas

Por qué han aumentado las emisiones de los coches

El transporte por carretera genera casi una quinta parte de las emisiones en Europa de gases de efecto invernadero (GEI), implicadas en el cambio climático. Además, contribuye a concentraciones de contaminantes del aire por encima de las normas de la UE en muchas de sus ciudades. Lo destacaba hace poco un informe de la AEMA, que denuncia las diferencias “significativas” entre las mediciones de emisiones oficiales y el rendimiento del vehículo en carretera, y que han crecido en los últimos años a medida que la normativa se ha endurecido: en 2000 un coche diésel emitía dos veces el NOx permitido por la norma Euro 3, y en 2014, siete veces más con la Euro 6.

La explicación de estas diferencias, según la AEMA, reside en un procedimiento europeo de pruebas en laboratorio “obsoleto” que no refleja las condiciones de conducción reales. De esta forma, los fabricantes aprovechan determinadas “flexibilidades” para alcanzar valores más bajos de consumo de combustible y de emisiones de CO2. Además, las pruebas de laboratorio no tienen en cuenta otros factores de uso, como el estilo de conducción o las condiciones ambientales. Una persona con un modo de conducir “ecológico” consume y emite menos que otra con una conducción “agresiva”.

Así trucan los fabricantes de coches las pruebas de laboratorio

La AEMA no es la única que denuncia estas diferencias. Un informe de la Federación Europea de Transporte y Medio Ambiente (T&E), que representa a unas 50 organizaciones ambientales y activistas por un transporte sostenible en Europa, alerta de los fallos del sistema de verificación europeo. Su portavoz, Nico Muzi, destaca que el estudio analiza 23 modelos nuevos de coche en carretera que tenían que cumplir la actual norma Euro 6, y 21 se la saltan: “Las diferencias exceden una media del 40% y en algunos modelos incluso superan más del 50%”.

La T&E muestra los trucos de los fabricantes para pasar las pruebas (en la imagen) con el “vehículo dorado”, el automóvil modelo de laboratorio: desconectar el alternador para reducir el uso de energía, utilizar lubricantes especiales para aumentar la eficiencia, colocar ruedas especiales, alterar su alineamiento o inflarlas en exceso para reducir su resistencia al rozamiento; usar marchas más altas para una mayor eficiencia; optimizar las condiciones de las pruebas de conducción y ambientales; emplear instrumentos de laboratorio que ofrecen mejores datos; tapar los agujeros o salientes para mejorar la aerodinámica; empujar a tope las pastillas de freno para disminuir la resistencia, etc.

Cómo nos afectan las trampas de los coches y claves para evitarlo

El aumento de las emisiones contaminantes y de CO2 de los coches provocan muertes prematuras, aumento del cambio climático y un mayor gasto para sus usuarios y los países que dependen de los combustibles fósiles.

La Comisión Europea (CE) habla de 16.000 muertes anuales prematuras a nivel comunitario. “En realidad, nadie se muere por contaminación, sino que agrava enfermedades existentes. La CE señala que reduce la esperanza de vida de los europeos nueve meses de media. La Organización Mundial de la Salud (OMS) reconoció en 2014 como cancerígenas las partículas atmosféricas de contaminación urbana”, explica Xavier Querol, experto en contaminación del aire del Instituto de Diagnóstico Ambiental y Estudios del Agua del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC).

Nico Muzi subraya que “el sector del automóvil es el único de la industria que incrementa sus emisiones en Europa, en especial de los GEI”. Según el informe de la T&E, un conductor y un vehículo medio gastan 450 euros al año en combustible de más con respecto a lo que dice el fabricante en emisiones de CO2, “porque viene directamente de la cantidad de combustible que consume el coche”, argumenta Muzi.

La UE planea dos iniciativas importantes frente a estas diferencias, según la AEMA: la actualización de las pruebas oficiales y la introducción de un procedimiento para medir las emisiones de NOx de vehículos en carretera. El portavoz de T&E propone a las autoridades para investigar, como en EE.UU.: “En Europa se pone al zorro a cuidar el gallinero. Nadie controla a los homologadores y necesitan el dinero de la industria”.